Principios refundadores

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La llamada Refundación del Estado de Jalisco como proyecto político del actual gobernador del estado, se basa en cuatro principios rectores:

Primero: Jalisco es un modelo de negocios. Todo lo que suceda en el estado tiene una finalidad: hacer negocios, sobre todo si las beneficiarias son empresas de familiares y amigos. 

En la conocida serie Dr. House, aparece un personaje que por un momento se adueña del hospital. Es un exitoso hombre de negocios que, palabras más, palabras menos, le espeta al Dr. House: “La salud pública antes que nada es un negocio, si éste llega a sanar a alguien está bien, pero no podemos perder de vista su fin principal: hacer negocio”. El dinero público al servicio de empresas privadas.

Ese es el punto de partida del actual gobierno del estado. Si algo queda después de hacer negocios, se hará obra pública, salud pública, educación pública, transporte público. La familia y los amigos son primero.

Segundo: sustentado en el principio anterior, el gobierno del estado deberá convertirse en un eficiente consejo de administración, para ello se hace necesaria una reingeniería que, sin pasar por lo político, parezca una acción política.

De ahí surge la necesidad del término “refundación” y la idea de una “nueva constitución para el estado”. Ambos conceptos, presentados como acciones políticas, en realidad encierran una estructura empresarial destinada a organizar y eficientar las formas de hacer negocios privados con los recursos, públicos, del Estado. 

Se pretende integrar a toda la clase política, incluidos los poderes legislativos y judicial a un modelo de negocios. Institucionalizar en todo el estado las ganancias obtenidas de los negocios repartidos por todo el Estado, y presentarlos como acciones políticas derivadas de las funciones institucionales de los tres poderes, incluidos los municipios.

Un consejo de administración requiere socios mayoritarios y minoritarios. Antes se les conocía cómo “cuotas políticas” y ellas determinaban la composición de los órganos de gobierno y de los llamados organismos autónomos. Ahora la ambición del dinero en donde hay jugosos negocios las hará pasar a un segundo plano.

Por eso, es necesaria una nueva “constitución”, nuevas reglas del juego adecuadas a un competitivo plan de negocios institucional.

Los funcionarios y burócratas de primer nivel, se transformarán en gerentes y jefes de áreas.

Los jefes de plaza ya están designados.

Tercero: toda la geografía del Estado de Jalisco, está al servicio del nuevo modelo de negocios. La explotación de los recursos naturales sólo tendrá como límite la extinción de estos y estará garantizada por leyes que permitan los cambios de uso de suelo que sean necesarios. 

En Jalisco no se debe proteger al medio ambiente si con las acciones para su protección se perjudican los negocios. Las empresas tequileras, aguacateras, mineras, pesqueras, turísticas, fotovoltaicas, transformadoras de alimentos y otras que impacten directamente al desarrollo económico del estado, no deberán ser sometidas a regulaciones que afecten sus ganancias. Si el agua, los bosques, las costas y el subsuelo de Jalisco no sirven para enriquecer a las empresas de los familiares y amigos, entonces ¿para qué sirven?

Cuarto: la seguridad de los ciudadanos del estado depende de los acuerdos que logren alcanzar los grupos del llamado crimen organizado y de su adaptación al nuevo modelo de negocios. Las grandes empresas con frecuencia requieren de capitales frescos para sus operaciones. Los bancos y otras financieras tienen estructuras burocráticas que dificultan a las empresas la inversión en algunas áreas consideradas de riesgo. Ahí es en donde el dinero blanqueado, como lo hace hasta la fecha, pero con nuevas reglas, puede ayudar al desarrollo del estado.

Con estos cuatro, principios, Jalisco podrá enfrentar los nuevos tiempos y enfrentar la nueva década como un líder indiscutible en el mundo de los negocios.

Feliz y sobre todo, próspero año.

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