15 49.0138 8.38624 arrow 0 bullet 1 6000 1 0 horizontal https://elrespetable.com 300 0 1
theme-sticky-logo-alt
Please assign a Header Menu.
2021-06-03
1351 Views

AMLO: la salvación por la derrota

LOS CONTRAPESOS OBLIGARÁN A AMLO SACAR ESAS SUPUESTAS VIRTUDES QUE VEN SUS PARTIDARIOS...

Mejor será no regresar al pueblo,

al edén subvertido que se calla

en la mutilación de la metralla. […]

mi sed de amar será como una argolla

empotrada en la losa de una tumba. […]

campanario de timbre novedoso;

remozados altares;

el amor amoroso

de las parejas pares;

noviazgos de muchachas

frescas y humildes, como humildes coles,

y que la mano dan por el postigo

a la luz de dramáticos faroles;

alguna señorita

que canta en algún piano

alguna vieja aria;

el gendarme que pita…

…Y una íntima tristeza reaccionaria.

El retorno maléfico, Ramón López Velarde

 

Esta es una paradoja en la que solamente los verdaderos demócratas pueden hallar gracia: la salvación  -para usar una palabra cara al movimiento- del autodenominado primer gobierno de izquierda en México, puede estar en que el presidente Andrés Manuel López Obrador pierda este domingo su cómoda mayoría en la cámara de diputados.

Salvación en dos frentes. El más valioso: rescatar la idea de que la izquierda verdadera (moderna, democrática, autocrítica, universalista)  es constructora de democracia, respetuosa de los derechos básicos de ciudadanos y colectivos, responsable y eficaz en el ejercicio de gobierno; moderada en el debate, gobierna para todos, respeta a los disidentes y a la oposición, y dialoga con ellos; seria en sus diagnósticos, reconoce que la desigualdad y la pobreza -más allá de los debates de qué es lo primero y prioritario, y qué cosa es peor – se logran enfrentar con instituciones sólidas e inclusivas y bienes públicos  que ponen el piso parejo para el acceso universal a la educación de calidad, a la salud óptima, a un medio ambiente sano, a una vida libre de violencia; que no hostiliza al sector privado, al que le da reglas claras y asequibles para trabajar legalmente, pues sabe que los particulares son los que generan riqueza y el Estado debe aspirar en todo caso a una buena política fiscal que sea justa en cuanto a su universalidad (un país con más de la mitad en el sector informal no lo es) y en cuanto a su gradualidad, y que se traduzca, justamente, en bienes públicos de calidad. Es una mirada hacia el futuro.

Pero esa noción de izquierda es la que está en riesgo con un gobierno de tendencias autocráticas que mina la credibilidad de la sociedad civil y que demuele instituciones autónomas; que denuesta toda crítica, por razonada que sea, y pone en riesgo a los “mensajeros” para descalificar los mensajes inquietantes de los saldos que arrojan la incompetencia y la demagogia; que hostiliza al sector privado nacional e internacional y desprecia la regulación y los tratados internacionales; que apela a la nostalgia (el más peligroso de los sentimientos políticos), porque en el fondo, es un proyecto encadenado a una “íntima tristeza reaccionaria”, para citar en homenaje por su centenario al gran López Velarde, pero en este caso, no es la reacción clerical y católica de los conservadores del siglo XIX, a quienes combate simbólicamente el presidente López Obrador, sino la nostalgia de un estado poderoso, omnipresente y antidemocrático que se potenció con los yacimientos de petróleo y gobernó al país con retórica de izquierda durante buena parte del siglo XX, en el cual, el hoy mandatario se formó. Una “genial impostura” (Maite Rico y Bertrand de La Grange dixit).

Si este gobierno fuera de izquierda, los mexicanos seguramente estaríamos discutiendo con igual encono, pero cosas muy distintas y más sustantivas: la ampliación de derechos de las minorías, la erradicación de la violencia contra mujeres, jóvenes y niños;  la ampliación de la seguridad social; la mejora de los sistemas de salud y educación; la consolidación de las políticas de adaptación y mitigación frente al cambio climático (y no el regreso absurdo pero nostálgico a la imposible nueva era del petróleo, ni la destrucción de selvas -que pese a los dichos del mandatario, todavía existen – para reforzar un paradigma de desarrollo también superado, el famoso Tren Maya); el cumplimiento de los acuerdos internacionales en derechos humanos y medio ambiente; el establecimiento de un sistema de renta universal, del que los “apoyos” que entrega este gobierno son apenas un imperfecto y políticamente muy manipulable esbozo.

¿Qué discutimos, en cambio? El autoritarismo creciente, donde el “primer magistrado de la nación” siempre tiene la última palabra; la descalificación de la crítica, sospechosa de no ser “revolucionaria” y hacerle el juego a los “conservadores”; la retórica victimista y el linchamiento desde la “más alta tribuna de la nación”, con exposición al riesgo para los disidentes juzgados ipso facto y sin derecho a réplica por el juez supremo; los crímenes contra periodistas y activistas; la militarización de la vida pública; el fracaso de la política de seguridad, con decenas de miles de asesinados y el crecimiento del control territorial de los señores de la droga y la extorsión; la omisión casi neoliberal (no: es realmente de ortodoxia neoliberal) de invertir dinero público durante la pandemia, lo que se tradujo en más de medio millón de muertos y un millón de pequeñas empresas quebradas; el estatismo nostálgico que sacrifica el crecimiento de las energías renovables y los bienes ambientales, a cambio de un retorno al petróleo mal calculado.

Es cierto que dentro de Morena hay verdaderos integrantes de la izquierda democrática, silenciados por el espíritu cortesano que permea todo en este gobierno. Quizás estén a la espera de que finalice la “transición” que para otros es pesadilla, y sientan que entonces llegará su hora. Pero podría ser un grave error de cálculo: el régimen que empieza puede consolidarse con sus taras genéticamente priistas, autocráticas. Entonces obtendrán lo que vemos en sudamérica todos los días: retóricas incendiarias antiimperialistas, discursos emocionados de amor al pueblo, economías declinantes, negocios a la sombra del poder (pero no se preocupen: será el poder político el que se imponga al económico, como entre Alemán y López Portillo. Lo importante es quién tiene la última palabra, pues. Que siga el reinado de las asignaciones directas).  

Pero el presidente tiene otros datos. Y la imposición de su relato no cambia la realidad, pero engaña a muchos. Cuando la ficción domina sobre la verdad, entonces somos como teólogos de una religión desaparecida: discutimos con pasión sobre algo que no existe. La novedad de esta época en relación con las inmediatas anteriores de nuestra joven democracia es que llegó al poder una generación de políticos vinculados por ideas antidemocráticas, o al menos, utilitarias sobre la democracia: la democracia es para ellos solamente un instrumento para acceder al poder, y construir lo que dicen es la verdadera democracia. En esta tendencia general al caudillismo, el desprecio por la formalidad democrática como corrupta y simuladora, ubicó en la cúspide tanto al presidente López Obrador como a “ilustres” gobernadores de oposición como Enrique Alfaro en Jalisco o Javier Corral en Chihuahua. Los tres tienen los mismos tics emocionales, arrebatados, indignados, llenos de rabia contra los críticos, contra la prensa a la que acusan de proteger viejos pactos corruptos, iluminados por Dios en su camino al poder (¿el Estado laico ya es patrimonio de los conservadores?) y furiosos por denunciar una gran conspiración.. contra ellos mismos. ¿“íntima tristeza reaccionaria”?

Habría que señalar que el presidente no está fracasando porque los opositores anhelen su fracaso y le manden “malas vibras”, eso equivale a hacer verdad una fantochada new age. Fracasa porque existe la realidad y esta no es alterable con el mero voluntarismo que además no tiene lucidez.

Algunas premisas ignoradas: no existe una ruta corta hacia el desarrollo. La buena voluntad no puede justificar la toma inadecuada de decisiones con base en diagnóstico errados. Solo se puede construir prosperidad si se mejoran y universalizan la educación y la salud; si se fomentan la ciencia y la innovación; si se establece un piso parejo para los emprendedores; si se fortalecen los servicios públicos y las oportunidades para todos, y si se hace una política fiscal inteligente que no solamente sea justa sino que permita incentivar la “destrucción creativa”, que sí son las energías alternativas y no son las renovables.

Por eso, los que pensamos que es bueno para la coalición del presidente que pierda sus mayorías, no buscamos la vuelta al pasado, sino su superación. La base es que la democracia siga funcionando. Y esto solo es posible si los contrapesos se mantienen operando; es un diseño institucional que a priori protege ante una pléyade de posibilidades de excesos por parte de los gobernantes. Es el orden garante de las verdaderas democracias. No es capricho que el diseño democrático garantice que ningún poder pueda prevalecer. El control de daños es uno de los aspectos más importantes de una verdadera democracia. Ya lo vimos con Trump en Estados Unidos.

Por eso, tampoco olvidemos que el mensaje de no votar siempre favorece al partido en el poder, y que todas las elecciones siempre son de estado. ¿Sirve o no tener organismos autónomos y contrapesos? ¿Castigas a los que ostentan el poder, castigando tus propios derechos, como si al no votar, desapareciera de un plumazo un gobierno y sus posibilidades de determinar tu vida, para bien o para mal?

SI LA SALVACIÓN MÁS IMPORTANTE DE NO RENOVAR LAS MAYORÍAS OBRADORISTAS ES PARA LA SUPERVIVENCIA DE UNA IZQUIERDA POLÍTICA QUE NECESITA EL PAÍS, LA OTRA VÍA MÁS ESPECÍFICA ES PARA EL MISMO PRESIDENTE.

Puede ser lo mejor que le pueda pasar a López Obrador: los contrapesos lo obligarán a sacar esas supuestas virtudes que ven sus partidarios, ese supuesto talante socialdemócrata, tolerante y abierto (que yo no he visto nunca, huelga decir). Entonces se buscarán discutir los asuntos parlamentarios, y si los representantes de oposición son cuestionables en lo personal, nos basta por el momento que hagan labor de opositores, así no sean sus intenciones angélicas o desinteresadas, sino la vil búsqueda de poder. ¿López Obrador dejará una mejor herencia si el Congreso lo hace entrar en razón, si los organismos autónomos sancionan sus excesos, si el poder judicial determina que hay decisiones inconstitucionales, si se señalan clara y transparentemente las omisiones y los excesos en cada acción de gobierno? Por supuesto que sí. A él, tan cristiano, le conviene recordar que uno de ,los mayores genios de la patrística, San Agustín de Hipona, señaló a la concupiscentia dominandi (concupiscencia del poder) como una de las fuentes del exceso, de la soberbia, del pecado y de la pérdida del alma. Más modernamente, libre de la carga religiosa, como corresponde al pensamiento laico, lo dice el famoso teorema de Lord Acton: “el poder corrompe; el poder absoluto, corrompe absolutamente”.

Agustín del Castillo es periodista con tres décadas de andanzas, especialmente en temas ambientales, de desarrollo urbano y rural, que defiende como asuntos eminentemente políticos. Sus dos fes están en dos nociones precarias: la democracia liberal y las chivas del Guadalajara