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2021-07-29
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Desafío ambiental: la clase política que no necesitamos

ESTE MISMO AÑO, EN LA CIUDAD VIVIMOS OTRA CRISIS: DE LA ESCASEZ DE AGUA...

“Après moi le déluge (Después de mí, el diluvio)”.

Atribuida a Luis XV de Borbón, monarca francés del siglo XVIII.

La historia de la crisis política, social, de inseguridad y económica en que nos sumergimos en la última década en México lleva de la mano a muchos actores. Unos, los fundamentales, son los últimos tres gobiernos mexicanos. Pero otros, los que han mostrado incapacidad de entender el marco de causas y efectos, y por ende, han sido incapaces de emitir las críticas necesarias para que la sociedad mexicana no se fuera hacia el barranco de las decisiones simplonas que les ofreció la demagogia y la lógica de corto plazo de las élites mexicanas, son justamente los responsables de ser oposición, política o social.

No menciono inicialmente la crisis ambiental porque es justamente el marco subyacente a todas las demás crisis, lo que está en la raíz. A estas alturas, los responsables del “proyecto de nación” y sus críticos poco parecen entenderlo. Se siguen discutiendo en México las cosas como si estuviéramos medio siglo atrás, y no se hubieran acumulado abrumadoras evidencias de la crisis ambiental global debido al cambio climático producido, sobre todo, por nuestra adicción a los combustibles fósiles, además de nuestra pésima gestión local de los territorios.

Uno revisa en el día a día lo que señala el gobierno de López Obrador y las respuestas de sus cuestionadores, y no ve esos elemento más que incidentalmente. Incluso cuando hablamos de la contrarreforma energética, cuyo daño más duradero, al mantener emisiones de gases de efecto invernadero para energía y movilidad en un país intertropical, será justamente la siembra de vientos para cosechar tempestades: por esa ubicación de nuestro territorio en la franja más caliente del planeta, ya hemos empezado a vivir fenómenos meteorológicos extremos, pero nadie repara en que la ruta a la mitigación y la adaptación ya estaba abierta e incluso estimada en costos financieros, bastante asequibles, al menos desde 2017 (trabajo del Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático sobre el que he hablado repetidamente en los últimos años en este espacio), y los gobiernos de Enrique Peña Nieto y la 4T decidieron hacer como si eso no existiera esa información. Lo que leemos, por ejemplo, es el problema de la quiebra de Pemex y su deriva a empresa basura, con una deuda delirante que jamás podrá pagar y con miles de millones de dólares de presupuesto público que se queman por la obstinación presidencial de regresar al pasado, a pretexto de que las gasolinas no se van antes de 2050.

Es increíble la falta de lucidez. Se ve en cosas básicas, por ejemplo, la eliminación del fideicomiso del Fonden (Fondo Nacional de Desastres Naturales), cuando las inundaciones, las sequías y los extremos climáticos amenazan más vidas y patrimonio que nunca. Pero no es solamente contar con dinero para hacer frente a lo que, bajo ese barniz de ignorancia, se juzga inevitable. Ni el gobierno federal, ni los estados ni los municipios han querido entender que los riesgos se incrementaron por el pésimo uso del territorio.

No vayamos más lejos: en Zapopan, las inundaciones de Santa Ana Tepetitlán tienen décadas cantadas: la indiferencia con que los gobiernos locales pasaron frente al fenómeno de invasión irregular de arroyos y bosque de esa superficie ejidal, es pasmosa. Y no se puede alegar desconocimiento. Los ejidatarios disidentes incluso interpusieron juicios contra la autoridad por no actuar contra el desastre ambiental. El tema también tiene una dimensión estatal y federal. Existen abundantes evidencias de que el gobernador del estado e instancias como la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) han sabido desde hace varias administraciones, mediante informes del área natural protegida, lo que se gestaba allí.

Hace quince años, la instancia federal perdió un juicio de amparo y el área fue separada del polígono protegido del bosque La Primavera. Las promesas de gestionar con los campesinos la reincorporación voluntaria, no pasaron del dicho: las invasiones se multiplicaron, Zapopan jamás intervino. Uno de los primeros avisos fue el megaincendio de 2012, que afectó más de ocho mil hectáreas, oficialmente. El fuego nació en el asentamiento de El Tizate, una de las zonas de invasión urbana. Nadie quiso corregir. Me tocó visitar la zona a lo largo de estos quince años: se tiraba escombro, se modificaban cauces, se dejaba basura, se tumbaban árboles. Algunas acciones tímidas de inspección. Cómo no, el negocio de vender tierra estaba en manos de la delincuencia, esas células de la “plaza” que tienen en sus manos todas la periferia del área metropolitana de Guadalajara y que condicionan la vida de cientos de miles de ciudadanos. Una de sus víctimas fue el presidente del comisariado ejidal, Rodolfo Aguilar de la Rosa, en noviembre de 2017: asesinado de ocho balazos. Estuviera o no metido en el enredo, ya se había asustado y había solicitado a las autoridades intervenir para detener el desastre. ¿Pero quién se mete con las mafias en este México de impunidad?

SALIR CON QUE LAS INUNDACIONES DE JULIO DE 2021 SON POR LLUVIAS EXTRAORDINARIAS Y BASURA, ES NO PRETENDER ENTRAR A RESOLVERLO. 

“En chino la palabra crisis se traduce como 危机 (Wei Ji). En chino esta palabra está formada por dos  caracteres. El primero es Wei, que significa peligro y el segundo es Ji, que significa oportunidad” (en https://itemsweb.esade.edu/webalumni/docs/prensa/2crisis.pdf). Sin embargo, agrega el analista económico Iván Alonso, “el diccionario Liddell Scott recoge cuatro acepciones del vocablo krísis. La más cercana a nuestra concepción moderna aparece en los textos médicos de Hipócrates y significa el punto de quiebre de una enfermedad, un cambio súbito para bien o para mal. Es también una disputa, una prueba de habilidad o de fuerza, la sentencia de una corte o un proceso que se sigue ante la misma. Heméra kríseos llama al Día del Juicio el evangelio de San Mateo. Y es también separar o distinguir, decidir, elegir, interpretar, examinar. Un examen de méritos, krísin tôn axíon, es una de las formas que sugiere Aristóteles en su Política para elegir a los representantes de las clases populares y pudientes en el gobierno de la ciudad. Krísis, finalmente, es también la médula espinal” (https://www.elcato.org/crisis-en-chino-y-crisis-en-griego).

Es decir, las crisis son oportunidades. Pero la condición es que haya lucidez para reconocerlas, inteligencia al asumir la crítica y coraje para irse por nuevos caminos. No refugiarse cobardemente en los clichés y buscar acusar a los otros: si eres gobernante, eres responsable y para eso fuiste elegido, para asumirlo y resolverlo.

Este mismo año, en la ciudad vivimos otra crisis opuesta, por no diferente: la de la escasez de agua. La autoridad estatal y el SIAPA no han explicado cómo una presa que contenía alrededor de 27 millones de metros cúbicos de agua en septiembre de 2020, casi 10 por ciento de lo que necesita la ciudad en un año, no pudo ser operada para mantener un suministro de 500 litros por segundo por medio año y por alguna razón ya estaba vacía en octubre, un mes después. Alguien vació toda el agua. Por si fuera poco, no hubo información a la sociedad de que se venía una crisis para decenas de miles, no se les dio oportunidad de generar sus propias soluciones ante la sequía. En marzo, seis meses después, cayó el anuncio de que no habría agua en decenas de colonias y asentamientos urbanos. El gobierno lo vio como oportunidad para insistir sobre el cuestionado proyecto de El Zapotillo, cuya maraña judicial y oposición vecinal lo tienen casi condenado. Nadie le ha dicho al gobernador Enrique Alfaro que si retoma El Purgatorio, a un precio de fracción de lo que costó la línea 3 del tren ligero, le puede dar a Guadalajara muy pronto, al menos tres mil litros por segundo.

Pero lo más grave de la escasez de agua es que demuestra un gobierno lento en reconocer que eso es parte de la crisis ambiental, y que la crisis ambiental deriva de nuestro estilo de vida. Los bienes naturales tienen un límite, y por ello se deben gestionar públicamente. El gobernador se ha burlado o ha despreciado a los que han demandado que de forma paralela a la búsqueda de agua afuera del ámbito metropolitano, se hagan cosas para mejorar el manejo de las cuencas en que se asienta la ciudad. Cosechar agua de lluvia a nivel domiciliario permite garantizar un uso en las casas de tres a cuatro meses, pero se requiere de una inversión que la mayoría de los ciudadanos no puede hacer. ¿Qué se necesita? Que el gobierno otorgue subsidios o dé estímulos fiscales. Tenemos también agua tratada de calidad excepcional en la planta de El Ahogado, más de 2,200 litros por segundo, que se tiran en vez de reciclarse. Y el tratamiento de las inundaciones, el anverso de la escasez, sigue bajo la obstinación de los grandes colectores y los grandes cuerpos de agua para manejo del agua puntual de tormentas intensas, como Guadalajara siempre ha tenido (desde siempre, esta es Guadalajara: “la ciudad se envuelve en un manto de lluvia; silba el viento de la tempestad en la llanura desierta; se estremece el espacio a cada instante con el estallido del rayo, y el valle todo aparece magníficamente ceñido con una corona de tormentas”, dice en Clemencia, a finales del siglo XIX, cuando la ciudad tenía apenas decenas de miles de moradores, el gran novelista Ignacio Manuel Altamirano).

El transporte público no ha mejorado.

Un tercer tema en que tanto el gobierno como la oposición juegan a un pobre juego que exhibe miseria intelectual, de conocimiento: con el nuevo programa de la verificación en Jalisco, la queja se limita a los costos para los ciudadanos. Y es relevante, claro, en contextos de crisis de ingresos. Pero nuevamente está la cortedad de las miras que demuestra que hoy no hay políticos para hacer frente al desafío ambiental, que es social, político, económico y de seguridad, sin entender la liga directa de la pérdida de servicios ambientales hacia muertes por contaminación, muertes o pérdidas patrimoniales por inundaciones, desplazados, violenta disputa por recursos cada vez más escasos.

Un partido de oposición debería exigir que el programa de verificación obligatoria de autos no se genere aisladamente, dado que la gente usa autos porque el sistema de transporte es deficiente. ¿Cómo haces para que la gente deje de usar un auto? Mejoras el transporte. 70 por ciento de los tapatíos usan carro hoy; hace 15 años, solamente eran 35 por ciento, lo cual demuestra el deterioro de un bien público tan importante como el transporte. Y tiene lógica, si de 25 a 30 por ciento de la mancha urbana no tiene ni siquiera acceso a transporte, y el servicio lo dan los mototaxis… a condición de que paguen su cuota a “la plaza”.

La crítica (lúcida, porque de lo contrario, solo es diatriba, parafraseando a Octavio Paz) obliga a recordar que del total del parque vehicular, aproximadamente el 15 por ciento está conformado por vehículos de modelos anteriores a 1990, es decir, sin tecnología de convertidor catalítico, que es el gran invento de los años 90 para reducir emisiones, para quemar mejor la gasolina. Esos autos provocan por sí solos más de un tercio del volumen de contaminación de los autos de toda la ciudad. ¿Dónde está la estrategia para esos autos? Se necesita cambiar el modelo o mínimo,  ponerles convertidor catalítico, lo que implicaría que paralelo a la verificación, se debería plantear un programa masivo de cambio de tecnología con financiamiento público o con estímulos fiscales. Y son aproximadamente 400 mil autos, y están en manos de los más pobres de la ciudad, de esos que en 2000 todavía usaban el camión.

Pero quizás es pedir peras al olmo:  no se puede criticar lo que no se entiende. Quedarse en el justo y real problema de los ingresos demuestra el tema del corto plazo y de incomprensión de la crisis que apuntamos desde el comienzo de este texto. Como los partidos políticos no están ilustrados en la crisis ambiental, no aportan nada. Y es una pena, porque es su obligación. En los tiempos de crisis es cuando se necesita talento, inteligencia y coraje en la crítica. Mientras se le siga viendo solamente como una oportunidad de golpear, y no enriquecer el debate y mejorar la ruta de soluciones, seguiremos sumidos en este muy grave modelo de soluciones parciales que llevan a la gestación de nuevos problemas cada vez más difíciles de resolver. Tal vez simplemente se trata de que no tenemos los políticos necesarios (los cuadros técnicos están nulificados, acotados) para hacer frente a la crisis más graves de cuantas vivirán nuestros hijos y nietos: la del cambio climático. No hay poder de argumentación que ayude a enfrentar los absurdos del presidente respecto a no invertir en mitigación y adaptación, o al menos, en salud pública… y el cambio climático junto con las males gestiones locales del territorio y la atmósfera, va a producir más pobres y más daños a la salud que cualquier crisis económica, pues éstas derivan de la primera.

Así que, si al final de esta columna, usted se siente deprimido o exasperado, utilice esa energía oscura para reclamar y exigir a sus representantes que abandonen la zona cómoda de criticar lo inmediato para no ver en el largo plazo. Y que se empiecen asustar un poquito de la responsabilidad que tienen que asumir, de no hacer nada por ello.

Agustín del Castillo es periodista con tres décadas de andanzas, especialmente en temas ambientales, de desarrollo urbano y rural, que defiende como asuntos eminentemente políticos. Sus dos fes están en dos nociones precarias: la democracia liberal y las chivas del Guadalajara