TRUMP, TAN CERCA Y TAN LEJOS DE LA REDENCIÓN

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El histórico proceso de impeachment (juicio político) contra el presidente de Los Estados Unidos de América del Norte, Donald Trump, que inició el Senado el pasado 21 de enero podría concluir este mismo viernes si no hay más testigos ni pruebas contra el mandatario de la Casa Blanca; mientras la oposición demócrata lucha por apartarlo del cargo, y los republicanos que controlan la Cámara Alta, buscan una rápida absolución. Quizá lo único que pudiera dar un giro de 360 grados al proceso sería que lo senadores que están en situación de indefinición crean más, al igual que la mayoría de los votantes, -según una encuesta-, en el fragmento del libro que se filtró al New York Times a través del cual el ex asesor de seguridad nacional, John Bolton, afirma que el mandatario retuvo la ayuda militar a Ucrania para que el país europeo investigara a sus rivales políticos.

Desde el inicio formal del proceso de impeachment, la pasada semana, demócratas y republicanos han argumentado el caso a favor y en contra de la destitución de Donald Trump, quien se ha convertido en el tercer presidente en la historia del país en ser juzgado por el Senado, después de Andrew Johnson en 1868 y de Bill Clinton en 1999.

Fue el 24 de septiembre de 2019, cuando la presidenta de la Cámara de Representantes de EE.UU., Nancy Pelosi, anunció el inicio de investigaciones para lanzar un juicio político contra Trump por abuso de poder y obstrucción del Congreso por presionar a Ucrania.

Presión a Ucrania

En el caso de Ucrania Trump pidió al presidente, Volodímir Zelensky, que investigara al ex vicepresidente demócrata, Joe Biden, y a su hijo Hunter. Según el mandatario estadounidense el trabajo de  Hunter Biden en la empresa gasista Burisma, constituyó un “conflicto de intereses” porque Joe Biden ejercía de vicepresidente en la Administración Obama.

El presidente hizo pública la mayor parte de la transcripción de la conversación con Zelensky cuando un denunciante anónimo dio la voz de alarma: la Casa Blanca había paralizado el envío de 391 millones de dólares en ayuda militar a Ucrania a cambio de las pesquisas.

La trama desencadenó la apertura de una investigación preliminar en la Cámara de Representantes que terminó en el juicio político que se celebra en el Senado.

La acusación sostiene que Donald Trump elegido presidente no tenía ningún interés en Ucrania, ni en los casos de corrupción que hubo en el país.

Diplomáticos que han colaborado en el juicio han aportado documentos, correos electrónicos y mensajes de texto que apuntan a la existencia de un canal extraoficial en Ucrania por el que Trump habría gestionado sus presuntas presiones al Gobierno.

La defensa del presidente argumenta que el abuso de poder no constituye un alto crimen o delito por el que destituir a un presidente. Dicen, además, que el proceso  carece de sentido porque responde a una estrategia política de los demócratas en pleno año electoral.

Una pieza clave en el proceso es John Bolton, quien fue el asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca hasta septiembre de 2019. Trump asegura que lo despidió, él, que dimitió. Su testimonio puede ser vital en el destino del proceso judicial, porque asegura que Trump condicionó la ayuda militar a Ucrania a la investigación a los Biden.

Trump.

La acusación considera que Trump sentó las bases para un “peligroso precedente”: que cualquier presidente se sienta por encima de la ley.

De acuerdo a los acusadores Trump instauró una política de no cooperación con la investigación abierta en la Cámara de Representantes impedir el testimonio de sus funcionarios y la entrega de documentos clasificados.

Pero la defensa se escuda en que el presidente ya hizo pública la única prueba real de su inocencia: la transcripción de buena parte de la conversación telefónica.

Al ser oídas las partes, los senadores votarán si se desestima el juicio por 51 votos o si hay que continuar, llamar a nuevos testigos e introducir pruebas adicionales antes de votar para lo que cuatro republicanos tendrían que sumarse al bloque demócrata.

Si no se desestima, el Senado escucha los argumentos finales y vota si el presidente debe ser absuelto o condenado por cada uno de los dos artículos del impeachment, para lo que se requiere dos tercios de la Cámara (67).

Analistas han destacado que al contar los republicanos con la mayoría en el Senado el proceso de impeachment contra Donald Trump podría ser desestimado por lo que el magnate podría terminar su mandato de cuatro años.

El objetivo central de los demócratas es conseguir suficientes votos de sus homólogos republicanos para aprobar la moción. A pesar de que inicialmente parecía que lograrían cambiar la voluntad de al menos cuatro senadores -el mínimo para obtener la mayoría-, la iniciativa ha perdido momentum. No obstante, las cifras son muy ajustadas y ninguna facción ha asegurado contar con los votos necesarios.

En tanto, el Senado de los Estados Unidos ha comenzado el segundo y último día de la etapa de preguntas a las partes involucradas en el juicio político a Donald Trump.

Los siete congresistas demócratas que actúan como fiscales (managers) y la defensa -compuesta tanto por abogados privados y contratados especialmente para la ocasión, como de la Casa Blanca- contestarán durante otras ocho horas preguntas de los senadores al respecto de los hechos en el centro de la acusación: que Trump retuvo cientos de millones de dólares en ayuda militar destinada a Ucrania a cambio de que el gobierno investigara a Hunter Biden, hijo de uno de los candidatos presidenciales demócratas, Joe, y luego obstruyó la investigación del Congreso al respecto.

Los demócratas, impulsores del proceso, buscan convencer a suficientes republicanos acerca de la necesidad de llamar testigos vinculados al caso. El principal objetivo es el ex asesor nacional de seguridad de la Casa Blanca John Bolton. Esto así debido a que el pasado domingo The New York Times publicó un artículo en el que indicó que en el libro que comenzó a escribir al dejar la Casa Blanca, Bolton respalda la versión de los demócratas respecto a los hechos que derivaron en el juicio político. El ex funcionario ya ha expresado su voluntad de testificar si es llamado al recinto.

La revelación causó que distintos republicanos insinuaran que podrían estar a favor de llamar a Bolton a testificar. La Casa Blanca, por su parte, prohibió la publicación del libro alegando que contiene “cantidades significativas de información clasificada”.

Los demócratas necesitan que al menos 4 de los 53 republicanos en el Senado apoyen su moción. Sin embargo, la cruzada demócrata ha perdido momentum durante los últimos días, y las partes involucradas han insinuado que la posibilidad de obtener las voluntades necesarias parece más lejana.

Tres senadores que eran considerados como posibles aliados -Patrick Toomey, Cory Gardner y Martha McSally- se mostraron en contra de llamar testigos. Y hasta el jueves, tres senadores republicanos han manifestado que evalúan votar junto a los demócratas: Mitt Romney, Susan Collins y Lisa Murkowski.

De efectivamente votar los senadores de esta manera, habría un empate con 50 votos por lado. Y no hay lineamientos legales que determinen cual es el paso a seguir. Por ello, se evalúan dos posibilidades: que el presidente de la Corte Suprema y juez en el proceso, John Roberts, decida romper el empate; o que se desentienda y, al no tener los demócratas una mayoría efectiva, pierdan la votación.

La líder demócrata en la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, pidió en su conferencia de prensa semanal que, de darse ese escenario, Roberts tomara la decisión: “Déjenselo al presidente de la Corte Suprema”, expresó. “Rezo y espero para que el Senado tenga el coraje de escuchar la verdad sobre las acciones del Presidente”, agregó.

De no prosperar la moción para llamar testigos, el proceso podría terminar el mismo viernes. Distintos senadores republicanos han manifestado públicamente su voluntad de llevar a cabo la votación para condenar o sobreseer y evitar dos etapas que si se dieron durante el juicio político anterior, a Bill Clinton en 1999: escuchar argumentos de cierre de las dos partes y mantener conversaciones a puertas cerradas.

“Personalmente he escuchado suficiente”, dijo el senador Mike Rounds, un republicano de Dakota del Sur. “Estoy listo para votar”, agregó. En tanto, el argumento contrastante de los demócratas estuvo ilustrado por el senador Chris Murphy, de Connecticut: “(Estamos) considerando todas nuestras opciones parlamentarias para forzar tantas votaciones como podamos” para dejar asentada la posición republicana. “Sé que quieren mirar el Super Bowl, pero no los eligieron para eso”, cerró.

La nueva pesquisa (elaborada con 1,200 encuestados) refleja que, respecto a un estudio anterior, un 11% más de votantes registrados quieren que llamen a testigos. Un 12% de los que antes no lo veían necesario ahora no están seguros.

El problema de Donald Trump, se llama John Bolton, quien con sus revelaciones ha polarizado el país de forma que ahora son menos los republicanos que quieren escuchar a los testigos (56% respecto al 43% de la anterior encuesta). Por su parte, tanto demócratas (un 86%) como independientes (un 53%) siguen requiriendo las declaraciones de testigos.

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