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2020-11-20
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El pacto fiscal, un debate neoporfirista

LA DISCUSIÓN, EN TÉRMINOS TÉCNICOS, CON MODERACIÓN Y CON REALISMO, ES NECESARIA, EN GENERAL PARA TODOS LOS INTEGRANTES DEL PACTO FEDERAL

“Hemos preservado la forma de gobierno, republicana y democrática. Hemos defendido la teoría y la conservamos intacta. A pesar de esto, adoptamos la política patriarcal en la administración actual de los negocios de la nación, guiando y restringiendo tendencias populares con plena fe de que una paz forzada, permitiría a la educación, a la industria y al comercio, desarrollar elementos de estabilidad y unidad”.

Porfirio Díaz, presidente de México. Entrevista con el periodista estadounidense James Creelman, marzo de 1908, Pearson´s Magazine.

Sobre la historia mexicana siempre planea la sombra del eterno retorno, la contradicción entre doctrina y práctica política. Un régimen como el de Andrés Manuel López Obrador, abierto crítico de lo que el mandatario ha llamado “el neoporfirismo” de los regímenes “neoliberales”, es en la práctica más “neoporfirista” que sus antecesores inmediatos en cuanto al uso de la esencia política del legado del expresidente oaxaqueño: hay una acusado regreso a la centralización y al caudillismo moral. Los gobiernos subnacionales han mostrado una tendencia al cacicazgo y la corrupción endógena que obliga a que haya enmienda desde el liderazgo del presidente de la república, lo quieran o no.

Si a esto agregamos que el pacto fiscal, como existe desde los años setenta del siglo XX, es más o menos federalista en el reparto pero fuertemente centralista en el ejercicio de las atribuciones, la jugada no se le complica demasiado al tabasqueño, que tiene la enorme ventaja de dominar la cámara legislativa con la mayoría de Morena y sus aliados, que aprueban sus disposiciones de forma expedita. La oposición apenas ejerce un derecho al pataleo que llena los titulares de los medios de comunicación. Hay muy buenas razones en los reclamos federalistas de diez gobernadores que han decidido confrontarse con el mandatario, entre ellos, el gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro Ramírez, de por sí proclive a la reyerta como sistema de autopromoción política que le dio muy buenos resultados en el pasado inmediato, como alcalde de Tlajomulco (no olvidemos sus declaraciones “independentistas” con perlas como “Tlajomulco, territorio libre de Raúl Padilla López”, su principal aliado actual, demostración de inescrupuloso pragmatismo… y nulo sentido del ridículo) y de Guadalajara.

Subrayo que hay muy buenas razones y que esas trascienden las personalidades populistas de muchos de sus actores (el populismo, no olvidemos, es un estilo de hacer política con medias verdades y apelación inescrupulosa a las emociones, y domina a la clase política actualmente en el poder en México). Es importante que una república federal discuta permanentemente su coordinación fiscal, sin perder de vista que el espíritu del pacto implica que las regiones prósperas colaboren a subsidiar a las más rezagadas; tampoco se deben agitar fantasmas secesionistas que han perseguido al país de forma desafortunada en buena parte de su historia.

Hay que dejarlo claro: a ningún país que se divide en estados soberanos le suele ir mejor que como unidad política única, salvo que realmente haya un conflicto de nacionalidades irresoluble a su interior. No es el caso mexicano, e incluso diría latinoamericano. Una de las raíces históricas del fracaso de este subcontinente es precisamente no haber sabido crear grandes unidades políticas, lo que ocasionó una extrema debilidad que fue aprovechada para el festín imperial de la Gran Bretaña y de los Estados Unidos. De paso: ni siquiera encuentro en la España actual una causalidad real del separatismo catalán, más allá de delirios identitarios que implican una falsificación histórica (todos los nacionalismos entrañan una falsificación histórica, hay que subrayarlo) y cobijan intereses económicos … justamente de no subsidiar a regiones menos favorecidas de ese país. Una omisión grande en esos discursos separatistas es que el desarrollo de las regiones nunca es endémico, hay políticas nacionales y subsidios de gobierno central detrás del desarrollo industrial de Cataluña y del país Vasco… o de Monterrey y Guadalajara. Eso no niega que esas regiones prósperas hayan aportado lo que les tocaba en la creación y consolidación de instituciones, desde educación y capital humano hasta infraestructura, pero en su momento han sido favorecidas por políticas nacionales que les dieron oportunidad de despegue. Bajo esa premisa, el respaldo al desarrollo del sureste mexicano es no solo una compensación histórica, sino tarea elemental de un gobierno central obligado a favorecer de forma equitativa a todos los mexicanos, que nadie debe objetar.

Nada de estas consideraciones elimina lo que de verdad esconde el presupuesto de egresos 2021: un afán claro de la presidencia de quitar fortaleza económica a estados que sostienen la bandera de la oposición, y que por su mayor desarrollo, pueden constituir un desafío al modelo político verdaderamente “neoporfirista” de López Obrador. De paso, tiene la utilidad de desgastar aún más a los gobernadores adversarios, que enfrentan de por sí una fuerte andanada de críticas por las deudas adquiridas durante 2020 en el marco de la pandemia de COVID 19, situación que al menos parcialmente se explica porque la administración federal decidió no invertir en medidas contracíclicas para afrontar la crisis económica derivada de la pandemia.

ES DECIR, ACOTAR FINANCIAMIENTOS QUE LA INMENSA MAYORÍA DE LOS PAÍSES DEL MUNDO ESTÁN HACIENDO PARA SALVAR SUS ECONOMÍAS.

“México ha gastado sólo 0.7 por ciento de PIB; 0.2 en medidas sanitarias y 0.5 por ciento en  medidas económicas para contrarrestar los efectos del coronavirus […] En términos monetarios, México ha gastado 7 mil millones de dólares extra como respuesta económica ante el coronavirus, por debajo de Chile que ha gastado 18 mil millones, Perú con 15 mil millones o Argentina con 12 mil millones de dólares extra. A nivel mundial, el país que mayor esfuerzo fiscal ha hecho para contrarrestar los efectos de la pandemia es Nueva Zelanda, con un gasto adicional de 21.3 por ciento de su PIB, seguido por Singapur con 15.4 y Estados Unidos con 12. 3 por ciento del PIB. En términos absolutos, Estados Unidos es el que más ha incrementado su gasto con 2 billones 443 mil millones de dólares (ver https://lucesdelsiglo.com/2020/06/29/gasta-poco-mexico-para-atender-la-pandemia-de-covid-19/).

La analista Denise Dresser, subraya en su más reciente colaboración para Reforma (16 de noviembre de 2020) que el objetivo del gasto 2021 es sacrificar estados y al propio gobierno (afectado por recortes severos desde la llegada de la Cuarta Transformación) para insistir en los megaproyectos (Tren Maya, Dos Bocas, el fortalecimiento de Pemex y de la CFE)… y ganar las elecciones de 2021 con los programas de apoyos directos (señalados, con justicia, de clientelares). “Un presupuesto evidencia, constata, comprueba dónde y para qué el gobierno quiere gastar. Demuestra aquello que desea impulsar. Y el presupuesto federal aprobado para el 2021 lo dice todo: la prioridad no es enfrentar la pandemia, ni poner primero a los pobres, ni crear las condiciones para que dejen de serlo. No busca reaccionar ante una recesión, sino financiar una manía. No intenta aliviar los peores efectos del Covid-19, sino seguir fingiendo que no existe. En nombre de la austeridad, justifica el aumento de la discrecionalidad. Tijeretazo tras tijeretazo, recorte tras recorte y reasignación tras reasignación, Arturo Herrera -de la mano de la mayoría morenista en el Congreso- han diseñado y aprobado una confirmación matemática de las sospechas. AMLO dispondrá del dinero de todos para financiar las obras que le obsesionan y las elecciones que quiere ganar. La 4T, de la manera más neoliberal, está reduciendo al Estado a su mínima expresión, para gastar a gusto en los proyectos del Presidente”, apunta.

Cita al Instituto Mexicano de Competitividad: “el gasto para la atención en salud cae en el IMSS (1.5%) y en el ISSSTE (1.8%). Donde los recursos que nos prometieron con la eliminación de los fideicomisos y el retiro de 33 mil millones de pesos del Fondo de Salud para el Bienestar no aparecen en ningún lado. Donde no hay recursos etiquetados para la vacuna de Covid-19. Donde no hay una estrategia específica para impulsar la reactivación económica o apoyar a los estados. Donde a pesar de las preguntas sobre su viabilidad y rentabilidad, la inversión en el Tren Maya, Santa Lucía y Dos Bocas crece en 93.1%. Donde no habrá recursos para escuelas de tiempo completo, ni para capacitación de maestros, ni fertilizantes para agricultores, ni Senasica para verificar la calidad alimentaria, ni fondos prometidos para Fidecine, ni dinero para la protección de mujeres, ni Fortaseg para fortalecer a las policías municipales, ni un peso para las Pymes [pequeñas y medianas empresas], ni transferencias al turismo. Un presupuesto armado para complacer a AMLO, pero inmune a la realidad”, destaca Dresser.

Un análisis realizado por el grupo parlamentario del PRD Jalisco en la Cámara, y que me ha facilitado la diputada Mónica Almeida, hace las siguientes aseveraciones:

AMLO.

El gasto neto total federal para 2021 “se estima en 6,295,736,200,000.00 [seis billones, doscientos noventa y cinco mil setecientos treinta y seis millones, doscientos mil pesos]; tomando en cuenta que en 2020, en el cuál se presupuestaron 6,096,335,800,000.00 [seis billones, noventa y seis mil trescientos treinta y cinco millones, ochocientos mil pesos], se observa por lo tanto que este presupuesto cuenta con un incremento nominal de 3.3%, es decir, se pretende ejecutar más gasto, por el orden de los 199,400,400,000.00, [ciento noventa y nueve mil cuatrocientos millones de pesos]”.

Respecto al gasto federalizado, esto arrojan los ramos 28, participaciones federales, y 33, aportaciones federales: “para el ramo 28, en 2020 se presupuestaron 951,454 millones 805,252 pesos, para este 2021 se disminuye a 921,402 millones 640,917 pesos, es decir 30,052 millones 164,335 pesos menos, que equivale a -3.2%, y que en términos reales [por inflación] representa un recorte de 6%”. Para el ramo 33, “en 2020 se presupuestaron 759,760 millones 279,067 pesos, [mientras] para 2021 pasa a 777,842 millones 880,397 pesos, es decir, un incremento de 18,082 millones 601,330 pesos, que corresponde a 2.4%, porcentaje menor a la proyección de inflación, para que en términos reales represente un recorte de 0.6%”. Muy claro, hay menos dinero para los estados.

Para Jalisco, añade el texto, el ramo 28 “tendrá un recorte de -6.4%; para 2020 se asignaron 64,859 millones 630,230.98 pesos y para 2021 se presupuestan 60,732 millones 568,499.00, es decir, 4,127 millones 061,731.98 pesos menos  para este ejercicio fiscal”. En cuanto al ramo 33, “Jalisco tendrá un recorte de -1.6%: para 2020 se asignaron 37,855 millones 840,081.91 pesos y para 2021 se presupuestan 37,257 millones 239,710 pesos, es decir, 598 millones 600,371.91 pesos menos.

Ya a nivel nacional, “la suma de las participaciones y aportaciones federales totales para el 2021 [a favor de todos los estados], ascienden a 1.699 billones, 245,521,314 millones de pesos”, de manera que “la centralización de gasto federal es 73% del presupuesto de egresos, dejando únicamente el 27% para estados y municipios”. A Jalisco “solo le corresponderá 1.6% del total del presupuesto [de egresos federal], claro ejemplo de la asfixia federal a estados y municipios”.

El Centro de Estudios de las Finanzas Públicas de la Cámara de Diputados, ha confirmado la tendencia a la baja. En el documento denominado Jalisco: Recursos Identificados en el Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación (disponible en https://www.cefp.gob.mx/edospef/2021/ppef/jal.pdf), señala que el estado recibe 4,555 millones de pesos menos: en el ramo 28, 1,994.3 millones de pesos menos; en el ramo 33, 284.3 millones de pesos menos, y 2,086 millones de pesos menos en “protección social en salud” (la reducción de ese rubro es de 100 por ciento). Mientras la campaña de medios del gobierno de Jalisco contra Morena habla de 9,200 millones de pesos (el tinte electoral es claro).

Pero no se puede dejar de señalar la reducción de gasto (que afecta a todos los estados) para favorecer proyectos federales. Y el dato de que Jalisco recibe solo 1.6 por ciento del gasto federal, del que depende en casi 90 por ciento, cuando genera alrededor de 3.1 por ciento del monto de los impuestos tributarios federales (ver https://ciep.mx/redistribucion-de-impuestos-en-las-entidades-federativas/) y 6 por ciento del producto interno bruto nacional (esa discrepancia entre productividad y cobro de impuestos también se debe subrayar, y no es favorable al discurso federalista de Jalisco, pues hipotéticamente debería aportar más en impuestos).

La discusión, en términos técnicos, con moderación y con realismo, es necesaria, en general para todos los integrantes del pacto federal. Y es lo que hay que destacar del mucho ruido político que generan los políticos rijosos que nos gobiernan, en Jalisco y a nivel nacional. 

Agustín del Castillo es periodista con tres décadas de andanzas, especialmente en temas ambientales, de desarrollo urbano y rural, que defiende como asuntos eminentemente políticos. Sus dos fes están en dos nociones precarias: la democracia liberal y las chivas del Guadalajara