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Columnas
La suerte de tener un padrino
Por: Ivabelle Arroyoivabelle@gmail.com Martes 27 de Julio, 2010, 07:00
Dicen que hay dos formas de ascender en la escala del poder a la mexicana: construyendo bases o buscando la suerte de tener un padrino. La primera es una rara cualidad, exige características de líder (bueno, malo, guapo, rico, o tirano, como sea, pero líder), y generalmente define a los animales más fuertes de este singular reino. Aceptando que no hay nadie que viva libre de empujones, favores y lecciones de alguna generación previa, los jaliscienses Raúl Padilla y Herbert Taylor pueden ser ejemplos de políticos cuya fuerza descansa en el capital humano que les debe vida, chamba, ideología o ejemplo.Pero la mayoría de los funcionarios, representantes populares y funcionarios de todos los rangos en el sector público y en el partidista, ha seguido el otro camino, el de la búsqueda del padrino, del cohete que creen que van a ascender y del que se pueden colgar. Básicamente divididos en dos especies: la especie del lamebotas y la especie del amigo subordinado.
Del primer tipo hay miles, nos rodean, invaden el Congreso, Casa Jalisco, todas las secretarías, todos los partidos, el Supremo Tribunal, la UdeG y todas las organizaciones estudiantiles. Esta clase de buscapadrinos generalmente empieza como carga maletines, continua como asesor (cuando le gira la piedra), sigue como apoyo de campañas electorales (aunque sea como chofer o regala gorras), y después agarra vuelo para guardar las espaldas del líder, cubrir los yerros, morder a los adversarios y demostrar a fuerza de indignidad la lealtad que tienen con una persona.
El amigo, o discípulo, es menos agachado. Se mete a la política por seguir el ejemplo de un cuate, por estar en la jugada, porque lo convence el proyecto, porque se da cuenta de que es lo suyo, porque cree que puede ayudar a su amigo a cambiar el mundo o porque el amigo le ruega que no lo deje porque no confía en nadie. Es el caso de muchos secretarios de estado panistas tanto en Jalisco como en el ámbito federal. ¿Algunos ejemplos? Aquí es más fácil, pues no son tantos como los lamebotas. El nuevo secretario de gobernación de Felipe Calderón, Francisco Blake Mora, es un clarísimo espécimen de estos y el Secretario de Vialidad en Jalisco, Diego Monraz, también. Ellos reducen la indignidad, pero también van cobijados por el paraguas del amigo que se convierte en padrino.
Esta lógica determina muchísimas veces la posibilidad de hacer análisis con base en los actores.
Cuando un político se desmarca, diciendo que no ha solicitado nada del padrino con el que lo identifican, hay que buscarle la fuerza política propia. Si no la tiene, entonces alguien deberá recordarle, antes de que empiece la guerra, que está ahí porque buscó la suerte a través de un padrino, lo que significa que ahora tiene la mala suerte de tener un padrino. Y ahí es en donde empieza la carnicería.




