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2020-06-15
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REPUDIO AL RACISMO

Las manifestaciones contra el racismo y la brutalidad policial no cesan en Estados Unidos. En las calles de Estados Unidos se siguen pidiendo cambios y el Congreso ya tiene una propuesta sobre la mesa. Se trata de un ambicioso plan de reforma de la policía en el país propuesto por el Partido Demócrata en medio... Read More

Las manifestaciones contra el racismo y la brutalidad policial no cesan en Estados Unidos.

En las calles de Estados Unidos se siguen pidiendo cambios y el Congreso ya tiene una propuesta sobre la mesa.

Se trata de un ambicioso plan de reforma de la policía en el país propuesto por el Partido Demócrata en medio de las multitudinarias manifestaciones contra el racismo y la brutalidad policial.

El proyecto de ley se presenta después de que los legisladores de Minneapolis -la ciudad donde se produjo la muerte de George Floyd a manos de un agente blanco y que fue el detonante de la actual oleada de protestas- prometieran desmantelar el Departamento de Policía.

Pese a los intentos de los demócratas, no está claro si los republicanos, que controlan el Senado, apoyarán la propuesta, denominada formalmente Ley de Justicia en las Tácticas Policiales.

El plan de reforma fue presentado por parte de prominentes legisladores del Partido Demócrata: además de Pelosi estuvieron el líder de la minoría progresista en el Senado, Chuck Schumer, y los congresistas afroestadounidenses y progresistas del llamado Caucus Negro del Congreso.

La propuesta busca responder a la abrumadora indignación popular que ha desatado la muerte de Floyd junto a otros ejemplos recientes de racismo y violencia policial.

En el momento de presentar el proyecto de ley, Pelosi leyó los nombres de los hombres y mujeres afroestadounidenses que murieron a manos de la policía en los últimos años.

Entre otras cosas, la norma: forzaría a la policía federal a usar cámaras corporales y en el vehículo; prohibiría las técnicas de estrangulamiento (como las que llevaron a la muerte de George Floyd); eliminaría las órdenes de allanamiento de vivienda sin llamar a la puerta, una táctica que usaron los agentes que mataron a tiros el pasado marzo a la afroamericana Breonna Taylor en Louisville (Kentucky);

facilitaría responsabilizar a los agentes de policía por violaciones de derechos civiles; pediría que se retengan fondos federales para aquellas fuerzas policiales que no lleven a cabo reformas similares;y establecería la creación de una base de datos nacional de mala conducta policial.

Además, la ley convertiría el linchamiento en un delito federal, limitaría la venta de armas militares a la policía y otorgaría al Departamento de Justicia la autoridad para investigar a policía local y estatal ante evidencias de prejuicios o mala praxis general en un Departamento de Policía.

Sin embargo, el proyecto no responde a la última petición del movimiento «Black Lives Matter» («Las vidas negras importan»): la de «quitar fondos a la policía», reducir su presupuesto e invertirlo en las comunidades.

Algunos líderes republicanos han dicho que considerarían la posibilidad de presentar su propio proyecto de ley.

No obstante, miembros del partido conservador se han mostrado mayoritariamente reticentes a respaldar públicamente una posible legislación.

En claro contraste con la línea de la formación y el propio presidente, el senador republicano Mitt Romney publicó fotografías en Twitter de él marchando hacia la Casa Blanca con manifestantes cristianos, con el mensaje «Black Lives Matter.»

Así las cosas, el plan de forma, diseñado por los líderes demócratas en el Congreso, puede ser visto como la postura «oficial» del partido. Al menos por ahora.

Es, en parte, un esfuerzo por prevenir medidas más drásticas que algunos están impulsando desde la izquierda, bajo el eslogan de «desmantelemos la policía».

Si los demócratas pueden mantener a los miembros más liberales a raya, deberían ser capaces de aprobar la reforma en la Cámara de Representantes, donde tienen la mayoría.

El panorama es más incierto en el Senado, controlado por los republicanos, especialmente si Donald Trump ve algún tipo de ventaja política en tratar de pintar las propuestas demócratas como una amenaza a la «ley y el orden».

Pese a que es seguro que habrá grandes dosis de tensa retórica entre políticos durante la campaña hacia las presidenciales, el cambio real podría venir por parte de autoridades locales, más directamente responsables ante los electores en las municipalidades con mayores protestas.

El reclamo de desmantelar la Policía en Minneapolis, pese a que en este momento es en gran parte simbólico, podría indicar que los cambios profundos son una posibilidad real: con o sin guía federal.

Este podría ser el principio de una serie de experimentos locales en reforma policial que adquieran diferentes formas en diversas partes de Estados Unidos.

La violencia policial injustificada puede llevar a la muerte de una persona y la tragedia para su familia, como se ha visto en el caso de George Floyd, cuyo fallecimiento bajo custodia policial fue la mecha de estas manifestaciones.

Pero hay otras consecuencias menos evidentes que varios investigadores han sacado a la luz.

Cuando un caso de mala conducta policial se produce, genera una especie de efecto dominó con consecuencias a corto y largo plazo: tanto económicas como sociales.

Las protestas contra el racismo y la violencia policial escriben un nuevo capítulo este fin de semana con cientos de manifestaciones. Desde Tokio hasta Londres, pasando por París, Montreal y numerosas ciudades estadounidenses, millones hicieron caso omiso al coronavirus para protestar por la muerte del afroamericano George Floyd.

En Australia, el país que primero protestó fuera de Estados Unidos, decenas de miles de personas se manifestaron con pancartas de “No puedo respirar”. Se trata de una referencia a lo que dijo Floyd, cuyo cuello quedó obstruido durante casi nueve minutos por la rodilla del policía que le detuvo por un delito menor.

En el Reino Unido estaba prevista una manifestación el sábado ante el parlamento en Londres y el domingo ante la embajada de Estados Unidos. Pero el gobierno pidió a los británicos que no se manifiesten.

En España, alrededor de 3,000 personas se concentraron  en Madrid a las puertas de la embajada de Estados Unidos en contra del racismo y la brutalidad policial sin respetar la distancia de seguridad. Unas protestas que se han repetido a lo largo de este fin de semana en diversas ciudades europeas como Londres o Berlín, españolas como Barcelona, Bilbao o San Sebastián y que se unen a las que durante la última semana han marcado la actualidad política de gran parte de los estados norteamericanos.

En Madrid, con una amplia representación de comunidad africana de la ciudad, entre dos y tres millones de personas, según datos de la Delegación de Gobierno y Policía Municipal, se han arrodillado en señal de repulsa al racismo ante la embajada estadounidense, en la calle Serrano, y han proferido cantos como «Floyd, hermano, aquí no te olvidamos», «aquí también hay racismo» o «ningún ser humano es ilegal».

Además los manifestantes también han recordado las muertes en España de inmigrantes africanos como Samba Martine, en 2011 en el CIE de Aluche, o el mantero senegalés Mame Mbaye, en 2018 en Lavapiés, como crítica contra el racismo y la brutalidad policial que denuncian los organizadores de la marcha.

El Gobierno había autorizado esta concentración para 200 personas frente a la sede de Estados Unidos en Madrid por la muerte de George Floyd, pero al igual que ha sucedido en otros puntos de Europa esa cifra se ha sobrepasado y se ha convertido en una manifestación que ha acabado recorriendo sin incidentes la calle Serrano, pasando por la Puerta de Alcalá y ha llegado finalmente a la Puerta de Sol. En muchos tramos, no se ha respetado la sana distancia y muchos manifestantes no llevaban cubrebocas.

A los cánticos de los manifestantes, convocados por la Comunidad Negra Africana y Afrodescendiente en España, se han sumado pancartas en las que se podían leer mensajes como «stop racismo», «yo soy humano, ¿ y tú?», «el silencio también es opresión» o «Mutuo respeto de gentes y pueblos» tras el asesinato de este ciudadanos afroamericano el pasado 25 de mayo.

El propio presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha pedido sin éxito que se cumplan las normas de sana distancia  en las manifestaciones antiracistas celebradas en varios puntos de España por la muerte de George Floyd.

«Lo que pido para unas manifestaciones lo exijo para otras. Que se cumpla con la distancia social y que no pongamos en riesgo la salud de todos», ha señalado Sánchez.

En la misma línea se ha expresado el ministro de Sanidad, Salvador Illa, que ha pedido «responsabilidad» a los manifestantes. «Desde el más profundo respeto a toda reivindicación democrática, quiero recordar que el virus está ahí», ha apuntado el ministro.

Una de las portavoces de la asociación convocante, Lisa Okpala, explicó que esta marcha no solo se ha convocado para solidarizase con los movimientos antirracistas de Estados Unidos, sino para recordar que el racismo no es cosa solo de ese país, sino también de Europa y España.

Así, ha recordado un informe remitido a Naciones Unidas en el que se explicaba que las personas negras en España «son 42 veces más propensas a ser paradas por la Policía y otros cuerpos de seguridad».

Manifestaciones contra el racismo.

Se trata, ha resaltado, de un problema «estructural», que se refleja también en los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE), donde están los inmigrantes «encerrados» y donde «se violan los derechos fundamentales».

Las concentraciones se han repetido también en Barcelona donde, se ha superado el millón de personas en la Plaza Sant Jaume, en pleno centro de la capital catalana, y los organizadores han repartido cubrebocas y guantes para cumplir las medidas de seguridad por el coronavirus. 

También alla, en Europa, el presidente francés, Emmanuel Macron, prometió que será intransigente ante el racismo y el antisemitismo, pero excluyó «reescribir» la historia y «desmontar» estatuas en un discurso televisado a la nación. Macron respondió así a la ola de derribo de estatuas de personajes históricos controvertidos en varios países y a las peticiones de rebautizar plazas y calles por los mismos motivos.

«Nos mantendremos firmes ante el racismo y el antisemitismo», prometió Macron. «Vivimos en una nación en la que cada persona, cualesquiera que sean sus orígenes, su religión, debe encontrar su lugar. ¿Es verdad en todos sitios y para todo el mundo? No», reconoció el jefe de Estado, quien prometió medidas fuertes para lograr una mayor igualdad de oportunidades en Francia independientemente del color de la piel de sus ciudadanos.

A diferencia de otros líderes mundiales, Macron no había abordado públicamente hasta este domingo el tema del racismo y la violencia policial. La muerte en Estados Unidos del afroamericano George Floyd a manos de un policía blanco ha reavivado las protestas contra la policía en todo el mundo y reabierto el debate sobre el racismo en Francia.

Macron consideró que el combate noble de luchar contra el racismo no debe transformarse en una «reescritura odiosa o falsa del pasado». «La República no borrará ninguna huella ni ningún nombre de su historia. No olvidará ninguna de sus obras. No desmontará estatuas», aseguró el presidente, quien consideró que es necesario conocer la historia, incluida la de su pasado colonial en África, para construir el presente y el futuro «con una voluntad de verdad y en ningún caso revisar o negar quiénes somos».

Macron condenó el racismo, pero también mandó un mensaje de apoyo a los policías y gendarmes franceses, tras las manifestaciones contra el racismo y la violencia policial de los últimos días en Francia. «Los policías y gendarmes merecen el apoyo del poder público y el reconocimiento de la nación», dijo el presidente.

Por otro lado, Macron anunció que a partir de este lunes toda Francia pasa a ser «zona verde», excepto los departamentos de ultramar de la Guayana francesa y de Mayotte. Hasta ahora, París era considerada «zona naranja» y tenía más restricciones que el resto del país.

«La lucha contra la epidemia no ha terminado, pero estoy contento con esta primera victoria contra el virus», dijo Macron, quien anunció que la reapertura con normalidad de bares y restaurantes en París. Hasta ahora solo podían hacerlo las terrazas en la capital.

El presidente también anunció que todos los colegios e institutos de Francia deberán prepararse para recibir a partir del 22 de junio a «todos los alumnos de manera obligatoria» hasta el final del curso, que termina oficialmente el 3 de julio. Hasta ahora la vuelta al colegio era voluntaria.

París decretó el 17 de marzo el confinamiento de la población por el coronavirus e inició el 11 de mayo una desescalada progresiva. Francia saldrá el 10 de julio del estado de emergencia sanitaria, pero podría imponer ciertas restricciones durante los cuatro meses del periodo de transición que se ha marcado si la situación sanitaria empeora. El 28 de junio tendrá lugar en Francia la segunda vuelta de las elecciones municipales, suspendida por el coronavirus.

Francia, con casí 30 mil  muertos, es el tercer país europeo con mayor número de fallecidos por coronavirus, después del Reino Unido e Italia.

Doctor en Derecho y Notario; Analista y Columnista Sociopolítico; Consultor en Admon. y Políticas Publicas; Pdte. de Conciencia Cívica, A.C. y JALISCOenPLENO, A.C.
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