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2020-10-14
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Morena y la dictadura perfecta

MÉXICO HA SIDO SIEMPRE UN PAÍS DE TLATOANIS, DONDE LA FIGURA PRESIDENCIAL ES LA DE UN SEMIDIOS QUE DIRIGE NO SÓLO LOS DESTINOS DE LA NACIÓN Y DE LAS ENTIDADES FEDERATIVAS, SINO DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS

En el papel México es un país republicano desde su independencia, con varias lagunas históricas como el maximato o la época porfiriana, pero el talante político se ha basado de derecho en una constitución y en la división de poderes lo cual, insisto en el papel, se acentuó a partir del triunfo de la revolución hace poco más de 100 años.

Pero en los hechos esa premisa es falsa porque México ha sido siempre un país de tlatoanis, donde la figura presidencial es la de un semidios que dirige no sólo los destinos de la nación y de las entidades federativas que conforman la unión, sino de los partidos políticos en especial del que emana el presidente y de los partidos afines o socios al ganador.

Antes, durante casi 80 años, del PRI salieron los presidentes que hicieron válida la mejor frase política de Mario Vargas Llosa, México tiene la dictadura perfecta. 

Pero fue tan perfecta esa visión del hombre-presidente-partido sintetizada por el Nobel de literatura, que a la llegada del PAN y a pesar de la evidente nimiedad histórica de los dos presidentes emanados de ese partido, el presidencialismo se exacerbó en sus conocidas formas de sometimiento de todos los sectores hacia la palabra del ocupante de la silla del águila.

Así Vil-cente Fo(c)x pudo continuar la estela de corrupción que le antecedió azuzado por los adormilantes efluvios de la dulce Pony, se sintió el gran elector y descarriló tras varios intentos (desafuero incluido) a López Obrador en su aspiración presidencial al heredar el poder -mediante un fraude electoral- a FeliPisto Calderón.

Luego este otro panista, con el valor de cualquier malacopa de clóset, llegó para dar de batazos al panal de la delincuencia organizada y azuzar de tal manera al avispero que hoy, 14 años después de su estupidez genocida, las desapariciones, las muertes violentas y la delincuencia en general, se encuentran peor que nunca. Un sexenio de FeliPisto donde además la sospecha de que estaba coludido con el narcotráfico lleva las iniciales de Genaro García Luna.

Brinquemos el sexenio de Enrique Peña Nieto donde la corrupción continuó a tambor batiente, con montajes desde la misma imagen presidencial, con una impunidad pasmosa para cuidar la larga cola de todos sus antecesores en ese pacto de la dictadura perfecta: yo te cuido a ti para que cuando llegue el que sigue me cuide a mi.

Y así finalmente el Peje ganó la presidencia y de qué manera, sin que quedaran dudas pero a la vez dejando una ola de resentimiento social entre las clases que vivían de la enorme corrupción, tanto en lo político como en lo empresarial, personas acostumbradas a que las mantuviera el México trabajador, que les pagara sus excesos, sus viajes, sus lujos, su vida de ostentación en un país donde la pobreza es mayoría.

En menos de dos años y luego de vivir la farsa de la democracia neoliberal, México fue sacudido por el nuevo régimen, que se ha equivocado en muchas cosas menos en lo más importante: empezar a saldar la urgencia para que tenga que comer quien no comía por falta de recursos, de dar escuela becada o trabajo de aprendiz al joven como alternativa a enrolarse en la delincuencia, de levantar la dignidad de las personas mayores al duplicar su pensión, de aumentar como nunca antes sucedió en la historia del país el salario mínimo, de reformar las pensiones para el retiro, los préstamos del Infonavit.

El escritor Vargas Llosa fue quien dijo que México tiene la dictadura perfecta.

Esto apenas lleva una tercera parte de transcurrido y, claro, hay otros mil errores del presidente que aquí no voy a señalar porque la mayoría -más los ficticios- los puede el amable lector encontrar en las redes sociales saturadas de bots antiamlistas, pero lo que está haciendo este gobierno se llama justicia social, sin endeudar al país, sin seguir las fórmulas de “una economía globalizada” que durante 30 años hicieron que mi generación -la trabajadora, no la pegada a la ubre del erario- se tuviera que conformar con un nivel de vida muy discorde a la potencia de un país tan rico como México.

Pero contrario a lo que dicen sus críticos, los adoloridos por los privilegios perdidos, los enajenados por los medios de comunicación o la doctrina católica, los gobernadores golpistas agrupados en una alianza demagógica y electorera, los políticos exhibidos, los sinvergüenzas evidenciados, Andrés Manuel López Obrador carece de disposición autoritaria, no es como los tlatoanis que hemos padecido desde el México prehispánico con emperadores, virreyes o presidentes omnímodos.

Si algún antiAMLO llegó a estas alturas de mi columna, seguramente está riendo con una risa que respeto. Porque si hiciera una reflexión ni siquiera profunda se daría cuenta que López Obrador se ha caracterizado entre otras cosas por evitar ser el dirigente de facto del partido con el cual llegó al poder, es decir no muestra interés en perpetuarse a través de la fórmula que desnudó Vargas Llosa.

Y por eso Morena está como está, huérfano de un factótum, a merced de los exabruptos de Porfirio Muñoz Ledo, Mario Delgado, de Yeidckol Polevnsky, sin presidentes estatales en la mayoría de las entidades federativas, con muchos chapulines de la peor ralea que sólo buscan aprovechar la oleada del 2018 para seguir medrando y que acaparan las mejores posiciones y quieren las mejores candidaturas para 2021, para justa indignación de los militantes rasos, esos que siempre han querido y luchado por mejorar al país, terminar con la impunidad y poner un alto a la voracidad de los que lo han saqueado.

Ya quisiera yo ver que los gobernadorcitos estos tan espumosos, los del PAN o neopanistas de MC en Jalisco, dejasen libres a sus respectivos partidos para que estos realizaran procesos internos y se otorgasen candidaturas sin intervención del dedo flamígero del elector mayor.

Pero se trata de gobernadores de pacotilla que en vez de gobernar con responsabilidad, sin amiguismo, sin corrupción ni frivolidad, siempre están pensando en su siguiente paso, soñando con la grande (no es albur) y apalancando lo guajiro de su expectativa con el dinero público o de sus socios, que ya cobrarán factura.

PARTIDIARIO

Dinero fácil.- Las más recientes encuestas colocan a Enrique El Endeudador de Jalisco a media tabla entre la preferencia ciudadana hacia su respectivo gobernador estatal. Arribita apenas del 45 por ciento de aceptación, con apenas 3 de cada 10 encuestados dispuestos a encargarle la casa si salieran de vacaciones por temor a que los robara, por debajo del chihuahuense Javier Corral que le está comiendo el mandado entre la alianza “federalista” (golpista, pues), en el lugar 29 nacional en cuanto a la percepción ciudadana de inseguridad y en el lugar 19 de confianza. Nada sorpresivo, porque Alfaro ha hecho todo para ganarse el descrédito en Jalisco, lo que ha prendido las luces de alerta entre los muchos analfabetas y gente sin título profesional que compone las fuerzas vivas del alfarismo ante la posibilidad de regresar a vender tamales o hacerse los activistas sociales, pero que también tendría que prender focos a todos en el estado porque este hombre que desde hace mucho levita en su propio ego no se va a tentar el corazón para seguir impulsando desde el erario su megalomanía y aspiración presidencialista…

Y ya con esta.- Los mismos números de la encuesta de Roy Campos, destacan que entre los alcaldes del país el único de los jaliscienses en el top 10 es Pablo Lemus, el empresario que dirige Zapopan como si fuera Multivalores o Credicampo, imponiendo una extensión de Coparmex en un ayuntamiento que es el único de la galaxia alfarista que tiene su propio campo gravitacional, pese a que los servicios públicos son un asco. Con la expectativa de la pelea que darán los candidatos de Morena -a pesar de dagas como el nepotismo de Claudia Delgadillo en Guadalajara- y un Ismael del Toro que se ha rezagado como delfín, seguramente Alfaro tendrá que echar mano electoral del empresario otra vez (la duda es en qué candidatura) y tolerar la discriminación hacia los nananaranjas a favor de los coparmexos, todo con tal de que el 2021 no se convierta en el Waterloo de su sueño presidencial…

Periodista con experiencia en prensa escrita, radio y televisión. Corresponsal en Jalisco del diario La Jornada