Refundación, la tormenta perfecta

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“…considera histórico cualquier discurso pronunciado por el Führer, aunque diga cien veces lo mismo; es histórica cualquier reunión del Führer con el Duce , aunque no altere la situación; es histórica la inauguración de una autopista, y se inaugura cada carretera y cada tramo  de carretera; es histórica cada fiesta de acción de gracias por la cosecha, es histórico cada congreso del partido, es histórico cualquier día de fiesta de cualquier tipo. Y, como el Tercer Reich sólo consiste en días de fiesta -podría decirse que estaba enfermo de ausencia de días normales, mortalmente enfermo, así como un cuerpo puede estar enfermo por falta de sal-, considera históricos todos sus días”

Víctor Klemperer, La lengua del Tercer Reich

Vi y escuché el pasado 6 de noviembre a la diputada local por Jalisco, Mirza Flores, del Partido Movimiento Ciudadano, en una festiva y pretendidamente provocadora historia de un par de minutos en Facebook, montada con el prodigio tecnológico de la telefonía celular, ufanarse de la trascendencia del primer informe que su líder máximo, el gobernador Enrique Alfaro, leía en el palacio legislativo: palabras más palabras menos, señalaba que el atrevimiento del jefe del Ejecutivo no tenía parangón… porque desde hace como diez años ningún gobernador había tenido el coraje de presentarse en la sede del congreso local a leer, austeramente -y sin la agresividad que lo ha hecho famoso frente a toda la crítica, agregaría yo-, un informe de gobierno. Y remataba que era un gesto preñado de historicidad “para la república”.

Más allá de los dislates (o revelación temeraria de agendas ocultas, caray) del mensaje, hay que decir que la legisladora no se sale del script disciplinado que establecen los asesores de la marca política llamada Enrique Alfaro Ramírez: el líder no debe ser sino elogiado, la disidencia en la opinión es reflejo de debilidad (¿usted recuerda algún legislador emecista crítico del mandatario?). La causa del grupo aglutinado en torno a Enrique Alfaro es superior a las tentaciones individuales. Pero además: nadie que sea honrado (e inteligente, se sobreentiende) puede estar en contra de su proyecto, porque es la “última oportunidad” (lo dijo Alfaro ante vecinos de colonias populares, cuando era alcalde tapatío) para que la sociedad sea rescatada de “los políticos corruptos”.

Y aunque estará de acuerdo conmigo el lector en que es un dudoso acto de heroísmo presentarse ante un poder donde solo se le enfrenta una oposición tibia y frecuentemente desinformada, el mensaje es claro, y me he cansado de repetirlo en la historia de esta colaboración quincenal: como los honrados y brillantes están de su parte, los adversarios sólo pueden ser malévolos y corruptos. El discurso por eso es agresivo, busca polarizar a la sociedad para que se vea obligada a escoger…entre el bien y el mal. ¿Alguien en su sano juicio se irá al lado de los malos?

Queda claro que en las semanas previas a su informe, Alfaro no las llevaba todas consigo: se empeñó en lastrar una buena decisión política, la intención de proteger el área no urbanizada de El Bajío, con los acuerdos de venta de la villa panamericana, lo que le ocasionó costos ante esa opinión pública que no termina de dominar con sus constantes intervenciones mediáticas -maquiladas por los ideólogos y los creativos de Euzen, Indatcom y La Covacha, que para eso reciben millonarias partidas presupuestales con la magia de la “asignación directa”-  en breves videos donde nos comparte, “sin pelos en la lengua”, la verdad “verdadera” de sus decisiones y desenmascara la hipocresía y perversidad de sus adversarios, “los de siempre” (la cantaleta cansa, pero supongo sus asesores han leído a los grandes propagandistas políticos y a los mercadólogos más connotados, y están segurísimos del efecto mágico de las repeticiones).

Dentro del “control de daños”, reiteró su estrategia de choque contra los  organismos civiles que interpusieron los juicios de amparo y administrativos que tenían al inmueble sin posibilidades de ser vendido y habitado. Los llamados “opositodos” de la era panista, se transformaron con el alfarismo en traficantes de influencias y extorsionadores. Hubo incluso denuncias penales de las cuales nadie conoce las pruebas. La presión sobre las personas de Salvador Cosío Gaona, Alejandro Cárdenas Ochoa y Sergio Peraza se tornó asfixiante. Incluso se manejó a sotto voce que se trataba simplemente de llegarles al precio (nuevamente sin prueba alguna, pero el ejército de bots de twitter y Facebook es muy eficaz: para eso se invierte tanto dinero de nuestros impuestos en redes sociales, para que no haya criba de los molestos reporteros que siempre alteran la pureza del mensaje). Al final, la presión dio resultados: los quejosos de una década cantaron retirada y perdieron por partida doble, pues fueron descalificados por varios de sus propios correligionarios, muchos de los cuales no corrieron ni con los costos ni con el desgaste ni con los riesgos de sostener los juicios.

La ganancia es mayor para el gobernador: puede ostentarse como el que destrabó el conflicto heredado más simbólico de los últimos años (no se resistió a hacerse un leve autorreconocimiento durante la “republicana” -Mirza Flores dixit– lectura de su informe), pero además, puede pensar que ha provocado una derrota mayor al prestigio de las organizaciones sociales disidentes, esas que se niegan a acogerse a la generosa fronda de la Secretaría de Planeación y Participación Ciudadana, extraño ente que pretende, desde el gobierno (despojando de su tarea al Instituto Electoral y de Participación Ciudadana, con el típico pretexto de que no la cumple), coordinar y encauzar “constructivamente” a las organizaciones civiles, negándoles de ese modo el componente más elemental (libre, abierto, a veces anárquico) de la existencia de la sociedad civil: tiene sentido justamente porque está al margen de la política profesional, y dialoga, pero no en posición de subordinación.

Si llega a ser necesario, siempre se contará con la posibilidad de recordar que la responsabilidad del entuerto se le debe endilgar a sus predecesores.

Esa es una clásica: la traición en política es un recurso necesario para que muchos proyectos puedan sobrevivir y prosperar, la idea tiene una larga tradición en la ciencia política. Y para el caso: si bien es cierto que permitir la venta de la villa viola los usos de suelo vigentes, eso es culpa del exgobernador Emilio González Márquez… el político que, incluso contra su propio partido, apostó por Alfaro y lo catapultó a la gubernatura en 2012, la cual perdió por muy pocos votos. Aunque no le guste reconocerlo, es sin duda uno de sus padrinos políticos, pero es moneda de cambio por si una crisis de credibilidad le obliga a ofrecer una víctima propicia “de los partidos tradicionales” (donde por cierto, se formó) para garantizar la propia imagen impoluta.

Un segundo asunto en que Alfaro debe agradecer el aquietamiento de los vientos hostiles es la presa El Zapotillo. Pese a la evidente derrota de su postura a favor de la terminación del embalse artificial -que significó darle la espalda a aliados y causas electorales como el rescate de Temacapulín y la preservación del agua del río Verde para Los Altos y no para León- por el desinterés del presidente de la república en financiar un proyecto que siente ajeno, aunque la posposición no le permite eregirse en el salvador de la “república”, sin duda le suspende en parte el elevado costo político que debía pagar por la “reorientación” de sus intereses (la traición en política se llama razón de Estado). Los alteños y los moradores de las cañadas amenazadas con la inundación, pueden estar tranquilos: las mesas de trabajo convocadas por el gobierno federal son el típico recurso de alargamiento que, mientras la opinión del presidente López Obrador no cambie, garantizan la congeladora para el conflictivo proyecto.

Un tercer tema que le ha de ocasionar una amplia sonrisa: la crisis de los medios de comunicación locales le están regalando un inmerecido fruto a sus diatribas típicas contra el periodismo. El agotamiento del modelo de negocios ha obligado a los diarios Mural y NTR Guadalajara, a achicarse drásticamente. La compañía radiofónica Notisistema anda en las mismas. En estos tres medios se concentra buena parte de la prensa crítica a la que Alfaro Ramírez ha atacado por años, con epítetos como “prensa basura”, “periodiquito” o los que “no leo”. No es solamente una casualidad, por otro lado. La agresividad de Alfaro se demuestra no sólo en descalificaciones, sino en el manejo presupuestal: si bien, abiertamente ha reconocido que sus empresas de medios son donde “invierte” el presupuesto (como si fuera su dinero, y no de los contribuyentes), la transparencia devela cómo los grandes medios de siempre, Televisa, TV Azteca y El Informador, se llevan las grandes tajadas del pastel publicitario que “concede” a la prensa. En contraste, los tres medios disidentes no reciben un solo peso. La perversidad de un modelo empresarial que prosperó con dinero público a cambio de control editorial, es más evidente en esta era en que los periódicos se desploman. ¿Han declarado alguna vez el gobernador o sus cercanos la necesidad de que se reglamente el gasto publicitario, y se condicione a cosas objetivas como circulación, audiencias y segmentos, y además, considere un valor la existencia misma de la prensa como institución reguladora de libertades en un régimen democrático (como ocurrió, por ejemplo, en Francia)? Por supuesto que no. Pero a cambio nos dejó una pluma gigante en un camellón de Providencia, de dudoso gusto estético, como homenaje a los periodistas caídos en el cumplimiento de su deber… mientras no le toquen sus intereses, se pude suponer.

Alfaro en su informe.

De este modo, el inquilino de Casa Jalisco quizás duerma a pierna estirada, con el pensamiento de que el azar aunado a su talento político, se conjuntaron para prepararle un segundo año de gobierno más “pacífico”. Esto lleva de pasada a lanzarle guiños al gobierno federal para ablandar decisiones adversas en presupuesto, con lo cual ha tenido raspaduras no menores, pero al que trata de evitar lanzar filípicas, pues a diferencia de la “prensa basura” o de las ONG “extorsionadoras”, el presidente sí es de verdad poderoso y sin duda su partido, Morena, ha hecho profunda mella en la popularidad alfarista. Esto explica los requiebros obsequiosos con que Alfaro trata de seducir a AMLO, que algunos pensaríamos no son muy ad hoc para un político que se vende como digno, honesto y frontal.  Pero de nuevo, es la razón de Estado la que hace que el agresivo con los débiles se humille ante el poderoso. Es que espera ser ensalzado, según la Biblia del inquilino de palacio nacional.

Estas circunstancias sin duda harán que ejercer libertades básicas en Jalisco sea una tarea más peligrosa en el nuevo año . Porque si alguien pensaba que los costos justos a pagar por sus excesos llevarían a un mandatario más prudente y respetuoso, siquiera por un hipócrita deseo de verse bien para que el desgaste aminorara, puede irlo olvidando. La mente de los autoritarios no funciona de ese modo: están convencidos de que poseen la verdad y por eso se empeñan en someter a la realidad. Y generar pérdidas o retirada en los disidentes es una victoria que demuestra que están en la línea correcta. Lo único que nos queda a quienes estamos enfrente, periodistas o ciudadanos, es no perder la imprudencia y ejercer las libertades sin restricción y con toda seriedad y profesionalismo, en los espacios que nos quedan, porque el peor mal de las democracias, y en especial del periodismo,  siempre ha sido la autocensura.

En cuanto a la prensa, ya veremos cómo sale adelante algún nuevo modelo de negocios que permita permanecer en la profesión. Por hoy, simplemente remato con la certeza, tras casi 31 años de ejercicio profesional, de que en Jalisco gobierna el mayor enemigo de la libertad de prensa con que mi generación ha debido lidiar. Ese es, desgraciadamente, uno de los rasgos característicos de la carrera pública de Enrique Alfaro Ramírez.

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