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2021-01-29
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México: una semana sin su gran polarizador

MÉXICO MERECE UN GOBIERNO DE IZQUIERDA SERIO QUE REALMENTE CAMBIE ESTRUCTURAS INSTITUCIONALES PARA EXPANDIR LOS BENEFICIOS DE LA RIQUEZA, SIN ATENTAR CONTRA LA GENERACIÓN DE ESA MISMA RIQUEZA

“El Estado no es superior a sus súbditos, no domina a los hombres, no es de naturaleza distinta que de los supuestos dominados; el Estado está constituido por hombres, no vive sino de ellos y por ellos, y no es más que un orden específico de la conducta humana…”.

Forma de Estado y filosofía. Hans Kelsen

Las conferencias “mañaneras” de la última semana en palacio nacional, sin la presencia ostensible y dominante del presidente Andrés Manuel López Obrador, quien convalece por la COVID 19 -los mexicanos no tenemos claro cuál es su estado de salud, no obstante lo importante que es para la estabilidad de la república-, han arrojado, como no tan curioso saldo, el descenso general de la tensión y la disputa político-partidista en los espacios públicos, incluidas las redes sociales.

Esto permite demostrar, de entrada, que el factor fundamental de la polarización política en el México de nuestros días es precisamente el personaje que ha construido el hoy mandatario, un luchador social hábil en la disputa política desde sus años priistas, y que necesita de la invectiva, la descalificación y la arenga para permanecer como protagonista de la vida nacional.

Es verdad que la realidad mexicana no era Jauja ante de 2018: un país fuertemente desigual, con un Estado débil que no ha podido superar bien la caída del presidencialismo todopoderoso y con facultades metaconstitucionales, aunque hay grandes esfuerzos en los últimos 30 años por dotarle de una institucionalidad que no solo acote al soberano republicano heredero del viejo PRI, sino que conduzca y dé sentido a nuestra vida pública. AMLO ha construido un discurso incriminante contra esa estructura de contrapoderes que obstaculiza su camino a la restauración presidencialista, y muchos se lo han comprado. Pero en esta breve prueba de apenas cinco días, queda claro que el presidente no tiene quién lo sustituya en el papel de flautista encantador. Incluso es dudoso que alguien de su gabinete pueda o quiera hacerlo. Eso destaca la gran gravitación del gobierno en torno a su figura, lo que es fortaleza y debilidad: hay demasiados ejemplos históricos de cómo los regímenes personalistas no sobreviven sin su creador.

Ese exceso de personalidad del lopezobradorismo queda en el vacío si el mandatario no tiene su foro cotidiano y su impacto mediático (es el sentido oculto de su aseveración de que, si deja de “comunicarse con el pueblo” en el día a día, le dan un “golpe de estado”); y entonces queda exhibida de la manera más descarnada la ausencia de resultados verdaderamente contundentes de su gobierno para modificar nuestro lastre de pobreza, violencia y corrupción, y sobre todo, la imposibilidad de negar los malos resultados de la gestión de la pandemia, que ya dan a México el tercer lugar mundial en cifras absolutas de muertos “oficiales”, por encima de un país como India, casi diez veces mayor en población y con una renta per capita  que es apenas la quinta parte de la que se registra en el nuestro.

LA REDES SOCIALES NO PIERDEN SU POLARIZACIÓN EN TAN POCO TIEMPO. TIRIOS Y TROYANOS NO DEJAN DE DESCALIFICARSE… Y CARICATURIZARSE.

Un ejemplo es el presunto deseo “profundo” de la “derecha mexicana” (lo que entiendan por eso AMLO y sus prosélitos) porque el mandatario no sobreviva a la enfermedad. Si se revisan acuciosamente los mensajes opositores a raíz de que se hizo pública la convalecencia de López Obrador, no hay una sola expresión en que se desee semejante desenlace, que – han dicho bien los analistas más perspicaces de ambos bandos de la república polarizada, no es conveniente para la estabilidad de un régimen que, de cualquier modo, sigue siendo presidencial. Los más prominentes miembros de “la mafia del poder”, como Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, fueron prontos en desear la recuperación de su presidente-némesis. Pero es evidente que el usuario común de Twitter cuestiona la veracidad de la infección, y muchas veces hace gracejadas a costa del presidente, lo que podría retratar el efecto de la profunda división y de la enorme desconfianza reinantes. Nadie con dos dedos de frente considerará sensato (y no principalmente porque sea escasamente humanitario) esperar un desenlace fatal, pero eso es fruto del encono sembrado. Podemos verlo también en las reacciones – esas sí más descarnadas- que ha suscitado el padecimiento de la enfermedad por el prelado católico en retiro de la Ciudad de México, Norberto Rivera Carrera. Los deseos de que no sobreviva, emitidos por muchos de sus detractores (que recuerdan su solapamiento a curas pederastas), no se han disfrazado ni han merecido la censura abierta ni siquiera de muchos católicos. El espíritu de desquite campea con toda naturalidad en Twitter. No puede sorprender demasiado cuando la apuesta política ha sido eminentemente emocional y siempre en busca del enemigo al que se responsabiliza de todos los males.

Los registros de la pandemia ofrecen resultados inmediatos de polarización sembrada por AMLO, y luego, como contraste, de cierta capacidad de escucha a las voces disidentes por parte de los responsables directos de su gestión. En el primer plano, destaca la indignación extrema de los lópezobradoristas por la exitosa publicación y difusión del libro de la doctora Laurie Ann Ximénez-Fyvie, Un daño irreparable, la criminal gestión de la pandemia en México (Planeta, 2021). Habituados a la descalificación ad hominem, buscaron desacreditar a la académica por carecer de credenciales de epidemióloga, pero con cierta desesperación constataron el instantáneo éxito de la pieza editorial, que incluso en formato PDF pirata, ha circulado profusamente hasta agotar su primera edición en cosa de días.

La realidad es que ese libro indignado no ofrece nada que el análisis detenido de los comentaristas no haya detectado en los primeros diez meses de la pandemia. “Por si andaban preocupados, no se trata de un tratado de epidemiología. La científica solo narra, con estricto apego a los datos, la ruta de las decisiones que nos han llevado a ocupar los primeros lugares del mundo en muertes por Covid-19; el lugar número 13 en casos de contagio, el sitio 138 del planeta en pruebas por millón de habitantes; el primer lugar en muertes de personal médico, y el infierno de todos los días donde fantasmales caravanas de enfermos deambulan en busca de una cama y familias apabulladas hacen colas de ocho horas para recargar un tanque de oxígeno”, comentó el columnista de El Universal, Héctor de Mauleón. La del trabajo ha sido similar a la hecha a los diversos pronunciamientos de los ex secretarios de Salud, en que urgían al gobierno un viraje en el manejo institucional de la enfermedad. En esos casos, también prevaleció sobre el frío análisis de datos, la descalificación de sus credenciales y sus trayectorias, como colaboradores de regímenes “corruptos” que antecedieron al “alba” lopezobradorista.

En cambio la presentación de “Reflexiones sobre la respuesta de México ante la pandemia de COVID-19 y sugerencias para enfrentar los próximos años”, una publicación en la que participaron 29 instituciones y un ejército de especialistas internacionales y locales, y que caminan senderos de crítica similares a los anteriormente enunciados, merece atención. Ocurrió el 27 de enero, en plena semana de tregua, y su recepción por el principal responsable de la política pandémica del gobierno de México, Hugo López Gatell, fue matizada, e incluso prometió a corregir aspectos puntuales de la estrategia que merecieran el golpe de timón (sin precisar todavía a qué se refiere).

Las mañaneras sin AMLO.

El sistema de salud, dijo ante López Gatell el rector de la UNAM, Enrique Grauer Wiechers, ha sido rebasado. “Nuestros más de 150 mil muertos y el exceso de mortalidad general son prueba de ello. Son pérdidas irreparables y un gran dolor para México […] aislarse y paralizar la economía de nuestro país por un tiempo prolongado –en el que el 50 por ciento de la población está en condiciones de pobreza y en la economía informal- es una distopía que no podemos imaginar”.

Sin embargo, en tanto la población no tenga acceso a vacunas seguras y confiables y que hayan demostrado un cierto grado de inmunidad poblacional, se debe evitar el contacto físico e insistir en el necesario uso de cubrebocas para evitar un mayor número de pérdidas humanas, subrayó en el zoom que convocó a los autores del estudio y a los responsables gubernamentales.

“En 2009, México fortaleció su sistema de vigilancia epidemiológica en respuesta a la epidemia de influenza A (H1N1) al igual que sus mecanismos de vigilancia de enfermedades infecciosas, como lo es el sistema de vigilancia centinela para enfermedad tipo influenza. Sin embargo, a partir de 2009, cuando el presupuesto para la vigilancia epidemiológica era de 1,354 millones de pesos, los recursos para la vigilancia disminuyeron paulatinamente hasta 2020, cuando el presupuesto aprobado fue de 533 millones de pesos; es decir, la pandemia llegó a un país con gran debilidad en sus sistemas de vigilancia”, advierte el documento entregado. Es evidente que el gobierno en funciones minimizó la pandemia y le dio menos recursos a la vigilancia. Son datos duros.

“La principal herramienta para decidir las etapas de desconfinamiento es el semáforo epidemiológico,  que indica el nivel de riesgo epidemiológico a nivel estatal y define el tipo de actividades económicas que pueden realizarse. El semáforo epidemiológico ha sido cuestionado a partir de al menos tres argumentos. Primero se ha criticado el momento en que inició el desconfinamiento, ya que desde un punto de vista epidemiológico habría sido ideal esperar a la fase descendente de la curva epidémica. Sin embargo, esperar a una disminución sostenida habría implicado una mayor profundización de

la crisis económica. Este es un punto controversial, aunque la evidencia posterior ha mostrado que al desconfinamiento le siguió un mes de desaceleración de la epidemia seguido de una meseta que inició en el mes de julio, esto fue similar, tanto para el número de casos nuevos como para defunciones, por lo que parece sugerir que el desconfinamiento no provocó un repunte, aunque tampoco se asoció a una disminución sostenida de la epidemia. Al momento de finalizar este documento [noviembre de 2020], se han observado indicadores de rebrotes en contagios en algunas de las entidades federativas de la República”, añade.

“El segundo es la oportunidad de la información, al considerar el retraso en el reporte de resultados de laboratorio que se utilizan para definir el semáforo. Sin embargo, el semáforo no sólo depende del seguimiento de las pruebas de PCR, sino que utiliza el reporte diario de ocupación hospitalaria, que permite seguir de forma indirecta las tendencias de contagio asociado a hospitalización. El tercer argumento es la modificación de los criterios para establecer los niveles en el semáforo, por ejemplo, el cambio que se introdujo en julio para relajar los criterios y facilitar la transición hacia el semáforo naranja. Este cambio refleja la complejidad para la toma de decisiones en condiciones de pandemia. Sostener los criterios originales habría mantenido los semáforos estatales en rojo, y hubiera ayudado a disminuir la velocidad de transmisión a costa de continuar sin actividad económica, dejando a grandes sectores de la población sin ingreso y favoreciendo el inicio de un desconfinamiento desordenado” (el documento completo se puede bajar de la página web del Instituto Nacional de Salud Pública).

Por otro lado, “los resultados del análisis del exceso de mortalidad por todas las causas ha revelado que en México existe un exceso de 58.4% con respecto a las defunciones esperadas de acuerdo con los datos históricos para el periodo comprendido entre la semana 12 (15 al 21 de marzo) a la 35 (23 a 29 de agosto) de 2020”. Y no olvidemos que esta misma semana, el INEGI ha confirmado, con base en actas de defunción, que la pandemia ha causado la muerte de más de 40 por ciento de personas por encima de la estadística oficial. Si hablamos el jueves 28 de enero de más de 155 mil muertos, el total extrapolado a ese subregistro del conteo oficial hace rebasar 215 mil muertes por la COVID 19. Pero el “exceso de muertes” para 2020 rebasa las 300 mil. En algún momento, pese a la resistencia a hacer públicos datos oficiales en los siguientes meses (periodo preelectoral), se va a determinar con precisión el impacto específico en la mortalidad por la pandemia. Por el momento, ya es segunda causa de muerte a nivel nacional. Un escenario que a López Gatell se le antojaba irrealizable en marzo de 2020.

El otro aspecto que analiza el informe es el escaso apoyo económico del gobierno para conservar empleos. “En términos gruesos, si las empresas no pueden reorganizar actividades, tendrían que mantener el costo de sus nóminas con una producción reducida. Sin embargo, la mayoría de las empresas –sobre todo las micro y pequeña – no tienen la capacidad de asumir estos costos. Por esta razón, en la mayoría de los países de ingresos altos, el Estado ha intervenido para absorber una parte de las pérdidas durante el confinamiento para asegurar el empleo […] el trabajo informal, particularmente el que se realiza sin un sitio de trabajo definido, representa un gran reto para la contención de la epidemia, pero también determina el tipo de apoyo que se requiere para mantener el ingreso de los trabajadores en este sector (y mejorar sus expectativas y por lo tanto sus decisiones de gasto). Los apoyos del estado a este sector no pueden canalizarse a través de las empresas, que ayuda mucho a reducir costos de transacción y de focalización. El apoyo a los trabajadores del sector informal se tiene que canalizar, entonces, mediante transferencias de efectivo. Estos apoyos se pueden dar como transferencias de efectivo condicionadas o no condicionadas. Por ejemplo, Vilar-Compté, et al., estiman que existen en México 4.5 millones de hogares con niños entre 0 y 5 años que dependen de la economía informal y proponen una transferencia económica de un salario mínimo mensual por hogar para ayudar a que las familias enfrenten una disminución en sus salarios debido a las políticas de distanciamiento social”.

Otro apunte: “En varios países del mundo la pandemia y su manejo por parte del Gobierno ha sido utilizada con fines partidistas. México no ha sido la excepción. En torno a la pandemia se ha generado en nuestro país una gran polarización que se alimenta de información sesgada que tiene el propósito de avanzar agendas de partidos o grupos con motivaciones políticas. Esta realidad obliga a emplear estrategias para la comunicación científica efectiva y la persuasión en torno a la salud pública, así como mejorar la gestión de la comunicación con los ciudadanos a través de todos los recursos tecnológicos con los que cuente, incluyendo su participación en las redes sociales y los principales medios de comunicación”.

El ejercicio contó con la participación de casi 40 especialistas en temas de salud, bienestar y desarrollo social de 29 instituciones. “Entre los panelistas hay un consenso de que las condiciones del sistema de salud mexicano para enfrentar la pandemia Covid-19 no eran las óptimas y, por lo tanto, se requiere enfrentar a la pandemia desde un abordaje que atienda los problemas estructurales crónicos del sistema de salud. Esto incluye: escaso financiamiento, fragmentación, acciones sin dirección ni visión integrada, diferencias en la calidad de los servicios, acceso efectivo inequitativo y déficit de recursos humanos, entre otros. Es importante reconocer que la larga duración de esta crisis de salud pública ha sometido, tanto a los servidores en el sistema de salud, a la población mexicana en general, como al resto del mundo, al cansancio y hartazgo. Esto puede tener repercusiones negativas en la continuidad de las medidas no farmacológicas necesarias para la contención como las medidas de aislamiento en el contexto de la proximidad del fin de año, que acarrea actividades de mayor contacto social en lugares cerrados. Se debe reorganizar el conocimiento logrado hasta el momento sobre las medidas de prevención y mitigación de la transmisión, para proponer un paquete concreto de acciones que se han mostrado como efectivas, incluyendo: quedarse en casa (tanto como sea posible); distinguir entre acciones esenciales y no-esenciales; evitar y/o reducir el tiempo en lugares cerrados y mal ventilados; reducir al mínimo el número de contactos físicos; el adecuado uso de cubrebocas; mantener la sana distancia y el lavado de manos”.

Sobre el cubrebocas, que el presidente López Obrador se ha negado a “normalizar”, el texto insiste: “el uso de cubrebocas debe ser obligatorio y, ante la discusión de cómo poder balancear su uso como protector ante otras medidas de contención, que son inclusive indispensables para disminuir transmisión al igual que el distanciamiento social y la higiene de manos, se hace énfasis en que toda medida es necesaria. Además se debe mejorar la comunicación con la población y exponer, mediante el ejemplo, el uso desde el más alto nivel, para difundir que el mensaje es: ‘Yo uso un cubrebocas para proteger a los demás’ y, de esta manera, cumplir con un principio de solidaridad.

Al parejo de esta publicación que encontró a un gobierno mexicano más tolerante a la crítica, hay que señalar los análisis internacionales que apuntan como bordeando el desastre el manejo de la pandemia en nuestro país. Resalta el índice de Rendimiento de la COVID-19 por el Instituto Lowy de Australia. De 98 países analizados, México es el que presenta peores saldos a excepción de Brasil (lugares 97 y 98).

Fuera del tema pandémico, es digno de resaltar que la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, quien ha presidido las “mañaneras” en ausencia presidencial, aunque no ha abandonado el discurso de “los otros datos”, ya matiza fuertemente las calificaciones denostativas del presidente a sus “adversarios”: los diarios Reforma y El Universal, antes “prensa sicaria” o “pasquín inmundo”, ahora fueron reconocidos como dos de las instituciones periodísticas más importantes de México, para sorpresa y cólera de algunos partidarios de la autodenominada “Cuarta Transformación”.

Quién sabe cuánto tiempo más se prolongará esta pequeña “Primavera de Praga”, pero ha quedado clarificado el papel divisionista y polarizador del presidente de la república. Sí, la desigualdad, la violencia y la injusticia ya existían, pero se necesitan agentes vertebradores de un discurso de resentimiento y desquite para que las asonadas contra las democracias prosperen. Esperemos que la convalecencia permita al mandatario replantear sus estrategias: México merece un gobierno de izquierda serio que realmente cambie estructuras institucionales para expandir los beneficios de la riqueza, sin atentar contra la generación de esa misma riqueza. Y los problemas de la democracia, decía hace menos de cuatro décadas un insigne opositor de derechas, Manuel J. Clouthier, “solo se resuelven con más democracia”. No con la restauración del viejo presidencialismo priista del siglo XX.

Agustín del Castillo es periodista con tres décadas de andanzas, especialmente en temas ambientales, de desarrollo urbano y rural, que defiende como asuntos eminentemente políticos. Sus dos fes están en dos nociones precarias: la democracia liberal y las chivas del Guadalajara