Un Dios distinto al del Gobernador

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Unos días antes de la pandemia por Covid19, el gobernador del Estado de Jalisco, era un político en vías de extinción. En todas las encuestas, sus números iban a la baja, los jaliscienses no confiaban más en él. Su gestión como gobernador del estado, frente a los ojos de sus gobernados, era un desastre.

Su ambición personal por llegar a ser algún día presidente de la República, lo llevó a convertir al Estado en una plataforma de campaña para ese fin. Invirtió los fines: olvidó que su primer deber era gobernar para todos los jaliscienses, y después, hacer campaña política con sus socios de siempre. Se le olvidó que Jalisco es un estado plural, diverso y muy difícil de gobernar.

Hasta antes de la pandemia, Jalisco siempre aparecía en los primeros lugares en cifras de homicidios dolosos, feminicidios, personas desaparecidas, trata de personas y crímenes conocidos como del fuero común. El crimen organizado actuaba a sus anchas y convirtió a las ciudades principales y municipios de Jalisco, en “plazas” para organizar mejor sus negocios criminales.

Al mismo tiempo en Jalisco crecía el número de muertes por influenza y dengue, sin que el gobierno propusiera una campaña eficiente para erradicar esas epidemias. Para el gobernador, los muertos del estado por homicidio o enfermedad contagiosa no existían.

Simultáneamente, empresas aguacateras, tequileras, fotovoltaicas, entre otras, algunas de ellas ligadas directa o indirectamente a los intereses particulares del gobierno, se dedicaron a devastar ecológicamente el Estado de Jalisco. Miles de hectáreas de bosques fueron reconvertidas en plantaciones de aguacate o maguey o transformadas en espacios para empresas transformadoras de alimentos y productoras de energía.

Jalisco fue transformado en una gran cantera al servicio de intereses particulares sin ningún beneficio para la mayoría de la población jalisciense.

La ambición política del gobernador del estado hizo de la obra pública un espacio desde donde beneficiar económicamente a un grupo de socios quienes a su vez, además de fortalecer y enriquecer sus empresas, lo acompañarían sosteniendo financieramente su próxima campaña.

Esa forma de gobernar para satisfacer un objetivo político muy personal, pronto se vio reflejada en una fuerte y constante caída en las encuestas: sus gobernados ya no apoyaban sus acciones. Pero si el gobernador del Estado no veía a los muertos ni la degradación medioambiental, tampoco veía los números que le eran adversos.

Entonces llegó la pandemia del covid19 y se instaló en Jalisco. El virus no pudo haber llegado en peor momento: un estado con sus habitantes inconformes, insatisfechos con la forma de gestionar las riquezas de su estado, un grupo empresarial parásito del gobierno y un gobernante necesitado, desesperado, sería el término, por demostrar que él sigue siendo el líder, el único capaz de llevar bien una pandemia como la que enfrenta México y el mundo. 

No pudo controlar ni la influenza ni el dengue, pero con mano férrea vencería al Covid-19.

No puede existir una peor combinación que la de una grave situación de crisis y un gobernante inepto, desesperado, ávido de reconocimiento.

La historia que sigue después es digna de un cuento de Dickens: la avaricia por encima del llamado bien común. La deuda pública al servicio de intereses particulares. La ausencia de ética y moralidad frente a la gravedad del problema. Una amplia corrupción institucionalizada. La violación de los derechos humanos convertida en fortaleza gubernamental. La opacidad convertida en un instrumento indispensable de gobierno. El recurso al melodrama barato y a los cursos de catecismo para insinuar la guía de Dios en las acciones del gobernante. El uso del ambiente familiar, la niña y su juguete favorito con la intención de convencer a los jaliscienses de que los gobierna un hombre sensible.

Pero los jaliscienses lo conocen. Cruzan los dedos e invocan a otro Dios, distinto al del gobernante, con la esperanza de que los estragos de la pandemia no sean tan graves y que la ineptitud de quien los gobierna pase desapercibida en esta crisis.

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