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2022-03-14
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La irrelevancia del PRI

EL PRI TIENE UNA RENDIJA PARA VOLVER A SER RELEVANTE POLÍTICAMENTE Y CONVERTIRSE EN UNA OPCIÓN OPOSITORA: SU MENGUADA BANCADA EN EL CONGRESO LOCAL...

El efímero regreso del PRI al poder no solo fue breve, sino insustancial. Tras tres lustros fuera del gobierno, el otrora partido hegemónico regresó por sus fueros primero en la alcaldía de Guadalajara y después en la gubernatura del estado de Jalisco. Aunque formalmente regresó al gobierno por nueve años, en realidad solo gobernó seis años, acaso menos tiempo. En términos de su apuesta como gobierno, el regreso del PRI se explica más como castigo al PAN que como un voto por una propuesta priísta.

Bajo el liderazgo del fallecido Jorge Aristóteles Sandoval, el PRI regresó por sus fueros en la elección intermedia de 2009, al ganar la capital del estado. Tres años más tarde, el PRI volvió a ganar en la elección a gobernador de 2012, pero con un margen estrecho, que anticipó su debacle electoral del 2015, cuando se derrumba el efímero regreso del PRI, que ahora podría ser nombrado como el gobierno de la alternancia sin cambio.

En perspectiva, y según diversos estudios demoscópicos, el electorado jalisciense no le dio el triunfo al PRI, sino que castigó al PAN, que se había corrompido en el poder tras tres sexenios de malos gobiernos. El desgaste de los gobiernos panistas allanó el regreso del priísmo ante la falta de alternativas políticas en aquel entonces. Movimiento Ciudadano irrumpió en la escena electoral hasta 2015, cuando le arrebató la alcaldía al PRI, y Morena no ha logrado ser una alternativa real de poder en Jalisco, aunque en 2018 el presidente López Obrador obtuvo más votos que el gobernador Alfaro.

Al igual que a nivel nacional, el regreso del PRI en Jalisco tuvo un ascenso político tan vertiginoso como su caída, con la diferencia de que el presidente Peña Nieto terminó su gobierno con niveles de aprobación negativos, mientras que el gobernador Aristóteles terminó su gestión con números aceptables, incluso con una aprobación personal aprobatoria. Al perder la elección de 2018, el PRI colapsó como partido político en todo el país. La estampida de priístas que se refugiaron en Morena, Movimiento Ciudadano y hasta en el PAN exhibió la cultura política presidencialista del PRI, que sin un liderazgo fuerte la falta de institucionalización terminaría por desmantelarlo.

Tras haber perdido el poder, el PRI en Jalisco entró no solo en una crisis interna, sino en un ostracismo hacia el exterior. Muchos cuadros del priísimo local se fugaron a otros partidos, pero la dirigencia local claudicó de facto ser oposición. La dirigencia estatal (no digamos la municipales que prácticamente se extinguieron) ha sido una oposición mediocre, cuando no cómplice. La bancada priísta en el Congreso local ha sido errática, cuando no oportunista. De suerte que el PRI ha ido perdiendo más relevancia que militancia, siendo la deserción el fenómeno político que ha marcado la vida de este partido en los últimos años.

TRES ASPIRANTES A DIRIGIR EL PRI SE HAN ANOTADO, DOS MUJERES Y UN HOMBRE, QUIENES BUSCAN EL BENEPLÁCITO DE SU POLÉMICO LÍDER NACIONAL.

Históricamente, la renovación de la dirigencia priísta era un proceso políticamente relevante, que hoy pasa prácticamente inadvertido. El PRI que gobernaba hace apenas cuatro años se ha convertido en un partido marginal, prácticamente a la deriva. Si antes la referencia de Calzada del Campesino era políticamente significativa, ahora es una mera dirección en el olvido. Muchos de los cuadros priístas han brincado a otros partidos, junto con buena parte de su militancia de base. Si hoy el PRI Jalisco tuviera que refrendar los requisitos para ser un partido local quizá no lograría juntar ni las firmas requeridas.

Sin embargo, el PRI tiene una rendija para volver a ser relevante políticamente y convertirse en una opción opositora: su menguada bancada en el Congreso local. Quien logre ser presidenta del priísmo jalisciense, deberá liderar a sus diputados desde el partido, si es que quieren volver a ser competitivos electoralmente. De lo contrario, el PRI seguiría administrando la derrota, con cada vez menos posiciones y prerrogativas hasta su extinción absoluta. El dilema que enfrentará su próxima dirigente será entre una oposición auténtica o una simulada.

Doctor en Administración Pública por la Universidad de Nueva York. Analista político. Director de Transversal Think-thank Twitter: @GomezAlvarezD Mail: gomezalvarezd@gmail.com