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2021-09-09
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Entre el fuego del cártel, un bosque que desaparece

EL PROBLEMA DE LA INAPLICACIÓN GENERALIZADA DE LA LEY ES QUE LA ILEGALIDAD SE EXTIENDE POR EL TERRITORIO...

Silent leges inter arma (“En medio de las armas, las leyes enmudecen”).

Marco Tulio Cicerón, Pro Milone (En defensa de Milone).

Talpa de Allende se ubica muy cerca de la costa de Jalisco, en la Sierra Madre del Sur, a unas cuatro decenas de kilómetros en línea recta de Puerto Vallarta. Además de ser un centro de peregrinación de católicos muy concurrido por la famosa imagen de la Virgen del Rosario, está entre los cinco municipios más extensos de la entidad, y con una diversidad biológica que le ha dado justa fama. Entre otros tesoros, alberga un bosque de niebla (técnicamente: mesófilo de montaña) con 40 especies protegidas por las leyes mexicanas, pero en particular, sostiene a la principal de dos poblaciones de arce o maple (Acer binzayedii) del occidente de México (la más pequeña está en la Sierra de Manantlán, unos 100 km al sur), una forma de vida vegetal que ha evolucionado aislada desde los periodos glaciares, y ha sido declarada por la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza (UICN) “en peligro crítico de extinción”.

También es un territorio dominado por una plaza del Cártel Jalisco Nueva Generación, la más importante organización criminal del país, que por ahora, controla el tráfico ilegal de madera de la zona, y pone en alto riesgo de desaparecer este relicto de la prehistoria.

Yalma Varga Rodríguez es una botánica de la Universidad de Guadalajara con maestría en la Universidad Estatal de Luisiana. Entre sus credenciales tiene ser codescubridora, con el biólogo Antonio Vázquez, de ese bosque, en el predio Ojo de Agua del Cuervo. “Pueden existir varios tipos de especiación; una de las hipótesis que nosotros hemos propuesto es si pudo haber, cuando llegaron los arces provenientes, primero de China a América del Norte, luego  a México, migrando quizás por la Sierra Madre Occidental hacia esta región, y por otro lado, toda la migración que existió desde Estados Unidos hacia Tamaulipas, Veracruz y América Central; las condiciones ambientales del occidente y del oriente de México son diferentes, en el oriente que hay mayor humedad y esta ha permitido que exista mayor conectividad; entonces pensando que durante la última glaciación, hay evidencias de que había flujo genético con el polen, entre los arces del sureste de Estados Unidos hacia Tamaulipas, Chiapas e incluso Guatemala […] el flujo genético es el mayor homogenizador de las poblaciones, sin embargo, los arces que llegaron al occidente de México, Talpa y Manantlan, por muchos factores geológicos, la formación del Eje Neovolcánico entre estos, conformó barreras que empezaron a aislar las poblaciones”, me dijo.

Al no haber influencia natural entre los arces del oriente y del occidente, “fueron diferenciándose,, surgieron diferencias en morfología floral, de tal manera que las estructura reproductiva cambió, y eso, con base a los datos genéticos que encontré: podría ser desde hace cinco millones de años, al menos, cuando se dio esa separación: una especie separada,  pero en condiciones climáticas más secas, ha hecho que las poblaciones se empiecen a contraer, existe cierta evidencia fósil, de que el arce aquí en el occidente estaba más ampliamente distribuido, pero ahora son dos pequeños parches…”.

– ¿Qué significa que se haya clasificado el arce occidental “en peligro crítico de extinción”?

La UICN establece que en esa categoría a las especies que se estima que en tres generaciones podrían desaparecer, bajo ciertas condiciones; si al problema de la reducción de la distribución que ya tenía, asociamos ciertos factores de uso de suelo de la zona, de extracción excesiva de madera en los bosques contiguos, que son claves para la regulación climática que permite existir a un bosque de niebla, la desaparición puede ser incluso más rápido.

El bosque de arce de Talpa tiene al menos 40 especies vegetales bajo norma, “también hay un porcentaje de anfibios y reptiles, de un 14 por ciento, por ejemplo, y están los hongos, entonces es por eso que esa cañada es tan importante, pero precisamente es de las más diversas de Jalisco; por eso no se debe manejar esa zona como si fuera tierra de nadie…”.

LA MADERA DESDE 2017 SALE A RAUDALES, FRECUENTEMENTE SIN PERMISOS, DESDE LOS MONTES MÁS INTRINCADOS DE UNA OROGRAFÍA, HASTA HACE POCAS DÉCADAS, REMOTA Y OLVIDADA.

A mediados de 2018, a los ejidatarios de El Cuale se les acercaron desconocidos, quienes iban con hombres armados, y les dijeron que les interesaba cortar árboles en la zona de protección de su bosque, y que si no les vendían el monte, se lo iban a llevar de todos modos.

Los campesinos se preocuparon. Le dijeron a su técnico que modificara el plan de corta, éste se negó por la responsabilidad que implica la ejecución de un programa de manejo aprobado. Hoy, no han ido por la madera, pero el ambiente intranquilo de una región de tradición forestal acosada por poderes fácticos que han replegado a las instituciones de seguridad y ambientales, no augura que las resistencias puedan tener mucho éxito.

Los “fuereños” ya habían pasado por los predios privados de Arroyo Hondo y por el ejido San Andrés, y el patrón era el mismo: vendes o lo tomamos. “Con Arroyo Hondo hubo contrato, nomás de zona de corta, pero se metieron a las zonas de aprovechamiento restringido”. Para San Andrés las amenazas llevaron a “levantones” afortunadamente temporales de sus propios gestores. La respuesta llegó: personal de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) acudió a la zona tras los excesos de corta, pero “los regresaron por donde venían, con amenazas. Lo increíble es que hayan acudido sin fuerza pública, cuando saben de las circunstancias -narra un testigo-; hasta que punto eso es síntoma de la tibieza de la Profepa o de cosas peores, no lo sé…”.

El control es completo. “No puedes dar la menor seña de nombres, de lugares, de casos; ellos lo controlan todo y han logrado silenciar a la sociedad local”, me dijo un alto funcionario del gobierno de Jalisco. Un fotógrafo aficionado, que tomó en la calle un camión cargado de madera y lo subió a su muro de Facebook, fue “exhortado” a bajar la foto y a no volver a abordar el tema en redes sociales al menos hasta cuando se cumpla algunos de estos dos escenarios: que se lleven toda la madera y se vayan, o que se acabe la impunidad ambiental.

Talpa se distinguió, hace menos de 20 años, por su defensa del ambiente. Fueron momentos importantes de conciencia de la naturaleza y orgullo local, el descubrimiento del bosque mesófilo donde sobrevivía el Acer binzayedii. Las firmas de los pobladores de la cabecera municipal acompañaron la primera propuesta de protección de ese bosque mesófilo de montaña y la cuenca que le da cobijo, para una reserva de la biosfera sobre 56 mil hectáreas.

Talpa se había distinguido por su protección al medio ambiente.

“Será entre 2001 y 2002, que también empezaron a hacer una extracción forestal, de manera excesiva, y fue muy interesante  y muy alentador ver que la mitad de la población mayor de 18 años firmo una petición para que se detuviera la extracción forestal, serían alrededor de tres mil firmas que se colectaron, lo cual prosperó; nosotros veíamos la conciencia de las personas”, señala Vargas Rodríguez.

El proceso fue accidentado, discutido, politizado. Los propietarios forestales no se convencieron. La intervención del gobierno estatal de Francisco Ramírez Acuña (2001-2007) agravó las cosas en los hechos: la construcción ilegal (sin permisos ambientales) de la carretera Talpa-Llano Grande (hoy inconclusa) dio apertura franca a la explotación de la zona y generó una mayor oposición al proyecto de área protegida.

Al final, fueron los graves errores de la administración estatal los que derivaron en la modestísima constitución de un parque estatal, mediante la compra de 150 hectáreas (apenas 0.3 por ciento del territorio propuesto en 2002). Ese decreto entró en vigor en 2016. En 2017, se les vino encima el interés de la plaza por operar los negocios forestales.  Se desconoce a ciencia cierta cual es la fuente de poder de esos “empresarios”, pero en realidad, toda la región costa está en manos del Cártel Jalisco Nueva Generación, sociedad que incluso adquirió ranchos y el famoso Hotelito desconocido, incautado por la Procuraduría General de la República en agosto de 2015. Tenían años saqueando maderas “duras” tropicales e imponiendo su ley a rancheros, ejidatarios e indígenas. Montaña arriba, los talamontes son identificados como “los michoacanos”, y han sometido los recursos de la región -Talpa, Mascota, San Sebastián, Sierra de Cuale, Llano Grande de Tomatlán, Tierras Blancas de Ayutla, una de las más ricas en diversidad biológica de Jalisco-, al menos desde el arranque de 2017.

“Yo creo que sí se tendrían que revisar los procedimientos administrativos, de la emisión de las autorizaciones de aprovechamiento, y lo que nosotros vimos o me toco darme cuenta es que no hay suficiente personal de parte de la delegación de Semarnat [Secretaría de Medio Ambiente federal], para darle salida en tiempo y forma a todas las autorizaciones que tiene que emitir, entre ellos los aprovechamientos forestales; por otro lado también la debilidad de personal y técnicos de Profepa de dar seguimiento, de atender las autorizaciones, y entones nos encontramos con estos vacíos de tiempo, que de alguna manera unos lo aprovechan al margen de la ley, y otros tienen que lidiar y apegarse a los tiempos, lo que va en contra de los aprovechamientos, o de las oportunidades que tienen en el tema”, me señala un activista ambiental.

– Digamos que se castiga a quien quiera hacer las cosas bien…

Sí, exacto,  esa es una debilidad institucional que se tiene que atender; siempre fue señalada por el sector forestal, y yo esperaría que por ahí se trabaje en estas agendas de colaboración con el estado, para atender de manera más expedita el tema de las autorizaciones, pero también el tema de la verificación de esas autorizaciones, y que también le estén dando forma a esos dictámenes de aprovechamiento; mientras no se resuelva eso, podemos encontrar en los territorios abusos, por un lado, y por otro lado, la espera de las autorizaciones, pero con una desventaja de unos y otros.

Entrada al bosque en Talpa.

Otro consultor lo secunda: “yo creo que es algo fundamental y básico es que las personas, por lo general las que son ajenas al tema forestal, tienen la idea de que cualquier persona puede llegar, tumbar árboles y sacarlos,  pero es en realidad un proceso muy complejo si se quiere hacer bien, estudios, programa de manejo […] pero si lo presento y van seis meses, ocho meses  o un año para la evaluación y luego se va otro año para el permiso, ningún sistema económico-productivo aguanta…”.

Es decir, cuenta la fragilidad del Estado de derecho y la presencia de grupos criminales. Pero cuenta igual la sobrerregulación y la burocracia de las autoridades.

“Ingeniero, nos van a quitar la madera, mejor se las vendemos”, le dijeron los ejidatarios a su técnico. “¿Por qué se van a meter a la mala, ustedes no cuidan su bosque o qué? Métanse todo el tiempo, que se note que lo cuidan”, les contestó el experto. Los de la plaza no han llegado a cumplir su amenaza. Pero el riesgo está latente, lo que quita el sueño a los campesinos.

EL FELINO AMENAZADO

El problema de la inaplicación generalizada de la ley es que la ilegalidad se extiende por el territorio. No hace falta que sea el cártel el que determine matar un jaguar (Panthera onca), el mayor felino americano, que también está en peligro de extinción.

“Se había empicado, en dos años me mató más de 30 becerros; fuimos por él, y lo matamos”, me confesó Don Efrén. “No es cierto que te pagan los becerros los de la secretaría (de Ganadería), es pura burocracia; uno anda acá en el campo y debe tomar decisiones porque luego no hay manera de llevar el pan a la mesa de la familia […] no son poquitos; los que hacen monitoreo nomás ponen unas pocas cámaras, pero nosotros hemos vivido con el tigre todo el tiempo, y a últimas fechas, vemos muchos”. En su hipótesis, los bosques entre La Cuesta, Talpa de Allende, y Llano Grande, de Tomatlán, son refugio de la Panthera onca, en parte, porque la carretera construida de forma irregular hace más de diez años, los desplazó. En parte, porque los talamontes están acabando los bosques de la cuenca alta, tanto para el rumbo de San Andrés como para el rumbo del bosque de Arce. “Se vienen para acá, porque quieren estar libres de peligro, pero nosotros lo pagamos; esta era una hembra con dos cachorros, y no estamos en contra de que vivan, pero no podemos mantenerlos”.

La conversación es en medio de un bosque mesófilo de montaña con clima un poco más tropical que el del entorno del arce. Esto es posible por la variación altitudinal: la cañada del arroyo La Cajita debe tener 200 a 300 metros menos aunque la distancia en línea recta sea menor a quince kilómetros.

Estas montañas son parteaguas para dos cuencas grandes, en el contexto de la costa de Jalisco: del bosque de maple brotan los manantiales del río Talpa, tributario del Mascota, y que corre hacia el norte para encontrarse, ya en la planicie costera, con el río Ameca, en Puerto Vallarta. Pero del otro lado está el gran río San Nicolás, una caudalosa corriente superficial que irriga la agricultura copiosa y las selvas sobrevivientes de la parte sur de Tomatlán.

Los monitoreos publicados hace nueve años revelan que en la costa occidental del país, Jalisco, Nayarit, Colima y Michoacán, había de 420 a 450 ejemplares del mayor felino americano. Pero no se ha actualizado el dato. Lo cierto es que en ese tiempo, la presión para su supervivencia creció, pues entraron en funcionamiento tres carreteras que cortaron corredores: hay felinos que se mueven sobre territorios enormes, de hasta 500 kilómetros cuadrados. Siempre depende de la disposición de presas.

La realidad es que no hace falta pertenecer a ninguna banda para dedicarse a oficios prohibidos en el Código Penal Federal y en la Ley General de Vida Silvestre. El efecto de la impunidad es justamente que nadie debe preocuparse por destruir patrimonio natural. La región suele recibir a captores de aves canoras y parlantes. Estas últimas, de la familia Psittacidae, están en su totalidad incorporadas a la norma oficial mexicana 059, por estar en diversos grados de riesgo de desaparecer: la destrucción de su hábitat, los bosques de niebla y las selvas, es causa principal.

Y si volvemos al arce, Yalma Vargas añade: “El número de plántulas y juveniles del arce azucarero ha disminuido en 88 por ciento en 14 años”. Las parcelas permanentes georreferenciadas y mapeadas se establecieron en  2001, a lo largo y adyacente al sendero del Ojo de Agua del Cuervo. Hoy es difícil ir a hacer nuevos levantamientos de datos, pero el deterioro de la zona contigua ha afectado seriamente la reproducción, pues el bosque necesita sombras y humedad, y los pinares vecinos desaparecen.

El arce camina a ser símbolo de extinción por causas humanas. Existe la posibilidad de la reproducción, pero es escaso el interés institucional en ese modo de recuperación.  Como que no terminan de creer que los días de este árbol de maple tropical único en el mundo podrían están contados.

Agustín del Castillo es periodista con tres décadas de andanzas, especialmente en temas ambientales, de desarrollo urbano y rural, que defiende como asuntos eminentemente políticos. Sus dos fes están en dos nociones precarias: la democracia liberal y las chivas del Guadalajara