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2021-12-02
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Alfaro y la invención del enemigo

EL ENFRENTAMIENTO DE ALFARO CON RAÚL PADILLA, EL HOMBRE FUERTE DE LA UNIVERSIDAD DE GUADALAJARA, CUMPLE LA LÓGICA DE TENER UN “ENEMIGO TEMIBLE"...

“Creaos enemigos que me sea permitido odiar”

Pierre Corneille, Horacio, I

Empeñado en una consulta popular sobre un tema ciertamente relevante, pero que no tiene necesidad de consultar, pues tanto él como el Congreso del estado tienen el claro mandato constitucional de defender los intereses fiscales y presupuestales de Jalisco en el entorno del pacto federal, el gobernador Enrique Alfaro Ramírez cree que el circo mediático le sirve para posicionarse a nivel nacional como el político “del federalismo” (el disparate de Enrique Krauze, en junio de 2020, de equipararlo con Mariano Otero, en la desesperación por encontrar una figura opositora que topara al presidente, no pudo caer mejor para el propósito), y sobre todo, le da oportunidad de equipararse (ya que competir es imposible) con Andrés Manuel López Obrador, un maestro de vida y política para el ex alcalde de Tlajomulco y Guadalajara. ¿A poco no le caería bien a México tener por fin un presidente nacido en Jalisco? (Alfaro dixit, siempre ante la prensa nacional, la que no es “basura”).

En el desenvolvimiento de su proyecto de liderazgo, Alfaro es desconcertante, por decirlo moderadamente, en cuanto al modo de abordar al presidente: a veces, cuando andan lejos, el gobernador señala al tabasqueño y le reclama de forma ruidosa e indignada, frecuentemente con razón (casos como el gasto federal en Jalisco, la mala gestión de la pandemia, la inseguridad general); pero cuando AMLO viene a este territorio, “cuna del federalismo mexicano”, a Alfaro le salen el sudor de los nervios… y los matices: el elogio al “genuino líder social”, el reconocimiento a su liderazgo, la confianza en su sabiduría, la esperanza de que le ayude a resolver temas apremiantes como el abasto de agua de la ciudad, o las obras de infraestructura que ha prometido, caso especial de la línea 4 del tren eléctrico urbano, esa ruta a Tlajomulco que es la versión local de tren Maya del ex priista y ex perredista que hoy despacha y duerme en Casa Jalisco.

A últimas fechas, se ha autoimpuesto cierto nivel de concordia con el ejecutivo federal, pero los resultados son magros. Enrique Alfaro se tuvo que tragar su nada pequeño orgullo frente a los habitantes de Temacapulín, a quienes dio la espalda luego de utilizarlos para ganar la gubernatura, cuando el tabasqueño, cual profeta del Antiguo Testamento (tan caro a los políticos evangélicos, como él o Bolsonaro) vino a rescatar de las garras de los neoliberales (adoradores del becerro de oro) que pretendían inundar el pueblo para llevar agua a León y Guadalajara. El acuerdo “salomónico” fue salvar (el verbo nunca fue más preciso) a los pueblos de las cañadas del río Verde al tiempo que la represa El Zapotillo, ya construida, solo aportaría agua para Guadalajara. Pero convertir ese acuerdo en un nuevo sistema de abastecimiento de agua para el área metropolitana de Guadalajara es lo que no se ve para cuando. Son miles de millones de pesos en la opción de conducción elegida: un acueducto que se conecta con las presas El Salto y Calderón, y entrega el agua a las puertas de la ciudad, en la potabilizadora de San Gaspar, hoy con capacidad insuficiente para dar manejo a 3 mil litros por segundo más de lo que recibe, es decir, el triple de su capacidad de diseño.

Muchos cuestionan mi idea insistente de que Alfaro Ramírez es un populista porque no se apega al libreto (pero en la vida real no existen los casos puros). Su modo de llevar su agenda política, de escoger y necesitar de enemigos a los que primero hay que hacer suficientemente malvados para que funcionen de sparring (es decir, construir el relato de su maldad, como el presidente ha hecho con el empresario Claudio X González, a través del cual ha linchado y debilitado a un medio de comunicación, Mx contra la corrupción, cuya gran aportación a la lucha contra el mal manejo y el robo de dineros públicos, perfectamente sustentada de forma objetiva en decenas de publicaciones que cuestionan a gobiernos priistas, panistas, perredistas y morenistas, ahora muy pocos están dispuestos a defender; es el triunfo de la narrativa del tabasqueño, “calumnia que algo quedará”), y en su caso, de pelear con fantasmas como el presunto daño que ocasiona la inequidad presupuestal, para lo cual crea sus datos, sus otros datos, ese modo tan particular de medir la realidad de acuerdo a la coyuntura, que comparten todos los políticos de pulsiones populistas.

EL ENFRENTAMIENTO CON RAÚL PADILLA LÓPEZ, EL HOMBRE FUERTE DE LA UNIVERSIDAD DE GUADALAJARA, CUMPLE ESA LÓGICA DE TENER UN “ENEMIGO TEMIBLE”.

El problema es que no está detrás del nombre del ciertamente  todopoderoso jefe político cuyo tiempo de hegemonía ya atraviesa el tiempo de ¡siete! gobernadores, alguna institución privada, ni mucho menos un medio de comunicación al que se puede destruir sin contemplaciones como AMLO se ha empeñado con Mx contra la corrupción. Hay una institución pública cuyo papel en la vida social, económica, política y cultural es de primer orden, al grado de que, sin las instituciones generadas en torno a la UdeG a partir de finales de los años 80 del siglo XX, Jalisco estaría empobrecido de aspectos tan importantes como oportunidades de educación para ciudades medias y regiones rurales (la red universitaria cumple ese papel), de proyectos de conservación biológica estelares a nivel nacional e incluso internacional, como la reserva de la biosfera Sierra de Manantlán o la Junta Intermunicipal del Río Ayuquila, y de patrimonios culturales como la Feria Internacional del Libro (FIL), año con año, el suceso más importante en la vida cultural de Guadalajara.

Y aunque dice el dicho que “no hay enemigo menor”, el saldo de un enfrentamiento motivado por las necesidades coyunturales de la narrativa heroica del gobernador, puede ser mayúsculo para la estabilidad institucional de la casa de estudios. Yo he insistido en estas páginas de El Respetable en la necesidad de que Padilla López prepare la transición y se decida a dar un paso al retiro, no solo porque nadie es eterno, sino por lo expuesto a ataques que deja a la UdeG su persistencia en figurar, con el riesgo inherente para los proyectos más importantes que ha podido consolidar. El odio de muchos actores internos de la universidad puede ser bien canalizado, y construir un modelo de institución con más formalidad y reglas claras en el modo de transmitir el poder de un rectorado a otro, con auténtico debate democrático interno y con claridad u transparencia plenas en el uso de los presupuestos, con la clara prioridad de mantener los planteles educativos y de aumentar la calidad de la investigación, sin renunciar al trabajo de fomento a la cultura que nadie más realiza en Jalisco.

Bajo esa lógica, un proyecto como el Museo de Ciencias Ambientales no es un capricho. Las instituciones que se construyen para llevar conocimientos y experiencias a la sociedad, sobre todo a los millones de habitantes con ingresos menores, que por cierto representan el grueso de la matrícula de la universidad, y sus familias, son de alto valor para generar el conocimiento crítico, la innovación y consecuentemente, desarrollo. Quien diga lo contrario puede ser, sencillamente, calificado de oscurantista.

La UdeG siempre ha sido un contrapeso al Gobierno.

Tampoco olvidemos el papel de contrapeso que la universidad ha desempeñado históricamente en Jalisco. Ningún grupo gobernante ha podido imponerse en décadas a las casa de estudios y eso ha generado una suerte de equilibrios con grupos conservadores tan poderosos como la iglesia católica (a últimas fechas, las protestantes, acusadamente La Luz del Mundo), empeñados en imponer su agenda ideológica en la vida pública; o los empresarios, que si bien hay de todo, normalmente son una fuerza poco proclive a la ilustración de las masas o que buscan privilegios en el presupuesto y control en las instituciones culturales. Nadie es bueno ni malo, eso no existe en la realidad compleja. Pero equilibrar agendas tan opuestas es importante para que una sociedad lo mismo genere riqueza que humanos competentes, especializados, con movilidad social, y con pleno uso de sus derechos básicos.

Con esto señalo que no le corresponde a Alfaro Ramírez, ni a ningún gobernador, el papel de intervenir para “democratizar” la UdeG, una pretensión que jamás será inocente y que puede ser peligrosa para la estabilidad de Jalisco. Lo que hace el gobernador al castigar el presupuesto universitario, es abrir la puerta para afectar a miles de usuarios de los servicios universitarios, mientras que violar la autonomía universitaria a la larga será destructivo. Argumentar la lucha contra un cacique, para erguirse en los hechos como cacique supremo, tiene de democrático lo que las consultas levantadedos promovidas por el aspirante a tlatoani mayor de la república, y puede ser igual de destructivo.

Fuera del expediente con la universidad, Alfaro tiene muchos problemas reales que atender, y que está dejando de lado para privilegiar su narrativa ficcionada de buenos contra malos. En el tema del agua, el riesgo de colapso del acueducto Chapala-Guadalajara crece cada día que se omite diagnosticar el estado de una infraestructura que entró en operaciones en 1989, y que abastece a 60 por ciento de la ciudad. No hay un solo indicio de que el tema esté siquiera en la lista de asuntos a atender. Agreguemos la singular necedad de traer agua del río Verde cuando la fuente principal se te podría caer por meses, con graves efectos para la vida de la ciudad. Dentro del mismo tema agua, la destrucción institucional generada al SIAPA a raíz de las descaradas decisiones tomadas al paso de Alfaro por Guadalajara, de evitar que continuara el proceso de actualización de tarifas, porque habían prometido electoralmente no elevar el precio del agua (¿existen gobernantes más irresponsables que los que lucran políticamente con el agua? Eso hicieron los gobiernos de Movimiento Ciudadano a partir de 2015), y agreguemos el despido de cuadros técnicamente aptos, que han llevado a un deterioro en el que el agua color hierro que llega a las casas de miles de tapatíos es solamente un visible saldo obvio.

Y a toda esta locura, la respuesta del gobernador fue dar rango de secretaría al sector, con el pomposo “Secretaría de Gestión Integral del Agua”. Cuando la gestión integral del agua es un sueño más lejano que nunca.

¿HUMOR NEGRO, AUTOENGAÑO, DIVORCIO CON LA REALIDAD?

Otro tema real es la movilidad. Es muy bueno lo que traerá a la ciudad la puesta en operaciones de “Mi macroperiférico”, pero es insuficiente para hacer que los tapatíos dejen el coche. Y como los ciudadanos están dudando, el gobierno les va a ayudar: el programa de verificación de emisiones que ha puesto en marcha la Secretaría de Medio Ambiente y Desarrollo Territorial (Semadet) es la respuesta. Una respuesta que es pesadilla para cientos de miles de ciudadanos que requieren el auto para movilizarse en el día a día. Sencillamente porque está previsto que cerca de un millón de autos dejen de circular porque no pasarán el proceso. ¿Alguien está pensando desde el gobierno en lo que deberán hacer un millón de ciudadanos que no podrán hacer sus tareas básicas, la ida al trabajo, la ida a la escuela, el recoger a los hijos, la movilización de mercancías, cuando se les detengan sus autos y se los lleven a los depósitos por contaminar? El programa de apoyo a pequeños empresarios para sustituir vehículos no puede ser la respuesta necesaria, ni tiene los recursos suficientes. Miles de ellos ni siquiera están en la formalidad. El concentrar la energía política en la agenda de lo ficticio puede arrojar efectos devastadores para los tapatíos que seguimos viviendo en la realidad cotidiana.

También está el tema de la basura, el tema de la justicia y la seguridad (decir que es responsabilidad del gobierno federal el combate a las bandas criminales es ignorar mañosamente el papel de las policías preventivas, es sabido que la escala del crimen mayor comienza en las calles y con los delitos menores porque eso genera el ambiente de impunidad propicio), el tema de la salud (nuevamente, no basta con culkpar al gobierno federal, que efectivamente, ha sido uno de los más desastrosos a nivel mundial en la gestión de la pandemia, y cuya presunta lucha contra la corrupción, sea lo que sea, ha generado el peor desabasto de medicamentos en décadas), el tema del gasto (pedir más dinero de la federación, ¿para gastarlo en caprichos, en proyectos poco transparentes, en financiar “sus empresas” de comunicación que echan a andar la maquinaria de la propaganda?), el tema de los desaparecidos (ligado al de seguridad, es incuestionable el deber del gobierno del estado en investigar y encontrar a los culpables, de nuevo se prueba que la lucha contra el crimen no puede estar en una sola esfera).

Pero sigamos “ficcionando”. Que se privilegie el engaño de consultas públicas que no sirven para nada (allí, es maravillosa la alineación al uso demagógico de esas herramientas democráticas por el gobierno de AMLO, pero Alfaro tiene su propia historia en la farsa -las “ratificaciones de mandato” municipales fueron su aportación a estos fuegos fatuos -), pero que sí funcionan para mantener en campaña a los líderes políticos que, el día a día nos lo demuestra, no saben lidiar con la “realidad real”.  Me pregunto si esa realidad los alcanzará y los pondrá en su lugar, o si se saldrán con la suya. Hay mucha historia en América Latina que, desgraciadamente, demuestra que los demagogos se suelen salir con la suya.

Agustín del Castillo es periodista con tres décadas de andanzas, especialmente en temas ambientales, de desarrollo urbano y rural, que defiende como asuntos eminentemente políticos. Sus dos fes están en dos nociones precarias: la democracia liberal y las chivas del Guadalajara