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2022-07-15
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Cambio climático: El corazón de las tinieblas o Apocalypse now?

PRIMERO A GOLPE DE HACHA Y FUEGO, DESPUÉS DE MOTOSIERRAS, SE ECHÓ ABAJO UNA VASTA SELVA HÚMEDA...

“El Niño Dios te escrituró un establo, y los veneros de petróleo el diablo…”

Ramón López Velarde. La suave patria

Tamasopo, San Luis Potosí, 1999. Los niños Santiago Margarito y Donaciano conducen a los visitantes entre los matorrales, una vez que se traspasa la vía del ferrocarril y los vetustos bodegones del poblado de El Cafetal. Entonces, el paisaje áspero y devastado, obra de siete decenios de ganadería extensiva, se desploma hacia un abismo sorprendente: es el Puente de Dios, uno de los últimos recovecos de un territorio que alojó la selva húmeda más al norte del planeta.

El sordo rumor del agua, el calor húmedo, los cientos de peldaños deshechos que hay que bajar, el temor al “tigre” (jaguar), que, dicen, aún ronda por estas estribaciones de la Sierra Madre Oriental, apenas preparan para un espectáculo casi místico: una fuente de agua, copiosa de un líquido turquesa que parece atrapar el cielo misterioso del ocaso, ruge poderosa mientras se revuelve en la cascada. Luego, el torrente penetra por abajo del puente natural, y del otro lado salen aguas mansas, quietas, con ondas que se expanden lentamente en medio de la jungla, antes de reanudar, unos metros abajo, su rápida y loca carrera hacia el río Pánuco, el cuarto más caudaloso del país, la que culminará en el tibio Golfo de México.

¿Es acaso el ejemplo de esa “voluptuosidad sin erotismo” que vio en esta región un José Vasconcelos juvenil —el testimonio, en Ulises criollo— cuando este mundo era casi virginal? Las pozas de agua fresca que se ofrecen al viajero desatan la imaginación hacia un pasado que hoy parece imposible.

Al final, tras retornar por las escalinatas, caducado el arrobamiento y conjurados los terrores del crepúsculo, la sensación es de pena. Porque el peregrino sabe que solo ha visto un reducto sobreviviente a un minucioso plan gubernamental de deforestación que trajo la colonización de esta región, con el exterminio masivo de muchas de sus especies.

Así, primero a golpe de hacha y fuego, después de motosierras, se echó abajo una vasta selva húmeda, de cuya extensión original queda menos de 10 por ciento. Esa tala para abrir espacios agrícolas y, sobre todo, para pastar ganado mayor —las especialidades de carne de res son orgullo huasteco—, también liberó miles de toneladas de carbono que había sido pacientemente fijado en grandes árboles por siglos, lo que, unido a otros procesos similares en todo México y el mundo, han elevado la presencia de este gas en la atmósfera y acentuado el “efecto invernadero”, pues el CO2 absorbe el calor del sol de forma eficiente. Es así como se comenzó a cocinar el fenómeno conocido hoy como calentamiento global antrópico, esto es, maximizado por el hombre, que tiene en vilo la vida planetaria como la conocemos.

La región es además la cuna del petróleo mexicano —el visitante puede admirar el modesto monumento alusivo en el poblado de Ébano, unos 50 kilómetros al oriente de estas cañadas—, la otra “bestia del Apocalipsis”, que ha liberado millones de toneladas de carbono capturadas en el subsuelo del planeta tras millones de años de historia geológica.

Hoy, La Huasteca es un sueño que conserva resabios de sus glorias perdidas. Carlos Contreras Servín y María Guadalupe Galindo Mendoza, de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, describen con precisión sus males: “Los rendimientos y los beneficios que se esperarían de las actividades agropecuarias han sido limitados en gran medida por el deterioro ambiental provocado por la deforestación, la erosión de suelos, la contaminación de algunos cuerpos de agua y el efecto de siniestros, que se traduce en pérdidas parciales o totales, ocasionados por la sequía, inundaciones o por el brote de plagas y enfermedades”.

Su principal conquistador fue el dueño del rancho Gargaleote, Gonzalo N. Santos, uno de los más famosos caciques del viejo régimen. “Este rancho que yo fundé conquistando la selva y dominando a las fieras, no siempre de cuatro patas”, expresa ufano en las primeras páginas de sus vastas Memorias, a finales de los años setenta del siglo XX. Para entonces, la devastación había casi culminado. El jaguar, el mono araña y las guacamayas habían sido exterminados; la madera preciosa se había talado casi toda, y miles de hectáreas de pastizales llenaban los lomeríos entre Río Verde y Ébano, con decenas de miles de rumiantes creciendo, mientras el humo de las torres petroleras se elevaba sobre la llanura de Tampico: el triunfo inobjetable de la civilización sobre la torva naturaleza.

La Huasteca Potosina.

Valle de Santiago, Guanajuato. 2003. El asentamiento humano parece invadir como lava en regresión el cráter del volcán extinto. Ésta es la zona de las Siete Luminarias, igual número de fosas generadas por el vulcanismo, donde el agua adquiere tonalidades diversas, seguramente por la presencia de minerales efecto de la vieja actividad ígnea. Muchos brujos y esoteristas del país hacen la peregrinación en busca de esas aguas proféticas, pero lo que en realidad permiten atisbar es un tiempo de cambios drásticos.

Y no es cuestión de magia: éste es el corazón de la cuenca Lerma-Chapala, una de las más habitadas del país, de más de 51 mil kilómetros cuadrados. La región suma 159 municipios más dos grandes usuarios: las ciudades de Guadalajara y México. La población que aprovecha sus recursos es cercana a 20 millones de personas. La densidad de población, 190 habitantes por km2, es cuatro veces mayor al promedio nacional. Hay 34 localidades de más de 20 mil habitantes, pero al menos seis mil poblaciones de menos de 2,500 personas.

A lo demográfico se agrega lo económico: tres millones de hectáreas bajo cultivo, 800 mil de las cuales corresponden a superficie de riego. Es decir, casi 60 por ciento de toda la cuenca, más otro 14.3 por ciento de pastizales, revelan el más elevado índice de uso agropecuario del suelo en México. Por si faltara, alberga 30 mil industrias.

En el caso de la ciudad de Guadalajara, dice el investigador Arturo Curiel Ballesteros, el cambio climático ya ocasiona trastornos. La presencia del dengue es una de las señales del retorno vigoroso de enfermedades que no estaban presentes en la zona. El aumento de temperaturas es local, por la enorme plancha de pavimento que ocupa miles de kilómetros de calles, pero, además, la deforestación regional, la liberación de gases de efecto invernadero por más de millón y medio de autos, y el descomunal desperdicio de energía, revelan que la situación no mejorará.

La Ciudad de México está peor. Cuatro millones de autos, una conurbación sobre millón y medio de hectáreas y el agotamiento progresivo de acuíferos. Los brujos de Valle de Santiago no se imaginan la pesadilla que apenas comienza.

Valle de Santiago.

Saín Alto, Zacatecas. 2002. Don Pablo Cardona, hijo de la ex hacienda de El Sauz, ha visto pasar cerca de 90 años en este mundo seco donde el maíz es para subsistencia y las lluvias se retiran cada vez más, en la lejana sierra sangrada por los talamontes.

El anciano desgrana elotes mientras divaga sobre las luchas agrarias contra la ex hacienda porfirista, cuyos restos yacen al otro lado de la carretera, semiderruidos, invadidos por maleza y cobijando la fauna que huye del sol abrasador.

“Yo nunca me fui a Estados Unidos, aquí había mucho pleito”, señala el viejo. Muertes, encarcelamientos y periplos a la capital, para exigir los derechos agrarios. Pero es historia. Lo de siempre es el clima difícil, situación que se agrava ante la falta de infraestructura, como pozos y canales, privilegio de unos pocos. El lugar está por eso casi abandonado, pues hay que buscar trabajo en las zonas urbanas más próximas o en el lejano norte.

El México árido abarca un millón 27,051 kilómetros cuadrados de 23 estados de la república, y en su seno habitan alrededor de 8.5 millones de campesinos como don Pablo.

Hay 788 municipios en situación de fragilidad por sequías que tenderán a extremarse, según las previsiones de los expertos, con el gradual incremento de la temperatura global. En esas demarcaciones se tienen 68,999 localidades, desde grandes ciudades como Monterrey o Torreón, hasta esta modesta aldehuela de 25 casas.

Ocosingo, Chiapas. 2001. El minibús se desplaza silencioso por la brecha bien trazada, mientras la selva se yergue entre gigantes de 40 a 60 metros que intimidan a los viajeros. El conductor es un lacandón vestido de manta blanca, con el ojo estrábico, descendiente de una de las 60 familias que recibieron del presidente Luis Echeverría la heredad más fabulosa del país: 614 mil hectáreas del ecosistema tropical más rico de México, con registros de 40 por ciento de sus especies vivas.

La ruta lleva a los restos de las pirámides de la ciudad de Bonampak, donde el vigor de los colores de sus murales sigue sorprendiendo, a más de mil años del naufragio. Los cuartos con frescos son famosos. Juan, el guía, resume: “El primero representa una procesión de sacerdotes y nobles. Una orquesta toca trompetas de madera y tañe tambores mientras los nobles charlan. El segundo cuarto muestra una escena de guerra, con prisioneros a los que les son arrancadas las uñas de los dedos de las manos, sentados ante el señor Chaan Muan de Bonampak. El tercer cuarto muestra una ceremonia con bailarines ricamente ataviados y usando máscaras de dioses, y a la familia gobernante punzándose la lengua con agujas de maguey hasta hacerla sangrar…”.

El guía advierte que un cambio climático local pudo ser la causa del desastre de la cultura maya: a la deforestación sobrevino la sequía y, luego, llegaron las guerras intestinas. Hoy, el mismo motor de cambio irracional de uso de suelo parece apuntar a un nuevo colapso.

Tamasopo, San Luis Potosí. 2016. “Una serie de eventos [sic] que van desde el reparto agrario en la  década de los treinta (del siglo XX) hasta la expansión de los ingenios azucareros a finales de la primera década del siglo XXI. La última región de la Huasteca que estuvo mejor conservada fue la hidalguense hasta la década de los setenta debido a su mínima accesibilidad y características geomorfológicas que impedían desarrollar actividades productivas destructivas del paisaje. Por otro lado, el Programa Nacional de Desmontes y el proyecto Pujal Coy contribuyeron fuertemente en la pérdida de los recursos forestales causando un cambio de cobertura y uso de suelo severos en la región. Se estima que en 1979 se agotaron las tierras sin dueño en la Huasteca, siendo este un indicador de que todas los ecosistemas fueron explorados e intervenidos trayendo consigo impactos que van desde moderado hasta altos en toda la región. Asimismo, se estima que más del 80% de la zona ha

sufrido transformaciones y los únicos remanentes conservados se encuentran sobre todo en la Sierra Madre Oriental” (Historia ambiental de la región Huasteca: principales cambios de cobertura y de usos de suelo entre 1521 y 2011, por Carmelo Peralta-Rivero, Carlos Contreras Servín, M. Guadalupe Galindo Mendoza y Luis Armando Bernal Jacomé).

Luz Clara está asustada, y no le emociona en lo más mínimo internarse antes del anochecer hacia las simas de Puente de Dios. No es que le tema a la oscuridad: acaba de pasar por Tampico y ha escuchado historias cruentas de las guerras de los cárteles, los nuevos señores de este mundo antiguo.

“No se veía nada sospechoso; solamente que me da terror que nos pase lo que nos dijeron que ocurrió hace una semana”, se disculpa con su padre Bernardo, ya casi a la medianoche, cuando consumen una frugal cena en un hotel del centro de San Luis Potosí.

El rumor es aplastante, porque apela a la imaginación. Pero el beatífico recorrido por una arboleda lujuriante tiene un premio anhelado: el impetuoso río Panuco talla remansos donde se olvidan las mezquinas preocupaciones de la mortalidad. El cuarto río más caudaloso de México ofrece un edén de aguas quietas azul turquesa. Los turistas se arrojan gozosos y compiten por el clavado más profundo, mientras los impertérritos árboles centenarios, que han visto todas las sucesiones de la atropellada colonización humana desde los tiempos de la conquista europea, aguardan la inminente soledad que les regalará la noche.

No obstante, estas experiencias arrobadoras engañan a través de los sentidos. La región padece una mayor escasez de agua que nunca. “Están pagando el efecto de las políticas desordenadas de décadas atrás, en que se desmontaron la mayor parte de las selvas. Por eso es muy comprensible la resistencia a mandar agua desde la cuenca hacia la Ciudad de Monterrey, que ahora está en una seria crisis”, comenta en junio de 2022 el ex secretario de Agricultura mexicano, Francisco Mayorga Castañeda. El empresario es partidario de una gestión y un manejo inteligente del agua y una negociación que lleve a ganar a las partes. Pero parece que el tiempo ganó la partida.

Marqués de Comillas, Chiapas. 15 de julio de 2022. Ayer, más de 12 hectáreas de selva, unos cinco mil árboles, fueron desmontadas para abrir cultivos, entre los que predomina la palma de aceite, que ofrece ganancias de 100 mil pesos por hectárea al año (contra 300 a 500 pesos de pago por servicios ambientales, en el caso de que se otorguen) y para establecer ganado en la selva Lacandona. Cada árbol significa unos 600 kilogramos de dióxido de carbono fijado.

“Reservorio genético asombroso que oxigena al planeta, la jungla lacandona es una joya de megadiversidad: 625 especies de mariposas; 114 de mamíferos, 345 de aves y 84 de reptiles, además de 3,400 especies de plantas, de las cuales 160 se pueden encontrar en una sola hectárea y en conjunto representan el 15% de los vegetales que existen en México, entre los que sobresale, por rara, la flor Lacandonia schismática, única entre 250,000 plantas descritas […] junto con los servicios ecosistémicos, muestra la exuberancia de la Selva Lacandona que discurre en una superficie de 1.8 millones de hectáreas ubicadas al oriente del estado de Chiapas, en los municipios de Las Margaritas. Altamirano, Ocosingo, Palenque, Maravilla Tenejapa, Marqués de Comillas-Zamora Pico de Oro y Benito Juárez. Entre los 15 tipos de vegetación que ahí se desarrollan predomina la selva alta perennifolia, pero existe también bosque mesófilo de montaña y bosque con vegetación densa, entre otros que aún ofrecen una excelente integridad funcional y favorecen el papel de corredor biológico entre la reserva maya de Guatemala y la Península de Yucatán”, dice la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales de México (https://www.gob.mx/semarnat/articulos/lacandona-la-gran-selva-maya#:~:text=Reservorio%20gen%C3%A9tico%20asombroso%20que%20oxigena,representan%20el%2015%25%20de%20los).

“Clasificada hoy entre las 25 zonas biológicas críticas del planeta después de 230 mil años de existencia, la Selva Lacandona es hogar del mayor número de especies de murciélagos del mundo, lo mismo que de fauna rara, endémica, amenazada o en peligro de extinción como el tapir, la nutria de río, el jaguar, la guacamaya roja, el mono araña, el mono aullador, el águila arpía, el cocodrilo de río y la tortuga blanca”, agrega.

Márques de Comillas. 

Informe de Naciones Unidas, 18 de mayo de 2022.Las concentraciones de gases de efecto invernadero alcanzaron un nuevo máximo mundial en 2020, cuando la concentración de dióxido de carbono (CO2) llegó a 413,2 partes por millón (ppm) a nivel global, o el 149% del nivel preindustrial. Los datos de lugares específicos indican que siguieron aumentando en 2021 y a principios de 2022, con una media mensual de CO2 en Mona Loa, en Hawái, que alcanzó 416,45 ppm en abril de 2020, 419,05 ppm en abril de 2021 y 420,23 ppm en abril de 2022”.

La temperatura media anual global en 2021 “se situó en torno a 1,11 (±0,13) grados por encima de la media preindustrial de 1850-1900. Este registro es algo menos cálido que algunos años recientes debido a las condiciones de enfriamiento de La Niña a principios y finales del año. Aun así, 2021 se sitúa entre los siete años más cálidos registrados, que van de 2015 a 2021”.

Varias olas de calor excepcionales batieron récords de temperatura en el oeste de Norteamérica y en el Mediterráneo. “En el Valle de la Muerte (California) se alcanzaron 54,4° el 9 de julio, igualando el valor más alto registrado en el mundo en 2020 desde al menos la década de 1930, y en Siracusa (Sicilia) se alcanzaron 48,8°. La provincia canadiense de Columbia Británica alcanzó los 49,6° el 29 de junio, lo que contribuyó a que se registraran más de 500 muertes relacionadas con el calor y alimentó devastadores incendios forestales que, a su vez, agravaron los efectos de las inundaciones de noviembre”.

La temperatura del océano marcó un récord histórico. “La parte superior de 2000 metros de profundidad del océano continuó calentándose en 2021 y se espera que siga haciéndolo en el futuro, un cambio que es irreversible en escalas de tiempo centenarias a milenarias. Todos los conjuntos de datos coinciden en que los índices de calentamiento del océano muestran un aumento particularmente importante en las últimas dos décadas y está penetrando a niveles cada vez más profundos. Gran parte del océano experimentó al menos una ola de calor marina fuerte en algún momento de 2021”.

Además, “El océano absorbe alrededor del 23% de las emisiones anuales de CO2 antropogénico a la atmósfera. Este reacciona con el agua de mar y provoca la acidificación de los océanos, lo que supone una amenaza para los organismos y los servicios de los ecosistemas y, por tanto, para la seguridad alimentaria, el turismo y la protección de las costas. Al disminuir el pH del océano, también disminuye su capacidad de absorber el CO2 de la atmósfera”. El Panel Intergubernamental de Cambio Climático concluyó que “existe una probabilidad muy alta en que el pH de la superficie del océano sea ahora el más bajo que ha tenido en al menos 26.000 años y las tasas actuales de cambio de pH no tienen precedentes desde al menos esa época”, es decir, mucho antes de que surgieran las civilizaciones y amenguara la era glaciar.

El nivel medio del mar a nivel mundial “alcanzó un récord en 2021, tras aumentar una media de 4,5 mm al año durante el periodo 2013 -2021. Esto supone más del doble de la tasa registrada entre 1993 y 2002 y se debe principalmente a la pérdida acelerada de masas de agua en las capas de hielo. Esto tiene importantes implicaciones para cientos de millones de habitantes de la costa y aumenta la vulnerabilidad a los ciclones tropicales”.

El gobierno mexicano tiene en el nivel más bajo de los últimos 13 años el presupuesto asignado a temas ambientales. En específico, se invierten menos de 10 pesos por cada hectáreas de áreas naturales protegidas.

Río Pánuco, Huasteca Potosina 1910. “A medio río, en la anchura mayor, , se contempla en el fondo, hacia occidente, casi próxima y a una altura increíble, la Sierra Madre Oriental de macizos ciclópeos […] a pesar de todos los inconvenientes, me habría quedado en la región para siempre, como fascinado por las montañas espléndidas, recreado en los atardeceres en el campo henchido de potencias confusas. Cada crepúsculo obligaba a quitarse el sombrero en una instintiva acción de gracias” (José Vasconcelos, Ulises Criollo).

Agustín del Castillo es periodista con tres décadas de andanzas, especialmente en temas ambientales, de desarrollo urbano y rural, que defiende como asuntos eminentemente políticos. Sus dos fes están en dos nociones precarias: la democracia liberal y las chivas del Guadalajara