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2020-07-21
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Elecciones en EUA: Números y posturas

TRUMP BUSCA LA REELECCIÓN CONTRA EL CANDIDATO DEMÓCRATA, JOE BIDEN

Faltan únicamente cuatro meses para que se lleven a cabo las elecciones presidenciales en los Estados Unidos, en donde el actual presidente del país, Donald Trump, busca la reelección contra el candidato demócrata Joe Biden. Sin embargo, el mandatario parece ir perdiendo votos importantes.

La pandemia por coronavirus, además de la situación social que se encuentra viviendo actualmente la Unión Americana, donde se ha acusado el racismo que hay precisamente en el país norteamericano, han provocado que Trump siga perdiendo puntos de cara a la contienda presidencial en este año.

De acuerdo con una encuesta realizada por la Universidad de Quinnipiac, el ex vicepresidente en el mandato de Barack Obama se encuentra aventajando por 15 puntos al actual presidente de la nación norteamericana, y conforme van pasando los días, también lo hace el apoyo por Biden.

Un total de un 52% informaron que votarán por el candidato demócrata en las próximas elecciones presidenciales, dejando sólo el 37% al actual mandatario de la Casa Blanca. Esto es un margen un poco más amplio que en junio, donde un 49% dijo que votaría por Biden y el 41% por Trump.

¿Derrota inminente?, una encuesta no podría ser decisiva a tan sólo unos meses de las elecciones, sin embargo, NBC/WSJ realizaron otra en la que nuevamente Biden salió con el porcentaje favorable con un total de 51% sobre el 40% de Trump. 

Los problemas económicos que se han vivido en el país a causa de la pandemia han provocado que incluso la gente desaprueba el factor económico, situación que antes de julio era positiva para el actual presidente de los Estados Unidos.

Criticado a diestra y siniestra por su demora en atacar la crisis sanitaria, Donald Trump busca desesperadamente la forma de recuperar su imagen, aunque luce desarmado para enfrentarse a una pandemia que no ceja. 

A MENOS DE CUATRO MESES DE LAS ELECCIONES, EL PRESIDENTE HA ANUNCIADO LA SUSTITUCIÓN DE SU DIRECTOR DE CAMPAÑA, BRAD PARSCALE, POR BILL STEPIEN, QUE ERA SU JEFE DE CAMPAÑA ADJUNTO.

Parscale conservará, sin embargo, su papel de encargado de la estrategia digital. El mandatario republicano, deseoso de pasar la página de la Covid-19, había intentado empezar el día con optimismo, tuiteando: «Excelentes noticias sobre las vacunas».

Pero la realidad no ayuda: el número de casos crece en casi 40 de los 50 estados, en momentos en que el país supera las 137,000 muertes, y un promedio de modelos predice que llegarán a 160,000 para el 8 de agosto. Con curvas de propagación del virus muy diferentes a las registradas en Europa, la situación en Estados Unidos se percibe muy mala.

Trump, en tanto, intenta esquivar el asunto. El martes, apenas hizo referencia al combate de su gobierno contra la pandemia en una conferencia de prensa en la que denunció a China y vilipendió a Joe Biden, su rival demócrata en la carrera presidencial. Este miércoles se trasladó a Atlanta para pronunciar un discurso que se centrará en la modernización de la infraestructura del país.

California, el estado más poblado y actualmente el más afectado por la pandemia, anunció el martes el cierre de parte de su economía. No obstante, la Reserva Federal señaló que la economía mejora en la mayoría de lar regiones del país, aunque «la perspectiva sigue siendo altamente incierta».

En tanto, fracasaron los intentos del gobierno por desacreditar al reconocido experto en inmunología Anthony Fauci, quien afirma sin rodeos que la estrategia del gobierno para combatir al virus no funciona. Incluso en el campo oficialista, se levantan voces para reclamar al presidente y a su círculo más cercano un abordaje serio de la crisis en lugar de buscar chivos expiatorios.

«Fauci no es el problema», dijo el influyente senador republicano Lindsey Graham. «Tengo todo el respeto del mundo por el Dr. Fauci y, francamente, cualquier intento de desestabilizarlo será contraproducente».

Entre otros consejos, Fauci defiende el uso de cubrebocas, algo que Trump denuesta y se ha vuelto un asunto político. Este miércoles Alabama impuso su uso, como ya lo han hecho California y Texas, así como gobiernos locales, mientras el gobernador republicano de Oklahoma, Kevin Stitt, quien confirmó haberse contagiado el coronavirus, dijo que no limitará las libertades individuales, según la prensa.

Barack Obama tuiteó: «Los últimos datos ofrecen un recordatorio trágico de que al virus no le importa el discurso político ni la ideología, y que lo mejor que podemos hacer por nuestra economía es enfrentar nuestra crisis de salud pública».

En el sector privado, cada vez más cadenas implementan la medida obligatoria y este miércoles se sumó Walmart, que anunció que desde la próxima sus clientes deberán portarlo, sumándose a Starbucks y Apple, entre otras empresas.

Desorientada ante el fortalecimiento del coronavirus, la Casa Blanca intenta calmar los ánimos. En una columna publicada en USA Today, Peter Navarro, el principal asesor comercial de Trump, atacó a Fauci con dureza.

«Si me preguntan si escucho los consejos del Dr. Fauci, mi respuesta es: sólo con precaución y escepticismo». Pero Trump lo desacreditó: Navarro «hizo una declaración representándose a sí mismo. No debería hacerlo», dijo a periodistas. «Estamos todos en el mismo equipo, incluyendo al Dr. Fauci», agregó.

En tanto, Joe Biden, que se conforma con una campaña mínima, se beneficia de la desorientación de la administración y exhibe un buen desempeño en las encuestas, incluso en distritos republicanos.

El candidato demócrata, que denuncia «el fracaso de la respuesta» de Trump a la crisis sanitaria, difundió por primera vez un spot de campaña en Texas, estado que no vota por un candidato demócrata a la Casa Blanca desde 1976 y donde los sondeos lo ubican empatado con Trump.

«Si estás enfermo, si estás luchando … no te abandonaré», dice en el anuncio publicitario, sobre un fondo de imágenes de socorristas con mascarillas, padres con hijos y personas que se comunican con allegados a través de un vidrio.

La inquietud es palpable en el campo republicano, donde se ha instalado un pesado silencio.

Según el promedio de encuestas a nivel nacional que realiza el sitio web RealClearPolitics, Biden supera a Trump por nueve puntos porcentuales.

También está primero en al menos cinco de los estados considerados clave para incidir en una elección: Arizona, Florida, Carolina del Norte, Pensilvania y Wisconsin.

Hay voces que señalan que, con todas las cautelas necesarias, la diferencia actual entre Biden y Trump es más clara que la ventaja de la que disfrutaba Clinton y también se menciona el contexto de crisis sanitaria y económica por la pandemia del coronavirus.

Otra gran diferencia respecto a 2016 es que en aquella ocasión ni Donald Trump ni Hillary Clinton ocupaban el cargo y ahora Trump sí aspira a la reelección.

En la historia reciente de EE.UU. es inusual que un presidente no sea reelegido para un segundo mandato. En los últimos 40 años, solo ha sucedido dos veces: en 1980 cuando el demócrata Jimmy Carter perdió frente al republicano Ronald Reagan, y en 1992 cuando el republicano George H. W. Bush fue derrotado por el demócrata Bill Clinton.

En aquellos dos casos, los sondeos de los meses preelectorales aportaron información valiosa, no tanto sobre las posibilidades de los oponentes sino sobre la debilidad de los mandatarios.

Y es que las tasas de aprobación o popularidad de un presidente en ejercicio permiten también sacar algunas conclusiones.

Según datos de la organización Gallup, los presidentes que tienen un índice de aprobación del 50% o más en los sondeos preelectorales ganan la reelección. Precisamente tanto Carter como Bush padre, tenían una tasa de popularidad inferior al 40%.

Joe Biden.

En el caso de Trump, después de que su popularidad subiera en abril para oscilar entre el 45.8% y el 47.4%, el índice cayó en junio a un 42.6% según Real Clear Politics o incluso a un 41% según la media de FiveThirtyEight.

No será fácil para Trump revertir esta tendencia.

Hay un caso excepcional de un presidente que consiguió subir su índice de aprobación desde un nivel que apuntaba a derrota a otro que hizo pensar en la victoria: Barack Obama.

Su recta final en las elecciones de 2012 es considerada por muchos como la campaña por la reelección más eficaz en la historia de EE.UU.

¿Será capaz Trump de emular aquel logro?

Donald Trump, viajó el 15 de julio al nuevo campo de batalla político en Georgia para acribillar una de las leyes en materia de conservación más importantes del país, ya que prometió acelerar los proyectos de construcción al limitar las revisiones ambientales legalmente obligatorias de autopistas, oleoductos y centrales eléctricas.

Un día antes, su rival presidencial demócrata, Joe Biden, tomó un rumbo diferente, dado que dio a conocer un plan de dos billones de dólares para hacer frente al cambio climático y renovar la infraestructura nacional; además afirmó que creará millones de empleos a través de la generación de una economía de energías limpias.

En ese lapso, los candidatos presidenciales de los principales partidos mostraron el agudo contraste de cuán ideológicamente dispares son sus plataformas ambientales y de infraestructura, las cuales son de vital importancia para muchos electores estadounidenses, en particular en estados críticos en disputa, como Pensilvania y Florida.

Biden intenta ganarse a los electores jóvenes y a los seguidores de su contendiente derrotado, el senador de Vermont Bernie Sanders, mediante una conciencia agresiva del cambio climático y con la promesa de actuar de manera urgente para combatirlo. Al mismo tiempo, ha tratado de mantener su prometido vínculo con los electores blancos de la clase trabajadora, en especial en la región del Alto Medio Oeste, quienes se decantaron por Trump hace cuatro años y están recelosos de lo que ven como amenazas a su modus vivendi; en particular, los empleos en la industria del petróleo y el gas.

En cambio, Trump  continúa más o menos donde ha estado durante más de una década: varía entre reconocer el cambio climático y de tacharlo de engaño; afirma falsamente que los molinos de viento causan cáncer, dice que los dispositivos de eficiencia energética son “inútiles” y que los edificios de cero emisiones “básicamente no tienen ventanas”. En cada oportunidad y en cada decisión regulatoria, el gobierno pone los intereses de las empresas por encima de los ambientales.

Para Trump, combatir el calentamiento global es una amenaza para la economía; para Biden, es una oportunidad.

El plan de Biden gastaría dos billones de dólares a lo largo de cuatro años para poner a Estados Unidos en un “camino irreversible” hacia las emisiones netas nulas de gases que calientan el planeta antes de 2050, lo que significa que el dióxido de carbono y otros contaminantes se eliminarían por completo o se compensarían mediante tecnologías de eliminación.

Para hacer eso, pidió estándares de energía limpia que lograrían un sector de energía libre de carbono para 2035; la mejora de la eficiencia energética de cuatro millones de edificios en cuatro años; y la construcción de 500,000 estaciones de carga de vehículos eléctricos. También prometió llevar a Estados Unidos nuevamente al Acuerdo de París, reestablecer las regulaciones climáticas que Trump ha derogado y poner más restricciones a aspectos como las emisiones de los tubos de escape de los vehículos.

En contraste Trump ya ha tomado medidas para hacer retroceder prácticamente todos los esfuerzos que el gobierno federal hizo durante la presidencia de Barack Obama para combatir el cambio climático, desde restringir las emisiones de las centrales eléctricas y los vehículos hasta frenar el metano del sector del petróleo y gas. Incluso rescindió una orden ejecutiva de la era de Obama que instaba a las agencias federales a tener en cuenta el cambio climático y el aumento del nivel del mar al reconstruir la infraestructura. 

La última revisión de la Ley Nacional de Política Ambiental por parte del gobierno actual enfatizó aún más sus diferencias.

Los cambios que se concretaron el 15 de julio incluyeron un límite de dos años para llevar a cabo revisiones ambientales exhaustivas de los proyectos de infraestructura y revocaron el requisito de que las agencias consideren los efectos ambientales acumulativos de los proyectos, como su contribución al cambio climático.

Estos contrastes le han dado libertad a Biden de presentar políticas que sus aliados esperan que emocionen a los votantes más jóvenes y liberales que no estaban tan convencidos de apoyarlo durante las elecciones primarias demócratas, sin alejar en automático a los electores más moderados.

Sin duda, los aliados de Biden también ven riesgos políticos, si se percibe que se está moviendo demasiado a la izquierda en temas como la hidrofracturación para extraer gas natural, o fracking, una práctica que está ligada a muchos trabajos en estados como Pensilvania. A diferencia de varios de sus contrincantes en las primarias demócratas, no está a favor de una prohibición total de la hidrofracturación.

En cambio, Trump apuesta a que sus posturas inflexibles e inamovibles atraerán a los electores con mentalidad empresarial y a la gente que desconfía del gobierno. Sin embargo, también se enfrenta a un riesgo.

La campaña de Biden criticó que Trump acabara con la ley de política ambiental con el propósito de crear una “distracción” del hecho de que no logró establecer un plan de infraestructura. 

En ciertos sentidos, el debate climático refleja el reajuste político más extenso en ambos partidos que definió la campaña de 2016: los electores blancos de la clase trabajadora, en particular en las zonas rurales, se han alejado de sus raíces demócratas sindicales para apoyar a Trump y a sus políticas energéticas, mientras que los electores blancos suburbanos educados y acaudalados, que alguna vez fueron republicanos recalcitrantes, han optado por los demócratas y parecen estar cada vez más abiertos a esfuerzos más ambiciosos para combatir el cambio climático.

El tono de Biden puede funcionar bien con los votantes republicanos tradicionalmente moderados que viven en los suburbios, así como los pronunciamientos de Trump pueden funcionar bien con los votantes que habitualmente habían estado más inclinados a los demócratas en otras partes del estado, en las partes más rurales del estado. Científicos afirmaron que los próximos cuatro años podrían ser críticos para el aumento o disminución de las emisiones de gases de efecto invernadero de Estados Unidos, por lo que lo que ahora esta en juego definirá mucho de lo que vendrá en proximos años.

Doctor en Derecho y Notario; Analista y Columnista Sociopolítico; Consultor en Admon. y Políticas Publicas; Pdte. de Conciencia Cívica, A.C. y JALISCOenPLENO, A.C.
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