Un Trump en tu camino

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No es mi intención banalizar el título el performance del colectivo feminista LasTesis de Concepción al poner nombre a esta columna. Al contrario: así como el performance de las feministas chilenas identifica claramente que las agresiones contra las mujeres provienen de la violencia machista, hoy por hoy el principal riesgo contra la paz mundial se llama Donald Trump, presidente de Estados Unidos. 

Lo sabíamos de antes, pero se puso de manifiesto de un modo más evidente luego de ordenar, por sus pistolas sin contemplar el derecho internacional, el asesinato del general iraní Qasem Suleimani y otras ocho personas que lo acompañan en el aeropuerto internacional de Bagdad, a donde había llegado procedente de Siria, el viernes 3 de enero. 

Como se sabe, la rivalidad moderna entre Estados Unidos e Irán nace a partir de que la revolución islámica, encabezada por el ayatola (líder político y espiritual) Ruhollah Jomeini depuso al sha Mohammad Reza Pahleví en febrero de 1979. Éste llegó al poder con el apoyo de las potencias Occidentales de Gran Bretaña y Estados Unidos, lo que incluso lo llevó a apoyar un golpe de Estado en 1953 en contra de su primer ministro Mohammad Mosaddeq, de tendencias nacionalistas. Este golpe de Estado convirtió a Irán en un peón de Estados Unidos en la región. La revolución islámica de 1979 sacó a Estados Unidos de Irán y cambió el equilibrio geopolítico de Medio Oriente. Los gobernantes estadounidense no perdonan que se les haya sacado de la nación persa y haber mantenido como rehenes a 52 de sus compatriotas por casi dos años en la embajada en Teherán. 

A pesar de que en años recientes Estados Unidos e Irán alcanzaron el acuerdo para el control del programa nuclear del país persa y que incluso coincidieron en el combate al Estado Islámico, la llegada del demente y fascista de Donald Trump a la presidencia del país del norte, hizo trizas cualquier salida negociada a las diferencias entre estas dos naciones. 

Los conflictos recientes que derivaron en el asesinato del general Qasem Soleimani fueron ataques de las fuerzas armadas de Estados Unidos a campamentos en Irak y Siria de fuerzas militares allegadas a Irán. Según el gobierno de Estados Unidos, en este contexto ocurrió la muerte de un contratista estadounidense en el norte de Irak, pero hasta ahora no se sabe su identidad. 

Luego de estos acontecimientos, hubo protestas de fuerzas pro-iraníes en la embajada de Estados Unidos en Bagdad que fue lo que detonó la ira de Trump y su torpe decisión de asesinar a Soleimani en territorio iraquí. 

La prensa de Estados Unidos ha develado que el comando conjunto de las fuerzas armadas le presentó varias opciones para responder a lo que consideró una escalada de las actividades de grupos pro-iraníes en Irak, y entre esas opciones se mencionó el asesinato de Soleimani, pero se le sugirió no tomar esa decisión debido a las tensiones que generaría en todo Medio Oriente y en el mundo.

A pesar de ello, Trump tomó esa decisión con las consecuencias que ya hemos visto. 

El anuncio de Irán de tomar represalia por lo que consideraron un ataque terrorista, lo que se concretó el martes 6 de enero con el ataque con misiles a dos bases militares situados en Irak, pero que son ocupadas por fuerzas armadas de Estados Unidos. Contrario a su intempestivo temperamento, Donald Trump anunció al día siguiente su disposición a no escalar el conflicto, por el momento. 

La moderada, hasta ahora, respuesta de Trump tiene que ver con las consecuencias que acarreó su ilegal orden de asesinar al general iraní. En lo interno, el rechazo de los demócratas en el Congreso a esta medida, movilizaciones contra la guerra y la intromisión en Medio Oriente en al menos 70 ciudades de Estados Unidos. Y en lo externo, la condena casi unánime del mundo musulmán, y global, y un protagonismo del presidente Vladimir Putin que aumenta la presencia de Rusia en la región. 

Una de las razones claves, no explícitas, que llevaron a Trump a ordenar el asesinato de Soleimani es que este, además de ser un reputado militar, se había convertido en un negociador político relevante para la expansión de la hegemonía iraní en Medio Oriente. En unos años había construido una red de influencia que iba de Irán, pasando por Irak, Siria y Líbano, en claro detrimento de la presencia de Estados Unidos en esas naciones, modificando la balanza geopolítica de Medio Oriente. Tal vez esta sea la verdadera razón por la que Trump ordenó su asesinato.

Aunque la respuesta de Trump tras los ataques a las bases estadounidenses el pasado 7 de enero parecen bajar la tensión, no olvidemos que el temperamento irracional y violento del presidente estadounidense no ha desaparecido. Es un tipo impulsivo que bien puede ordenar otros ataques para crecer la tensión regional que pueden escalar a un conflicto militar de repercusiones mundiales. 

Quizá estemos ante el segundo tipo que habita la Casa Blanca que podría ordenar un ataque nuclear. Tenemos la mala suerte de tener ahora en este tiempo a un Trump en nuestro camino. Un violentador que puede desatar una guerra mundial. Debemos pararlo. 

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