ESPECIAL: SAVADOR COSÍO GAONA
Hace un año, el 4 de septiembre de 2024, al inaugurarse en el Patio Central de la Cámara Nacional de Comercio de Guadalajara las actividades de La Cátedra Guillermo Cosío Vidaurri, Asociación Civil, el muy distinguido jurista, académico y político don Mariano Palacios Alcocer dictó la Conferencia Magistral “Constitución y Democracia”. Ante un público selecto y muy numeroso, destacó los atributos de don Guillermo y expresó con justicia:
“El homenajearlo nos permite recordar en él elementos esenciales de su personalidad, esa vocación incansable de servidor público inspirado en el sentimiento que Morelos daba a quienes tenemos vocación por la política: ‘ser siervo de la nación’. Fue un universitario y académico que abreva, sirve y se nutre de la histórica y gloriosa Universidad de Guadalajara. Un jurista que se preocupó por los valores trascendentes del derecho y un político que abogó por el desarrollo y perfeccionamiento del sistema democrático. Pero yo destaco también en don Guillermo sus inigualables dotes para construir, fomentar y cultivar el valor de la amistad”.
Don Guillermo Cosío Vidaurri fue, sin duda, un referente en la vida política de Jalisco y de México, así como una inspiración fundamental para miles de jaliscienses y mexicanos que compartieron con él una visión clara: resolver la problemática social, atender las necesidades colectivas y fortalecer la cohesión comunitaria.

Quienes convivieron con él a lo largo de su fecunda existencia recuerdan siempre una palabra cordial, un gesto amable, un consejo oportuno. Nunca fue egoísta: compartía generosamente su conocimiento y ofrecía sin regateo lo que estaba a su alcance. Fue pródigo en amistades, las cultivó en cada rincón de Jalisco y en muchas regiones del país. Sus alumnos y discípulos lo siguieron siempre con admiración, deseosos de aprender de su experiencia y de esa capacidad innata de estratega político. Incontables generaciones de profesionistas lo eligieron como padrino —abogados, ingenieros, médicos, agrónomos, geógrafos, administradores, contadores, educadores—, con quienes mantuvo cercanía y convivencia, cosechando de ellos aprecio, respeto y lealtad.
Con visión adelantada a su tiempo, fue artífice de proyectos fundamentales para el desarrollo urbano y la movilidad de la metrópoli. Junto con el gobernador Alberto Orozco Romero cimentó lo que sería el sistema de transporte colectivo de Guadalajara. Como alcalde y más tarde como gobernador impulsó la terminación de la primera línea del Tren Ligero, fue pieza clave para concretar la línea dos y dejó aprobado el proyecto de la línea tres, una de las obras más significativas de Jalisco en los últimos cuarenta años.
Don Guillermo fue un formidable político, referente indiscutible en la historia del occidente del país y de la nación. Su obra y el desarrollo que promovió siguen vigentes como legado de un hombre que trabajó con entrega, congruencia y visión de Estado. Fue más que un político de convicciones firmes: fue un estadista, un demócrata que actuó con pleno respeto a las instituciones y al pueblo, con tolerancia e inclusión, guiado siempre por el propósito de generar unidad y engrandecer a Jalisco y a México.


Su paso como presidente municipal de Guadalajara se recuerda por los sólidos avances en movilidad y, sobre todo, por el sustancial mejoramiento de los servicios públicos. Fue un impulsor incansable del desarrollo político y social de la capital tapatía, proyectando a la ciudad hacia una etapa de modernización.
Mucho de lo que hoy disfrutan los jaliscienses se debe a su altura de miras. Entre sus legados se cuentan las grandes obras hidráulicas que garantizan el abasto de agua, instituciones educativas en todos los niveles, avenidas, puentes y carreteras que fortalecieron la movilidad y la integración regional, así como el respaldo a la producción agrícola que impulsó el desarrollo de las ciudades medias e intermedias. Cada proyecto llevado a cabo bajo su gestión sigue siendo un referente en la transformación de Jalisco.
Forjado en la cultura del esfuerzo, desde su infancia y juventud en el popular barrio de La Capilla de Jesús, en el corazón de Guadalajara, supo ganarse a pulso el respeto de su gente. Fue “Don Guillermo” no por sus títulos académicos —que desde luego tuvo—, sino por la fuerza de su obra y por la huella indeleble que dejó en la vida política y social del estado, trascendiendo con éxito a la esfera nacional.
Al final, más allá del hombre público, queda el ser humano íntegro: hijo ejemplar, esposo abnegado y padre responsable. Nos deja a sus hijos, nietos y a las nuevas generaciones la gran responsabilidad de seguir trabajando por la unidad y la grandeza de Jalisco y de México, bajo el ejemplo de su vida de servicio, amistad y compromiso.
Hoy lo evocamos con gratitud y orgullo, porque su memoria sigue viva en cada obra que impulsó, en cada discípulo que formó y en cada amigo que lo recuerda con cariño. Don Guillermo Cosío Vidaurri no pertenece solo al pasado: su legado late en el presente y se proyecta hacia el futuro como inspiración y guía. En su nombre reafirmamos el compromiso de seguir construyendo un Jalisco fuerte, solidario y próspero, tal como él lo soñó y lo trabajó.





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