Iberoamérica y los nuevos sentidos en disputa

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Golpe de Estado en Bolivia.

Roberto Partida Guerrero*

Corresponsal

Madrid.- en un contexto donde los discursos de odio vienen gestándose con mayor fuerza desde la crisis del neoliberalismo y el incremento que traj la gran recesión en 2008, aparecen nuevas interrogantes que confirman cómo la política crea los sujetos.

Ello no quiere decir que estos no tengan capacidad de crear sentido político, pero hay que reflexionar las formas.

Si bien el ordenamiento global construye sus propias lógicas, pensemos en la relación Iberoamericana para plantear algunas de las tensiones actuales. Los acontecimientos en la región hablan de un ordenamiento social que responde –agotado– a la crisis política y su batalla por redefinir la democracia.

Antes de continuar debe hacerse una advertencia. Mirar territorios “enteros” no implica automáticamente encuadrarlos bajo una misma lógica, si algo se comparte es: un momento, un tiempo. Lo cual no debe traducirse como una formación homogénea a la que todo se remite. De eso nada. Con esa advertencia, mucha modestia y tal vez poca profundidad, pensemos.

Entre la región Ibérica y América hay diferencias, claro, pero la razón dada por las palabras y los actos –a veces comparte relatos en la región–, y la conjuga notablemente. Por ello, resulta imposible abarcar todos los territorios, pero recuperemos algunos.

Fundamentalmente, la efervescencia social ha irrumpido con fuerza en Perú, Ecuador, Chile, Haití, Colombia, Nicaragua, junto a la ingobernabilidad en Venezuela. En esta coyuntura convulsa, el descontento en México y Argentina, parece haberse encauzado de forma electoral con el triunfo de la izquierda.

Claro que de no haber existido esos cauces electorales, nada asegura que estos países se hubieran unido a la ola de protestas. No obstante, estos dos viven con particular intensidad la presencia del movimiento feminista.

Tampoco es que el descontento social sea exclusivamente contra gobiernos conservadores, vale aclararlo, sino contra una clase política que poco se renueva.  En ese sentido, el golpe de Estado en Bolivia, revela no sólo el agotamiento de un determinado orden –político y económico–, sino también el terreno para nuevas visiones del mundo.

En cuanto a la región Ibérica, las dificultades de gobernabilidad han facilitado el ingreso al parlamento a grupos de ultraderecha. Por una parte, Portugal sigue resistiendo a la representación de grupos reaccionarios, a excepción de la formación política Chega (Basta), todavía con menos del 2% de votos.

Por otra parte, el mapa político español que hasta 2018 estaba exento junto a Portugal de formaciones ultra, sus recientes comicios electorales convirtieron a VOX en la tercera fuerza parlamentaria de España, con 52 escaños. Con ello se deja asentado el final del bipartidismo y el fortalecimiento de posturas que flirtean con el fascismo de manera muy europea.

Ahora ¿cómo leer el escenario iberoamericano en torno al ascenso de las ultra derechas reaccionarias?

En principio no es posible, pero algo se puede decir.

Las clásicas nociones ideológicas entre izquierda y derecha se encuentran difuminadas. La politóloga Chantal Mouffe lo muestra al contar algunas consecuencias de la dificultad de diferenciar entre ambos ejes y el característico antagonismo que les proveía diferenciación.  

El verdadero inconveniente que esto supone es la dificultad para que la figura del adversario emerja, y así, con posturas diferenciadas pueda apostarse por alguna visión política. Y es que si todo es lo “mismo”, el relato de lo incorrecto, el comentario incendiario, es el que rompe esa sentido agotado en la política.

Tradicionalmente era la izquierda quien rompía con cierto orden y disputaba el sentido de determinados significados, esto no parece sostenerse más.

Al mirar estos nuevos sentidos en disputa, habría que cuestionarse si la clave se sostiene solamente en la disolución de los clásicos bloques ideológicos.

También habría que evitar volcarse automáticamente a resumir el asunto en torno a populismos, o incluso ante una creciente ignorancia de las masas híper (des)informadas, para quien reduce todo a una antropología moral. Tales perspectivas son aplicables, pero cuestionemos ¿qué sujetos políticos se han producido?

Esencialmente, la pregunta demanda repensar por qué hay un terreno favorable para la extrema derecha que ha vuelto a encontrar posibilidades para articular identidades en torno a lo nacional, lo religioso y lo étnico.

 Retornando a la proposición inicial, el momento político –o la crisis– se está filmando y no hay director que vaya intervenir  con un “corte”, esa película se contará después. No hay forma de capturar todo el entramado, pero el sujeto colectivo está produciendo verdad, ha dejado de vivir en lo privado su indefensión y su absurda –y a la vez justa– defensa de lo individual.

Es una condición que ha venido germinando, pero hay que tener reservas a pensarlo como un “retorno a”, hay algo nuevo en todo esto, sino, véase la pugna por la identidad nacional en España o el simbolismo de regresar/sustituir la constitución por la biblia en Bolivia.

Los sujetos que ha producido la política, no sólo votan dándose un balazo en el pie –no hay componte racional que valga en lo político–, no es cuestión generacional, responde a un momento que fue aislando y cooptando la capacidad de asociarse y reunirse ¿desde cuándo? Difícil saberlo, pero ya apareció. 

 

@Roberttpa

*Es maestro en Ciencia Política por la UdeG y doctorante en Ciencias Políticas y de la Administración y Relaciones Internacionales por la Universidad Complutense de Madrid
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