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2021-02-08
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El mundo en crisis económica y sanitaria

LAS DISTORSIONES ECONÓMICAS QUE ANTECEDIERON A LA CRISIS DE LA COVID-19 PODRÍAN PERSISTIR O INCLUSO EMPEORAR, LO CUAL SEÑALA LA NECESIDAD DE EMPRENDER REFORMAS ADAPTADAS A LAS CIRCUNSTANCIAS ESPECÍFICAS DE CADA PAÍS

A principios de año, un nuevo coronavirus empezó a propagarse desde Asia al resto del mundo. En marzo, se convirtió en una pandemia que, en apenas unas semanas, nos reveló no solo nuestra fragilidad física sino también la de nuestros sistemas sociales y económicos. 

Intentar abarcar todos los aspectos en los que el COVID-19 ha marcado nuestra vida cotidiana es una tarea casi imposible de abarcar, sin embargo especialistas han coincidido en que se pueden describir mediante la desigualdad, educación, migración, economía, y la lucha científica contra el coronavirus 

Pese a todo lo que ha tocado el COVID-19 hay algo que continúa su curso con independencia del virus: el cambio climático, por lo que también los expertos lo han incluido como uno de los principales problemas que continúa su curso, aunque aún se está a tiempo de revertirlo y evitar que sea inexorable. 

El equipo de especialistas de la Organización Mundial de la Salud que investiga los orígenes del covid-19 en Wuhan dijo que están obteniendo datos “que nadie ha visto antes” y que “realmente están llegando a algo”. Además, no han descartado la posibilidad de que el virus se haya escapado de un laboratorio. 

“Estamos viendo nueva información y es buena, es algo muy valioso que está comenzando a ayudarnos a buscar las direcciones correctas para este virus”, dijo el doctor Peter Daszak, un miembro de la misión en curso de la OMS, a Sky News. 

Tras dos semanas en cuarentena, el equipo de la OMS —formado por expertos en medicina veterinaria, virología, seguridad alimentaria y epidemiología de 10 naciones— pasaron los seis últimos días visitando hospitales, centros de investigación y un mercado tradicional ligado a muchos de los primeros contagios. 

Los expertos comenzaron la investigación, estrictamente controlada por China, más de un año después de los primeros casos, lo que hace imposible que encuentren muchos rastros de las primeras transmisiones virales. La visita es además políticamente sensible para el régimen chino, que intenta desvincularse de cualquier responsabilidad en el origen de la pandemia que ya causó más de 2.2 millones de muertos en el planeta. 

Según Daszak, los lugares inspeccionados hasta ahora brindaron información valiosa, especialmente el mercado húmedo de Huanan, donde se registraron los primeros casos de covid-19 en diciembre de 2019. El investigador destacó que China, tras demorar el ingreso del equipo de la OMS, “está abierta y dispuesta a trabajar con nosotros y lo vemos todos los días”. 

“Estamos en el mercado mirando a nuestro alrededor y haciendo preguntas, nos reunimos con gerentes de mercado, con proveedores que trabajaron allí y gente de la comunidad y les hacemos preguntas”, explicó. “Estamos hablando con personas que recolectaron muestras del piso del mercado que luego dieron positivo. Ese es el tipo de información que estamos obteniendo con la persona que realmente importa”. 

“Hay pequeñas pistas que encontramos aquí y allá en la gran cantidad de datos”, agregó el especialista, presidente de la ONG EcoHealth Alliance. 

Este el miércoles, los científicos también visitaron el Instituto de Virología de Wuhan, un centro de investigación en la ciudad china de Wuhan que ha sido objeto de especulaciones sobre los orígenes del brote. El Instituto de Virología de Wuhan, uno de los principales laboratorios de investigación del país, creó un archivo de información genética sobre los coronavirus de los murciélagos luego de un brote de síndrome respiratorio agudo grave (SARS, por sus siglas en inglés) en 2003. Esto provocó acusaciones de que podría estar relacionado con el brote original de COVID-19 detectado en Wuhan a finales de 2019. 

Al respecto, Daszak dijo que no se había descartado la posibilidad. 

“Si hay datos que apuntan hacia alguna hipótesis, seguiremos los datos, seguiremos la evidencia adonde nos lleve. Si nos lleva a un mercado de productos del mar y una cadena de frío, lo seguiremos allí”, dijo. “Si nos lleva a una granja de vida silvestre o un mercado de vida silvestre, iremos allí. Si nos lleva a un laboratorio, iremos allí. Todo está sobre la mesa y mantenemos la mente abierta”. 

Por su parte, Hung Nguyen-Viet, otro de los expertos de la OMS, dijo en una entrevista que en el instituto tuvo “un encuentro interesante” con la viróloga Shi Zhengli, apodada por la prensa “Batwoman” por sus investigaciones sobre los coronavirus procedentes de murciélagos. La confirmación sobre los orígenes del virus podría tardar años. Determinar el reservorio animal de un brote suele ser una tarea exhaustiva que requiere años de investigación e incluye la toma de muestras animales, análisis genéticos y estudios epidemiológicos. Una hipótesis es que un cazador furtivo transmitiese el virus a comerciantes que lo llevaron a Wuhan. 

“Es evidente que lo ideal es hacer el estudio en el momento o inmediatamente después”, admitió Nguyen-Viet. 

NO OBSTANTE, DASZAK SE MOSTRÓ OPTIMISTA ACERCA DE LA POSIBILIDAD DE ENCONTRAR LOS ORÍGENES DEL NUEVO CORONAVIRUS.  

Vale recordar que la Organización Mundial de la Salud dio la voz de alarma sobre la posibilidad de una pandemia en enero y, ante la falta de un tratamiento y de una vacuna, emitió entonces una serie de normas de higiene y de consejos básicos, para prevenir la propagación del virus. Esos consejos incluían el uso de mascarillas, cuyas recomendaciones fueron actualizadas en diciembre. 

Al mismo tiempo, empezaron a investigarse las vacunas contra el COVID-19, que se han desarrollado en un tiempo récord durante el año. No es sorprendente el suspiro de alivio con que se recibió en noviembre la noticia de la aprobación de una vacuna COVID-19 con altos niveles de efectividad. El Reino Unido fue el primer país en aprobar la inmunización a principios de diciembre y pronto le siguieron otras naciones. 

Sin embargo, se han suscitado temores de que las vacunas no lleguen a los países más pobres, por lo que la ONU ha insistido constantemente en la urgencia de una solidaridad global para garantizar que todas las personas estén protegidas. 

El mundo entró en la pandemia de COVID-19 en medio de una persistencia de desequilibrios externos preexistentes. La crisis ha causado una fuerte reducción del comercio y movimientos significativos de los tipos de cambio, pero una reducción limitada de los déficits y superávits en la cuenta corriente mundial. Las perspectivas siguen siendo sumamente inciertas ya que los riesgos de nuevas olas de contagio, cambio de sentido de los flujos de capital y un mayor deterioro del comercio mundial todavía se ciernen como una gran amenaza en el horizonte. 

Informes especializados muestran que en general los déficits y superávits en cuenta corriente fueron en 2019 apenas inferiores al 3% del PIB mundial, un nivel levemente más bajo que el de un año antes. Para 2020 implicaron solo una nueva contracción equivalente a alrededor de 0.3% del PIB mundial, una disminución más moderada que la registrada tras la crisis financiera mundial 10 años atrás. 

Las prioridades inmediatas en materia de políticas son brindar alivio de importancia crucial y promover la recuperación económica. Una vez que la pandemia se disipe, reducir los desequilibrios externos en el mundo exigirá esfuerzos colectivos de reforma por parte de los países que registren tanto superávits como déficits excesivos. La imposición de nuevas barreras al comercio no será una herramienta eficaz para reducir los desequilibrios. Los déficits y superávits externos no son necesariamente un motivo de preocupación. Existen buenas razones para que los países los contraigan en determinados momentos. Pero las economías que toman demasiados préstamos del exterior con demasiada rapidez, incurriendo en déficits externos, pueden volverse vulnerables a ceses repentinos de los flujos de capital. Los países también enfrentan riesgos al invertir demasiados ahorros propios en el extranjero, en vista de las necesidades de inversión interna. El desafío consiste en determinar cuándo los desequilibrios son excesivos o plantean un riesgo. Los estudios dados a conocer se concentran en el saldo global en cuenta corriente de cada país y no en su balanza comercial bilateral con diversos socios comerciales, ya que la segunda refleja principalmente la división internacional del trabajo antes que factores macroeconómicos. 

Se estima que alrededor de 40% de los déficits y superávits mundiales en cuenta corriente fueron excesivos en 2019 y, como en los últimos años, se concentraban en las economías avanzadas. Los saldos en cuenta corriente más altos que lo justificado se registraban en su mayoría en la zona del euro (impulsados por Alemania y los Países Bajos), mientras que existían saldos en cuenta corriente más bajos que lo justificado principalmente en Canadá, Estados Unidos y el Reino Unido. Al igual que en 2018, la posición externa evaluada de China se mantuvo acorde en líneas generales con los fundamentos macroeconómicos y las políticas deseables, debido a medidas que contrarrestaron las brechas de política y las distorsiones estructurales. 

Informes ofrecen evaluaciones de los desequilibrios externos y tipos de cambio respecto de cada una de las 30 economías más grandes. A lo largo del tiempo, esos desequilibrios se han acumulado, encontrándose ahora los activos y pasivos externos en sus máximos históricos, lo cual eleva potencialmente los riesgos tanto para los países deudores como para los acreedores. La persistencia de desequilibrios mundiales y una creciente percepción de condiciones de competencia desiguales para el comercio han alimentado sentimientos proteccionistas, provocando un aumento de las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China. En general, muchos países presentaban vulnerabilidades preexistentes y distorsiones de política al momento de enfrentar la crisis. En momentos en que la economía mundial está aún lidiando con la crisis de la COVID-19, las perspectivas externas son sumamente inciertas. Aun cuando se prevee una leve contracción de los desequilibrios mundiales en 2020, en el mundo la situación es diversa. Las economías dependientes de factores gravemente afectados, como el petróleo y el turismo, o que necesitan de las remesas, podrían experimentar una caída de sus saldos en cuenta corriente superior al 2% del PIB. Esos shocks externos tan fuertes pueden tener efectos duraderos y exigir sustanciales ajustes económicos. A nivel mundial, los pronósticos implican una reducción más limitada de los saldos en cuenta corriente que la registrada tras la crisis financiera mundial hace una década, lo cual refleja en parte que los desequilibrios mundiales previos a la crisis eran esta vez menores que durante el auge de precios de las viviendas y los activos a mediados de los años 2000. 

A principios de la crisis de la COVID-19, las condiciones de financiamiento externo más restrictivas desencadenaron repentinas salidas de capital con fuertes depreciaciones de la moneda en numerosas economías de mercados emergentes y en desarrollo. Las excepcionalmente contundentes respuestas de política fiscal y monetaria, especialmente en las economías avanzadas, han promovido desde entonces una recuperación del ánimo de los inversionistas a nivel mundial, con cierta relajación de los fuertes movimientos iniciales de las monedas. Pero aún persisten muchos riesgos, como nuevas olas de contagio, cicatrices económicas y una reanudación de las tensiones comerciales. 

Otro brote de tensión financiera mundial podría disparar más cambios de sentido de los flujos de capital y presiones cambiarias, y elevar más el riesgo de una crisis externa para las economías con vulnerabilidades preexistentes, tales como grandes déficits en cuenta corriente, una alta proporción de deuda en moneda extranjera y reservas internacionales limitadas. 

Un deterioro de la pandemia de COVID-19 podría también quebrar las cadenas mundiales de comercio y suministro, reducir la inversión y entorpecer la recuperación económica mundial. En el corto plazo las iniciativas de política deberían continuar focalizándose en brindar asistencia indispensable y promover la recuperación económica. Para los países con tipos de cambio flexibles sería beneficioso seguir permitiendo que estos se ajusten en respuesta a las condiciones externas, cuando sea factible. La intervención cambiaria, cuando sea necesaria y haya reservas suficientes, podría ayudar a paliar las condiciones de mercado desordenadas. Para las economías que enfrenten presiones de balanza de pagos desestabilizadoras y que carezcan de acceso al financiamiento externo privado, el financiamiento oficial y las líneas de crédito recíproco (swap) pueden contribuir a brindar alivio económico y preservar los gastos sanitarios cruciales. 

Deben evitarse las barreras arancelarias y no arancelarias al comercio, especialmente para equipamiento y suministros médicos, así como eliminarse las nuevas restricciones al comercio recientemente impuestas. La utilización de aranceles para abordar los saldos comerciales bilaterales es costosa para el comercio y el crecimiento, y tiende a provocar movimientos compensatorios de las monedas. Generalmente los aranceles también resultan ineficaces para reducir los excesos de desequilibrios externos y desalineación de las monedas, lo cual exige resolver las distorsiones macroeconómicas y estructurales subyacentes. Sería conveniente modernizar el sistema de comercio multilateral basado en reglas y fortalecer las normas relativas a los subsidios y la transferencia de tecnología, por ejemplo ampliando el reglamento sobre servicios y comercio electrónico y garantizando que la OMC cuente con un sistema de resolución de controversias que funcione adecuadamente. 

En el mediano plazo, para reducir los desequilibrios excesivos en la economía mundial se requerirán esfuerzos conjuntos por parte de los países que presentan un exceso tanto de superávits como de déficits. Las distorsiones económicas y normativas que antecedieron a la crisis de la COVID-19 podrían persistir o incluso empeorar, lo cual señala la necesidad de emprender reformas adaptadas a las circunstancias específicas de cada país. 

En aquellas economías donde la existencia de déficits excesivos en cuenta corriente antes de la crisis reflejaba déficits fiscales mayores que lo deseable (como en Estados Unidos) y donde persisten tales desequilibrios, una consolidación fiscal en el mediano plazo promovería la sostenibilidad de la deuda, reduciría la brecha excesiva de cuenta corriente y facilitaría aumentar las reservas internacionales cuando fuese necesario.  

Doctor en Derecho y Notario; Analista y Columnista Sociopolítico; Consultor en Admon. y Políticas Publicas; Pdte. de Conciencia Cívica, A.C. y JALISCOenPLENO, A.C.