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2020-08-31
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¿Qué sigue después de la pandemia?

PROBABLEMENTE EL MAYOR APRENDIZAJE QUE TENDREMOS SERÁ QUE NO PODEMOS DAR NADA POR HECHO Y QUE EL CAMBIO NOS OBLIGA A PREPARAR, PLANEAR Y PREVER MEJOR...

Rumbo a la recuperación económica, ¿ya pasó lo peor? Esta expectativa se fundamenta en el crecimiento de la actividad industrial, que se benefició al ser catalogada como actividad esencial y que tomó impulso por la reapertura en Estados Unidos a través del comercio exterior.  

Otro elemento a favor de la recuperación es el incremento de la movilidad en muchos estados de la República Mexicana, que derivó en la reapertura parcial del comercio y de múltiples servicios. Un ejemplo de lo anterior es el aumento de 7.8% en los ingresos de las empresas comerciales al por menor en junio.  

Ahora bien, esto simplemente significa que la economía pasó de un cierre parcial a una reapertura parcial, pero no implica que se vaya a recuperar rápidamente, y es aquí donde las interpretaciones con la noción de que “ya pasó lo peor” pueden ser equívocas.  

Haciendo una analogía con la medicina, como la que suelen hacer los economistas al tratar a la economía como un paciente, el que ya haya pasado lo peor de la crisis es igual a decir que el paciente salió de terapia intensiva, pero sigue hospitalizado, y que aún no ha recuperado su movilidad ni la totalidad de sus funciones. En este sentido, su evolución permitirá analizar los daños de largo plazo que el paciente presentará.  

Todo el 2020 ha transcurrido con pandemia en el mundo…

En el caso de la economía, aunque algunos sectores reabrieron, la mayoría está operando a un nivel muy por debajo de su capacidad. Aquí es donde está el problema, ya que los costos fijos que enfrentan las empresas no van a disminuir y la demanda por sus servicios sí estará limitada, de manera que, con una capacidad menor, se buscará, en primer lugar, reducir costos variables, principalmente los laborales, lo que indica más desempleo o, en caso de negociación, una disminución de salario.  

Un gran número de las micro, pequeñas y medianas empresas (MiPyME) no podrán contraponerse a esta situación y eventualmente quebrarán, lo que podría darse rápidamente en los primeros meses o incluso a semanas de la reapertura de cada sector.  

Una manera en la que esto se plasmará en los indicadores económicos será en el incremento de la tasa de desempleo, y no es a la creación de empleo formal, que es la minoría de la población ocupada, sino a la tasa de desempleo que concentra también a la población informal, ya que esta última será la más afectada al ubicarse en el sector comercial y de servicios.  

Volver a los mismos niveles de economía de 2019 tras los estragos causados por el Covid-19 tomará en México hasta el 2025 

De acuerdo con un análisis publicado por la revista inglesa The Economist, las economías de Asia son las que se repondrán más pronto de las dificultades de la pandemia mientras que México será de las últimas en salir de la crisis.  

La proyección del escrito contempla el escenario previo a la pandemia, debido a que esto ha impactado en casi todas las actividades económicas y la recuperación de Corea del Sur se dará a más tardar el próximo año, mientras que Turquía, Estados Unidos, Canadá, Alemania, India y Francia, tomarán hasta el 2022.  

 EN TANTO AUSTRALIA, ARABIA SAUDITA, BRASIL, REINO INDIO, RUSIA, ÁFRICA DEL SUR, ITALIA Y ARGENTINA, LES TOMARÁ HASTA EL 2024 REPONERSE.  

El pesimismo en México se debe ante la histórica caída del producto interno bruto (PIB), que registró en el segundo trimestre de este 2020 un retroceso del 18.7 por ciento, según cifras dadas a conocer por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).   

La tardanza también obedece a que las actividades de contención de la pandemia no están alineadas a los sectores estratégicos, por lo que se necesita urgentemente conectar las cadenas productivas con las nuevas tecnologías.  

Los sectores económicos no están conectados, por ejemplo, la maquila está conectada al sector industrial mundial y le ha ayudado a recuperarse más rápido, pero el comercio y el servicio van a tardar un rato para que se acomoden y vuelvan a crecer y que las empresas que han estado cerrando vuelvan a abrir”.   

La única forma de hacer un crecimiento a largo plazo en el país es aumentar exponencialmente a la industria.  

De acuerdo con estimaciones del Banco Mundial el nuevo paradigma mundial es la economía del conocimiento, basada en el aprovechamiento del talento humano, la tecnología avanzada y la infraestructura especializada. En pocas palabras, esto significa que la riqueza de cada país ya no se mide por sus recursos naturales, sino sobre todo por su capital humano y su nivel científico y tecnológico. En este nuevo contexto el impulso a la ciencia, tecnología e innovación al finalizar la pandemia de COVID-19 es clave para consolidar en México el cambio de una economía centrada en actividades y servicios básicos, a una economía de servicios y productos con alto valor agregado.  

El impulso a la ciencia, tecnología e innovación es un tema fundamental para el crecimiento de nuestro de los estados y del país. Como señala el Global Innovation Index (2019), la ciencia, tecnología e innovación es un área transversal que favorece la creación de soluciones en todas las demás áreas estratégicas de desarrollo: alimentación y vivienda, servicios médicos, transporte, energía, comunicaciones, educación, seguridad, infraestructura, entre muchas otras.  

El impulso al ecosistema de ciencia y tecnología también tiene importantes beneficios sociales: el acceso a la educación en todos sus niveles se refleja en una mayor igualdad entre hombres y mujeres, y favorece la movilidad social. Al fomentar una cultura de la ciencia desde las edades más tempranas, también se promueven relaciones sociales más equitativas y mejores oportunidades para todos, niñas y niñas, jóvenes, mujeres y hombres.  

Por ello, existe una alta correlación entre las regiones con una mayor inversión en este rubro y aquellas con una economía más dinámica y de mayor calidad de vida (Social Progress Index, 2019); esto parece indicar que la inversión en ciencia y tecnología les permite a los países y regiones solucionar los retos que enfrentan como sociedad y aumentar su productividad.   

La pandemia por COVID-19 nos ofrece un ejemplo en donde ha quedado de manifiesto la falta de soberanía tecnológica y una precaria capacidad para el desarrollo y fabricación de respiradores, vacunas, pruebas para detección de infecciones, entre muchas otras herramientas que son necesarias para atender los efectos devastadores de la pandemia. Todos estos avances mencionados (equipo médico, agrotecnología, servicios digitales) son fruto de la inversión en ciencia y tecnología.  

La ONU propone que ante la actual crisis económica se garantice y proteja el financiamiento de la ciencia, tecnología e innovación, dadas sus implicaciones a largo plazo en las estrategias de desarrollo sostenible y crecimiento económico. Por tal motivo, es pertinente incluir el uso de la ciencia, tecnología e innovación en las políticas económicas que se elaboren para hacer frente a los impactos del Covid-19. 

Mientras que el mundo continúa su lucha contra la vertiginosa propagación del coronavirus, aún existen preguntas sin respuesta sobre lo que podría ser la “nueva normalidad” en el mundo una vez que la pandemia sea controlada: ¿Cómo cambiarán los hábitos de consumo? ¿Qué tipo de servicios y productos cobrarán mayor relevancia en el mundo post Covid-19? ¿Qué hábitos permanecerán y cuáles desaparecerán?  

Estas macro tendencias tienen el potencial para moldear la que sería la nueva realidad del mundo después del COVID-19 que apunta a la simpleza, conectividad y colectividad. 

A raíz de la pandemia, los gobiernos, compañías y la sociedad en general se han visto en la necesidad de adaptarse a la situación y fueron forzadas a establecer procesos de trabajo remoto para garantizar la seguridad de sus colaboradores y familias. Las empresas que ya tenían culturas “remote-friendly” se vieron beneficiadas y lograron adaptarse de manera más rápida a la situación. Las que no, se vieron forzadas a incorporar herramientas, y más que todo, prácticas, que permitieran a sus colaboradores trabajar y continuar siendo productivos desde sus hogares. La contratación de nuevas herramientas es la parte sencilla y el rápido crecimiento en uso de servicios como Zoom es muestra de esto. Pero adoptar las prácticas y costumbres que los equipos necesitan para trabajar efectivamente de forma remota toma más tiempo, ya que implica un cambio de cultura. 

A pesar de estas dificultades, muchas empresas se han visto sorprendidas por los resultados que han obtenido con esquemas 100% remotos. Con las prácticas y herramientas adecuadas, la productividad se ha mantenido, y en algunos casos incrementado. Además, estos esquemas traen otros beneficios tanto para las empresas como para los trabajadores; para la empresa: menor gasto de oficina, acceso a más talento por no tener la restricción de ubicación física; para los trabajadores: menores tiempos y gastos de traslado, mayor flexibilidad de dónde vivir, entre otros.  

Estos casos de éxito van a impactar los esquemas de trabajo que las empresas van a permitir aún después de la pandemia. En general, esquemas de trabajo más flexibles que permitan combinar los beneficios de trabajo remoto, sin sacrificar al 100% la interacción humana, serán más comunes en la nueva normalidad.  

Desde el inicio de esta contingencia, las personas han adoptado herramientas de comunicación digital no sólo para trabajar desde casa, sino también para mantener relaciones personales. Interesantemente, conforme adoptamos estas herramientas, ciertas distancias se acortaron y logramos estrechar relaciones con familiares y amigos que viven en lugares lejanos, pues a final de cuentas en una videoconferencia no hace diferencia si un participante está a uno o mil kilómetros de distancia. Las oportunidades para estas interacciones a distancia ya existían, pero la pandemia nos ha hecho más conscientes de todas las herramientas que tenemos disponibles y también ha despertado en el mundo la necesidad de continuar conectando con los demás, y qué mejor que hacerlo aprovechando la tecnología. 

La pandemia ha dejado miles de muertos en todo el mundo.

La pandemia ha demandado acciones claras de los gobiernos a nivel global para proteger a su población del virus y evitar una crisis sanitaria y económica aún peor. Las estrategias empleadas en diferentes países han variado, así como el éxito de las mismas. Pero en general, los ciudadanos de todo el mundo se han vuelto más exigentes con sus líderes, pidiendo transparencia y estrategias claras para combatir la crisis. En un futuro, esperamos que las personas sean más conscientes al momento de elegir a sus líderes al demandar que promuevan mejores estrategias para hacer frente a crisis como la del coronavirus y buscando el bienestar de todas las personas, especialmente los más vulnerables.  

Los consumidores se han visto forzados a cambiar sus hábitos durante esta pandemia, y esto ha afectado tanto la manera en que la gente hace sus compras, como las categorías en las que gastan. Como era de esperarse, ha habido un fuerte crecimiento de compras online conforme las personas buscan resguardarse en sus hogares y evitar lugares públicos. Tener una presencia digital se convirtió en algo necesario para todos los negocios y muchos se han adaptado de manera acelerada para poder seguir ofreciendo sus productos sin presencia física.  

Las categorías en que las personas gastan también han cambiado drásticamente. Como era de esperarse, el gasto en esparcimiento (restaurantes, cines, conciertos, bares, entre otros) y turismo ha bajado dramáticamente, mientras que el gasto en supermercados, entretenimiento en casa (servicios de streaming, videojuegos, etc.), y servicios de delivery ha aumentado. No sabemos cuáles de estos nuevos hábitos son temporales, pero podemos estar seguros de que no todo va a volver a como era antes. En países donde las restricciones ya se levantaron, como China, el gasto en esparcimiento sigue muy bajo, aunque otros sectores se han recuperado más rápidamente. Los negocios, especialmente los que se encuentran en las industrias más afectadas, tendrán que encontrar maneras de adaptarse y diversificar sus fuentes de ingresos – por ejemplo, muchos restaurantes se han enfocado más en delivery, take-out, comida congelada, o creando kits de ingredientes para preparar en casa.   

En este contexto, se cree que la pandemia acelerará la transición de uso de efectivo a métodos de pagos digitales, principalmente por el incremento en la necesidad de las personas de transaccionar de manera remota. Por ello, productos financieros digitales que sean simples, transparentes, humanos y que empoderen a las personas tendrán mayor ventaja en el mercado frente a esta nueva realidad.  

Probablemente el mayor aprendizaje que tendremos será que no podemos dar nada por hecho y que el cambio nos obliga a preparar, planear y prever mejor. Las oportunidades para construir mejores sociedades también llegan después de las crisis, pues son momentos propicios para crear, cambiar, reflexionar sobre si nuestra antigua realidad era realmente funcional o es necesario reconfigurar nuestra manera de cooperar, comunicarnos, decidir, vivir y coexistir con los demás y con nuestro planeta. 

 

Doctor en Derecho y Notario; Analista y Columnista Sociopolítico; Consultor en Admon. y Políticas Publicas; Pdte. de Conciencia Cívica, A.C. y JALISCOenPLENO, A.C.
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