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2021-07-20
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El obradoriato y el porfirismo político

EL OBRADORIATO SE DISTINGUE DEL PRIÍSMO HISTÓRICO Y SE ASEMEJA AÚN MÁS AL PORFIRIATO ORIGINAL EN SU MÁS O MENOS ABIERTA TENTATIVA DE RESTABLECER LA REELECCIÓN PRESIDENCIAL...

Por Luis Cisneros Quirarte

Carlos Loret de Mola es a la 4T lo que Carmen Aristegui fue para Calderón y Peña. El periodista incómodo del gobierno en turno. A Loret le leí por primera vez (y única) el término de “obradoriato”; mismo que me apropio para hacer la distinción entre la 4T que quiso ser, y la que después de casi tres años de gobierno ha sido. Algo así como la diferencia entre el socialismo utópico y el socialismo realmente existente.

Se trata, claro, de una evocación al “porfiriato”, un periodo histórico repudiado por el oficialismo priísta, éste último que, sin embargo, replicó muchas de sus prácticas políticas, digamos “porfiristas”. Es decir, el priísmo fue porfirista en los hechos pero rechazó el porfiriato en el discurso, con la excepción clave, eso sí, de la reelección.

De igual manera, el obradoriato ha recuperado muchos elementos del porfirismo político (si es que vamos a hacer la distinción con un porfirismo “económico”, muy al tono del vilipendiado “neoliberalismo”): a saber, la centralización del poder político en la persona del presidente de la República; el federalismo simulado; la imposición de las candidaturas oficiales a los gobiernos estatales; y, al mismo tiempo, ha intentado recuperar otras características que los años de neoliberalismo “político” dejaron atrás, tales como la desaparición del INE para que sea el gobierno el responsable de organizar las elecciones, lo que para porifiristas y priístas significó la posibilidad del fraude electoral recurrente y la permanencia en el poder del régimen.

Pero el obradoriato se distingue del priísmo histórico y se asemeja aún más al porfiriato original en su más o menos abierta tentativa de restablecer la reelección presidencial o cuando menos a la ampliación de periodo ensayada para el gobierno estatal de Baja California (sin éxito) y la presidencia de la Suprema Corte (en veremos).

Tiene además características propias. Un brazo electoral sustentado en dos ejes: una política social con fines clientelares y electorales (todo el esquema de becas instrumentadas por el aparato de los “Servidores de la Nación”); y una política de comunicación con énfasis en la propaganda, la polarización política y social y un cierto adoctrinamiento que ha hecho de “La Mañanera” su elemento central.

Y, FINALMENTE, UN ELEMENTO QUE LO ASEMEJA MÁS A REGÍMENES COMO EL CUBANO Y EL VENEZOLANO, Y QUE LEJOS DE DESPEJAR SUSPICACIAS Y TEMORES LAS ALIMENTA:

El empleo de los militares a labores más propias de la administración civil, como las aduanas y puertos, la operación de la banca de gobierno y la construcción de obra pública, y, lo que ha sido muy cuestionado, su abierta incorporación a las labores de seguridad pública más allá del combate al narcotráfico, a través de la Guardia Nacional.

La tolerancia hacia grupos del narcotráfico ha sido señalado por actores de oposición y periodistas, y dibujarían un perfil aún más siniestro de un régimen que ya ha dado muestras de un talante autoritario alarmante.

En sucesivos apuntes, revisaremos cada una de estas características para hacer un trazo de los tiempos que corren, inéditos en nuestro país.

 

 

SOBRE EL AUTOR
*Regidor en Guadalajara por Movimiento Ciudadano, politólogo, autor de los libros “Las entrañas del león negro” y “La cuarta transformación y la refundación de Jalisco”. @luiscisnerosq