15 49.0138 8.38624 arrow 0 bullet 1 6000 1 0 horizontal https://elrespetable.com 300 0 1
theme-sticky-logo-alt
Please assign a Header Menu.
2021-03-11
2787 Views

La demagogia del agua

LA PERVERSIDAD DE BUSCAR EL AGUA DE LOS ALTOS ES EL VIEJO MODELO DE NO RESOLVER LOS PROBLEMAS DONDE ESTÁN Y PASAR SU COSTO A OTROS...

El liderazgo significa inspirarnos para superar nuestro temores. La demagogia significa explotar nuestro miedos con fines políticos. Existe una diferencia fundamental.

Al Gore

Es difícil encontrar una materia más politizada, en el mal sentido de la palabra (es decir, como los mexicanos interpretamos “politizar”: manoseada, defectuosamente analizada por espontáneos expertos que casi nunca son -los políticos, por ejemplo -, o por expertos en alguna cosa que a veces solo es otra cosa; sesgada, inmersa en  falacias de petitio principii -que son innegociables en esencia -, y objeto central de discursos victimistas y demagógicos donde la culpa, como es obvio, siempre será de otro), que la del agua.

Al toparnos con un problema que existe desde que Guadalajara comenzó a extraer agua de cuencas alteñas, es decir: que la presa Elías González Chávez o Calderón tiene años buenos o malos que derivan en que a veces se llene tras el temporal, y en otras ocasiones quede casi vacía, pasamos de la naturalidad con que se asumía el riesgo hace 25 años – los tandeos son parte de la historia de la expansión del AMG, enclavada entre regiones que son, o poco llovedoras, o de lluvias copiosas durante corto tiempo del año-, a la histeria con que el dato se asume en el regreso de un ciclo seco. Seguramente influye que todos nos acostumbramos a lo bueno, es decir, a que durante muchos años no se vivieron recortes significativos de líquido porque el pequeño embalse contenía al menos algo de agua. Pero en realidad deriva de que nos acostumbramos a la demagogia de los políticos, que montados en la idea correcta de que todos debemos tener agua, pues es un derecho, asumían que llevarla a todos los rincones de la ciudad solo es cuestión de infraestructura, y que los ciclos de la naturaleza son irrelevantes. Y no, no lo son.

Uno de los efectos del calentamiento del planeta que inducimos los humanos con nuestra febril actividad con motores de combustión y nuestra expansión desmedida a costa de sumideros de carbono (bosques, selvas y en general todos los ecosistemas silvestres), es que acentúa la irregularidad del clima.  Sin embargo, el caso del río Calderón es de por sí el de una cuenca errática: no es excepcional que se quede al borde del agotamiento cuando ha pasado por un temporal poco copioso. De hecho, en las cuentas generales de su aporte al sistema de agua de la ciudad, suele rondar 0.5 metros cúbicos por segundo, y en años abundantes, hasta 2 m³.

Lo primero que llama la atención es que la autoridad estatal, que es la responsable del SIAPA, y el mismo organismo operador, ya tenían la información de que el embalse artificial que en un año de abundancia puede contener hasta 80 millones de m³ de agua, había quedado, en octubre, a mucho menos de la mitad de su capacidad. Eso obligaba a administrar esa agua justo para que no se agotara en apenas cuatro meses, y más importante incluso, debía informarse a la sociedad de Guadalajara que se venía un año complicado, para exhortar al uso racional. Por eso, mucho actores dudan de la sinceridad de las palabras -siempre indignadas, faltaba más – del gobernador del estado, Enrique Alfaro. De repente avisan que más de 200 colonias de la ciudad vivirán “tandeos” durante los meses secos. Y para mayor confusión, el mandatario afirma que  no hay un problema de agua, sino de distribución. Señala sin veracidad que el acuaférico es una obra de su gobierno (tiene cerca de dos décadas en que se construye de forma intermitente), y sorprende con la noticia de que, al no estar cerrado en la zona de El Bajío, al poniente de la ciudad, no se puede transferir agua de Chapala… hacia el norte y el oriente, donde la infraestructura, se supone, existe y es continua.

Pero como dice el clásico, “piensa mal y acertarás”, ¿a quién le conviene políticamente la escasez del agua y con qué fin? Es evidente la omisión del gobernante en prevenir a la ciudad sobre un problema que en octubre estaba más que claro, pues las existencias de agua en las presas abastecedoras es información disponible. Me comenta el presidente del Observatorio Ciudadano del Agua en Jalisco, el alteño Juan Guillermo Márquez Gutiérrez, que esta crisis le puede caer como “anillo al dedo” (oh comparaciones odiosas) al gobernador refundador, que no encuentra el modo de distraer a la opinión pública sobre la grave crisis de violencia que sacude a Jalisco (en la que, faltaba más a su triste historial de acosador de la prensa, acusa a los medios de comunicación de magnificar y hacer “apología del delito”)También es útil para “sensibilizar” al presidente López Obrador, con el que Alfaro ha inclinado nuevamente la cerviz “por la grandeza de Jalisco”, para que se decida a terminar la construcción del sistema El Zapotillo-El Purgatorio, la culminación de su traición a los alteños con los que acordó políticamente el apoyo para llegar a la gubernatura.

Y MÁS LEJOS TODAVÍA, ¿NO ES SUMIR AL SIAPA EN LA INCOMPETENCIA Y LA ORFANDAD DE RESULTADOS, CON TARIFAS POCO COMPETITIVAS Y PRESUPUESTO ESCASO? PARA LOS MÁS MALPENSADOS, LA ANTESALA DE LA PRIVATIZACIÓN QUE SE HA DADO EN OTRAS CIUDADES DE LA REPÚBLICA.

Enrique Alfaro tiene dos graves defectos, aplicables casi por igual a la mayoría de los políticos que hacen demagogia, que hoy forman legión en México, empezando por el presidente de la república: primero, una necesidad casi fisiológica de hablar, de figurar, de ser el experto de todo, de decir la última palabra, de ser la quinceañera de la fiesta o el muerto del velorio. Lo que acarrea un desgaste brutal de imagen, porque no solo habla de todo, sino que confronta porque “nosotros sí damos damos la cara” (el barrio lo traiciona). Siempre hay un maligno enemigo al cual acusar de la incompetencia propia. El gobernador de Jalisco todo el tiempo acusa a alguien, habla de intereses aviesos, señala al pasado y asegura que las cosas se hacen bien solamente a partir de que decidió llegar a redimirnos. En ese sentido, un populista modelo.

Lo segundo es que, como buen demagogo, siempre espera que “el pueblo” no tenga memoria. Twitter y Facebook nos han permitido exhibir con claridad las incongruencias del presidente López Obrador respecto a posturas que tuvo en el pasado y las que ahora maneja. Algunas joyas: cuando pide la renuncia de Peña Nieto por problemas de salud que no le desea, pero como buen pretexto para tender un velo en su incompetencia como operador económico; cuando defendía a las víctimas de la violencia, y en especial, a las mujeres, y exigía la renuncia de Peña o Calderón por no saber contener la ola de luto que llena desde entonces a miles de familias del país; o cuando acaba con Donald Trump, e incluso le dedica un libro de propósito electorero donde le advierte sobre la falta de respeto para el mexicano y el centroamericano migrante… para luego servir, durante los dos años de mandato en que coincidió con el magnate en la Casa Blanca, como operador de políticas migratorias agresivas y persecutorias, el verdadero “muro humano” que el republicano prometió a sus electores para contener la migración de los “bad hombres” latinos.

Las redes sociales también permitieron en el pasado exhibir las incongruencias de un gobernador que era mucho más afable en el trato, su predecesor Aristóteles Sandoval Díaz. El famoso tuit sobre Temaca es un símbolo del fracaso de su gobierno, pues al final tuvo que reconocer que les falló (un rasgo de carácter que no esperamos de Alfaro: reconocer fracasos es una muestra de debilidad). Twitter y Facebook también exhiben las posturas políticas oportunistas de Enrique Alfaro en su camino al poder: sus acres críticas a Sandoval Díaz por la violencia de la que ahora acusa a los medios y al gobierno federal, y sin duda, sus cambiantes posturas en torno al tema de El Zapotillo y la gestión integral del agua. No es un error si alguien encuentra en ello una prueba de que su actuación política está regida por el principio de que el fin justifica los medios. Alfaro Tiene una colección de tuits propios o de medios de comunicación donde ataca a Sandoval Díaz por la incapacidad para resolver el problema del agua, o donde asegura estar del lado de los pobladores de Temacapulin y oponerse el trasvase de agua de El Zapotillo a Guanajuato, o las declaraciones en que prometió que las multimillonarias obras de contención de inundaciones iban realmente a resolver un problema que no ve su final en el corto plazo.

 Esa apelación a la desmemoria es un signo claro de demagogia. Pero también hay demagogia en las contrapartes, o pensando bien, es cuando la pasión de la causa sustituye a la racionalidad. El caso de Chapala me parece emblemático: a pretexto de defender el lago, no se permite modernizar una infraestructura como el acueducto de los años ochenta, que podría garantizar que la ciudad reciba 240 millones de m³ que le marca su concesión anual, y no 190 millones de m³ que recibe ahora.  Ese proyecto de Aristóteles Sandoval habría puesto en otro nivel a la ciudad, pero fue sepultado en los escritorios de los burócratas ante la resistencia de algunas voces que no reparan que el canal de Atequiza, la vieja ruta del agua de Chapala a Guadalajara, sigue en uso para cubrir la parte de la demanda que no puede atender el acueducto principal, y lo hace a un alto costo ambiental y de calidad del agua que no se daría con la segunda línea entubada del acueducto construido en el gobierno de Enrique Álvarez del Castillo.

La perversidad de buscar el agua de Los Altos es el viejo modelo de no resolver los problemas donde están y pasar su costo a otros. No se debería aprobar ningún proyecto de infraestructura si no se han atendido primero los problemas críticos en los sistemas ya existentes: Chapala, Calderón, los pozos, son las tres fuentes de agua que se deben gestionar de forma impecable; y se debe reemplazar la infraestructura que ocasiona pérdida de agua potable en redes, además de proteger las zonas de recarga del acuífero metropolitano, y cosechar agua a nivel domiciliario (lo que de paso aminora el problema de las inundaciones). Pero solo se hacen paliativos.

Desde hace 30 años, en que la presa Calderón entró en operaciones, el problema se arrastra solamente.

Durante tres décadas he escuchado muchos debates para alcanzar soluciones, pero debo señalar que todos han estado con dados cargados, sea para favorecer los intereses de la gran infraestructura, o para satisfacer los intereses de los ecologistas y los utopistas sociales, que creen que el cambio de estilo de vida se puede lograr de la noche a la mañana, y sobre todo, al margen de la economía real.

La verdad es que ningún país que ha desacelerado su crecimiento vive mejor ahora que antes. Si no asumimos que son respuestas complejas a problemas complicados, nunca llegaremos a un buen puerto.

La falta de credibilidad en la política, y en el servicio público en general, hace más difícil esto. Y me queda claro que no es con personalidades disruptivas, agresivas y fuertemente paranoicas, como la de Enrique Alfaro Ramírez, como lo lograremos. No es este un tema para demagogos, pero ellos están en el poder.

Agustín del Castillo es periodista con tres décadas de andanzas, especialmente en temas ambientales, de desarrollo urbano y rural, que defiende como asuntos eminentemente políticos. Sus dos fes están en dos nociones precarias: la democracia liberal y las chivas del Guadalajara