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2021-11-22
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Urnas vacías, maquinarias aceitadas

MÁS ALLÁ DE DIATRIBAS PARTIDISTAS, EL ALEJAMIENTO CIUDADANO DE LAS URNAS PUEDE TENER CONSECUENCIAS TAN IMPREDECIBLES COMO NEGATIVAS...

Apenas votó uno de cada cinco electores con credencial para votar en Tlaquepaque: una verdadera catástrofe en términos de participación ciudadana. La elección extraordinaria del municipio alfarero será recordada como uno de los comicios menos copiosos en la historia de la democracia del país. Este dato no solo revela el desinterés y desinformación ciudadana en torno a las elecciones, sino acaso el hartazgo y la animadversión hacia los partidos políticos. Esta preocupante apatía es multifactorial.

Como es costumbre, la autoridad electoral calificó de ejemplar la elección, aunque oficialmente reconoció la baja participación. Si bien es cierto que la organización de los comicios fue exitosa, no se puede calificar de ejemplar una elección sin electores: es un contrasentido. Más allá del caso de algunos funcionarios municipales fueron indebidamente designados como comisionados electorales, es innegable que el órgano electoral organizó, en poco tiempo y bajo mucha presión, una elección exitosa. Desde hace décadas, operativamente el Instituto Electoral del Estado ha demostrado su capacidad institucional para organizar elecciones en Jalisco. Ahí no está la discusión ni mucho menos las causales de impugnación.

La debacle democrática —porque no se puede calificar de otra manera el resultado de una elección sin participación— en el tercer municipio más importante del área metropolitana se originó con la indebida intromisión del cardenal emérito en retiro. En una resolución tan sorpresiva como excesiva, el Tribunal Electoral Federal anuló los comicios de junio pasado. Después vino la intromisión del Congreso local, igualmente indebida e ilegal, que convocó a una elección extraordinaria exclusivamente para candidatas mujeres. En un intento por reivindicarse, la sala superior del Tribunal Electoral Federal le enmendó la plana a todos para restaurar las mismas reglas de la contienda electoral. Pero el daño estaba hecho: repetir una elección arbitrariamente había desgastado a todas las instituciones involucradas, pero sobre todo a la ciudadanía, que le dio la espalda a las urnas.

AYER, EN LA JORNADA ELECTORAL, OCURRIERON OTRAS INTROMISIONES INDEBIDAS, AHORA DE LAS MAQUINARIAS CLIENTELISTAS EN QUE SE HAN CONVERTIDO LOS PARTIDOS POLÍTICOS EN JALISCO.

En la elección extraordinaria de Tlaquepaque se enfrentaron los aparatos de los dos partidos hegemónicos en el estado, que indujeron el voto de forma corporativa y clientelar. No fue una elección libre, sino inducida. Movilizaron el voto, como eufemísticamente se le llama al acarreo político. Evidencias existen, pero que difícilmente se pueden configurar en delitos electorales. El resultado de las elecciones es irreversible, a menos que ocurra otra sorpresa por parte de los tribunales electorales, que son impredecibles por no decir erráticos en sus resoluciones.

Movimiento Ciudadano no podía arriesgarse a perder un municipio clave para la gobernabilidad del Área Metropolitana de Guadalajara: echó mano de todos los recursos a su alcance, legítimos e ilegítimos, para ratificar su triunfo en Tlaquepaque. Morena hizo lo propio: recibió apoyos de funcionarios de las delegaciones federales que se inmiscuyeron indebidamente en la jornada electoral sin cuidar mínimamente las formas. Las denuncias de uno y otro bando solo evidencian el uso y abuso de recursos públicos en una elección que puede calificarse de todo menos de ejemplar. Tampoco fue una elección de Estado —como se ha querido acusar, a pesar de la evidente intervención de funcionarios municipales— sino una contienda de maquinarias partidistas bien aceitadas.

La implicación más nociva de una elección sin electores es la erosión de la legitimidad democrática de las instituciones políticas. Tlaquepaque tiene una población de 664 mil habitantes, de los cuales 490 mil ciudadanos están en la lista de electores. Del total de ciudadanos que votaron, apenas 103 mil tlaquepaquenses, el partido ganador obtuvo 43 mil votos: menos del 10 por ciento de los electores potenciales del municipio. Aunque su triunfo es contundente, incluso superior al resultado electoral anterior por más del doble de votos de diferencia, su legitimidad democrática es preocupante.

Más allá de diatribas partidistas, el alejamiento ciudadano de las urnas puede tener consecuencias tan impredecibles como negativas. La crisis de representación política puede limitar y hasta obstaculizar el desempeño gubernamental por la falta de involucramiento cívico y confianza ciudadana en las autoridades democráticamente electas. Tlaquepaque es una advertencia de la excesiva partidización de la vida democrática, aunque algunos celebren los comicios.

Doctor en Administración Pública por la Universidad de Nueva York. Analista político. Director de Transversal Think-thank Twitter: @GomezAlvarezD Mail: gomezalvarezd@gmail.com