La verdad no existe; todo es propaganda

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“Recuerde, señor Vanderbilt, las personas como nosotros tenemos que mantenernos unidas este invierno – repitió-. El invierno pasado di de comer a 350 mil personas por día aquí en Chicago. Este invierno va a ser peor. Creo que los dos hablamos el mismo idioma; y creo que los dos somos patriotas. No queremos que se resquebrajen los cimientos de este gran país […] en las manos de un Mussolini americano este país podría conquistar el mundo”

Al Capone, en entrevista con Cornelius Vanderbilt jr, 1931

Todo es propaganda. La victoria corrosiva de la posmodernidad ha traído la derrota de la realidad, al menos en la mente de un segmento nutrido y creciente de la humanidad. De algún modo, tratar de definirla tiene hoy que ver más con la disputa por la prevalencia del discurso o la narrativa de cada grupo, especialmente los enquistados en el poder. Se trata de un relato inherentemente parcial que llega hasta la intolerancia de imponer, y que está ligado a consideraciones meramente coyunturales y oportunistas, basado, quizás, en una premisa piscológica muy en boga: es la actitud, es el cristal por el que se miran las cosas, es el lenguaje que se usa para diseccionarlas y clasificarlas, los que construye la verdad. Cualquier verdad.

Bajo esa lógica, es posible convertir los acercamientos más puntales al mundo real, como la ciencia, el periodismo honrado, con distancia crítica y basado en datos, y en general, a los hechos, como meros relatos interesados que participan en un concurso en condiciones de igualdad con otros “relatos legítimos”, tales como la pseudociencia, el periodismo militante u oficialista (que sólo ve una parte de los hechos, y a veces se divorcia de estos y se limita a tejer en los discursos de los grupos políticos) y la fructífera gama de narraciones conspiranoicas que alivian la sed psicológica de certezas que tiene “el respetable” público.

Pero la ciencia está fincada en la realidad, porque si no fuera así, las vacunas y las medicinas no prevendrían ni curaría enfermedades; el conocimiento no iluminaría el camino al saber y no permitiría el desarrollo de tecnología eficaz para las más diversas tareas: desde la cimentación de un edificio, pasando por el cultivo de un campo hasta el arribo de naves a la Luna o sondas espaciales que transitan desde hace décadas hacia los confines de nuestro universo. Y el periodismo, sin tener la posibilidad ni las herramientas para la misma precisión demandada por lo científico, bebe de éste para acceder mejor a los hechos, y reconoce en las percepciones y las opiniones de los ciudadanos y sus líderes discursos subjetivos e interesados, valiosos para comprender el divorcio o acercamiento de una persona o una comunidad hacia la realidad, y en contraste, el tamaño de la enfermedad hecha de fe ciega que hoy parece inundar al mundo, un insospechado triunfo de los discursos voluntaristas (superación personal) que en el pasado hicieron prosperar modelos políticos radicales como el fascismo y el comunismo, y hoy alimentan el variopinto populismo que conquista poco a poco, de forma legalmente disimulada aunque con discursos incendiarios, a un número creciente de democracias en el planeta.

En México se puede observar en varios escenarios el triunfo de la propaganda sobre el honrado y humilde apego a la verdad de los hechos. Lo exhibe todas las mañanas el presidente Andrés Manuel López Obrador, quien trata de convencer con expresiones simples y emotivas al mayor número de mexicanos sobre la pureza de sus intenciones democráticas (democráticas sin democracia: su “buena” intencionalidad es un ejercicio de demolición de instituciones y de procesos – poderes, prensa, ONG’s-que son esencia de lo democrático, lo que separa esta forma de organización social de otras, como las monarquías absolutas, los gobiernos totalitarios… o los populismos, no importa de cuál color o geometría provenga su discurso).

Entrega de cubrebocas en estaciones del metro en la CDMX.

El manejo de la crisis de la pandemia del COVID 19, popularmente conocido como coronavirus, entre negacionista, dubitativo y errático, puede ser una valiosa prueba de los límites de esa teoría de que los discursos se imponen a la realidad. Como el gobierno federal comenzó tarde su estrategia, y el propio presidente mandó mensajes negacionistas sobre el impacto de la enfermedad en plena expansión, esto restó eficacia a la intención de los técnicos de controlar los brotes. Los expertos federales se han empeñado además en tratar de imponer ideas contrarias al modo como se ha manejado en el mundo la crisis pandémica: relativizar la importancia del cubrebocas y de la “sana distancia” para cortar cadenas de transmisión (NOTA: no influye poco la abierta negativa del presidente y de muchos líderes políticos y sociales, sexagenarios o más, en asumir las medidas preventivas: diputados, dirigentes de partido, directores de escuelas, insisten en mantener el estilo de trabajo previo a la pandemia, en no observar la sana distancia y en no usar cubrebocas; el cardenal emérito de Guadalajara, Juan Sandoval, ha criticado que las iglesias fueran cerradas a la presencia de los fieles, pero en ello no solo expresa una opinión personal, pues dirigentes creyentes y ateos también observan conductas relajadas en el tema).

La contradicción se refleja también en haber establecido las obras públicas de esta administración federal como “prioritarias”, y por ende, que continúen las construcciones del aeropuerto de Santa Luicía, de la refinería de Dos Bocas, y que ya estén por arrancar obras del Tren Maya, no obstante el evidente riesgo sanitario para los miles de trabajadores. En contraste, la obra privada fue detenida (aunque no en Jalisco). Habría que pensar que trabajar en el gobierno lopezobradorista garantiza, además de sustanciales rebajas de salario y prestaciones, una especie de inmunidad o “fuerza moral” (López Gatell dixit, en uno de los momentos estelares del servilismo en esta administración) que derrota a la “fuerza de contagios”.

El afán de un discurso alternativo ocupa más espacios  en la manía presidencial por reconstruir a fuerza de palabras la realidad: su enfrentamiento con la economía real (las perversas calificadoras o el PIB enemigo del espíritu) lo lleva a minimizar  el desastre económico que es Pemex (acentuado sin duda por una crisis internacional de precios sin precedentes), al que inyecta ingentes cantidades de dinero que le niega al sector Salud (curioso razonamiento: escudado en que le dejaron “un cochinero” los anteriores presidentes para una débil y corrupta estructura con el Seguro Popular, en vez de remediar su falta de inversión, crea el Insabi pero le quita dineros, en el contexto de una crisis sanitaria, en lo que se investiga a los, por hoy,  presuntos ladrones), y lo mismo hace a favor de sus megaobras y con sus programas sociales de entrega de dinero sin intermediarios, previo debilitamiento de los bienes públicos que antes combatían la pobreza o el deterioro ambiental, que hoy padecen cuadros reducidos para trabajar sus programas mínimos. Otro aspecto del enfrentamiento con la realidad es negarse a establecer un programa ambicioso de apoyo para micros, pequeñas y medianas empresas, generadoras de 80 por ciento del empleo en el país, salvo modestos paquetes de 25 mil pesos y extensiones de plazos para el pago de algunos impuestos. Que sea el país del OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) que menos apoya en términos relativos a los empleadores, no le preocupa: se ha establecido entre sus seguidores, como explicación, el relato de los empresarios ladrones, corruptos y evasores… y se citan ejemplos como Larrea, Slim o Salinas Pliego, quienes no solo no han pedido los apoyos, sino que no los necesitan, pues siguen recibiendo jugosas partidas gubernamentales para obras o proyectos.

Hasta aquí una pequeña muestra de cómo el gobierno de la llamada 4T trata de modificar la realidad por el discurso.

Sus claras omisiones en el tema económico han abierto oportunidades para sus críticos privados o sus adversarios políticos, que más o menos han aprovechado. Destaca en esto el papel desempeñado por el gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro Ramírez, quien trata de capitalizar las omisiones.

Pero la actuación del gobernador está lastrada por las taras que lo han hecho perder adeptos desde que fue alcalde de Guadalajara: sus bravuconadas públicas son ya legendarias, con falta de respeto a grupos de jaliscienses para los que gobierna y de los que, por ende, en términos estrictos, es empleado, pues se le paga sueldo de los impuestos. Así, manda al infierno a políticos opositores, periodistas críticos y “pendejos” que no se encierran en sus casas durante la pandemia (luego, sus voceros aclararon que los “pendejos” eran solo los negligentes, no los que deben llevar el pan a su casa; a nadie alarmó el uso de vocablos ofensivos en los mensajes de un mandatario que se suele ir de boca, lo que revela que la degradación de nuestra democracia ya está naturalizada).

Ciertamente, parece que al final, la actuación más rápida del gobierno estatal ha colocado a Jalisco en una posición ventajosa respecto a los contagios del COVID 19 en el resto del país, pues el número de muertos y de contagiados confirmados o sospechosos es inferior a la media nacional y muy lejos de lo que correspondería al estado, que es número cuatro en población y aportación al PIB. Pero las francas violaciones de Alfaro a la política civilizada lo llevan a invertir más dinero en propaganda, para apalancar su polémica imagen, que en muchas de las acciones directas que demanda la enfermedad, caso específico de las pruebas, a las que ha dado un uso político descarado, según lo ha documentado, con información de transparencia, El Diario NTR Guadalajara.

Aunque es un político con instinto y preparación, Alfaro Ramírez es el peor enemigo de Alfaro Ramírez. Y como periodista, me alarmaría que siguiera una carrera rumbo a la presidencia de la república, porque lo que se ganaría, probablemente, en sensatez de políticas públicas, se perdería en calidad democrática: las tendencias autocráticas del gobernador son tan indisimuladas como las del presidente, pero tiene evidentemente más gusto o menos astucia que AMLO para el uso de la fuerza. Sería la puntilla para nuestra democracia, fuertemente debilitada por el huracán morenista.

Un tercer escenario de imposición de propaganda como relato alterno y válido, es decir, como realidad, es el que ha desplegado el crimen organizado en muchos territorios de este país. Particularmente en Jalisco, es un golpe publicitario que cuestiona fuertemente las acciones de los gobiernos federal y estatal contra la delincuencia, y demuestra que en muchos sitios, la verdadera autoridad son esas agrupaciones. En el contexto del COVID 19, el reparto de despensas y apoyos no se limitó a lejanas zonas rurales, sino que llegó, pleno e impune, al área metropolitana de Guadalajara.

Primero fue una hija de Joaquín Guzmán Loera, el temido y célebre Chapo condenado en una prisión de alta seguridad de Estados Unidos: Alejandrina Guzmán Salazar, a mediados de abril pasado, “entregó en Guadalajara unos 300 regalos con la imagen del jefe narcotraficante. Pelotas con el logotipo de la marca Chapo 701, y una bolsa con dulces fueron los obsequios entregados por la empresa de la hija del capo con motivo del Día del Niño celebrado este jueves en México. Los regalos fueron llevados por empleados de esta empresa a la colonia Jalisco, una de las más empobrecidas y con mayores índices de delincuencia de la ciudad”, relata la noticia dada a conocer por El Universal.

Julio Campos, presidente de la empresa de Alejandrina, “dijo que repetirán la entrega de más juguetes en algunas de las colonias menos favorecidas de la ciudad para celebrar a los niños, a pesar de las medidas sanitarias que obligan a permanecer en sus casas para evitar un mayor contagio de la COVID-19. ‘No quisimos dejar pasar este día, la fundación de la señora Alejandrina Guzmán está en ese tenor, en el tema social, los niños son el futuro de nuestra sociedad y estamos encaminados a eso, sabemos que es complicado hacer eventos ahorita para juntar personas pero lo estamos haciendo lo más ordenado posible para darles una sonrisa’, afirmó. Agregó que la marca quiere quitar el estigma social que conlleva el nombre del capo, quien cumple una condena de cadena perpetua en Estados Unidos por narcotráfico”. La intención propagandística es evidente.

Con más preocupación se leyeron los repartos de despensa por personal armado de la empresa privada más exitosa del estado, desde hace años: el Cártel Jalisco Nueva Generación tomó por unos minutos la glorieta principal de la colonia Constitución, en Zapopan, para repartir despensas, el miércoles 29 de abril.

Entrega de despensas por parte del CJNG.

“Presuntos miembros del Cártel Jalisco Nueva Generación fueron captados mientras repartían despensas en el mercado bola, de la colonia Constitución, en Zapopan, la noche del miércoles.

 Hechos que fueron confirmados por el gobierno de Jalisco a través de un comunicado, aunque no se menciona al grupo criminal, aseguran se trata de confundir a la ciudadanía. Según testigos, los hombres estacionaron sus vehículos por varios minutos con narcocorridos a todo volumen y con las puertas abiertas para repartir alimentos no perecederos, ante la crisis económica por el COVID 19. La entrega de alimentos fue reportada de forma anónima al número de emergencias 911. De acuerdo con el comunicado emitido, el tiempo de reacción de los policías fue de tres minutos, sin embargo, al arribar al lugar ya no encontraron a nadie”, señaló el 1 de mayo el portal de TeleDiario, del grupo Milenio Jalisco.

“Pues a como está ahorita la situación está bien, porque hay mucha gente que de verdad lo necesita, ese apoyo de comida porque pues estamos en picado en la economía desgraciadamente, muy grave eso, pero tenemos que aguantar y ahora sí, el que nos ofrezca la mano con el tenemos que irnos”, le dijeron vecinos al reportero Jorge Martínez. El 1 de mayo, casi 500 personas molestas se retiraron del “mercado Bola” de la Consti, pues la presencia de la Guardia Nacional había disuadido un nuevo reparto de ayudas por el cártel.

La distribución de apoyos se repitió al sur de Jalisco, en Tecalitlán y en Tuxpan: “…Somos el Cártel de Jalisco del señor Mencho, venimos a hacerles entrega de una despensa a causa de esta pandemia por la cual hoy estamos batallando. ¡Bendiciones para todos! Recordarles que nosotros estamos para apoyar al pueblo, muchas gracias’, se puede escuchar el mensaje que dirige uno de los hombres con cubrebocas, viste ropa oscura y chaleco antibalas de estilo militar. “¡Muchas gracias!”, responden a coro los pobladores que esperan la ayuda” (Eje Central, 6 de mayo de 2020).

Hace apenas cinco años, el 1 de mayo de 2015, la irrupción del CJNG fue violenta y espectacular: los famosos narcobloqueos ocuparon accesos del área metropolitana y diversos municipios del sur y la costa. Entre los saldos hubo vehículos quemados y al menos un helicóptero militar derribado.

Hoy parece que la corporación busca una imagen amable, de respaldo social, que los ciudadanos receptores han visto como normal y legítima, de acuerdo a las reacciones ante los medios y las publicadas en redes sociales. El presidente López Obrador reaccionó en una de sus conferencias mañaneras, y pidió tibiamente a los grupos criminales abstenerse de la caridad, pues “no ayuda a la gente”.  Pero la narrativa de estas organizaciones, que han controlado por largo tiempo territorios abandonados por el estado mexicano, parece ser, de las tres en disputa, la que por ahora tiene un éxito más rotundo en la intervención de la realidad: en sus feudos, ellos sí son la Ley.

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