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2022-01-18
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Necesario poner el peribús bajo la lupa

QUE UNA OBRA SEA NECESARIA, COMO EL PERIBÚS, NO IMPLICA QUE DEBA REALIZARSE SIN CONTROLES Y SIN PLANEACIÓN...

El incremento en el precio de las obras públicas se ha vuelto ya una costumbre. Es prácticamente imposible encontrar una obra pública que se ajuste al presupuesto inicial y el peribús no podía ser la excepción.

El argumento de las autoridades es casi siempre el mismo: aumentaron los costos de los materiales y las condiciones del suelo no fueron las esperadas. Y en el caso de este nuevo sistema de transporte esa fue la respuesta.

El peribús, como fue registrado el proyecto, o Mi Macroperiférico, como lo renombró la actual administración estatal, tendrá un costo muy por encima de lo que se había planeado, y eso que fue recortándose el número de estaciones hasta quitar once en el diseño original, que fue elaborado por la administración estatal anterior y registrado por la actual ante el gobierno federal para la gestión de recursos. Ya desde ese trazo no estaba previsto que llegara al municipio de Tonalá.

La necesidad de un sistema de transporte que dé la vuelta al Periférico es indiscutible. Nada más los cálculos del número de ciudadanos que lo utilizará justifican que se haya apostado por este proyecto. Será más usado, por ejemplo, que la Línea 3 de Tren Ligero.

Pero que una obra sea necesaria no implica que deba realizarse sin controles y sin planeación. Antes que la justificación de las autoridades, podemos estar seguros que una causa importante en el sobrecosto es el retraso en la entrega de las obras, que en algunos casos fue de hasta más de un año. Por supuesto que en ese periodo de tiempo, con la crisis económica acentuada por la pandemia, los costos de los materiales para la construcción, en especial el acero y el cemento se incrementaron, pero si se hubieran apegado a los calendarios previstos el impacto de la inflación habría sido inferior.

Sobre los retrasos, algunos están respaldados por convenios modificatorios o de diferimientos. Esta estrategia ha servido a los gobiernos de manera tradicional para evitar la pena de imponer multas a las empresas por no cumplir con los plazos. En el caso del peribús, casi todos esos convenios son un machote, con texto idéntico, en el que simplemente se sustituyen los datos de la obra y las empresas. Es decir, no hay una explicación obra por obra, sobre las razones que llevaron a firmar un convenio para retrasar el tiempo de entrega.

El peribús era necesario, pero debe haber planeación.

Otro detalle que llama la atención en el proyecto es la fragmentación de obras. Tan solo para la infraestructura hay alrededor de 200 contratos firmados con casi igual número de empresas. En una ficha informativa elaborada por la Secretaría de Infraestructura y Obra Pública (SIOP), se justifica que es un proyecto “por etapas” y por eso se decidió contratar de esa forma.

Ese argumento parece endeble. Seguramente en plena pandemia beneficiar a más empresas con la asignación de obras y, sobre todo, más pequeñas que las que tradicionalmente recibirían un proyecto de esta magnitud, es positivo. Solo que esa medida también ha motivado el descontrol.

El peribús será sin duda un sistema de transporte importante para una parte de los habitantes de la Zona Metropolitana de Guadalajara, pero es necesario revisarlo y cuidar que si se registraron excesos, haya consecuencias.

Periodista especializada en temas políticos. Ha cubierto esta fuente para Grupo Milenio, y ahora para el diario NTR. Conductora de un noticiario televisivo en Canal 44