¿Y LOS NIÑOS CUÁNDO, CON LOS NIÑOS QUIÉN?

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En México son millones y al menos la mitad viven entre la pobreza, la desigualdad, la violencia, la injusticia y la discriminación. En su vida abundan los golpes, el menosprecio, la falta de respeto a sus derechos, el acoso, el abuso, la ausencia de oportunidades para desarrollar la totalidad de su potencial. Para colmo son el sector más olvidado de la sociedad, al que se le dedican menos políticas públicas, menos recursos.

El 9 de marzo próximo millones de mujeres en México saldrán a las calles y dejarán de trabajar para protestar por la creciente oleada de violencia machista y feminicida en su contra. Es la revolución de un feminismo militante de última generación, que reclama al patriarcado la opresión histórica que han padecido las mujeres, que deja atrás su papel de víctima y, bronca voz en pecho, exige el lugar que por justicia les corresponde.

Es claro que en el primer párrafo no me refiero a las mujeres, como sí lo hago en el segundo. Hablo en el primer párrafo de los niños. Los “niños y niñas” pues, para complacer a este lenguaje “incluyente” como si la sintaxis requiriera de tales precisiones. Si alguno o alguna de mis cinco lectores o lectoras creyó que me refería a las mujeres, perdón por la buscada intención de crear esa ilusión mental.

Y es claro que no hablo de las mujeres porque no son el sector más vulnerable y el que más es violentado en el país de las violencias. No amigas, no. Son lo niños. El 42 por ciento de los asesinatos dolosos contra los menores los perpetran familiares cercanos y, según esas mismas estadísticas tomadas del INEGI, la mitad de los familiares que asesinan a sus hijos son sus madres. El resto son padres, padrastros, madrastras, una combinación de todo lo anterior, hermanos, tíos o tías, abuelas. Toda la genealogía pues.

Si las mujeres con justa razón se quejan de que los hombres las estamos matando (muchos varones quisquillosos se quejan que las mujeres nos están criminalizando), los niños con justa razón también podrían decir lo mismo de sus madres, sus padres, sus parientes. Casi la mitad de los niños que son asesinados en México muere a manos de su familia, por lo cual bajo esa lógica entonces ¿la familia y entre la familia mayormente las madres los están matando?

Y si no los matan les dan una vida de mierda, se aprovechan o no les importa vulnerar todos sus derechos, los pisotean porque se trata de débiles y pequeños seres indefensos, inocentes, sin alguien que los organice para exigir sus derechos, ellos sí olvidados de toda política pública porque los niños no votan, no se manifiestan haciendo pintas y excluyendo a sus “enemigos” con agresiones.

Si a la mujer se le mata por ser mujer y se tipificó el delito de feminicidio por esa agravante, al niño que se le mata por ser niño ya no se le puede defender bajo alguna concepción jurídica especial, porque hace unos años fue eliminado del código penal el delito de infanticidio.

Cifras del INEGI de 2017 señalan que en México alrededor de 2.5 millones de menores no asisten a la escuela, mientras que 3.2 millones se ven obligados a trabajar, de los cuales el 20 por ciento se encuentra en condiciones de riesgo y explotación.

Datos del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) detallan que en México 6 de cada 10 niños sufren castigos físicos o humillantes en sus hogares “generando un entorno hostil que perpetúa las relaciones violentas en el hogar, la escuela y la comunidad”.

Es cierto, cada día en México un promedio de al menos 10 mujeres son asesinadas (3 mil 752 en 2018 según datos del INEGI). Pero también tomando ese mismo año y data como referencia, 4.1 niños mueren asesinados en el país al día (78 menores de 1 año de edad, 104 de 1 a 4 años, 92 de 5 a 9 años, 193 de 10 a 14 años, 205 de 15 años, 332 de 16 años y 501 de 17 años, un total de mil 505).

La organización Save the Children elaboró un informe en 2018 titulado “Construyendo una vida mejor con la niñez”, el cual certifica la alta tasa de homicidios de menores de edad en México que llega a los 4.9 asesinatos por cada 100 mil habitantes superior por ejemplo a Siria (1.0) o Palestina (2.7).

Un reportaje realizado por Eme Equis  y Connectas publicado en octubre del año pasado detalla que 36 por ciento de los homicidios contra menores de edad son con arma de fuego, 15 por ciento ahorcados, 10 por ciento arma blanca, 5 por ciento por maltratos o negligencia y el resto por otras causas. 

La investigación también mostró que no hay protocolos de investigación como sí existe en los feminicidios, por ejemplo, y a grandes rasgos que el tema del homicidio de infantes es letra muerta como tal para las autoridades.

Habría que sumar, sin cifras precisas, que los niños son víctimas de explotación sexual, tráfico de órganos, migración sin acompañantes y en México se presenta el fenómeno del matrimonio infantil, como el INEGI mismo lo señala con sus datos más recientes de 2016 en los que se detalla que 11 mil 457 adolescentes de entre 12 y 17 años contrajeron matrimonio civil, aunque de unión libre se calcula son el triple.

Pero dejemos de comparar sólo a niños con mujeres, su grado de victimización y vulnerabilidad. Ahora hagámoslo con números generales y con Jalisco como marco de referencia. 

Según la herramienta MIDE (Monitoreo de Indicadores de Desarrollo de Jalisco), el año en que se han presentado más feminicidios desde que inician los registros fue 2015, cuando se contabilizaron 62. La cuenta inicia en 2014, con 37 feminicidios, luego en 2016 hubo 48, en 2017 bajó a 27 y en 2018 volvió a subir a 32. El año pasado se disparó hasta 54 y, en enero de 2020, se registraron 2 casos.

Ahora vamos con homicidios dolosos en general, también en el recuento que MIDE hace desde 2014. Ese primer año fueron 904 (de esos 37 fueron feminicidios, el 4.1 por ciento), en 2015 fueron mil 17 asesinatos (62 feminicidios, el 6.1 por ciento), en 2016 hubo mil 105 homicidios (48 feminicidios, el 4.34 por ciento).

En 2017 siguió la curva ascendente y se llegó a mil 329 asesinatos (27 feminicidios, el 2.03 por ciento), en 2018 se dio un incremento notorio al llegar a mil 992 asesinatos (32 feminicidios, el 1.61 por ciento) y en 2019 por vez primera en Jalisco se pasaron de los 2 mil asesinatos dolosos al llegar a 2 mil 28 (54 de ellos feminicidios, el 2.66 por ciento). En enero hubo 148 homicidios dolosos (2 feminicidios, el 0.68 por ciento).

En otros indicadores que estos sí me dan mucho gusto, la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo con cifras hasta el segundo trimestre de 2019, señalaba que en Jalisco el 47.98 por ciento de la fuerza laboral era femenino (en 2014 era del 46.69), que el 97.42 por ciento de la población femenina trabajaba (contra el 96.8 por ciento de la población total), que el porcentaje de participación en puestos públicos del más alto nivel (diputadas, titulares de secretaría, magistradas, alcaldesas) pasó de 11 por ciento en 2014 a 28 por ciento en 2018.

A las mujeres en Jalisco por hora trabajada se les pagaba 31.5 pesos en 2014 y en 2019 llegó a 39.32 en promedio, mostrando ahí sí un evidente rezago pues a nivel general los valores en 2014 eran de 34.1 pesos y en 2019 de 41.2 en promedio (es decir un 4.6 por ciento más que a las mujeres).

Con todo lo anterior no pretendo ni con mucho desdibujar la legitimidad de las demandas de las mujeres en esta manifestación del 9M, “huelga” que no deja de causar prurito porque es apoyada por “los opresores”, quienes desde la comodidad de sus puestos directivos -desde la presidencia, gubernatura, alcaldía, rectoría, partidos políticos hasta los CEO’s  de la iniciativa privada- ya les autorizaron faltar sin que repercuta en sus sueldos. 

Lo que sí busco muy sentidamente es que volteemos a ver a los niños, los protejamos de verdad de los adultos (hombres o mujeres) que abusan de ellos, que los pongamos en la palestra principal y que seamos conscientes de que virtud a su esfuerzo las mujeres han logrado escalar hacia la necesaria igualdad, pero en su emancipación se han olvidado -como los hombres- de los niños, quienes quisieran cantar la misma tonadita: “los violadores son adultos, el asesino es familiar…”

PARTIDIARIO

Violencia: Cuando parecía que la violencia menguaba, los grupos criminales se encargaron de recordarnos que vivimos en la tierra del cártel Jalisco. Cinco hombres muertos ejecutados en Tonalá el sábado, dos mujeres asesinadas también ese día. La madrugada del domingo ataques a bares en Tonalá y Lagos de Moreno con saldo de siete personas asesinadas y 14 con diversas lesiones, incluidos tres menores de edad; además, en el interior de un vehículo que presentaba impactos de arma de fuego fueron encontrados los cadáveres de dos hombres…

Y ya con esta: Ahí viene ya el chingadazo presupuestal para ampliar la planta de El Ahogado, en los límites entre El Salto y Tlajomulco, para que ahora sí como se decía en 2012 cuando fue inaugurado, podrá limpiar todos los residuos del drenaje del sur de Guadalajara y del área industrial de El Salto, subiendo en casi mil litros por segundo su capacidad de tratamiento según pregona el gobernador Enrique El Constructor. Y será duro, superior a los 800 millones de pesos. Esperemos para ver quién recibirá el súper contrato para una obra que ya debía haber devuelto desde hace años la vida a las aguas del río Santiago y que se convirtió en otro más de los engaños políticos que aún se siguen pagando…

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