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2022-06-09
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El fracaso del PRIAN

CON LOS RESULTADOS DEL 6 DE JUNIO, MORENA SE CONSOLIDA COMO EL NUEVO PARTIDO HEGEMÓNICO EN MÉXICO...

La lectura más sintética de los resultados de las elecciones del domingo 6 de junio en los estados de Aguascalientes, Durango, Hidalgo, Oaxaca, Tamaulipas y Quintana Roo es que más allá del triunfo y avance del partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), ya previsible, se registró una fuerte derrota política para la alianza opositora conformada por el PAN, PRI y PRD.

Como se sabe, de los seis estados en disputa, la alianza de los partidos Acción Nacional (PAN), Revolucionario Institucional (PRI) y de la Revolución Democrática (PRD) obtuvo el triunfo en los estados de Aguascalientes (con una candidata del PAN) y en Durango (con candidato del PRI).

En tanto, Morena, el partido del presidente Andrés Manuel López Obrador ganó las gubernaturas de Tamaulipas, Quintana Roo, Hidalgo y Oaxaca. En estas dos últimas entidades el triunfo de Morena representa un duro golpe al PRI, pues eran entidades en donde no se había presentado alternancia de partido en el poder.

Con los resultados del domingo 6 de junio Morena se consolida como el nuevo partido hegemónico en México al pasar a gobernar en 22 de las 32 entidades federativas del país, en tanto PAN y PRI se quedan con ocho estados de la república. Y el próximo año es probable que el PRI pierda dos entidades que ahora gobierna: Coahuila y Estado de México. 

Más allá del arrastre de la popularidad del presidente López Obrador, de los programas sociales del gobierno de la Cuarta Transformación, o del discurso centrado en la corrupción de la “mafia del poder” y la vieja partidocracia, lo que revelan los resultados de los comicios en estas seis entidades es la estrepitosa derrota política de la alianza del PRIAN.

Refleja que los electores no se sienten atraídos por una alianza política conformada por los partidos que a lo largo del siglo XX estuvieron confrontados electoral e ideológicamente con proyectos de gobierno supuestamente distintos.

Los fundadores del PAN organizaron ese partido en claro antagonismo con el cardenismo y del padre del PRI, el Partido de la Revolución Mexicana (PRM) que los ideólogos del panismo consideraban que atentaban contra el orden liberal y la propiedad privada, por ejemplo con la política agraria de los gobiernos posrevolucionarios. Durante décadas, se enseñó a los militantes del PAN que el reparto agrario y el ejido eran lastres para el crecimiento del país, durante décadas los panistas cuestionaron el contenido y el reparto de los libros de texto gratuitos y en su momento cuestionaron que se incluyera educación sexual en los programa del sistema de educación pública. Durante décadas los panistas soportaron el hostigamiento y hasta la persecución de los gobiernos autoritarios del PRI y eran firmes defensores del voto popular contra los fraudes electorales del priismo.

Por su parte, los priistas siempre consideraron al PAN como el partido de los empresarios, de los adinerados que evadían impuestos y que propiciaban las devaluaciones del peso comprando dólares y sacando su dinero del país. Los priistas veían al PAN como el partido de la Iglesia católica, de la derecha, de los empresarios y pro estadounidense. Por eso incluso llegaron a justificar el “fraude patriótico” contra el PAN en Chihuahua en 1986.

Por su parte, en el PRD podían creer lo mismo del PAN que los priistas, pero tenían un agravio originario que no les impidió aliarse el PRI: el fraude electoral de 1988 en contra de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano que ganó las elecciones presidenciales del 6 de julio de ese año y que el PRI se robó cínica y descaradamente. Los dirigentes de la rémora actual de lo que ahora es el PRD decidieron pasar por alto que el PAN se robó las elecciones del 2006, en las que se impuso fraudulentamente en la presidencia a Felipe Calderón Hinojosa. Los dirigentes del perredismo decidieron ignorar estos graves agravios e impulsados por su animadversión a López Obrador, fomentaron la alianza con los dos partidos que representaban el proyecto político de país contra el que lucharon y por el que se fundó el PRD.

La del PRIAN es una alianza fundada en el odio a López Obrador y su proyecto y en el pragmatismo político para tratar de mantener parcelas de poder y puestos en el aparato público. Y los ciudadanos lo ven, lo entienden.

SABEN QUE MÁS QUE UN PROYECTO POLÍTICO OPOSITOR AL PARTIDO GOBERNANTE, SE TRATA DE UNA ALIANZA PRAGMÁTICA ENCAMINADA A MANTENER HUESOS. POR ESO FUE DERROTADA TAN ESTREPITOSAMENTE LA ALIANZA DEL PRIAN.

Ahora algunos comentan que en realidad el PRI no fue derrotado el pasado 6 de junio, pues en realidad muchos de sus cuadros ganaron, pero ahora a través de las siglas de Morena. Tienen razón, pero la franquicia PRI está en extinción y la franquicia hegemónica en la política profesional es Morena. El vaciamiento del PRI crecerá en este y el próximo año y, casi sin duda, el destinatario de este fluido será Morena.

Pero en este juego de realineamiento de fuerzas de los partidos y clase política profesional, regularmente se pierde de vista el masivo rechazo que la mayoría de la población tiene ante los partidos profesionales, los viejos y los nuevos. El domingo 6 de junio el ganador de los comicios fue el abstencionismo. El promedio de participación en los seis estados fue de 46.13 por ciento.

Hubo estados donde el abstencionismo prácticamente alcanzo a dos de cada tres electores, como ocurrió en Oaxaca. La participación en este estado fue de 38.79 por ciento. En total estaban convocados a votar un diez por ciento del padrón nacional, once millones 692,209, de los cuales apenas votaron 5,393,616 y dejaron de votar 6,298,592 electores.

Hay varias razones que influyen para que los electores dejen de participar en el ritual liberal de depositar una boleta en las urnas. Pero la suma de todas las razones que explican el alto abstencionismo del domingo 6 de junio, se expresa un profundo rechazo a todos los partidos y al sistema político en su conjunto. La mayoría de la población ya no cree en la democracia liberal, en el sistema de representación y en los actores de este sistema político: los partidos y la clase política profesional. En buena medida por decisiones pragmáticas de la partidocracia tradicional en la que los antiguos mapaches del PRI conviven con los nuevos operadores electorales del PAN y del PRI. Es un proyecto en el que no hay convicciones, no hay ideología, sino mero y burdo pragmatismo político.

Periodista independiente. Conductor de @CosaPublica2 en @RadioUdeG. Al pendiente de las resistencias vs el despojo y las luchas sociales