Morena: un PAN y un PRD en tu camino

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El hito que Andrés Manuel López Obrador logró con el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), tal vez no tenga precedente en la historia de los partidos políticos en México. En poco más de seis años logró crear el partido político más votado en la historia del país, y convertirlo en el nuevo partido hegemónico.

Morena nació como movimiento político en octubre de 2011, cuando López Obrador todavía era candidato presidencial del Partido de la Revolución Democrática (PRD), y se convirtió en asociación civil el 20 de noviembre de 2012, una vez que pasaron las elecciones y López Obrador renunció y se deslindó del PRD. En dos años Morena logró su registro como partido político nacional, el 9 de julio de 2014, y cuatro años después se convirtió en el partido más votado en la historia de México con más de 30 millones de votos.

Pero así como su ascenso fue meteórico, todo indica que su descenso también será igual de rápido para convertirse en otra organización que solo busca el poder, invadida de conflictos, divisiones y crisis que padecen todos los partidos tradicionales.

Esto es lo que deja ver el conflicto por la dirigencia nacional de Morena que se disputan como caníbales dos corrientes visibles. Una encabezada por Yeidckol Polevnsky y otra por Bertha Luján. La segunda se reclama como la corriente fundadora y más cercana al presidente López Obrador. Y es esta corriente la que en el Congreso VI Congreso Nacional Extraordinario, impuso a Alfonso Ramírez Cuellar (ex dirigente de El Barzón) como presidente provisional. Sagaz y astuta, Yeidckol Polevnsky, interpuso recursos legales que buscan dejarla como presidenta en funciones.

Pero no nos entretengamos más ni en nombres de políticos profesionales que se disputan la dirigencia de Morena, o las corrientes que la fragmentan. Eso no es lo importante. La crisis que atraviesa Morena no es producto, solamente, de la ambición de sus dirigentes o de sus grupos internos. Aunque estos existen y se disputan a muerte el gran botín de ser ahora el partido hegemónico en México.

El problema de fondo en Morena es el que padecen todos los partidos en el sistema político liberal en el orden capitalista vigente. Es la versión ideologizada, o romantizada, de la participación política liberal. Si quieres intervenir en política, funda o milita en un partido.

La idea de que los partidos políticos son el principal (o único) método de participación en la vida pública de un país o comunidad, y de que son el instrumento primordial para disputar y ejercer el poder público y así intervenir en los destinos de una nación.

Esta versión se contrapone a la versión realista o crítica de quienes ven a los partidos como simples maquinarias electorales que disputan el poder a favor de los grupos dirigentes de los partidos, como han develado desde hace mucho politólogos italianos (realistas del ejercicio del poder desde Maquiavelo) como Angelo Panebianco.

En la narrativa ideológica de López Obrador (que no dudo que la crea a pie juntillas), Morena fue fundado con buenas intenciones para transformar la vida pública de México. Pero esa versión ideologizada de Morena, se contrapone con la realidad.  En la versión realista de las funciones partidistas, politólogos como Anthony Downs sostienen que “Los partidos desarrollan políticas para ganar las elecciones; no ganan las elecciones para desarrollar una política”.

Esto es lo que le está pasando a Morena, por más discurso de la Cuarta Transformación que digan sus dirigentes.

Y no hace falta revisar tanta literatura de politólogos liberales realistas sobre el papel que cumplen los partidos en el sistema político que legitima el capitalismo.

Basta ver la experiencia mexicana a través de los partidos Acción Nacional (PAN) y de la Revolución Democrática (PRD). La historia y experiencia de dos organizaciones que nacieron genuina y legítimamente como partidos opositores al régimen autoritario del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y que cuando llegaron al poder (el PRD en 1997 en el Distrito Federal, y el PAN a nivel nacional en el 2000), pronto se convirtieron en aparatos de disputa del poder, y transformaron a sus militantes opositores en meros burócratas defensores de sus privilegios.

En esto se está convirtiendo Morena. No hay motivo para dudar de miles de sus militantes que creen a pie juntillas en que forman parte de un movimiento transformador, de regeneración de la vida pública. Pero por encima de estas buenas voluntades se imponen los intereses y disputas de los dirigentes y corrientes pragmáticas que se olvidaron del discurso ideológico para convertirlo todo en mera politiquería de cálculo y beneficio.

Eso es ahora Morena: un aparato de cálculo de costo beneficio personal, por más que se traicione las buenas intenciones de de militantes de base. Tal como ocurrió con el PAN y el PRD en su momento. Morena va en el mismo camino.

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