MANDATARIO ACOTADO

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El nuevo presidente del Gobierno español, el socialista Pedro Sánchez, tuvo que batallar durante cuatro años, con dos investiduras fallidas y con cuatro citas con las urnas, para conseguir al fin formar un gobierno del PSOE, esta vez en coalición con Unidas Podemos. Se trata del primer gobierno de coalición en los 42 años de democracia en España.

“Ha sido rápido, simple y sin dolor; el dolor viene después”, le dijo en broma el rey Felipe VI a Sánchez tras el acto de toma de posesión. Se refería a la brevedad de esta ceremonia del miércoles, frente al largo camino que tuvo que recorrer Sánchez hasta su elección parlamentaria y su investidura. Pero las palabras del rey marcan el futuro de este nuevo Gobierno de coalición que no cuenta con la mayoría parlamentaria suficiente para legislar sin tropiezos.Este triunfo por escaso margen del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y Unidas Podemos es un éxito de la política, que en esencia es el arte de la negociación para llegar a acuerdos. Pedro Sánchez y Pablo Iglesias (líder de Unidas Podemos) terminaron a la fuerza por comprender, después de años de sufrimiento, que solo un Gobierno de coalición era el mejor camino para la gobernabilidad de una España con cuatro partidos fuertes y ninguno de ellos con opciones de ganar por mayoría absoluta. Solo los Gobiernos compartidos, de coalición, y con alianzas de dos o más partidos son viables en este nuevo escenario político. Sánchez e Iglesias pudieron gobernar juntos en 2016, pero Iglesias y su partido de izquierdas se negaron a establecer pactos con el PSOE. En aquel momento, Iglesias acababa de irrumpir con fuerza en el parlamento, se mostraba como alternativa a la “casta” del PSOE y esperaba superar a los socialistas en las siguientes elecciones. Así, Sánchez sufrió su primer fracaso para convertirse en presidente y esto forzó nuevos comicios en junio de 2016. Entonces el líder del Partido Popular, Mariano Rajoy, logró la presidencia del gobierno con el respaldo del partido conservador Ciudadanos.

El calvario de Pedro Sánchez comenzó en ese instante. Ante los malos resultados en las urnas y varias pugnas regionales por el poder, sus opositores dentro del PSOE le dieron un golpe y lo forzaron a dimitir en octubre de 2016. Una entidad gestora se hizo cargo del partido y convocó elecciones internas en marzo de 2017 para escoger al nuevo secretario general del PSOE. Todos daban como segura ganadora a Susana Díaz, la líder en Andalucía, pero Sánchez no dio su brazo a torcer. Visitó uno a uno los enclaves de la militancia en el país y, contra todo pronóstico, ganó de nuevo el cargo de secretario general, esta vez con apoyos en las regiones, lo que le permitió hacerse más fuerte y arrinconar a sus detractores.

Tras ganar la contienda interna, Sánchez y el PSOE apoyaron al Gobierno de Rajoy al aplicar el Artículo 155 para tomar el control gubernamental de Cataluña, incitada por los partidos independentistas que dominaban el parlamento regional. Varios funcionarios separatistas terminaron en la cárcel y otros huyeron del país, entre ellos el entonces presidente de Cataluña, Carles Puigdemont.

Esto agravó las relaciones entre Barcelona y Madrid, y terminó de polarizar a la ciudadanía catalana y a la sociedad española, a favor y en contra de la independencia de Cataluña. Como consecuencia de esta polarización, los partidos independentistas catalanes ganaron poder regional y, en el ámbito nacional, los partidos con discursos nacionalistas y antiseparatistas experimentaron un auge sin precedentes en la democracia, especialmente el partido ultraderechista Vox, de corte neofranquista.

Durante aquel periodo, Sánchez lideraba la oposición lo mejor que podía, y nada auguraba que pudiera vencer a Rajoy y al Partido Popular (PP). Pero en mayo de 2018 tuvo su gran oportunidad, cuando los tribunales declararon culpable de financiamiento ilegal al PP. Desde el principio el Partido Popular entorpeció el juicio, e incluso logró expulsar del ámbito judicial al juez Baltasar Garzón, que lo había iniciado. Lo llamativo del caso era que, a pesar de la corrupción interna demostrada del PP, sus votantes siguieron fieles y Rajoy esperaba terminar su mandato sin problemas.No obstante, Sánchez interpuso en el parlamento una moción de censura contra Rajoy, y lo que parecían patadas de ahogado de los socialistas pronto se convirtió en un hito de la democracia española. Sánchez logró expulsar de la Moncloa a Rajoy por la corrupción del PP, en la primera moción de censura exitosa en la historia democrática de España.

Sánchez asumió como presidente del Gobierno en junio de 2018 y se dispuso a gobernar en minoría.

Pero al no poder aprobar sus presupuestos para 2019 en el parlamento, se vio forzado a convocar elecciones en abril de ese año. En esos comicios el PSOE se convirtió en el partido con más votos, pero no contaba con los suficientes respaldos para gobernar. Esta fue la segunda oportunidad que Sánchez e Iglesias tuvieron para formar una coalición de gobierno. Sin embargo, la desconfianza mutua y los movimientos de otros partidos hicieron inviable la investidura de Sánchez, que tuvo que convocar nuevas elecciones el 10 de noviembre de 2019. En los últimos comicios el PSOE se revalidó como la fuerza más votada, pero solo entonces, tras dos investiduras fallidas y cuatro elecciones, al fin Sánchez e Iglesias llegaron a un acuerdo de gobierno compartido, el primero en la democracia española. Iglesias resultó decisivo para sacar adelante este nuevo Gobierno de Sánchez por sus buenas relaciones con los partidos independentistas catalanes y vascos, cuyos votos inclinaron la balanza a favor de Sánchez por una diferencia de solo dos.El nuevo Gobierno de España se estrena con cuatro vicepresidencias, una de ellas a cargo de Pablo Iglesias, y 20 ministerios. La dupla Sánchez-Iglesias promete mejoras sociales y salariales a los más pobres, aumento de impuestos a los que mas ingresos perciben, nueva reforma educativa y políticas sólidas para el cambio climático. Falta ver si les dejan sacar adelante las nuevas políticas los partidos de derecha, PP, Vox y Ciudadanos, y los grupos independentistas que permitieron echar a Rajoy de la Moncloa con la moción de censura y que ahora han consentido la investidura de Sánchez.Pedro Sánchez fue el primer presidente del Gobierno español que juró su cargo sin apelar al crucifijo y la Biblia, sino sobre la Constitución. España estrena el primer Gobierno de coalición de su democracia moderna, en una Europa donde los Gobiernos de coalición llevan años a la orden del día.

Si bien Sánchez consiguió finalmente ser investido presidente, la diferencia de votos es tan pequeña que le deja con una mayoría muy frágil en el Congreso.

Con la elección de Pedro Sánchez como presidente comienza la composición del primer Ejecutivo de coalición en España.

Los nombres de los ministros comenzaron a confirmarse de manera oficial. Sánchez contará con cuatro vicepresidencias: Carmen Calvo (Presidencia, Relaciones con las Cortes y Memoria); Pablo Iglesias (Derechos Sociales y Agenda 2030); Nadia Calviño (Economía y Transformación Digital) y Teresa Ribera (Transición Ecológica y Reto Demográfico). Fuentes socialistas también anunciaron que la actual ministra de Hacienda, María Jesús Montero, conjugará su cargo con el de nueva portavoz del Ejecutivo.

Sánchez también ha nombrado a dos independientes de prestigio para el Ministerio de Asuntos Exteriores, Union Europea y Cooperacion y el nuevo Ministerio de Seguridad Social, Inclusión y Migraciones. Arancha González Laya se ocupará del primero y al frente del segundo estará José Luis Escrivá Belmonte. Además, Salvador Illa, del PSC, estará a cargo de la cartera de Sanidad, Carolina Darias, del PSOE de Canarias, será la responsable de Política Territorial y Función Pública, y José Manuel Rodríguez Uribes, portavoz adjunto de los socialistas en la Asamblea de Madrid, ocupará el Ministerio de Cultura y Deportes.

Pedro Sánchez.

José Luis Ábalos seguirá en el Gobierno, si bien su cargo cambia de nombre y pasa a denominarse Ministerio de Transporte, Movilidad y Agenda Urbana. El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, y la de Industria, Reyes Maroto, también continuarán al frente de sus respectivas posiciones, Interior e Industria. Además, la de Defensa, Margarita Robles; el de Agricultura, Luis Planas; la de Educación y Formación Profesional, Isabel Celaá; y el de Ciencia, Pedro Duque, mantendrán sus cargos. En cambio, los ministros de Justicia, Dolores Delgado; Sanidad, María Luisa Carcedo; Cultura, José Guirao; y Trabajo, Migraciones y Seguridad Social, Magdalena Valerio, no estarán más en el Consejo de Ministros.

Por otro lado, la jueza Victoria Rosell y diputada de Unidas Podemos en el Congreso será la próxima delegada del Gobierno para la Violencia de Género.

Además, se hizo oficial el resto de nombramientos de los ministros de Unidas Podemos. Iglesias será vicepresidente de Derechos Sociales y Agenda 2030, y, además, los morados tendrán cuatro ministerios. De este modo,  el sociólogo Manuel Castells será ministro de Universidades, mientras que el líder Izquierda Unida, Alberto Garzón, será el titular de Consumo. La número dos de Unidas Podemos, Irene Montero, será ministra de Igualdad. El secretario de Acción de Gobierno y de Acción Institucional de Podemos, Pablo Echenique, le relevará como portavoz en el Congreso. Por último, la cuarta cartera la ocupará Yolanda Díaz, que será ministra de Trabajo. Noelia Vera, portavoz de la ejecutiva de Podemos, será la secretaria de Estado de Igualdad. 

Sánchez comunicará este domingo al Rey la lista completa con los ministros de su Ejecutivo, que tomarán posesión de sus cargos el lunes.

Además, el próximo martes 14 de enero se celebrará el primer Consejo de Ministros del nuevo Gobierno, y un día antes los nuevos ministros tomarán posesión de sus cargos y tendrán el tradicional intercambio de carteras.

 

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