TRUMP Y LAS SEMANAS DOLOROSAS

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Una semana particularmente difícil ha enfrentado el presidente Donald Trump, quien ha tenido que hacer a un lado su permanente socarronería para transmitir a los estadounidense una noticia devastadora. En medio de la pandemia por Coronavirus Covid-19, ha tenido que advertir a su pueblo la proximidad de “dos semanas muy dolorosas”, pues dice, tendrán que lidiar con lo más fuerte de los contagios y decesos. El panorama se ha tornado sombrío para nuestros vecinos del norte, pero no lo es menos para la aspiración del propio inquilino de la Casa Blanca, quien de acuerdo al manejo que dé a la crisis, será juzgado en las elecciones de noviembre próximo donde buscará su reelección.

El pasado martes, el presidente buscó blindar al país para el golpe más duro de la pandemia de Covid-19. Trump prolongó las políticas de mitigación del brote hasta fines de abril, y sus expertos confirmaron que, aun si esas medidas tienen éxito, entre 100 mil  y 240 mil personas pueden llegar a morir a causa del nuevo virus.

“Quiero que los estadounidenses estén preparados para los días difíciles que se avecinan. Vamos a pasar por dos semanas muy, muy difíciles”, dijo el mandatario, en la conferencia de prensa diaria en la Casa Blanca, en la cual, con todo, prometió que luego se verá “algo de luz real” al final del túnel. “Serán unas dos semanas muy dolorosas”, insistió.

Trump ha sido criticado por desestimar y burlarse de la pandemia. Desde que los contagios por el virus comenzaron a pegar con más fuerza en Estados Unidos, a fines de febrero, Trump minimizó en varias oportunidades la gravedad del brote, y hasta llegó a comparar a la nueva enfermedad con la gripe. Ya no. “No es la gripe. Es despiadado”, dijo el martes, por primera vez.

Habrá que recordar que un día después de que Estados Unidos confirmara su primer caso de coronavirus, el pasado mes de enero, el presidente Donald Trump aseguró desde el Foro de Davos que la situación estaba controlada.

“Es solo una persona que vino de China y lo tenemos bajo control. Todo va a estar bien”, afirmó en una entrevista con el canal estadounidense CNBC.

Pasaron los días y, pese a las denuncias de inacción de expertos y críticos del gobierno , Trump insistía en que el virus iba a “desaparecer” como si se tratase de un milagro.

“El riesgo para los estadounidenses sigue siendo muy bajo. Cuando tienes 15 personas… en un par de días va a bajar y acercarse a cero. Es muy buen trabajo el que hemos hecho”, defendió Trump el 26 de enero.

No había pasado un mes y medio de aquello cuando la primera potencia mundial ya se había convertido en el nuevo epicentro mundial de la pandemia de covid-19.

Nuestro vecino del norte es ahora mismo el que más ha sufrido los estragos de la crisis sanitaria que se vive en el mundo, superando ya a China como el país con más contagios confirmados de covid-19, según datos de la Universidad Johns Hopkins. Un saldo que ya superó a los atentados del 11-S y las muertes por armas de fuego en lo que va del año.

Estados Unidos aún corre detrás de la pandemia. La falta de preparación, y las demoras de la Casa Blanca para reaccionar y controlar el brote y preparar al país generó un caos que apenas ha comenzado a salir a la luz. Faltan las camas en hospitales, terapias intensivas, los respiradores y el material de protección para el personal médico. La escasez provocó incluso una puja de los gobernadores, que compiten para comprar todo lo que necesitan para sus hospitales en medio de los preparativos para la futura oleada de pacientes.

Trump ha sido criticado por desestimar la pandemia.

Es como estar en e-Bay con otros 50 estados que ofertan por un respirador”, se quejó hace algunos días el gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo. “El gobierno federal debería haber comprado todo, y después repartirlo según las necesidades de los estados”, lamentó.

En ese contexto, esta semana el Congreso aprobó el mayor rescate financiero de la era moderna para lanzar un salvavidas a la economía estadounidense que se ha desplomado por la pandemia. El presidente Trump firmó el paquete de estímulo de 2.2 billones de dólares para ayudar a la gente y comercios que han sufrido a raíz de la pandemia del coronavirus.

Este rescate financiero podría ser un espaldarazo para la campaña de Trump si logra apuntalar la economía, de acuerdo con muchos analistas.

Al principio de la crisis, a fines de febrero, la empresa de servicios financieros Goldman Sachs dijo en un reporte que el covid-19 podría costarle la reelección a Trump.

“Si la pandemia del coronavirus afecta materialmente el crecimiento de la economía estadounidense, podría aumentar las probabilidades de una victoria demócrata en la elección del 2020”, dijo el informe de la multinacional de servicios financieros e inversiones bancarias.

En tanto, el ex asesor y estratega de la Casa Blanca, Steve Bannon aseguró a The New York Post que más allá del desafío que represente el candidato del Partido Demócrata, previsiblemente Joe Biden, el pueblo estadounidense va a juzgar a Trump por el manejo de la crisis.

Quizá por ello, Donald Trump, ha cambiado no solo el discurso sino también el semblante, ha tenido que ponerse serio, porque tal como lo advirtió, vienen semanas “muy dolorosas”.

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