VIRUS Y CRISIS

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Tal y como se había anticipado, Estados Unidos de América, particularmente la cosmopolita ciudad de Nueva York, es hoy por hoy en el mundo el epicentro del contagio del COVID-19.

Según los registros más actuales, el número de fallecimientos en todo el mundo a causa del coronavirus ha superado ya los 30,000.

Mismos análisis indican que hay 649,904 casos confirmados de contagio y 137,283 personas se han recuperado.

Con 115,547 casos confirmados, Estados Unidos es el país con mayor número de casos activos en el mundo.

El vecino país del norte superó en la tarde del jueves a China como el país con más contagios confirmados de COVID-19.

Hasta el viernes 27 de marzo, las autoridades sanitarias estadounidenses reportaron 92,932 casos mientras que China, donde surgió el virus de alcance global, seguía en 81,897 hasta la misma fecha.

Estados Unidos también reportó el jueves 26 de marzo su peor día en cuanto a muertes con 230 fallecidos por culpa del nuevo coronavirus. La cifra de muertos en el país supera los 1,400.

Italia, con más de 80,500 afectados confirmados, es el país que hasta el viernes 27 de marzo reportó un mayor número de decesos con 8,215, lejos de los 4,900 de España y los cerca de 3,300 de China. 

En este escenario, Donald Trump recibió las cifras de su país poniendo en duda los números que reporta el gobierno chino.

La noticia coincide con el informe de que más de 3.3 millones de personas se registraron para recibir ayudas por desempleo en la semana del 21 de marzo. Eso es casi cinco veces más que el anterior récord, 695,000 en una semana de 1982.

Nueva York.

La economía de Estados Unidos está virtualmente parada. Son numerosas las restricciones al movimiento de personas, los comercios y fábricas están cerrados, la industria aeronáutica también está virtualmente sin actividad.

El Congreso aprobó el viernes el paquete de rescate más grande de la historia. Y Trump no ha ocultado su inquietud por una situación que los analistas consideran podría costarle la reelección en noviembre.

Consultado sobre las últimas cifras de contagiados, el presidente, quien al principio de la epidemia llegó a decir que los casos estaban cerca de caer a cero, dijo que se trata de “un reconocimiento a la cantidad de pruebas que se están haciendo”.

Trump, además, puso en duda las cifras emitidas desde Pekín y afirmó frente a los periodistas presentes que “no se sabe cuáles son los números en China”.

Añadió que tiene planificado un contacto telefónico con el presidente chino Xi Jinping y rechazó a versión de que el líder del gigante asiático le haya pedido que “calme” el lenguaje que usa para referirse a coronavirus, al que se refiere como “el virus chino”.

Mientras tanto, el vicepresidente Mike Pence destacó que las pruebas de coronavirus están disponibles en los 50 estados de su país y que se realizaron hasta el 26 de marzo más de medio millón de exámenes. En una carta dirigida a los gobernadores estatales, Trump anunció que su equipo de asesores planea publicar pautas federales de distanciamiento social para que algunas regiones puedan alivianar las restricciones impuestas.

Trump señaló que lo que viene es una “larga batalla” y afirmó que los “vigorosos” protocolos de prueba establecidos por su gobierno permitirán que algunos condados levanten sus salvaguardas contra el coronavirus.

Añadió que las “nuevas pautas” serán capaces de identificar zonas de riesgo bajo, medio y alto que permitirían al gobierno sugerir mantener, aumentar o relajar el distanciamiento social y otras medidas de mitigación que se han implementado. El plan de Trump fue anunciado poco después de que una nueva investigación de este jueves estimó que las muertes relacionadas con el COVID-19 en EE. UU. podrían llegar a 80,000 en los próximos cuatro meses.

El cálculo realizado por el Instituto de Métricas y Evaluaciones sobre Salud de la Universidad de Washington establece que hasta 2,300 personas pueden fallecer por día cuando el contagio llegue a su punto más alto, en algún momento de abril.

Desde el principio del brote del virus, Trump fue cuestionado desde fuerzas políticas y asociaciones civiles estadounidenses por la forma en la que su gobierno afrontó la epidemia.

El epicentro de la pandemia en el país está en Nueva York, que acumula más de 38,000 casos confirmados, a los que se pueden sumar los casi 8,000 del vecino estado de Nueva Jersey.

La capital económica de la primera potencia mundial ha pasado de ser “la ciudad que nunca duerme” a un silente e irreconocible epicentro de la pandemia en Estados Unidos, a la espera de lo peor. Ahí el gobierno estatal aumentó gradualmente las restricciones con el propósito de bajar la ola de contagios, con el cierre de escuelas, restaurantes y otros comercios, así como el exhorto a la gente de que evite salir a la vía pública.

Estas medidas terminaron por vaciar y silenciar las calles de la ciudad de los rascacielos, pero aún parecen lejos de lograr su objetivo y las autoridades advierten que el panorama es sombrío.

Donald Trump, encargó al vicepresidente, Mike Pence, ponerse al frente de una comisión encargada de gestionar la pandemia.

Trump considera que el colapso de la economía frente a las medidas impuestas para frenar la pandemia pueden costar más vidas que la epidemia en sí.

Es por eso que ha venido insistiendo en que “el remedio no puede ser peor que la enfermedad” y ha llegado a decir que para Semana Santa el país va a estar de vuelta en plena actividad, algo que los expertos en salud pública han puesto claramente en duda y que luego él mismo matizó reconociendo que dependerá de los datos.

Para hacer frente a la emergencia, Donald Trump obligó por decreto al fabricante de automóviles General Motors a producir respiradores artificiales, vitales para los pacientes de COVID-19.

Mientras tanto en el mundo, ante el avance de la enfermedad, Francia y Bélgica extendieron el confinamiento hasta, como mínimo, el 15 de abril y el 18 de abril respectivamente, e Irlanda lo impuso desde el viernes a medianoche hasta el 12 de abril. Como prueba de que el virus no respeta clases sociales, el primer ministro Boris Johnson y su ministro de Salud, Matt Hancock, anunciaron el viernes que dieron positivo al virus.

Johnson tiene “síntomas leves” que no le impiden seguir dirigiendo la respuesta de su país a la pandemia que amenaza con colapsar los hospitales del Reino Unido.

Antes que el primer ministro, de 55 años, el príncipe Carlos, hijo de la reina Isabel II, y el príncipe de Mónaco, Alberto II habían dado positivo, mientras que la canciller alemana, Angela Merkel, y el primer ministro canadiense, Justin Trudeau, están en cuarentena tras haber estado en contacto con contagiados. En América Latina ya hay órdenes de confinamiento obligatorio en países como Argentina, Bolivia, Venezuela, Colombia, Panamá o El Salvador, toques de queda prolongados en Chile Honduras, Perú y Guatemala, además de cierres de fronteras casi generalizados. Aunque Brasil es el más afectado, el presidente Jair Bolsonaro, que ha minimizado la pandemia, y su hijo senador, Flavio Bolsonaro, promovieron en sus redes acciones y mensajes que atacan la restricción de circulación como medida para enfrentarla.

América Latina tiene, al igual que África, elevados índices de pobreza y varios países ya atravesaban crisis internas.

En toda África, el virus seguía propagándose el viernes como un reguero de pólvora, y registra ya 3,826 infectados y 114 fallecidos en un día.

En el continente africano, Sudáfrica inició el confinamiento de su población por tres semanas y registró sus primeros dos muertos.

El país más industrializado de África es, de lejos, el más afectado, con 927 casos entre sus 57 millones de habitantes.

El gobierno decretó confinamiento para “prevenir una catástrofe humana de enormes proporciones”, dijo el presidente Cyril Ramaphosa.

En Kinshasa, la capital superpoblada de la República Democrática del Congo, el confinamiento se ha aplazado por miedo a la “inseguridad” después de la subida de precios de los bienes de primera necesidad.

En algunos países musulmanes muchos fieles acudieron en masa a las mezquitas para la oración del viernes, como en Pakistán, Afganistán o Indonesia.

“Alá protegerá a los musulmanes de los desastres causados por el coronavirus”, aseguró una manta colocada en una mezquita abarrotada en Kabul.

En Roma, por primera vez en la historia, el Papa Francisco celebró solo una oración en la plaza de San Pedro, a la que está prohibido acceder.

En tanto que presionados por la aceleración de la pandemia en Europa y Estados Unidos, los mercados cayeron estrepitosamente el viernes, en medio de advertencias de que la economía mundial ya entró en recesión.

A los programas de rescate lanzados por varios países se suma desde el jueves el anunciado por los líderes del G20. Las potencias prometieron inyectar cinco billones de dólares para dar oxígeno a la asfixiada economía.

Pero su impacto ha puesto a las empresas alrededor de todo el mundo a contabilizar crecientes costos y pérdidas.

Las bolsas de valores, donde se compran y venden las acciones de las empresas, han sufrido grandes cambios que pueden afectar muchas inversiones tanto de fondos de pensiones como de cuentas de ahorros individuales.

El índice FTSE (de la bolsa de Londres), como el Dow Jones (de Estados Unidos), y el Nikkei (de Japón) han registrado grandes caídas desde el inicio de la pandemia a finales de diciembre.

El Dow y el FTSE sufrieron recientemente sus mayores caídas en un mismo día desde 1987. Los inversores temen que la pandemia destruya el crecimiento económico y que las medidas de los gobiernos no serán suficientes para detener la caída.

En respuesta, los bancos centrales de muchos países, han recortado las tasas de interés.

En teoría, eso debería reducir el costo de solicitar préstamos y estimular el consumo para dar impulso a la economía.

Los mercados globales recuperaron parte de las pérdidas después de que el Senado de Estados Unidos aprobó una ley que contempla US$2 billones para ayudar a trabajadores y empresas a hacer frente a la crisis.

Pero algunos analistas advierten que la volatilidad puede mantenerse en los mercados hasta que la pandemia sea contenida.

En Estados Unidos, el número de personas solicitando el seguro de desempleo alcanzó recientemente un récord histórico, marcando así el fin de una década de expansión en una de las economías más grandes del mundo.

El sector de viajes y turismo ha sido duramente golpeado, obligando a las líneas aéreas a reducir los vuelos, ante la masiva cancelación de los viajes de turismo y de negocios.

La caída en la actividad también es consecuencia de las restricciones impuestas por los gobiernos sobre la llegada a sus territorios de viajeros procedentes del extranjero, como un intento de contener el virus.

En una decisión sin precedentes para sellar sus fronteras ante la crisis del covid-19, la Unión Europea prohibió durante 30 días la llegada de viajeros de países ajenos al bloque.

En Estados Unidos, el gobierno de Donald Trump prohibió la entrada de viajeros procedentes de aeropuertos europeos.

En tanto, expertos británicos de Reino Unido han manifestado su preocupación por el hecho de que los turistas chinos no puedan viajar.

Entre octubre de 2018 y septiembre de 2019, tan solo Reino Unido recibió unos 415,000 turistas procedentes del gigante asiático, de acuerdo con VisitBritain, la página oficial de turismo de Reino Unido.

Los turistas chinos gastan en una visita promedio a Reino Unido tres veces más que un visitante promedio, en torno a unos US$2,090 cada uno.

A esos numeros se deben sumar las derramas economicas que los chinos dejan cada año en el resto de los países europeos, pero particularmente en los Estados Unidos, una de las naciones que más atraen a los turistas del gigante país asiatico. 

En tanto los supermercados como los servicios de entrega a domicilio han reportado un enorme incremento en la demanda, mientras los consumidores compran grandes cantidades de productos como papel de baño, arroz y jugo de naranja ante el aumento de la pandemia.

Para frenar el crecimiento de la pandemia, muchos gobiernos alrededor del mundo han comenzado a aplicar medidas muy estrictas. Países enteros e importantes capitales han sido puestos bajo cuarentena, lo que ha llevado a una paralización general de las cadenas de producción industrial.

En China, donde se originó el coronavirus, la producción industrial, las ventas y las inversiones cayeron durante los dos primeros meses de este año, en comparación con el mismo periodo de 2019.

El gigante asiático representa un tercio de toda la manufactura mundial y es el mayor exportador de bienes del mundo. Las restricciones han afectado las cadenas de suministro de grandes empresas como el fabricante de equipos industriales.

Todos los vendedores de autos han reportado una caída en la demanda.

Las ventas de coches en China, por ejemplo, cayeron 86% en febrero. Y cada vez más fabricantes, están vendiendo sus vehículos en internet mientras los compradores evitan acudir en persona a las tiendas.

Con frecuencia cuando golpea una crisis el capital buscan refugio en las inversiones menos riesgosas. En tiempos de incertidumbre, usualmente el oro ha sido considerado como un refugio seguro.

Pero incluso el precio de ese metal precioso cayó brevemente en marzo ante el miedo de los inversores sobre una recesión global.

De igual modo, el precio del petróleo ha caído hasta niveles no vistos desde junio de 2001.

Los inversionistas temen que la pandemia seguirá golpeando la economía global así como la demanda de crudo.

El precio del petróleo ya había sido afectado por una disputa entre la OPEP, que agrupa a más de una decena de productores de crudo, y Rusia. El coronavirus ha hundido su precio aún más. Si la economía está creciendo, en general, eso suele significar más riqueza y más trabajos.

Eso se mide mirando el cambio porcentual del Producto Interno Bruto o el valor de los bienes y servicios producidos, usualmente durante un lapso de tres meses o de un año.

Debido al coronavirus, la economía mundial podría crecer este año a su tasa más baja desde 2009, de acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Esa organización prevé un crecimiento de apenas 2,4% para 2020, rebajando la proyección que había hecho en noviembre pasado de 2.9%.

También se dice que una pandemia “más larga e intensa” podría reducir el crecimiento hasta 1.5% en la medida en que las fábricas suspenden sus actividades y los trabajadores se quedan en casa para intentar contener el virus.

 

opinion.salcosga@hotmail.com

@salvadorcosio1

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