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Columnas
Se nos acabó la sensibilidad y la política social
Por: Sonia Serranosoniassi@gmail.com Lunes 1 de Marzo, 2010, 07:00
Esta semana llegamos a la mitad del camino del gobierno de Emilio González Márquez. Hace tres años, asumió la titularidad del Poder Ejecutivo con una especial expectativa, la de ser un hombre sensible y consciente de la necesidad que tenían los jaliscienses de mejorar sus expectativas de vida. Tal vez, parte de esa imagen se creó ante la dureza de quien lo precedió en el cargo, Francisco Ramírez Acuña.A tres años de distancia, Emilio González logró alejarse por completo de esa imagen pero, lo más importante, alejó las políticas públicas de su gobierno del tema social. La otra parte, la de sus exabruptos y estrategias mediáticas, ameritan tratarse por separado.
En su reciente recorrido por los medios de comunicación, con motivo de su III Informe de Gobierno, Emilio González habló de muchos temas políticos que acapararon las primeras notas en medios escritos y electrónicos; pero llama la atención, en los pocos temas que tocó de fondo, el que haya admitido el gran problema que significa para Jalisco el rezago educativo. A esto, habrá que sumarle los graves errores que se han cometido en materia de salud, que han costado vidas y generado psicosis en la entidad, además de que, aunque estemos “menos peor” que otras entidades en pérdida de empleos, seguimos con números rojos.
Así, sin educación, sin salud y sin empleo para sostener la economía familiar, no podemos considerar que exista un gobierno que se preocupa por lo que pasa en cada casa de un jalisciense, como prometió González Márquez a su llegada.
En el tema de educación, las cifras del Instituto Nacional de Educación para Adultos (INEA) son claras: 45.1 por ciento de la población mayor a quince años no terminó la educación básica.
Es decir, de cada diez jaliscienses en edad adulta, más de cuatro no tienen terminada la secundaria, la primaria o incluso son analfabetas.
A partir de ahí, de qué sirve hablar de globalización y de competencia mundial, si todavía hay personas mayores de quince años que no saben leer y escribir. Además, aún cuando Jalisco ocupa el lugar, no muy agradable, catorce en competitividad, en educación básica está hasta la posición 22.
En otra área, los recientes brotes de dengue y de influenza AH1N1, así como el aumento de problemas con las enfermedades respiratorias graves, dejó al descubierto nuestro endeble sistema de salud. La capacidad de los espacios médicos en el estado sólo alcanzó para atender casos delicados, por lo que quienes fueron picados por un mosquito y tenían dengue simple o que no tenían síntomas de influenza pero sin fiebre, tuvieron que irse a su casa a soportar los malestares.
Los hospitales y centros de salud no han mejorado y acceder a ellos requiere paciencia o influencias. Eso, sin contar el desabasto de medicamentos.
La salud y la educación son dos de los factores que sirven para medir el índice de Desarrollo Humano. Así, se pueden adelantar que Jalisco no podrá avanzar de la media tabla en que se encuentra.
Finalmente está el problema de la economía familiar. Aunque la crisis mundial repercutió en el espacio de vida de cada habitante del planeta, Jalisco no pudo reducir el impacto y, aunque se asegure que se perdieron menos empleos que en otras entidades, hay al menos seis mil familias que se quedaron sin ingresos, sin que exista algún programa de apoyo ante la emergencia.
Le restan tres años a Emilio González, que serán aún más complicados pues se acabó la bonanza de recursos provenientes del petróleo. El panorama no es halagador y por ello no sorprende que como estrategia para no caer, busque aparecer en los medios de comunicación, aunque sea para que lo llamen mocho.




