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2021-05-27
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Elecciones: falsa promesa de participación

EL VOTO SIRVE A LOS INTERESES DE LOS POLÍTICOS, VOTAR EN EL ACTUAL SISTEMA LIBERAL DE REPRESENTACIÓN POLÍTICA ES AVALAR ESTE SISTEMA DE DOMINACIÓN...

Siglos de promoción de la democracia liberal hacen creer a los mexicanos que votar en una elección cada tres años los hace partícipes de las principales decisiones de su localidad, su estado o su país. Les hace creer que son tomados en cuenta y que con el voto se decide el destino de la nación. Pero esto es una ilusión.

Pensemos lo siguiente. En México hay elecciones desde el fin del régimen colonial español al terminar el siglo XIX. Desde el comienzo de la república independiente se celebraban elecciones. Pero eran elecciones en las que apenas participaba una minoría. Las votaciones, de hecho, se celebraban en las explanadas de las iglesias y eran a mano alzada, a la vista de todos. Es decir, no eran secretas. Y era un derecho para una minoría. Votaban solamente hombres, letrados y con riqueza. A lo largo de todo el siglo XIX quedaban fuera las mujeres, quienes no sabían leer y escribir y quienes no tuvieran propiedades. Es decir, la mayoría.

¿Cómo se puede llamar a eso democracia? Por supuesto que no lo era. Era un ejercicio de legitimación de una minoría que controlaba al país. La minoría masculina que por sus privilegios sabía leer y que por la explotación y despojo mantenía riquezas.

Las elecciones en las que participó Francisco Madero contra Porfirio Díaz no fueron muy diferentes que las celebradas a lo largo del siglo XIX. Las elecciones cuyo resultado fraudulento a favor del dictador Díaz en 1910 apenas participaron cien mil mexicanos, de un país habitado por más de 11 millones de personas. El voto era un privilegio de una minoría. Es absurdo y detestable que el voto se le “concediera” a las mujeres apenas a la mitad el siglo XX, el 17 de octubre de 1953.

Pero luego se siguió restringiendo el voto por cuestiones ideológicas. No fue sino hasta la reforma política y electoral de 1977 que se legalizó la participación de fuerzas de derecha (sinarquistas) y de izquierda (comunistas) en las elecciones.

Hasta entonces se suponía que el voto universal (para hombres y mujeres, sabían o no leer, tenían o no propiedades, fueran de derecha o izquierda) y secreto (en urnas individuales y no en iglesias abiertas a todos) se podía ejercer en México. Pero ocurría que un partido hegemónico que ejercía su poder de modo autoritario imponía los resultados electorales mediante el corporativismo, el acarreo, el uso del aparato estatal o el vil y burdo fraude electoral.

Millones de mexicanos creyeron que todo esto cambio en la elección del 2 de julio de 2000 con la derrota del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el triunfo del candidato de Acción Nacional, Vicente Fox. Para muchos ciudadanos, alimentados por intelectuales y comentócratas liberales, en esa fecha se inaugura la “transición a la democracia” en México. Es decir, antes existía un régimen autoritario y en esa elección “libre” se funda una democracia liberal al estilo de los sistemas políticos imperantes en las naciones capitalistas desarrolladas como Estados Unidos y Europa.

Vicente Fox en campaña, en el año 2000.

Pero el saldo que nos ha dejado una supuesta transición a la democracia y elecciones en un régimen liberal de campañas y partidos controlados por la clase política profesional es el de un orden político donde las campañas y elecciones sirven para simular la participación de la gente y la rotación de élites políticas sin  que al final las cosas cambien de verdad. Es un gatopardismo político en el que se demuestra que ya sea en el viejo priismo autoritario, el panismo y perredismo de la supuesta transición o ahora en Cuarta Transformación de Morena, las elecciones sirven sólo para afirmar la promesa de falsa participación de la población mientras los problemas seculares que aquejan a la sociedad siguen siendo los mismos.

Y todo esto se encubre con una falsa competencia por el voto cuando en el fondo todos los partidos defienden y protegen un sistema político y económico que produce los problemas que producen esta sociedad desigual que afecta a la mayoría de la población y protege los privilegios de una minoría enriquecida.

Las elecciones de candidatos a ocupar los puestos de representación de los poderes públicos en los que supuestamente se organiza la voluntad popular deberían merecer un proceso de discusión, deliberación y participación mayoritaria y profunda de toda la sociedad de cada rincón del territorio del país.

Pero ¿qué son realmente las elecciones?: una puesta en escena de la sociedad del espectáculo. Los políticos profesionales que buscan “representar” intereses de miles de ciudadanos buscan ser populares para quedar incluidos en las encuestas, buscan aparecen en medios informativos para ser conocidos por electores y así ganar las candidaturas de los partidos que escogen como plataformas de lanzamiento de su personaje electoral.

Y ES ASÍ QUE SE PRODUCE O CONSTRUYE UN PERSONAJE QUE ES EL CANDIDATO.

El aparato político que busca ganar o conservar la tajada de poder público que le da ventajas y beneficios grupales y personales, trabaja para que su candidato convenza a los votantes de que es la mejor elección.

Y es aquí donde las elecciones se convierten en una disputa por no por resolver los principales problemas de la sociedad o por trabajar en una sociedad que tenga como horizonte una vida digna para todos sino para satisfacer la necesidad de poder, beneficios y privilegios de candidatos, partidos, y toda la fauna que se emplea en la clase política profesional. 

De tal modo que las elecciones no son una disputa por presentar las mejores propuestas para solucionar la vida indigna, difícil y hasta miserable que vive la mayoría de la sociedad sino en obtener votos para que una minoría de la clase política profesional vive bien, siempre y cuando sirva a los intereses del sistema político, social, económico y de legitimación al cual sirve.

De modo que el voto sirve a estos intereses. Votar en el actual sistema liberal de representación política es avalar este sistema de dominación. Votar es una falsa promesa de participación política.

Periodista independiente. Conductor de @CosaPublica2 en @RadioUdeG. Al pendiente de las resistencias vs el despojo y las luchas sociales