15 49.0138 8.38624 arrow 0 bullet 1 6000 1 0 horizontal https://elrespetable.com 300 0 1
theme-sticky-logo-alt
Please assign a Header Menu.
2022-03-10
1165 Views

AMLO: Pobres sin instituciones ni bienes públicos, un camino al fracaso

LA POTENTE ARMA DEL PRESIDENTE: LAS TRANSFERENCIAS DIRECTAS, EN LAS QUE EL POBRE AGRADECE LA BONDAD DEL SUPREMO CADA QUE SE LE PIDA MANIFESTARLO...

“El Estado no actúa como instrumento de la sociedad. Actúa como si fuera una persona: como un fin en sí mismo, como alguien cuyo verdadero fin fuera existir, crecer, multiplicarse, entregado a su vocación, que es la totalidad. El Estado le conviene que haya males sociales que remediar, y que nunca se acaben, como a los médicos les conviene la enfermedad y a los enterradores la muerte: para darle sentido a su existencia, ventas a su servicio, demanda a su oferta […] la esencia del contrato social en México, el bálsamo que apacigua los ánimos, concilia los espíritus y resuelve las contradicciones, es el dinero estatal.”.

Gabriel Zaid, El Estado proveedor, en El progreso improductivo, 1999.

La guerra contra la pobreza del gobierno de López Obrador, la principal apuesta de su gestión, es una extraña mise en scène de batallas cotidianas donde se asume, a priori, que es imposible ganar, lo que no reduce ni un ápice la fuerza de las arengas ni la denuncia de la maldad de los oponentes, esa ominosa mafia del poder de los conservadores.

Extraña, porque en vez de presentar planes y estrategias, se limita a las luchas cuerpo a cuerpo donde el general, el mismísimo presidente de la república, lucha y suda como superhéroe, codo con codo con los entusiastas depauperados, contra la fuerzas del mal, sin apoyo de infantería, fuerza aérea o cuerpo de tanques. Solo con él, con la fuerza de su razón moral, de su humanismo, de su poderosa voluntad. Su potente arma: las transferencias directas, en las que el pobre agradece la bondad del supremo cada que se le pida manifestarlo, pues es él quien las asigna a cada ciudadano, aunque a falta de más elementos que les dé sentido y cuerpo, equivale a entregar navajas y pistolas de calibre .22 para hacer frente a los cañones y las aplanadoras estructurales que condenan al pobre a ser pobre, ad aeternum.

Esa provisión podrá resolver en el corto plazo algunos problemas urgentes, pero, como tantas veces ha sucedido en la experiencia mundial de los gobiernos voluntaristas y personalistas, no solo no cambia las cosas, sino que, al estar sujeto el ingreso del gobierno a una política fiscal inamovible, y a una política económica que ahuyenta inversiones privadas y por ende, reduce el crecimiento y el tamaño de la riqueza, lo lógico es que elevarlas a rango constitucional como derecho, termina como un monumental autoengaño. Y ese volumen de recursos son un hito en la historia económica de México, porque no solamente hay que considerar lo que se asigna a los “adultos mayores”, a los jóvenes estudiantes, a las madres de familia, a los padres de las escuelas; hay que sumar programas enormes como Sembrando vida, que aporta más dinero al campo con fines presuntamente ambientales y productivos, como jamás tuvo a su disposición el sector forestal, y todos esos programas que antes, por alguna razón, necesitaban mediaciones, como construir caminos o mejorar instalaciones escolares o tener acceso a guarderías para las madres trabajadoras, o atender a víctimas de la violencia machista. Todo se entrega directamente, porque la corrupción se quedaba con la mayor parte, ¿qué puede fallar? 

Y sin embargo, no se necesita ser un genio para señalar que esta redención personalista que ejerce Andrés Manuel López Obrador, asumiendo que tenga la fe más buena como para remover cordilleras enteras (por aquello de que la montaña debe ir a Mahoma, si hace falta), es un planteamiento clientelar y de corto plazo que solo sirve para ganar elecciones y encender los ánimos justicieros en los beneficiarios, pues eso sí, tiene un fuerte componente de propaganda son el cual sería inútil incluso para eso: el presidente ha condenado a muerte al odioso neoliberalismo que hizo a los ricos más ricos. ¿Resiste eso una somera revisión objetiva y cruda desde la realidad?

Hay que decirlo: el combate a la pobreza del gobierno de AMLO lleva elementos claros de continuidad con el satanizado neoliberalismo: plantea desestatalizar el combate a la pobreza, pues no estamos ante un fortalecimiento de las estructuras del Estado para darle sentido: no hay más recursos financieros y humanos en las secretarías de Educación, Salud, Medio Ambiente, Desarrollo Rural, Turismo y tantas instancias más cuya labor profesional debe ayudar a dar sentido y procesar de forma adecuada las necesidades de los más desamparados, para que coman bien, tengan acceso a la salud, reciban mejor educación y tengan asesores oportunos para integrarse a la economía con menos desventajas. Por ende, hay una desinstitucionalización profunda: no solamente las secretarías, sino muchísimos organismos autónomos, han sido financieramente debilitados y poco a poco, borrados, y no hay quien pueda cumplir la misión de mediar estos accesos a estructuras complejas donde los tiburones grandes se comen a los peces pequeños.

Imagen del Centro de Guadalajara,

No solamente se necesitan para aventurarse en la creación de riqueza, algo ni siquiera planteado en las políticas de combate a la pobreza, que se limitan a ver al pobre como víctima; cosas más elementales, como la inserción de la mujer en el campo laboral, no solo ineludible por la carga económica de las familias, sino porque es parte del derecho a su integración a la vida pública, enfrentan más dificultades que nunca al barrerse, por ejemplo, las guarderías, las escuelas de tiempo completo o el satanizado seguro popular, incompleto e insuficiente, pero sustituido por verborrea y una guerra contra las farmaceúticas nacionales que han dejado miles de víctimas pobres, las que no pueden pagar serbvicios de salud privados. Y la explicación siempre es moralina: había corrupción. El dinero asignado de forma directa… no conforma guarderías, no capacita familiares para cuidar niños ni sustituye pensiones formales, pues todos esos planteles estaban conformados como organizaciones que podían dotarse de profesionales e instalaciones más o menos adecuadas al recibir los recursos de muchos padres de familia y potenciarlos organizativamente.

Y eso nos lleva a otras dos carencias serias de la lucha contra la pobreza lopezobradorista: desciudadaniza, es decir, hace un lado al enorme entramado de organizaciones de la sociedad civil que recibían subsidios no solamente del gobierno, sino de la iniciativa privada e incluso de fuentes del exterior (lo que en este régimen está condenado casi como traición a la patria), bajo la previsible condena de “sospecha de corrupción” (es decir, no me molesto en probarlo, la sospecha es suficiente, los casos aislados hacen un patrón contundente con un buen manejo de propaganda), y más grave incluso, fomenta la desorganización de las comunidades: los subsidios directos y en efectivo hacen que un ejido o una comunidad indígena dejen de reunirse para acordar dónde invertir los apoyos, se baja el perfil institucional de esas comunidades y el impacto real de los subsidios para la mejora de la calidad de vida de los grupos sociales se minimiza. No es que esté mal tener dinerito para consumir más cosas, pero tal vez haya que postergar ese puente, ese camino, ese albergue escolar, y sobre todo, la vida interna democrática desaparece. Un poderoso incentivo al individualismo, oh odiosa realidad, el sueño húmedo de los neoliberalismos radicales.

TODO ESTO VA LIGADO A DOS TEMAS MUY PREOCUPANTES: LA RENUNCIA A LA CIENCIA Y LA INNOVACIÓN.

Porque hablar de ciencia nacionalista y de ciencia neoliberal es solamente justificar por qué algunas áreas de conocimiento no serán apoyadas bajo el pretexto de que benefician solamente a la iniciativa privada (en todo el mundo, el impulso a la ciencia se cofinancia entre fuentes privadas y públicas). Y eso aumenta la dependencia científica y tecnológica del extranjero, bestia negra a enfrentar por el populismo lopezobradorista, pero solo en el discurso: ¿por qué México no tiene aún su vacuna contra la COVID 19 si tiene una larga tradición de creación y producción de vacunas? ¿Por qué hay cruzada contra el glifosato, un popular agroquímico, pero sin la aportación de nuevos agentes de menor toxicidad que debería generar la ciencia nacional? ¿Por qué no se incentiva el desarrollo de amplios espectros de tecnología virtual y de conocimiento que hoy dominan al mundo, y son una fabulosa oportunidad de negocio?

Esta renuncia a la ciencia sin adjetivos y a amplias áreas de innovación, que son la clave del desarrollo de tantas economías asiáticas que estaban atrás de México hace medio siglo y hoy lo han superado, también es un desinterés malsano en los temas ambientales. La justificación, incluso desde las plumas de algunos miembros prominentes de la academia mexicana, es que hacer cosas como áreas naturales protegidas, ordenamientos ecológicos territoriales y sistemas de pago de servicios ambientales es hacerle juego al capital. Los presupuestos de las dependencias ambientales se han derrumbado, y el acoso a los ecologistas está en primera línea de batalla del aguerrido presidente. Como el feminismo, el ecologismo es una agenda globalista ajena a los intereses del país en temas como creación de infraestructura, aprovechamiento de fuentes de riqueza y autodeterminación. Aquí se junta la denuncia contra la ciencia y el ambientalismo fifí: por ejemplo, las empresas que han invertido en México en energías verdes tras la reforma energética son punta de lanza de intereses aviesos, pues desean sacar renta de la tecnología que crearon… que por cierto, en México no se ha desarrollado por falta de incentivos a la ciencia y tecnología, pero eso es lo de menos en un discurso de víctimas y victimarios.

¿Cuánto le va a costar al país recuperar valiosos servicios ambientales que hoy se destruyen? ¿Cuánto va a costar ignorar las previsiones de la ciencia mexicana sobre cambio climático? ¿Cómo enfrentarán los más pobres el deterioro de los territorios y el acceso a sus bienes, primordiales para la calidad de vida: agua, aire limpio, calidad climática, suelos fértiles, alimentos; y cómo enfrentarán los desastres inducidos por la desinstitucionalización del manejo del territorio, que de por si ya era un problema grave?

El sabio indio Amartya Sen, premio Nobel de Economía, hace una serie de apuntes que el gobierno de los pobres no debería olvidar: “Seguramente tenemos muy interiorizada la idea clásica según la cual la pobreza no es más que la falta de ingresos, pero en última instancia debemos considerar la pobreza como falta de varios tipos de libertad: la falta de libertad para obtener como mínimo unas condiciones de vida satisfactorias. Los bajos ingresos son, sin duda alguna, un factor importante, pero también lo son la falta de escuelas, la ausencia de instalaciones sanitarias, la ausencia de medicamentos, la subordinación de la mujer, situaciones medioambientales peligrosas o la falta de empleo (que afecta a algo más que los ingresos)”.

Reducir la pobreza “implica ampliar estas prestaciones, y para ello hay que aumentar el poder de las personas, especialmente de las personas con problemas, y garantizar que las prestaciones se amplían y que las deficiencias se eliminan […] la aceptación sumisa –por parte, entre otros, de las víctimas– de la imposibilidad que una gran multitud de personas siente por dotarse de un mínimo de capacidades eficaces y de gozar de libertades básicas fundamentales supone una enorme barrera para el cambio social. También lo es la ausencia de protestas públicas ante la impotencia de millones de personas. De ese modo, el mal que asalta a la sociedad no sólo se alimenta gracias a aquellos que contribuyen de manera intencionada a mantener subyugadas a las personas, sino también a todos aquellos que están dispuestos a tolerar las inaceptables penurias de millones de seres humanos. La naturaleza de dicho mal no guarda relación con el diagnóstico de determinados generadores de mal. Debemos pensar cómo las acciones y las inacciones de muchas personas desembocan en este mal social, y cómo un cambio de nuestras prioridades –nuestras políticas, nuestras instituciones, nuestras acciones individuales y colectivas– puede ayudar a eliminar la atrocidad de la pobreza”, añade.

“Distintos tipos de iniciativas en todo el mundo que han mejorado y aumentado el poder de los que no tienen poder y, de ese modo, han reducido la falta de libertad que caracteriza la pobreza de los oprimidos. Lógicamente, el Estado puede desempeñar un papel importante –y, de hecho, es así– en la consecución de dichos cambios. Sin embargo, no es el único organismo que puede contribuir de manera decisiva en ese proceso ni el único instrumento para hacer frente al mal general que la sociedad tiende a tolerar y aceptar. Si el mal de la pobreza y el crimen asociado a ella pueden ser consecuencia de las acciones y las inacciones de una gran multitud de personas, el remedio también puede provenir de un esfuerzo conjunto de la sociedad”.

Amarya Sen recomienda la “ciudadanía activa”, y esto no gusta en los regímenes donde el pobre solamente es cliente. Hay en el mundo “distintas iniciativas para aumentar el poder de los que no tienen poder, iniciativas que van desde la defensa de los derechos de la mujer en Marruecos hasta campañas internacionales para prohibir minas terrestres en todo el mundo. Todas las iniciativas mostradas son de una importancia determinante en la lucha contra situaciones inaceptables e intolerables de privación […] un severo correctivo de la tendencia cada vez más popular de relacionar la lucha contra la pobreza principalmente con el crecimiento económico.

ES CIERTO QUE EN MUCHOS PAÍSES SE HA REDUCIDO EL NÚMERO DE PERSONAS CON INGRESOS MUY BAJOS MEDIANTE UN CRECIMIENTO ECONÓMICO, REDUCCIÓN QUE ES IMPORTANTE, SI BIEN SUS REPERCUSIONES SUELEN EXAGERARSE.

Sin embargo, la atracción –e incluso la intoxicación– de estos resultados ha llevado a la errónea conclusión de que aumentar los ingresos es un modo excepcionalmente privilegiado –de hecho, el único modo seguro– de acabar con la falta de libertad de la pobreza (idea que minimiza la importancia de las mejoras generales en las oportunidades económicas, sociales y políticas) y dos, un elevado crecimiento económico debe ser necesariamente un método infalible para aumentar los ingresos de los pobres (idea que subestima los cambios sociales necesarios para ampliar la libertad de los más necesitados de modo que puedan gozar de una cuota aceptable del crecimiento económico basado en el mercado). Para cumplir la función correctiva a la que aludíamos antes, es fundamental mostrar con ejemplos reales que la pobreza tiene muchas dimensiones, y que para superar una situación de privación hace falta mucho más que un crecimiento económico (igualmente importante)”, puntualiza (prólogo del libro De la pobreza al poder, de Duncan Green, 2008).

¿Cómo reducir la desigualdad económica en México?

Oxfam México ha hecho un ejercicio “con base en el trabajo de investigación, análisis e implementación de programas en terreno con las personas que enfrentan las consecuencias de la desigualdad económica”, y presentó este decálogo:

  1. Consolidar un sistema de seguridad social universal efectivo.
  2. Incrementar los recursos de las cinco entidades federativas más pobres del país para mejorar la infraestructura escolar, construir nuevos hospitales y aumentar las becas para estudiantes de bajos ingresos, en especial en el nivel medio superior.
  3. A nivel nacional, enfocar los recursos a incentivar la matriculación escolar en el nivel medio superior, el cual cuenta con la mayor deserción entre estratos de bajos ingresos.
  4. Una nueva política industrial para que la clase trabajadora mexicana pueda insertarse en el mercado internacional con empleos dignos y de calidad.
  5. Elevar el salario mínimo hasta la línea de bienestar seguido de aumentos graduales de acuerdo a la inflación del país.
  6. Creación de mecanismos innovadores para la exigencia de transparencia y rendición de cuentas, empezando por la correcta implementación del Sistema Nacional Anticorrupción que permitan el buen uso de los recursos públicos.
  7. Reestablecimiento de un impuesto a la herencia.
  8. Mejor recaudación del impuesto predial sobre la propiedad.
  9. Mayores impuestos a rendimientos de instrumentos de renta fija y variable en mercados de capital.
  10. Evaluar y diseñar un piloto para implementación del Ingreso Básico Universal.

De los diez, hay avance real solo en el punto 5. Pero vale la pena destacar lo relativo a un mejor gasto en bienes públicos: educación, salud e infraestructura.

“Aumentar la cobertura y calidad de educación y salud es una de las vías para combatir la desigualdad. Ambos son medios de producción económica y de movilidad social ascendente. Aunque ha mejorado (la propuesta de Oxfam se hizo durante el gobierno de Enrique Peña Nieto) la cobertura de estos servicios en el país el rezago educativo (pasó del 20.7% de la población al 17.9%, y la carencia por acceso a los servicios de salud de 29.2% de la población a 16.9%), las desigualdades regionales son aún sensibles. En las zonas rurales los niveles de infraestructura son casi nulos. Las más notables son las carencias de escuelas y hospitales. La propuesta de mejora de Oxfam radica en un diseño de política de desarrollo regional para el sureste del país, así como la elevación de la matrícula escolar en el nivel medio superior”.

Y respecto al sistema tributario en México, “La política fiscal en México no tiene un impacto significativo en la redistribución del ingreso, los impuestos representan únicamente 19.5% del PIB. Esto hace que esté por debajo del promedio latinoamericano (21.7%) y muy lejos del de la OCDE (34.3%). La dependencia del petróleo es una estrategia frágil, pues los precios son volátiles. De acuerdo con Oxfam y CEPAL, la tasa de impuesto efectiva que se cobra al 10% más rico en México, aún es muy baja en comparación con otros países de ingresos altos. Además, los grupos más privilegiados de México se benefician de mecanismos para deducir impuestos”.  (https://www.oxfammexico.org/historias/m%C3%A9xico-justo-pol%C3%Adticas-p%C3%Bablicas-contra-la-desigualdad-0).

El tema de las entregas monetarias es correcto a población como la tercera edad, pero sin un sentido dentro de todo un sistema de políticas sociales, económicas y ambientales, diferenciadas de acuerdo al nivel económico y cada región, se diluye a largo plazo. No solamente es que los pobres tengan dinero. “La falta de una oferta pertinente para las necesidades de los pobres es radicalmente inflacionaria. Darle mil pesos en efectivo a una familia de Oaxaca, donde no hace falta Metro, ni pasos a desnivel, ni agentes de tránsito, es darle mucho más que mil pesos en servicios urbanos gratuitos […] pero si se destruye, como ha venido sucediendo, la oferta pueblerina, y si la oferta urbana no produce nada que realmente sirva para las necesidades de los pobres, ¿cómo van a gastar el efectivo que reciban, de modo que les rinda? (El progreso improductivo, Gabriel Zaid).

Agustín del Castillo es periodista con tres décadas de andanzas, especialmente en temas ambientales, de desarrollo urbano y rural, que defiende como asuntos eminentemente políticos. Sus dos fes están en dos nociones precarias: la democracia liberal y las chivas del Guadalajara