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2021-03-18
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Morena, su principal enemigo

LA EXPERIENCIA DE MORENA, Y ANTES LA DEL PAN, NOS DEMUESTRAN QUE NO NECESITAMOS A OTROS PARTIDOS OPOSITORES O A OTROS ACTORES DE LA CLASE POLÍTICA, SINO OTRO SISTEMA

Todas las alternativas, todos los partidos en el actual sistema político de democracia liberal restringida están condenados a desilusionar a sus militantes y electores. Todos los partidos que alguna vez se presentan como oposición creíble y se convierten en gobierno al ganar elecciones, entrarán en una fase de desencuentro con sus seguidores por traicionar promesas o por demostrar que no eran tan distintos como los partidos y gobiernos que pretendían sustituir.

Le ocurrió al Partido Acción Nacional (PAN) el partido que fue una oposición tenaz y constante al régimen autoritario priista durante 60 años y le está ocurriendo ahora al partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) fundado y encabezado por el actual presidente Andrés Manuel López Obrador.

Los lectores más viejos lo recuerdan claramente: el entusiasmo que suscitó un candidato como el entonces gobernador de Guanajuato, Vicente Fox Quezada, la aceitada organización electoral del PAN y los abundantes recursos que los dueños del dinero inyectaron en la clara oposición al Partido Revolucionario Institucional (PRI) del que la mayoría de la población estaba harto por su legado de corrupción, y de incapacidad para resolver los principales problemas nacionales. Fox y el PAN derrotaron en julio de 2000 a un partido y clase política que gobernó el país por más de siete décadas.

Pero pronto surgió la decepción del panismo y del foxismo. Pesaron más sus traiciones que sus errores. Los electores entienden que los nuevos partidos en el poder se puedan equivocar, pero es menos probable perdonar una traición a los principios o a las promesas. Y eso hizo el foxismo recargándose justamente en el PRI y en el salinismo para tratar de cumplir con su proyecto de gobierno. Después de Fox hubo otro presidente panista, se podría refutar, pero lo cierto es que Felipe Calderón no ganó las elección de 2006 legítimamente. La voluntad popular fue traicionada por Vicente Fox y los poderes fácticos que hicieron todo lo posible para que no ganara el candidato de la izquierda electoral, Andrés Manuel López Obrador.

Dos sexenios de panismo en el poder fueron suficientes para demostrar cómo los antiguos opositores al régimen priista se acomodaron en el poder y más pronto que tarde traicionaban las promesas de cambio político que hicieron a sus militantes de base y a sus electores. Y más pronto que tarde sus seguidores constataron como los panistas en el poder se comportaban igual que los priistas en el poder a los que criticaron durante décadas: sus contradicciones, las corruptelas, los excesos, su aburguesamiento y la traición a sus principios y promesas, todo con el afán de no dejar el poder. Y así el PAN se convirtió en todo lo que prometió combatir.

DOS DÉCADAS DESPUÉS ESTE ES EL PROCESO QUE ESTÁ ATRAVESANDO MORENA EN ESTE TIEMPO.

El partido del presidente López Obrador pierde legitimidad en sectores de la sociedad que apenas tres años atrás lo apoyaron por presentarse como un opción política creíble frente al fracaso y corrupción de la partidocracia tradicional.

Pero sus errores, la continuación de políticas que prometieron combatir, la inevitable lógica de permanecer en el poder que rige a todos los partidos, sus decisiones desacertadas de elección de candidatos, su confrontación con los feminismos y con los pueblos indígenas y comunidades que se oponen a sus megaproyectos, están provocando la deslegitimación de Morena como proyecto de opción política distinta a la partidocracia tradicional del PRI-PAN-PRD.

Los seguidores de la Cuarta Transformación podrían refutar que a pesar de todos los yerros enunciados antes, Morena sigue encabezando las encuestas. Creo que esto se debe a dos cosas: a la debilidad y estupideces de la oposición y a que la figura de López Obrador sigue teniendo alto respaldo.

Por esta razón puede ser que Morena gane la mayoría de las elecciones del próximo 6 de junio y permanezca como partido mayoritario. Incluso que al final del año controle más espacios de poder público que ahora. Pero esa victoria no detendrá el proceso de pérdida de credibilidad y legitimidad como una auténtica alternativa a la partidocracia tradicional.

Y este proceso de deslegitimización es menos producto de la débil y desafortunada oposición que intenta desempolvar cartuchos quemados como Diego Fernández de Cevallos o de convertirse en partido que da cabida a todos los políticos que renuncian a otros partidos solo con el propósito de seguir en el poder. Es decir, en el instrumento de los chapulines del poder.

Más que la oposición, el principal enemigo de Morena es el mismo proyecto político que decide ratificar a Félix Salgado Macedonio, denunciado como violador y acosador sexual como candidato a gobernador o descalificar las legítimas y las legítimas denuncias de mujeres en contra de este político y aberrantes de López Obrador acusando al movimiento feminista de ser manipulado por sus enemigos los “conservadores”.

Aunque Morena gane las siguientes elecciones, ya entró en la fase de confrontación y desilusión con sectores de seguidores y continuará en un proceso traición de principios, de convertirse en agencia de colocación de puestos en el poder público y de proyecto político que en lugar de transformar se acomoda al poder. Ese es el destino de Morena. Triste experiencia para millones de personas que confiaron en este proyecto político.

Esta experiencia debería enseñarnos que las opciones de liderazgos y partidos dentro de la democracia liberal están destinadas al fracaso, a la desilusión, puesto que los partidos que juegan el juego liberal no pueden transformar el sistema que dicen cambiar. Esos partidos se convierten en instrumentos de un sistema social que requiere de partidos y políticos para legitimar un sistema de dominación y expoliación de riqueza. La experiencia de Morena, y antes la del PAN, nos demuestran que no necesitamos a otros partidos opositores o a otros actores de la clase política, sino otro sistema. Un sistema sin partidos y donde la democracia sea realmente de base.

Periodista independiente. Conductor de @CosaPublica2 en @RadioUdeG. Al pendiente de las resistencias vs el despojo y las luchas sociales