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2020-10-15
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Morena, la desesperanza de México

MÁS ALLÁ DE LOS DESEOS DE SUS FUNDADORES, MORENA ES VISTO COMO UN BURDO INSTRUMENTO PARA LLEGAR Y LUCRAR CON EL PODER

La historia de la organización política fundada y constituida en torno a la figura de Andrés Manuel López Obrador, no tiene comparación en la historia partidaria de México. El Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) nació en octubre de 2011 como un movimiento político impulsado por López Obrador que en ese momento era ya el candidato presidencial del Partido de la Revolución Democrática (PRD) en el que todavía militaba, pero en el que ya no creía.

Por eso, tras las elecciones de 2012, en las que se impuso el priista Enrique Peña Nieto, López Obrador renunció al PRD y se dedicó a constituir Morena como un partido político. Su empeño fue tenaz y muy rápido: en noviembre de 2012 se constituyó como asociación civil y menos de dos años después, en julio de 2014, el Instituto Electoral Nacional (INE) lo concedió registro como partido político nacional, tras cumplir con los requisitos.

Apenas cuatro años después de constituido, este partido ganó la presidencia de la República y la mayoría en las cámaras de diputados y senadores por una amplia ventaja. Nunca un partido había obtenido los números absolutos de votos, 30 millones, que consiguió el candidato de Morena, López Obrador.

Hasta antes de ser candidato presidencial López Obrador era el dirigente indiscutido de Morena, pero apenas dejó la dirigencia comenzaron los pleitos internos por la conducción del partido. La dinámica de la campaña presidencial parecieron atenuar las discrepancias al interior, pero estas eran inocultables en la disputa por las dirigencias estatales, como ha ocurrido en Jalisco.

Pero una vez que López Obrador asumió la presidencia y declaró que no intervendría en los pleitos internos en el partido que fundó, estos no han bajado sino aumentado llegando a la situación de abierta confrontación y crisis política que se evidencia ahora que se está en disputa por la presidencia de ese partido.

La manifestación actual de esta crisis es el conflicto que se abrió por los resultados de la encuesta elaborada por el INE mediante la cual se declaró un virtual empate técnico en las respuestas del conocimiento de candidatos entre los diputados federales Porfirio Muñoz Ledo y Mario Delgado.

En dicha encuesta, Muñoz Ledo obtuvo 25.34 porcentaje de preferencias mientras que Mario Delgado tuvo 25.29 por ciento, lo que técnicamente en términos estadísticos es un empate.

Pero tras el resultado se ha arreciado el conflicto con un Muñoz Ledo que se declara ganador por ese mínimo porcentaje y se asume ya como virtual presidente, mientras otros actores del partido llaman a esperar una tercera encuesta del INE para dirimir la controversia. Pero en lugar de allanar las diferencias, los contendiente echaron más leña al fuego: Muñoz Ledo y su equipo de campaña presentaron una denuncia penal contra Mario Delgado por presunto uso ilegal de recursos públicos en la promoción de su candidatura. En tanto Mario Delgado amenazó con desempolvar una añeja denuncia de abuso sexual cometido por su oponente. Una lindura de competencia.

EN ESTE CONTEXTO DE CONFLICTO, DISPUTAS Y CRISIS, EL PRESIDENTE LÓPEZ OBRADOR SE DESLINDÓ DEL PARTIDO DICIENDO QUE A LOS ASPIRANTES A LA DIRIGENCIA LES QUEDA MUY GRANDE UN PARTIDO VOTADO POR 30 MILLONES DE MEXICANOS.

Y hacia el exterior los cuestionamientos no se han hecho esperar: los partidos opositores derrotados por Morena en 2018 celebran el conflicto al interior de ese partido, mientras que columnistas y comentocracia en general se regodean con el pleito interno del partido del presidente al que abominan.

Es incierto la resolución que tendrá el actual conflicto por la dirigencia de Morena, pero al corto y mediano plazo se puede prever una intensificación de la crisis de este partido. Veo dos razones: una que atañe a su propia historia interna y a su proceso de conformación y otra de índole histórica y sistémica.

La primera es que esta organización fue constituida a partir de la figura carismática de López Obrador y su confianza en que era un dirigente no solo honesto, sino congruente. Un dirigente al que no se le podía esculcar nada en su pasado, y un dirigente que los visitaba en sus pueblos, camina en sus calles y comía en sus fondas. Ningún otro dirigente de Morena, ni de ningún otro partido de México, puede presumir este historial.

La figura carismática de López Obrador y el sencillo pero educativo programa político que pregonó entre sus seguidores (el de la corrupción, la crisis de la partidocracia tradicional, la mafia del poder, y el de la renovación con un gobierno del pueblo) permeó y ganó la confianza de miles de seguidores que en julio de 2018 llevaron a más de 30 millones de votantes a las urnas.

De tal forma que Morena está constituido en sus bases mayoritariamente por militantes que honesta y legítimamente creen y buscan en cambio de la vida política del país. El problema radica en que cuando Morena se convirtió en opción política creíble y luego en el partido gobernante de México, miles de trepadores se subieron a ese barco ganador para buscar un puesto, un negocio, una ventaja para su beneficio personal.

A diferencia de otros partidos opositores de derecha (PAN) o de izquierda (PCM, PSUM) que se constituían a partir de programas más definidos ideológicamente, Morena parece tener un programa político más ambiguo, y que termina por abrir sus puertas tanto a militantes de izquierda, marxistas, feministas, hasta cristianos y ex militantes del PAN yunquista, sin contar con la abundante cantidad de cuadros que migraron del PRI a Morena. Es esta ambigua conformación de la militancia de Morena la que le anticipa contradicciones y conflictos internos.

Pero el incentivo más fuerte para las disputas y los conflictos internos es que Morena se convirtió en el vehículo más accesible para la obtención de puestos y cargos públicos, y con esto en la puerta de ingreso de miles de vividores y arribistas de la clase política profesional.

Más allá de los deseos de sus fundadores o de las bases militantes que genuinamente pretendían construir un partido distinto en México, realmente al servicio del pueblo como emana su declaración de principios, Morena es visto como un burdo instrumento para llegar y lucrar con el poder.

Y esta circunstancia marca los límites de Morena como un partido diferente y transformador. No lo es ahora y no llegará a serlo. Al contrario, mientras más tiempo pase, las nefastas prácticas de la disputa por el control del partido, las candidaturas y las tácticas corruptas y oscuras de hacer política se impondrán como norma.

En este momento Morena, contrario a sus principios, está enfrascada en una vulgar lucha por el poder y por servir de instrumento para catapultar candidaturas de vividores de la política profesional.

De otro lado, Morena revela los límites de la forma organizativa partido para encarar los principales problemas de las sociedades modernas. Los partidos políticos tal como los conocemos en los sistemas políticos liberales del capitalismo contemporáneo han sido formas organizativas que lejos de impulsar la democracia de base y la autoemancipación, terminan convertidos en instrumentos de instrumentalización de la política, de traición de los deseos de sus bases y de sus programas políticos, para terminar de convertirse en meros canales de acceso al poder y en nuevas formas de dominación.

En este contexto, se muestra que Morena dejó de ser la esperanza de México, para mostrar la falta de esperanza en la forma partido para hacer política en un horizonte de democracia auténtica y autoemancipada.

 

 

Periodista independiente. Conductor de @CosaPublica2 en @RadioUdeG. Al pendiente de las resistencias vs el despojo y las luchas sociales