Frenón económico

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La economía china, que por lo general goza de excelente salud, está casi paralizada mientras las autoridades combaten un coronavirus que ha matado a más de 2,300 personas y atacado a decenas de miles más. Ahora, cientos de millones de personas viven prácticamente aisladas mientras las barricadas bloquean pueblos enteros y las autoridades locales prohíben que las empresas vuelvan a abrir sus instalaciones.

Sin embargo, a pesar de la emergencia, líderes empresariales y los economistas de China dicen “basta” cada vez más. Sostienen que, si bien China debe frenar el brote, algunos de sus métodos están perjudicando la vida y la subsistencia de millones de personas y no contribuyen mucho a los esfuerzos de contención.

“Hay que llegar a un equilibrio que ayude a proteger vidas”, escribió James Liang, presidente ejecutivo de Trip.com, la agencia de viajes por internet más importante de China, en un ensayo muy difundido esta semana. Nadie duda que la enfermedad todavía sea un problema grave, en especial en la provincia de Hubei y su capital Wuhan. Según cifras oficiales, más de 70,000 personas se han enfermado. Los expertos médicos extranjeros han insinuado que tal vez la cifra total verdadera sea mucho más elevada.

No obstante, empresarios y economistas están comenzando a cuestionar si las cuarentenas obligatorias de catorce días, las barricadas y los puestos de revisión en verdad son necesarios para la mayor parte del país, en especial en las provincias lejanas a Hubei, en las que ha habido muy pocos casos.

El debate no se da mucho en un país donde por lo general se censura o se aplasta la disidencia. Incluso asuntos como los negocios y la economía, que solían considerarse temas de conversación relativamente lícitos, se han vuelto delicados a medida que la economía china se ha desacelerado y que el Partido Comunista ha endurecido su control sobre más aspectos de la vida en China.

Sin embargo, incluso el gobierno de China ha reconocido los daños ocasionados a la economía del país, lo que ha avivado más el debate a nivel nacional sobre cuál podría ser el momento de decir basta.

Los efectos no solo se sienten en China, pues también afectan a empresas como Apple, General Motors y Adidas. Por ejemplo Amazon, el gigante del comercio electrónico, está tomando medidas para mantener abastecidos sus anaqueles virtuales. Pekín se enfrenta a un difícil acto de equilibrio. Está exhortando a los funcionarios de todo el país a continuar con lo que Xi Jinping, el dirigente supremo del país, ha llamado “la guerra del pueblo”. Al mismo tiempo, ha exhortado a los trabajadores y a los agricultores a regresar al trabajo y ha tomado medidas para ayudar a las empresas.

En contraste, los funcionarios de salud de China insisten en que es demasiado pronto para suspender, sin más, todas las medidas que han impuesto.

Ahora bien, muchas empresas chinas, particularmente los pequeños negocios, parecen estar en problemas. Un tercio de las pequeñas empresas en el país oriental están a punto de quedarse sin efectivo en las próximas cuatro semanas, según una encuesta de mil dueños de negocios realizada por la Universidad de Pekín y la Universidad de Tsinghua. Otro tercio se quedará sin efectivo en los próximos dos meses.

Las opciones de Pekín son arriesgadas. Recientemente nuevos datos mostraron que la cantidad de infecciones últimamente confirmadas se había reducido drásticamente. Sin embargo, gran parte de esa caída parecía reflejar una restricción en la definición de infección confirmada.

No obstante, las señales de avance junto con una mayor inquietud sobre la economía han hecho que se pida a Pekín relajar sus medidas. Un equipo de economistas chinos, principalmente de la Universidad de Pekín y de la empresa bursátil Huachuang Securities, escribieron la semana pasada un análisis que se ha difundido mucho por internet donde se presentaba una perspectiva crítica a los trabajos de contención. En él sostenían que demasiadas regiones chinas hicieron tantos esfuerzos por detener el virus en lugares donde había pocos casos de coronavirus, que estaban impidiendo el comercio normal entre las ciudades.

Ninguna empresa ni ciudad puede reanudar la actividad normal por sí sola debido a que todas las empresas y comunidades necesitan materiales y trabajadores de otros lugares, escribió esta semana en internet Lu Zhengwei, economista en jefe de Industrial Bank en la provincia de Fujian. “Es necesario retomar la vida urbana normal” para que la economía repunte, añadió.Sin embargo, si Pekín vuelve a la normalidad demasiado rápido, podría ocurrir que cuando se reunieran grandes grupos de trabajadores en sus fábricas y oficinas se podría reactivar la propagación del coronavirus, algo que ni los dirigentes empresariales ni el gobierno desean que suceda.

E-commerce China Dangdang, una empresa de ventas por internet con sede en Pekín, pasó por esa pesadilla esta semana. Uno de los empleados de la empresa presentó fiebre el martes y, para el miércoles en la noche, el Centro Chino para el Control y la Prevención de Enfermedades había diagnosticado que esta se debía al coronavirus.

La empresa señaló que había ordenado a todos los empleados que trabajaran desde su casa. Se ha puesto en cuarentena en sus hogares a quienes se sentaron cerca de ese trabajador infectado.

Trabajar en casa puede ser una opción para las empresas como Dangdang, pero las fábricas no pueden darse ese lujo. Muchas fábricas no están funcionando a toda su capacidad, ni siquiera cuando en las empresas de todo el mundo están menguando sus inventarios de productos y componentes fabricados en China.

Se están tomando cada vez más medidas para contrarrestar los efectos de las rígidas restricciones impuestas sobre el traslado de personas y mercancía. Ahora el coronavirus amenaza con elevar los precios de los alimentos todavía más. El Ministerio de Agricultura ha ordenado a las aldeas de todo el país que quiten las barricadas y los puestos de revisión y que permitan el traslado de forraje y ganado. Pero ya ha habido informes de sacrificios masivos de aves de corral por falta de alimento, y el precio del pollo se ha desplomado de manera temporal, como señal de posibles ventas de pánico. Si el 2019-nCoV detiene su avance antes de que finalice febrero, China y el mundo sufrirán apenas una leve bajada en el PIB, coinciden los analistas consultados. Pero si continúa propagándose, las consecuencias son incalculables. El impacto global podría ser hasta cuatro veces mayor que el del brote de SARS [síndrome respiratorio agudo grave] en 2003. Es por eso, por lo que a medida que China lucha por contener el coronavirus, se hace cada vez más evidente que el paro económico tendrá un impacto en el mundo, explica un documento de Bloomberg Economics. La firma de análisis pronostica que el PIB chino se desacelerará hasta el 4.5% durante los primeros cuatro meses del año, después de haber crecido un 6% en el último cuatrimestre de 2019. Bajo este escenario, el PIB mundial podría reducir su avance un 0.4%. Los mayores afectados serán Hong Kong, Corea del Sur, Vietnam, Brasil, Australia, Indonesia y Japón. Son muchos los sectores que están sufriendo los efectos del coronavirus, aunque aún es pronto para evaluar su impacto. Entre los más expuestos figuran los bienes de consumo, con su máxima incidencia en los de lujo, donde el gigante asiático mueve el 33% de las compras globales, ya sea dentro o en los viajes fuera del país.

El turismo es el otro gran afectado, ya sean aerolíneas, hoteles, navieras o centros de ocio. El cierre de fronteras, las suspensiones de vuelos, cancelaciones de viajes y circuitos sin duda harán merma en las cuentas del sector, por lo que luego entonces, no es solo la salud humana la afectada con este virus, sino también la economía global que ya se encuentra en riesgo de una recesión.

Las expectativas de la economía mundial en 2020 no son muy altas. Esa es la conclusión que se puede sacar del texto que escribió la secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) Alicia Bárcena, en un blog del think tank “The Dialogue”, con sede en Washington. Las crecientes tensiones en el Medio Oriente, la guerra comercial entre China y EE. UU., y la epidemia del coronavirus son las principales razones que nublan aún más el escenario económico: “El crecimiento de China, que se espera sea inferior al seis por ciento -la tasa de crecimiento más baja de los últimos 30 años-, es probable que se reduzca aún más por el brote del coronavirus”, se menciona en el artículo.

En consecuencia, la prolongación de las vacaciones de año nuevo chino podría haberle costado al país asiático un 3% de su producto interno bruto (PIB) en el primer trimestre. Sin embargo, aún no puede preverse la gravedad del virus para la economía china, ya que la enfermedad sigue extendiéndose. Si la producción en China se detiene durante mucho tiempo, se obtendrán menos bienes y habrá menor demanda de materias primas. Esto afecta a todo el mundo, ya hemos visto cómo la economía china, el tráfico aéreo y las cadenas de suministro globalmente integradas se han visto perturbadas. Por supuesto, esto tiene consecuencias para la economía mundial y ciertamente para América Latina.

Si China produce menos, esto repercutirá seguramente más fuerte en Sudamérica que en otras regiones del mundo. Claro está que unos países se verán más afectados que otros.

Por un lado, la economía de México está completamente orientada hacia EE. UU. Por otro, Chile destina un tercio de sus exportaciones a China y solamente un 14% a la Unión Europea y Estados Unidos. China es el principal proveedor de mercancías de al menos diez países de Suramérica y es un mercado de ventas esencial para casi todos los países de la región. Por ejemplo, Brasil y Perú envían más de una cuarta parte de todas sus exportaciones a China. Las relaciones transpacíficas no son solamente comerciales. Desde 2005, China ha concedido préstamos por un valor de más de 140,000 millones de dólares en América Latina, casi tanto como lo ha hecho en África. El país también ha invertido masivamente, con la participación de empresas chinas en proyectos privados y públicos. EE. UU. y Europa hacen muy poco para ofrecer a estos países alternativas que sean más atractivas que las de China. Si China colapsa no solo Sudamérica tendría un problema. En general, los países sudamericanos tienen una conexión más bien débil con el mundo: en Chile, que tiene una economía tradicionalmente abierta, la tasa de exportación está ligeramente por debajo de la media mundial del 30%. En tanto, en Brasil y en Argentina es de menos del 15%, mientras que en la UE es del 45%.

Especialmente para los países del Mercosur y los Estados asociados, la demanda nacional y regional ha demostrado ser un ancla de estabilidad. El comercio dentro del bloque ha sido bastante sustancial en los últimos años. De ahí pues que quizá no vea un gran problema con respecto a una posible recesión a causa del coronavirus, al menos no para el Mercosur. China tendría que colapsar por completo, pero entonces no solo Sudamérica tendría un problema.

El coronavirus ha generado afectaciones económicas.

El brote de coronavirus en China ha generado afectaciones económicas que sacuden a los mercados mundiales de productos básicos e interrumpen las redes de suministro que actúan como el pilar que sostiene la economía mundial. Los precios de materias primas industriales clave como el cobre, el mineral de hierro, el aluminio y el gas natural líquido se han desplomado desde que apareció el virus. Las monedas de países que exportan estos bienes a unas tarifas elevadas —entre los que se encuentran Brasil, Sudáfrica y Australia—, están en los niveles más bajos que se hayan registrado recientemente. Y los productores, las mineras y los fabricantes de productos básicos de todo tipo están considerando si se verán obligados a retrasar la producción por temor a saturar sus inventarios. Las tribulaciones en los mercados de las materias primas —se puede decir que son el activo que peor se ha desempeñado en los mercados financieros este año— reflejan una realidad básica. China, con su economía acentuadamente industrial, es el consumidor más importante de materias primas del planeta.

Además, los esfuerzos drásticos para apaciguar el brote, incluido el cierre de Wuhan, una ciudad de 11 millones de habitantes, y las graves restricciones en el transporte a lo largo de todo el país, han desacelerado la economía china de manera marcada. Los economistas de JPMorgan ahora piensan que la economía de China crecerá a un ritmo de solo un uno por ciento en el primer trimestre, una caída importante de una predicción inicial que anticipaba una tasa del 6.3 por ciento.

La recesión será más pronunciada en el sector industrial. La mayoría de las provincias chinas extendieron la celebración del Año Nuevo lunar y mantuvieron cerradas las fábricas hasta el lunes 10 de febrero en un esfuerzo por contener el virus. Algunas han reabierto, pero podrían pasar semanas o meses antes de que la producción pueda aumentar por completo. Este es el desafío más importante para las cadenas de suministro que se han desarrollado en décadas recientes para entregar un suministro continuo de materiales que hacen agitarse a las fábricas chinas.

Los mercados de productos básicos han dado tropiezos a medida que esas fábricas han permanecido improductivas. El mineral de hierro disminuyó en más de un 10 por ciento este año. El cobre, cerca de un 8 por ciento, al igual que el níquel, un componente básico del acero inoxidable. El zinc y el aluminio han disminuido en más de un 5 por ciento en 2020. Así las cosas, aun no se saben a ciencia cierta las repercusiones económicas que tendrá el coronavirus en las finanzas globales, lo que si es cierto es que la emergencia sigue creciendo.

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