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2020-07-21
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FRENA, un conservadurismo rabioso que comienza a hacer ruido

A LOS SIMPATIZANTES DE FRENA PARECE UNIRLES UN PROFUNDO DESPRECIO POR LA PERSONA DEL PRESIDENTE

Por Roberto Partida*


Madrid, España.-
Las caravanas del Frente Nacional Anti AMLO (FRENA), se han manifestado por cuatro ocasiones en diversas ciudades del país. Las consignas que adornan los automóviles y las declaraciones de quienes les conducen habitan un sinfín de inconsistencias. A pesar de ello, es más pertinente revisar el fenómeno antes de subestimarlo. 

El formato de sus concentraciones imita las protestas del 23 de mayo en España convocadas por el partido de extrema derecha Vox. En pleno estado de alarma por la pandemia de Covid-19, ciudades como Madrid y Barcelona fueron sede de movilizaciones hechas en automóvil. Haciendo sonar el claxon, se observaban banderas españolas hondeándose por las ventanas o bien desde un descapotable. Las participaciones exigían la dimisión del presidente Pedro Sánchez (PSOE), junto a sus socios de Gobierno (Unidas Podemos). Coalición que la oposición –y de forma más enérgica la extrema derecha– califica de socialista y comunista. 

El contexto español es muy diferente, y aunque sea una obviedad hay que decirlo. Las tensiones y disputas por los símbolos atienden a otros discursos y a otra historia, basta observar la polémica que despierta el significado por algunos de sus símbolos como la bandera, la idea de la familia, o lo qué significa serespañol(a). 

LA EMULACIÓN DE LAS PROTESTAS CONVOCADAS POR LA EXTREMA DERECHA DE

ESPAÑA EN MÉXICO, EN PRINCIPIO ES CHOCANTE, INCLUSO CÓMICA.

Sus demostraciones, a mi juicio, antes que visibilizar personajes como Gilberto Lozano, activan un discurso que se podría asociar al utilitarismo radical. Para observarlo, habrá que remitirse a sus mensajes. 

Los seguidores de FRENA son conscientes de la dificultad que implica apelar al pasado reciente y los actores políticos que le representaron –especialmente los gobiernos de Enrique Peña Nieto y Felipe Calderón– como ejemplos de orden. Así lo muestran algunos vídeos que circulan por redes sociales y medios de comunicación, con las respuestas que ofrecen las personas al bajar la ventanilla de su auto.  

Se aprecian gestos nostálgicos sobre la retórica oficial de finales del siglo XX en México.  Sostenida principalmente por una narrativa de la paz social y el consenso. Esa representación neutralizaba el desacuerdo político, le despolitizaba. 

Aquel discurso fundante de la paz social y el oficialismo anclado en torno al consenso se agotó con la alternancia partidista. Fue el PAN y la derecha quien lo rompió. Lo que no logró del todo Cuauhtémoc Cárdenas en 1988, ni la efervescencia carismática de la disidencia zapatista al sur del país, aunque en ello tuvieron su parte. 

Ahora, a los simpatizantes de FRENA parece unirles un profundo desprecio por la persona del presidente. Lo llevan hasta en el nombre de su organización, con esa referencia a detener al personaje en cuestión y así evitar la ruina y decadencia de la nación, con todo y la desagradable relación que establecen las siglas de su organización, que, como movimiento apela a frenar

Muchas de las consignas que se aprecian en sus carteles y lonas impresas, recurren en gran medida a la inmoralidad de López Obrador –como, AMLO mentiroso, corrupto, traidor e incluso zoofílico–. En otras tantas, se introduce la amenaza ideológica, la cual condensa bastante bien una de esas denuncias impresas, diciendo: “López-Vete Ya. Inútil-Hipócrita. No al Socialismo, No al Comunismo, No al Mozimismo. México es católico y Guadalupano”. Otras proclamas buscan definir quiénes representan el movimiento. El ánimo de esto es captado en la siguiente cartulina: “No somos PAN. No somos PRI. No somos oposición. Somos México”. 

Los mensajes que han decorado los automóviles durante las cuatro ediciones de sus caravanas podrían dividirse entre: las personalistas-morales, las ideológicas, y las identitarias. Las primeras, se enfrentan con una complicada tarea al encuadrar todo en el personaje y su patologizante insalubridad moral. Es un error, aun cuando muchos se empeñan en reproducir ese mensaje, olvidan que encaran un proceso masivo y caótico, el cual no se reduce al militante clasismo sobre la persona del presidente.   

Lo que está en juego no son eslóganes de campañas –además tienen desventaja en ese sentido–. La arena en la que están inscritos no comenzó en 2018, ni se manipula en un laboratorio de comunicación política.  

Ya son varias caravanas que se llevan a cabo.

Esa perspectiva de pensar que una narrativa A, conlleva a una narrativa B, para crear un relato C, es, como mínimo, ingenua. Es una noción estática y permanente de la política, como algo preconstituido, sin lugar para lo contingente, esto es; que está siempre ahí. Por ejemplo, piénsese en la planeación de posiciones de batalla ensayadas sobre una maqueta. Imaginar que las “estrategias” no están expuestas a variaciones y saldrán tal y como se planificó, es anular la posibilidad de que el terreno, una vez dentro, tiene relieves que lo modifican todo – y esto por ilustrar al margen de la analogía, claro que se involucran más elementos–. 

El segundo marco de los mensajes, dedicado al fantasma comunista, rememora un poco de la historia vivida durante la Guerra Sucia en México (1964-1982). Ya que, el reclamo anticomunista, viene acompañado del cristianismo. 

Aquí, resalta la falta de referencias que puedan articular y sostener el supuesto viraje hacia un Estado comunista. O bien, como lo muestra una grabación durante la cuarta caravana con una mujer que canta desde su automóvil: “somos cristianos y somos mexicanos, guerra guerra, contra López Obrador… ¡Viva México!”. O las declaraciones que asumen que el actual gobierno esta siguiendo un manual socialista, a propósito de los médicos cubanos a los que se señala como infiltrados del comunismo latente. 

Pero yendo un poco más allá del fantasma comunista –encarnado en Cuba y Venezuela–, nuevamente aparece el discurso obradorista, sobre todo desde la creación de Morena (2011), con significados que ya de por sí son conservadores, pero incorporan más diferencias. 

El tercer marco, es potencialmente, el que representa mayor posibilidad de adhesiones. Y no por la astucia de la organización, sino porque encuentra un espacio para los inconformes o las comunes formas de pensarse apartidista –ni fifí ni chairo, en la jerga actual– desde esos lugares carentes de referencias. No quiere decir que las banderas mexicanas o el himno nacional sean indisputables, los vienen utilizando, incluso así presentan el logo de su agrupación, pero eso no tiene las implicaciones que, por ejemplo, en el contexto español sí. Esos símbolos, en México, suelen representar unidad. 

Los simpatizantes de este movimiento parecen nostálgicos de aquel discurso del consenso, pero articulado desde un conservadurismo rabioso. Se han reactivado expresiones como la de polarización crispación social, opuesta a la vieja paz fundante, vigente hasta la llegada de López Obrador a la presidencia. 

La demonización absurda que se lee en sus consignas se va colando en el vocabulario, pero no desde donde sus consultores auguran. Las personas que se suman al sonoro rugir del claxon, y comulgan con el desprecio a López Obrador y su insalubridad moral, lo reducen todo al cálculo electoral. 

La reacción, como se planteó al inicio, tiene un fondo utilitarista radical. No se articula desde la exacerbación patológica con la que definen al presidente, tampoco parece operar desde el soporte cristiano –que usa tanto la derecha como la izquierda–, se expone desde la lógica de quienes ven en la política una práctica de lo innecesario, y apelan a la voluntad de los consumidores, con expresiones como la de: “AMLO, vete ya. Tus patrones te lo exigimos”, con ello, una desconfianza por todo lo público –funcionarios, servicios, bienes–. 

La cuestión central es que ese discurso propone una visión de la política como inservible, anudada a la pregunta por quiénes son los mexicanos que no define el obradorismo. La antipolítica comienza a hacer ruido. 

* Roberto Partida Guerrero* Corresponsal Madrid, España. Es maestro en Ciencia Política por la UdeG y doctorante en Ciencias Políticas y de la Administración y Relaciones Internacionales por la Universidad Complutense de Madrid.

@Roberttpa

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