Carta abierta al Gobernador de Jalisco

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Señor Gobernador, Enrique Alfaro Ramírez:

Vivo en una pequeña comunidad de los altos norte de Jalisco ubicada entre los municipios de Lagos de Moreno y Unión de San Antonio.

Le escribo para informarle que en esa zona se está cometiendo un ecocidio, es decir, desde el año pasado fueron provocados dos incendios con la intención de “preparar” el terreno a máquinas y a hombres quienes se han dedicado a deforestar grandes extensiones de tierras provocando la mortandad de distintas especies de animales que ahí habitan.

Tal vez usted sepa, o tal vez no, que esta zona padece un frágil equilibrio ecológico. Durante años las mismas condiciones climáticas provocan pocas lluvias, los mantos freáticos no se recargan, las tierras se erosionan, y en consecuencia la desertificación avanza.

La mano del hombre, por supuesto, algo ha tenido que ver para acentuar esta fragilidad ecológica. Tuvo que ver en el pasado, por las necesidades económicas de los ganaderos que, eso sí tal vez usted lo sabe, han dado fama a la región por su leche y sus quesos, y la tiene ahora, por el establecimiento de plantas procesadoras de alimentos, empresas tequileras y un anunciado parque fotovoltaico.

Las necesidades de estas empresas suman ya miles de hectáreas deforestadas. Bosques convertidos en desiertos. ¿Sabía usted que sin árboles las lluvias se ausentan? Los mantos freáticos no recargan, ya lo dije, el agua, cuando cae, se escurre y se lleva con ella los escasos nutrientes de la tierra, sin nutrientes la vegetación no crece, sin vegetación los animales pierden su habitad y se ven obligados a huir, sin animales se rompe el equilibrio ecológico… y no se hasta dónde lleve esto, pero creo que tiene algo que ver con la extinción de algunas especies de animales por todo el mundo.

Pues eso sucede actualmente en esta parte del Estado de Jalisco que usted gobierna. Y me atrevo a escribirle porque probablemente usted no está informado de la rapidez con que los hombres y las máquinas al servicio de algunas empresas están destruyendo el entorno natural de los altos norte. Ignoro cuál es la intención. Se, o mas bien lo intuyo, que el crecimiento y el desarrollo económico de Jalisco dependen de la vitalidad de sus empresas y de la inversión de inversionistas nacionales y extranjeros dispuestos a exponer sus capitales y acrecentar la riqueza del estado.

Pero me pregunto si hay una vinculación intima e inevitable entre la destrucción de la naturaleza y el desarrollo económico. Tal vez sí, si no no se hiciera. En lo personal creo que esta vinculación entre desarrollo y destrucción sería menos drástica si las empresas pensaran menos en la rentabilidad inmediata de sus negocios y más en el entorno ecológico donde se instalan. Los grandes inversionistas de estas empresas seguramente ni siquiera conocen la región, la flora, la fauna, las comunidades en donde instalarán sus negocios. Para ellos son espacios lejanos, salvajes, completamente ajenos y ven como innecesaria cualquier atención.

Pero un gobierno al servicio de los ciudadanos que ahí habitan y responsable del cuidado del medio ambiente, deberían ser su prioridad.

¿Leyó usted la novela El sueño del celta, de la magnífica pluma de Mario Vargas Llosa? Si no lo ha hecho, ojalá lo hiciera. Si sus múltiples e importantes ocupaciones no le permiten leer libros que lo distraigan, tal vez tenga algún empleado, o amigo que le pueda elaborar unas pequeñas fichas de lectura. En letra grande, para ser leída durante alguno de los trayectos en automóvil.

Esa novela es muy importante porque muestra la voracidad irracional del hombre en su afán de enriquecerse, ellos, sus empresas y sus estados, en detrimento de la naturaleza de alejadas regiones. Eso fue una práctica muy común durante casi todo el siglo XIX y principios del XX.

Cuando aún no existía lo que ahora llamamos “conciencia ecológica”. Antes de ella, la naturaleza fue vista como una inmensa e inagotable fuente de recursos al servicio del hombre.

“Recursos naturales”, le llamaban. Y le seguimos llamando así. Y todavía usamos esos “recursos” como si no se fueran a agotar nunca. Y para poder usarlos, primero hay que destruirlos.

Antes, como lo narra Vargas Llosa en su novela, solo muy pocos se interesaban en esa destrucción. Hoy en día, al parecer todo el mundo intenta evitarla, ya surgió la llamada “conciencia ecológica”, pero lo paradójico, al menos a mi me parece paradójico, tal vez usted tenga otra opinión al respecto, para eso le escribo, los gobiernos y los empresarios no actúan en consecuencia. Siguen pensando y actuando como en el siglo XIX.

Me explico: en nuestra época, la mayor parte de los gobiernos del mundo, exceptuando al actual de los Estados Unidos, y a otros con gobiernos no democráticos, está comprometida con la protección al medio ambiente. Presidentes y primeros ministros se comprometen a ello en sus discursos y en sus planes de gobierno. Sin embargo, en nombre del desarrollo económico, no dejan de atentar contra la naturaleza. Es paradójico ¿no lo cree?

Y su gobierno hace lo mismo. Lamentablemente.  Hace un tiempo lo oí hablar sobre su firme compromiso con la protección del medio ambiente. En ese mismo momento, mientras usted hablaba, aquí en los Altos varios árboles caían arrasados por enormes máquinas. Y no encontré la congruencia entre su discurso y lo que sucedía en la realidad en varios lugares de la geografía de Jalisco. Aún hoy, mientras le escribo esta carta, los árboles siguen cayendo y el ruido de las máquinas se convirtió en parte del paisaje sonoro de esta región altera.

Esta destrucción a la naturaleza de la región de los Altos de Jalisco es irreversible. Toda destrucción a la naturaleza lo es. Pero el ser humano, siempre ingenioso, inventó mecanismos destinados a paliar, o a amortiguar, los efectos devastadores a la naturaleza. Yo creo que es mera retórica para no sentirnos tan mal en nuestra racionalidad.

Todas las empresas, que coincidencia, igual que los gobiernos, se dicen “responsables con el medio ambiente”. Al leer su propaganda, dan ganas de levantarles un pedestal y caer rendidos frente a su bondad y su amor por la humanidad.

Por ejemplo, la empresa española que convirtió un bosque en un desierto para instalar un gran parque de energía solar aquí, en los Altos de Jalisco, entre Lagos de Moreno y Unión de San Antonio, presume en su página web como un gran acto de generosidad el haber iluminado una universidad para mil estudiantes en el Congo. Qué casualidad. ¿Le suena el Congo? Es el mismo lugar al que se refiere Vargas Llosa en su novela citada.

Sin duda, esa empresa nunca va a decir cuál fue el costo de llevar energía eléctrica a una universidad del Congo y cuál fue el beneficio que obtuvo al instalarse en esa región. ¿Qué tan generosa pudo haber sido respecto a sus ganancias obtenidas? ¿Habrá destinado el 25% de sus ganancias para ayudar a los universitarios congoleños? ¿Habrá sido el 10, o el 50%?

Usted y yo lo sabemos, sin saberlo: la “generosa ayuda” no llega a ni a un dígito de las ganancias de la empresa. Por eso no lo dicen. Ni lo comparan con sus ganancias.

El otro ejemplo es el de la empresa tequilera que está inundando de plantas de maguey miles de hectáreas del territorio alteño. Para ello, por supuesto, también derriba miles de árboles. Huizaches y mezquites principalmente. Y, como le señalaba en un principio, rompe también con un importante, y delicado, equilibrio ecológico en la región.

Las empresas tequileras, por su producto, el tequila, son nuestro orgullo nacional. Pero en los Altos de Jalisco se convirtieron, tal vez sin quererlo, quizás sin conocerlo, en cómplices de un ecocidio cuyas consecuencias para la vida en la región, aún no se pueden predecir. Además, son empresas que emplean grandes cantidades de pesticidas para cuidar a sus plantas de maguey de las plagas. Y aquí en los Altos abundan las plagas. Por ello requieren eliminarlas con grandes dosis de insecticidas. Y los pájaros de la región se alimentan de esos insectos, plagas para las empresas tequileras. Y se envenenan y se mueren. Los que se salvan, se van a buscar insectos no contaminados.

También las aves, como los coyotes, las serpientes, los conejos, los armadillos, los linces, los venados, y otra gran cantidad de fauna de la región, son expulsados de sus territorios. Sin opción para sobrevivir. Son sacrificables.

Cuando escribí esta palabra “sacrificables”, que además el corrector me señala amablemente que esta palabra no existe en nuestro vocabulario, recordé, y me identifiqué con la señora Janina Duszejko, personaje central de la novela de Olga Tokarczuk Sobre los huesos de los muertos, a quien su pasión por los animales le llevó a ser considerada como la loca del pueblo y a escribir cartas, cómo esta, a las autoridades que consideraba responsables del mal trato a los animales. Es una bella historia. Un canto fúnebre por la naturaleza. Se la recomiendo.

Por eso le hablo de un gran ecocidio en la zona. No creo que exista un solo lugar en el mundo en donde sean derribados miles de árboles y se filtren las tierras con toneladas de pesticidas y las cosas sigan siendo como antes. Bajo esas condiciones, la vida cambia, para todos.

Por ejemplo, los pobladores de la zona miran con resignación y algunos, por qué no decirlo, hasta con cierto optimismo lo que está ocurriendo a su alrededor. Parecen estar acostumbrados a las desgracias venidas de fuera. Me recuerdan a personajes de Isaac Bashevis Singer, saben que llevan una maldición a cuestas y la aceptan, algunos hasta de buena gana. Así es la vida. Resignación, enseña la iglesia.

Pero ellos saben que no pueden esperar ningún beneficio de lo que está ocurriendo. Sus gobernantes les dicen que les están arreglando el camino cuando todo el mundo sabe que si el camino se está arreglando, y ensanchando a costa de la muerte de los árboles que están a las orillas de las brechas, es para que por ahí circulen sin obstáculos los trailers de la empresa y su preciada carga: cientos, o miles de paneles solares.

Como nota aparte: para ampliar las brechas y ponerlas al servicio de la empresa, se utilizan recursos públicos provenientes de su programa estrella “A toda máquina”. Cuatro camiones de gran tonelaje, dos maquinas de las llamadas “mano de chango”, una máquina para extender la tierra, dos pipas de agua y una aplanadora de ese programa que debería estar al servicio de las comunidades, en este momento actúan en contra de ellas. Fin de la nota.

El transporte debe caber por los mismos caminos por donde hasta ahora solo transitaban las vacas de sus pastizales a sus corrales de ordeña y una que otra camioneta que transporta la leche a los tanques refrigeradores. Ahora las brechas se convertirán en amplios caminos para que por ahí transiten los trailers. No importa cuántos mezquites haya que derribar. No importa cuántos años tenían ahí como vigilantes silenciosos del camino. Sus ásperos troncos se cruzan en el camino del progreso. Estorban. No son mas que árboles viejos. Inútiles. Ahí parados, en medio del nuevo camino, no le sirven a nadie. Tampoco nadie los va a extrañar.

Las aves que los habitaban, ya lo dijimos, se fueron buscando un mejor espacio e insectos no contaminados. Como varios de los habitantes de esta región. Por eso, ya se sabe, de las empresas no se espera nada.

Ni siquiera se esperan beneficios para sus hijos: becas de estudio, becas para transporte, un vehículo para transportar a los niños a la escuela. Asistencia médica para los mas viejos. ¿Por qué tendría que hacer eso la empresa? Bastante favor nos hacen las empresas al elegir a nuestro estado para instalarse.

Por eso hay que poner todo a su servicio y no fastidiarlas. Los gobiernos deben de estar a su servicio, agilizar los trámites, ver que las obras para ensanchar las brechas no se atrasen porque los paneles solares ya están en camino y necesitan instalarse.

Y el parque fotovoltaico tiene que ser inaugurado con una gran alegría solemne. En su discurso usted probablemente dirá que el parque es un ejemplo para México y para el mundo. Que Jalisco está a la vanguardia en energías limpias. Que con ello su gobierno contribuye a la conservación del medio ambiente. Y la gente le va a aplaudir. Los periódicos del día siguiente repetirán sus palabras y todos los jaliscienses estaremos orgullosos de serlo.

Y la región volverá al olvido.

Las niñas y los niños de por aquí crecerán admirando el gran parque de paneles solares. Algunos emigrarán a estudiar o en busca de un mejor trabajo. Otros seguirán como sus padres criando vacas lecheras. Y tal vez abandonen, y también emigren porque se darán cuenta de que el agua es mas escasa y la leche cada vez más mal pagada.

Esta carta es muy larga y honestamente no creo que usted la lea. Sus ocupaciones no le permiten perder el tiempo con historias de ecocidios y de rancherías que ven cómo son derribados sus árboles. Y ni siquiera sé por qué lo hago.

Lo mas seguro es que sea una forma de ocultar mi impotencia frente a ese ecocidio. Aceptar que no se puede hacer nada, porque, como usted lo sabe muy bien, México no es un país de leyes. La legalidad no es un mecanismo que funcione. Además, nadie es responsable. Si se violó una ley, si por ejemplo se derribaron más árboles que los permitidos ¿a quién le importa un árbol más o un árbol menos? ¿Y de qué serviría encontrar a un responsable?

El daño está hecho.

Otra posibilidad de por qué le escribo esta carta es porque tal vez, nadie pensó en llevar a cabo acciones que mitiguen, que hagan menos grave, los daños causados por el impacto ambiental al que esas empresas están sometiendo a la región.

Probablemente usted podría organizar una campaña de reforestación, con árboles de la región, por supuesto, o impulsar algún otro programa de saneamiento ambiental, no lo se, pero algo podría hacerse.

O quizás, en alguna dependencia de su gobierno, alguien pueda promover en las comunidades afectadas, porque hay que reconocerlo, sí hay afectación a las comunidades, programas de mejoramiento de vivienda, educativos y de salud, pero pensando en el bienestar de los habitantes y no en el lucro que otros puedan obtener de esos programas, como lamentablemente sucede.

Si llegó hasta aquí, cosa que dudo, solo le pediría que volteara a ver con otros ojos, no con los ojos del desarrollo económico, sino con los de las víctimas de ese desarrollo, lo que sucede aquí en la zona norte de los Altos de Jalisco.

Tal vez se le ocurra algo para resarcir del medio ambiente lo que se pueda. Incluyendo a sus pobladores.

 

Muchas gracias

Saltillo de Velázquez, Unión de San Antonio Jalisco.

Martes 7 de enero 2020

Roberto Castelán Rueda

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4 comments

  1. Eduardo 10 enero, 2020 at 13:06 Reply

    Loable su interés, pero muy extensa su carta, la verdad no terminé de leerla. Lo que es breve es bueno. Pero le felicito por su interés.

  2. J Félix Valtierra Padilla 10 enero, 2020 at 22:14 Reply

    Desgraciadamente la mayoría de políticos son demagogos, en sus discursos esconden la verdad de sus intenciones. Si a un gobernante no le importa su estado o pais, le importará a un empresario que a veces ni es nacional.
    Tengo bien claro, que difícilmente un gobernante y en este caso Alfaro Ramírez le va a preocupar que sus conciudadanos mejoren en lo más mínimo, nos continuará dando. atole con el dedo ( valga la expresión). Tenemos que ser nosotros como gobernados. los que debemos de hacer que nuestros gobiernos asuman sus responsabilidades y cumplan con sus promesas de campaña, que para eso los elegimos.

  3. Linda Ruíz 13 enero, 2020 at 19:32 Reply

    Estimado Doctor Castelán, el ecocidio es en todo el Estado y lamentablemente no se vislumbra quien pueda impedirlo.