CARRERA DEMÓCRATA

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En las primarias demócratas y elecciones presidenciales de 2020, que se celebrarán en noviembre, no solo está en juego el futuro de Estados Unidos, sino también el impacto de su próxima presidencia en el resto del mundo, si es que la hay.

El senador Bernie Sanders, de 78 años, ganó este martes las primarias demócratas en el estado de New Hampshire y se sitúa como favorito en el inicio de la carrera para encontrar el rival que se enfrentará a Donald Trump en las elecciones presidenciales del 3 de noviembre. Comenzaron las primarias del Partido Demócrata. Entre febrero y junio, 56 circunscripciones (50 Estados y seis territorios) celebrarán votaciones y caucus (asambleas de partidos) para elegir a un nominado –o nominada– en la convención demócrata, que tendrá lugar del 13 al 16 de julio. El Partido Republicano no depara sorpresas. Celebrará su convención entre el 24 y 27 de agosto y su candidato, Donald Trump, se juega la reelección en las elecciones presidenciales del 3 de noviembre.

¿A quién se enfrentará? Tras casi un año de precampaña y siete debates televisados (quedan otros tres), sigue siendo imposible determinar qué candidato obtendrá la nominación. El centroizquierda en 2020 está dividido, como el Partido Republicano en 2016 (lo que facilitó a Trump obtener la nominación). A nivel ideológico, el conservadurismo de Joe Biden, vicepresidente de Barack Obama, se enfrenta a la “revolución política” del senador socialista por Vermont, Bernie Sanders. Como opción intermedia, la senadora por Massachusetts Elizabeth Warren, del ala izquierda del partido pero más moderada que Sanders. Biden y Sanders cuentan con una hoja de ruta clara para obtener la nominación. Warren tiene menos posibilidades de ganar y compite contra varios candidatos moderados de segunda fila: Pete Buttigieg, Michael Bloomberg y Amy Klobuchar.

Un frontrunner (candidato principal), un insurgente y varios contendientes con posibilidades de sorprender (dark horses, en la jerga electoral). Ante semejante escenario, el arranque en Iowa, que celebró sus caucus el 3 de febrero, siempre se ha considerado determinante. Pero también importarán los otros tres early states, Estados que se anticipan celebrando primarias (New Hampshire que ya fue el 11 de febrero, Nevada el 22, Carolina del Sur el 29), así como el supermartes (3 de marzo) en el que votan quince jurisdicciones, incluido el Estado más poblado y relevante del país, California. A partir de ahí, cada martes de marzo presenciará primarias en varios Estados, por lo que a principios de abril podría emerger un ganador. De lo contrario, el Partido Demócrata se encaminará hacia una convención disputada.

La posición de Biden puede recordar a la de Hillary Clinton en 2016, pero el símil es engañoso. Clinton solo se enfrentaba a un Sanders que armó una campaña improvisada sin expectativas de ganar. Además, contaba con el respaldo del establishment demócrata y una mayoría de votantes latinos y negros, imprescindibles para obtener la nominación. Hoy las élites demócratas no apoyan a Biden con unanimidad; la campaña de su principal rival está mejor organizada, y la ventaja entre votantes negros es mucho menor que en 2016 (entre latinos, Sanders le sobrepasa). Su posición se ha debilitado a lo largo de enero y se expone a perder en varios early states. No obstante, dispone de dos recursos útiles. Según los sondeos, y a diferencia de Clinton en 2016, Biden es –por poco– el demócrata más competitivo contra Trump. En segundo lugar, retiene un promedio de cinco puntos sobre Sanders, su rival más próximo. Todo esto le permite construir un aura de inevitabilidad en torno a su figura. El mensaje: su candidatura es la primera, además de la única viable. Así que urge dejarse de disputas internas y veleidades izquierdistas para centrarse en derrotar a Trump.

Bernie Sanders con simpatizantes.

Para que ese discurso cuaje, Biden necesita dos cosas. En primer lugar, algo que ya no sucedió, un arranque fuerte en Iowa que le permita aguantar la probable victoria de Sanders posteriormente. Al tratarse de un caucus y no unas primarias, le resultará imprescindible el apoyo de candidatos moderados –como Klobuchar– que no alcancen gran porcenaje de apoyo necesario para obtener delegados en Iowa. En segundo lugar, los votantes negros –en concreto los de mayor edad– deben hacer de “cortafuegos” en Estados más diversos (es decir, menos blancos que Iowa y New Hampshire) frente a su rival, como ya lo hicieron con Clinton. Si cumple con estas dos condiciones y continua revirtiendo el liderazgo de Sanders en las encuestas de California, podría arrancar el mes de marzo presionando al resto de candidatos moderados para que le apoyen.

En resumen, Biden necesita aferrarse a la idea de una primera posición, aunque sea por un margen escaso, para presentar unas primarias prolongadas como un proceso irresponsable que debilita al partido de cara a noviembre. El espectro de un arranque débil pesa sobre su campaña: ningún candidato demócrata reciente se ha hecho con la nominación sin ganar en Iowa, New Hampshire o ambos.

Por otro lado, la sorpresa llegó. En octubre nadie apostaba por Sanders. Tras sufrir un infarto y renqueando en las encuestas, su viabilidad parecía dudosa. Entonces sucedió algo llamativo. Las estrellas emergentes de la izquierda demócrata –Alexandria Ocasio-Cortez e Ilhan Omar– le apoyaron en el momento de mayor debilidad. Sus partidarios acudieron en masa (unos 27,000) a su primer mitin tras salir del hospital. La resistencia de Sanders guarda relación con el entusiasmo que inspira entre sus seguidores, unido al músculo organizativo que lleva construyendo durante cuatro años, convencido de que su candidatura debe construir un movimiento popular poderoso. En el cuarto trimestre de 2019, su campaña recaudó 34.5 millones de dólares en micro-donaciones, de modo que solo el multimillonario Bloomberg puede competir con su financiación electoral.

Sanders llegó a Iowa en una posición envidiable. Los sondeos en el Estado le otorgaron desde un principio una pluralidad del voto y algunas encuestas nacionales lo empataron con Biden. Pero esta remontada ha sido tan repentina que los demás candidatos apenas han tenido tiempo de unirse contra su ascenso. De esta manera, desembarca sin tener que satisfacer expectativas inasumibles. El entusiasmo y organización de sus militantes debería ayudarle en los caucus, donde es necesario convencer a otros asistentes, no solo hacer acto de presencia y votar.

En su escenario ideal, Sanders evita que la nominación se convierta en otro cuesta arriba agotador contra el establishment demócrata. Primero, con victorias contundentes en Iowa y New Hampshire. Un primer puesto más ajustado en Nevada –gracias al voto latino– y un segundo lugar aceptable en Carolina del Sur (gracias a los votantes negros jóvenes, que se inclinan por Sanders; así como por la pérdida de apoyo de Biden entre los más ancianos, tras revelarse que apoyó recortes a la seguridad social) le permitirían llegar al supermartes como frontrunner y ganar holgadamente en California, donde lidera las encuestas. A partir de ahí podrá –y necesitará– consolidar suficiente ventaja como para evitar que la convención, organizada por demócratas moderados, se convierta en una emboscada.

Sanders, que se ubica en el espectro más de izquierda del Partido Demócrata y que ya peleó con Hillary Clinton por la candidatura en 2016, logró el 26% de los votos de los afiliados demócratas en New Hampshire por delante del 24.3% de PeteButtigieg, de 38 años y que se había impuesto al senador por un estrecho margen en Iowa la pasada semana.

“La victoria de hoy es el principio del fin de Donald Trump”, dijo ante sus seguidores Sanders, que calificó al presidente como “el más peligroso de la historia”.En tercer lugar quedó la también senadora Amy Klobuchar con 19.8%,. Ya más lejos se situaron Elizabeth Warren y Joe Biden, exvicepresidente de Estados Unidos con Barack Obama de 2008 a 2016 y cuyos resultados han decepcionado en el arranque de la larga carrera de primarias en el Partido Demócrata.

La competencia continúa el 22 de febrero con los caucus (asambleas) en Nevada. La primera fecha más significativa para empezar a ver tendencias más claras será el 3 de marzo en el llamado “Supermartes”, en el que se celebran primarias o caucus en 14 estados del país. Cada estado reparte proporcionalmente delegados para cada candidato en función de los votos y serán esos delegados los que elegirán al ganador en la convención demócrata, que se celebra del 13 al 16 de julio en Milwaukee.

Dos candidatos -Andrew Yang y Michael Bennet- anunciaron este martes que se retiran de la carrera, por lo que quedan nueve aspirantes en competición. El multimillonario Michael Bloomberg, un fuerte candidato, entrará en la pelea a partir de marzo.

Las elecciones a la presidencia de Estados Unidos se celebran el 3 de noviembre. El candidato o candidata demócrata se enfrentará a Trump, que buscará la reelección por el Partido Republicano. Hace cuatro años, Bernie Sanders ganó las primarias de New Hampshire con un 60% de votos. La cifra con la que se impuso este martes fue mucho menor, pero dado el número de candidatos el logro es igualmente impactante.

Y además, el orden de los competidores también ayuda a las aspiraciones de Sanders.

Biden, el único candidato con el que pierde a nivel nacional en las encuestas, está herido y quizás mortalmente.

Pete Buttigieg ocupó el segundo lugar, pero su éxito más allá de los dos primeros estados que realizaron caucus o primarias está por verse.

Warren, la mayor rival de Sanders por el voto liberal de izquierdas, aún debe demostrar que puede acercarse a él. El éxito de Amy Klobuchar asegura que seguirá tiempo en la carrera, por lo que el apoyo de los sectores más moderados se repartirá.

Hace cuatro años, Sanders se estrelló con un muro tras New Hampshire. Pero ahora, con mucho dinero, una organización que ha demostrado estar lista para la batalla en todo el país y una oposición dividida, su camino, aunque aún incierto, parece más prometedor que el de cualquiera de sus rivales.

El arranque de las primarias demócratas ha deparado varias sorpresas y catapultado candidaturas inesperadas. Si el caótico caucus de Iowa fue la plataforma de Pete Buttigieg, las elecciones en New Hampshire elevaron el perfil de Amy Klobuchar, quien con un tercer lugar se convirtió en la sorpresa de la jornada.

En Iowa el exalcalde de South Bend, Indiana, convenció a muchos de que su candidatura es viable y que es una fuerza a considerar entre los moderados del Partido Demócrata, esos que hasta hace pocas semanas veían al exvicepresidente Joe Biden como su mejor paladín en la confrontación interna con el “radicalismo” del senador Bernie Sanders y eventualmente, en noviembre, contra el presidente Donald Trump.

Para Klobuchar, senadora por Minnesota, el resultado de New Hampshire, donde logró casi el 20% de los votos (apenas 5 puntos menos que los que sacó el victorioso Sanders) también la dibujó como una candidata posible para los electores demócratas que puedan desconfiar de ese “extremismo socialista” que temen que sea la marca de Sanders o de su colega senadora Elizabeth Warren, quien quedó en un distante cuarto lugar.

Pero, como suele destacarse pasadas las dos citas iniciales de las primarias, estadísticamente Iowa y New Hampshire no tienen tanto peso y lo que pasa en esos dos estados no define necesariamente lo que vaya a pasar en el resto del proceso, como puede dar fe el senador republicano Ted Cruz, ganador del caucus de 2016, cuando le disputaba la nominación a Donald Trump.

Y para Klobuchar y Buttigieg entrar ahora a territorios más diversos como Nevada y Carolina del Sur, la antesala del Super Martes, puede reducir la base electoral que los respalda.

Con eso cuentan algunos de sus contrincantes, como Biden, quien el martes, sin esperar que se certificara el decepcionante quinto lugar que obtuvo en New Hampshire, desde Carolina del Sur recordó que con el cambio demográfico viene otra manera de votar.

Según los datos del Censo, en Carolina del Sur la tercera parte de la población es negra y para el Partido Demócrata representan casi las dos terceras partes de sus votantes. En Nevada los hispanos son el 24% del padrón electoral y también se considera que mayoritariamente apoyan a los demócratas.

A pesar de los reveses sufridos en la fase inicial de las primarias, las encuestas siguen mostrando a Biden como favorito en ambos estados, de acuerdo con el promedio de Real Clear Politics. En Carolina del Sur le sigue le sigue el multimillonario Tom Steyer, y en Nevada, Sanders.

En ambos estados tanto Buttigieg como Klobuchar lucen muy distantes de los punteros, con menos del 9% de las preferencias. Aunque impulsados por sus éxitos en Iowa y New Hampshire sus perfiles puedan haberse elevado y hacerse más atractivos para votantes que o bien no los conocían o no les prestaban atención considerando que sus opciones de triunfo eran remotas. Biden cuenta con la simpatía del electorado negro, en buena medida por haber sido la llave del primer presidente negro de la historia de EEUU, Barack Obama, aunque el exmandatario no ha dado su respaldo público a su antiguo compañero de la Casa Blanca.

En cambio, ni Klobuchar ni Buttigieg han dedicado mucho tiempo o dinero a cortejar a los grupos minoritarios, enfocados como estaban en el esfuerzo en el norte del país. Ahora que disponen de más recursos, ambas campañas están reforzando sus comandos en los próximos dos estados.

Este jueves estarán presentes en Las Vegas en un foro organizado por la Liga de Ciudadanos Latinoamericanos Unidos (LULAC, por sus siglas en inglés), junto a Steyer y Sanders, quien participará vía video.

Buttigieg ha tenido problemas para explicar algunos manejos de la policía South Bend en relación con la comunidad negra, que aunque eran previos a su gestión como alcalde, le han generado críticas por no haber resuelto el problema de fondo de la desconfianza social.

Sin embargo, Buttigieg hasta ahora ha sido el único de los aspirantes a la nominación demócrata que no ha estado en contacto con el Caucus Hispano del Congreso para diseñar políticas. La campaña asegura que el candidato se ha acercado individualmente a miembros de la organización que agrupa a los representantes hispanos que están en el Congreso.

Esta semana, Buttigieg ganó un importante respaldo cuando el congresista estatal JA Moore anunció que apoyaría al exalcalde, quien antes había dado su visto bueno a la senadora Kamala Harris, hoy fuera de la competencia.

El jueves la asambleísta de Nevada Sandra Jauregui anunció que apoyaba al candidato asegurando que respalaba su agenda de “empodereamiento de latinos y mujeres”. El mismo día la campaña anunció que había duplicado su operación en el estado a más de cien empleados.

En el esfuerzo de Klobuchar de vincularse con comunidades minoritarias destaca el respaldo de la congresista Linda Sánchez, de California.

Después de New Hampshire la campaña de Klobuchar, nutrida con fondos frescos llegados a raíz del inesperado tercer lugar obtenido, anunció que reforzaría sus operaciones en los siguientes dos estados del proceso de primarias.

A favor de los candidatos emergentes y en detrimento de Biden puede empezar a jugar la economía del voto. Con la estrella del exvicepresidente en declive, algunos electores pueden empezar a buscar otras opciones, sobre todo en un escenario en el que muchos demócratas tienen como principal objetivo evitar la reelección de Trump, de acuerdo con varias encuestas de opinión.

Sin embargo, el exvicepresidente y aspirante a la candidatura presidencial demócrata Joe Biden lidera las encuestas para los caucus de su partido en Nevada, que se celebrarán el próximo 22 de febrero, con un 21 % de la intención de voto y una ventaja de 3.5 puntos sobre el senador Bernie Sanders, según la media de sondeos de la página especializada Real Clear Politics. Biden cosechó unos decepcionantes resultados en las dos primeras citas de las primarias demócratas, lo que han provocado que se tambalee su condición de favorito.

Tras Sanders, ganador de las primarias en Nuevo Hampshire y segundo en Iowa, se encuentra la senadora Elizabeth Warren con un 11.5% de la intención de voto; justo después de ella y dando la sorpresa dados sus pobres resultados hasta la fecha se encuentra el millonario Tom Steyer (10 %).

Este promedio coloca al ganador en Iowa y segundo calificado en Nuevo Hampshire, Pete Buttigieg, en quinta posición en la intención de voto para los caucus de Nevada, estado con un gran número de latinos, un grupo poblacional entre el que de momento le ha costado ganar adeptos, seguida por la senadora Amy Klobuchar, la gran sorpresa de las primarias de Nuevo Hampshire de este semana.

Estos resultados contrastan con los sondeos nacionales, en los que Biden perdió esta semana el liderazgo a costa de Sanders.

La media de Real Clear Politics para las últimas encuestas sobre las primarias demócratas a nivel nacional le otorga el primer puesto al senador por Vermont, pues aglutina un 23.6 % de la intención de voto; seguido por Biden (19.2 %), y a continuación, el multimillonario Michael Bloomberg (14.8 %).

El cuarto y el quinto lugar lo ocupan Warren (12.4 %) y Buttigieg (10.6 %) y a mucha más distancia, Klobuchar, con un 4.6 % de los apoyos, y Steyer (1.8 %).

 

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