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2021-05-13
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Campañas y realidad

SALVO EXCEPCIONES CONTADAS, LOS CANDIDATOS NO CONOCEN NI VIVEN EN REALIDAD ESAS VIDAS DE LOS VOTANTES...

Fotos desayunando en un mercado público o comiendo tacos en un tianguis, video en una calle polvosa recogiendo una chancla, imágenes de candidatos sonrientes saludando a posibles votantes, imágenes de mítines con aspirantes al poder público prometiendo que ahora sí, a partir de ellos, se resolverán los problemas seculares que afectan y producen una vida indigna para sus escuchas. Y todas estas imágenes difundidas profusamente en medios y en las redes sociales de los candidatos y los partidos que los postulan.

A esto se reducen las campañas electorales en curso en Jalisco y en el país: a una puesta en escena en donde los sujetos de la política profesional interpretan por unas semanas un papel que no desarrollan en su vida cotidiana: no es que Juan José Frangie o Pablo Lemus desayunen comúnmente tacos de canasta o birria en mercados o tianguis, no es que Carlos Lomelí o Alberto Uribe caminen las colonias más pobres de los municipios que aspiran a gobernar. Y lo mismo ocurre para la inmensa mayoría de los interminables e inservibles partidos que compiten en esta elección por representar a la sociedad en los poderes públicos del sistema político liberal.

Todo es una puesta en escena, una ficción. No es la realidad. Los candidatos simulan que conocen la realidad que vive la mayoría de la sociedad. Entrenados por sus coach de imagen y por sus costosos asesores electorales, los candidatos simulan que conocen los las calles, los barrios, los tianguis, el habla popular, el transporte público, las penurias salariales, la falta o baja calidad de los servicios públicos y los problemas que aparecen en el top ten de las encuestas, como la inseguridad, los bajos salarios, el desempleo, la pobreza o la falta de seguridad social.

Pero, salvo excepciones contadas, los candidatos no conocen ni viven en realidad esas vidas. Se las platican y con mucho trabajo de por medio, se las pueden imaginar. Pero no las conocen. Y sin embargo simulan que las entienden y por eso pueden representar en los poderes públicos a los ciudadanos comunes y corrientes a quienes piden su voto. Es una falacia, un montaje, una puesta en escena. Mera sociedad del espectáculo como ya lo definiera desde 1967 el teórico situacionista Guy Debord en su libro del mismo nombre.

Usemos una pizca de sentido común: es materialmente imposible que un candidato pueda entender la realidad de una comunidad de 1.5 millones que reside en un municipio, ni siquiera en comunidades de 50 mil habitantes. Lo que hace es pretender o simular que entiende, que conoce, que comprende los problemas, las necesidades de los votantes que pretende conquistar. Como dije, es materialmente imposible.

POR ESO LAS CAMPAÑAS ELECTORALES NO SON OTRA COSA MÁS QUE UNA PUESTA EN ESCENA, UNA FICCIÓN.

Los candidatos no saben lo que es vender su fuerza de trabajo para tener ingresos necesarios para la reproducción diaria de la vida, no saben lo que es montar un puesto en un tianguis, no saben lo que es recorrer tiendas para vender botanas, no saben lo que es completar la renta o la hipoteca del mes, no saben lo que es vivir en casas huevito, en fraccionamientos sin servicios esenciales, o lo que es pasar tres o cuatro horas diarias en el transporte público para ir de la casa al trabajo y de regreso.

Es imposible que algún candidato tenga la energía y la templanza que tienen decenas de miles de obreras de la industria electrónica de la zona metropolitana de Guadalajara que todos los días son jefas de hogar mientras lidian con supervisores acosadores en sus plantas de producción.

Menos, mucho menos saben los candidatos de los robos del patrimonio o peor aún, de la desaparición de una hija o un hijo y del dolor insondable que esa pérdida deja en una madre o un padre. El dolor que no cabe ni siquiera en un duelo de saber si el hijo comió o duerme cobijado o es maltratado mientras sigue desaparecido.

¿Cómo diablos entenderá un candidato el dolor de un padre que ya no quiere justicia, ni reparación, ni venganza de los que se llevaron a su hijo sino que pide únicamente que le digan dónde está el cuerpo de su vástago?

Por eso las campañas son una simulación de sujetos que quieren el poder para hacer creer que conocen lo que sus votantes, lo que sus representados padecen y quieren resolver. Pero eso no ocurre. Los candidatos se “acercan” a la realidad material que cotidianamente vive la mayoría de la sociedad y las campañas se convierten en puestas en escena en las que simulan que entienden. Pero jamás entienden.

Por que jamás entienden, jamás un candidato que gana una elección puede gobernar como sintiera y padeciera las penurias y necesidades de la mayoría de sus gobernados. Gobernará de acuerdo a su vida cotidiana: una vida ajena y alejada de las penurias y necesidades de la mayoría. Gobernará de acuerdo a sus privilegios y los intereses de sus amigos, conocidos y los financieros de su campaña. Es decir, gobernará para los sectores privilegiados que provocan las penurias y necesidades de sus gobernados.

Por eso las campañas de los candidatos están alejadas de la realidad y los candidatos alejados de la realidad de la mayoría de la sociedad. Por eso las campañas son una mera puesta en escena que solo desnuda el orden social de dominación capitalista que cuida los privilegios de pocos contra el sufrimiento de la mayoría.

Periodista independiente. Conductor de @CosaPublica2 en @RadioUdeG. Al pendiente de las resistencias vs el despojo y las luchas sociales