ESPERANZA PROGRESISTA

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El ex presidente Luis Inacio Lula da Silva quedó este viernes en libertad luego de un fallo de la Corte Suprema de Brasil que beneficiaba a aquellos sentenciados a prisión sin condena firme. 

En ese contexto, el líder moral del Partido de los Trabajadores consiguió el beneficio y logró salir de prisión donde permaneció 580 días. 

Lula había sido condenado y detenido en el marco de la enorme trama de corrupción política conocida como Lava Jato, donde el ahora opositor posee siete causas en su contra.

La sentencia de primera instancia había sido dictada por el juez Sérgio Moro -emblema de la causa y actual ministro de Justicia de Jair Bolsonaro, presidente de Brasil-, quien condenó al ex mandatario a nueve años y medio de cárcel por presuntamente recibir sobornos de la constructora OAS a cambio de contratos millonarios, y quien emitió la orden de detención contra el ex jefe de Estado.

Esa compañía, se dice, habría entregado a Lula el mejor departamento del edificio Solaris en Guarujá, un lujoso inmueble de 215 metros cuadrados.

El edificio fue construido por OAS, cuyo presidente, Léo Pinheiro, fue condenado a 16 años de prisión también en la causa Lava Jato. 

El edificio Solaris está ubicado en la avenida General Monteiro de Barros 638, en la Playa de las Asturias; y el departamento presuntamente obsequiado a Lula es similar al que muestra la fotografía de promoción del complejo en su sitio electrónico oficial.

El edificio posee lugares de uso común para sus propietarios, cocheras para dos automóviles para cada una de las unidades y seguridad durante las 24 horas. El sitio incluye un playground (parque), donde los más pequeños disfrutan de los juegos comunes y de la presencia de niñeros.

El primer piso del tríplex presuntamente entregado a Lula contiene una amplia sala de estar, comedor, un balcón con vista al mar, cocina y habitación para el servicio doméstico.

El juez Moro concluyó en su momento que el ex mandatario recibió sobornos de la empresa constructora OAS y que entre las ventajas recibidas figura este lujoso apartamento en el litoral del estado de San Pablo. A cambio de estos “favores”, Lula habría facilitado contratos millonarios a esa compañía con Petrobras, según se desprende de la investigación.

Pese a que en primera instancia recibió nueve años y medio de condena, un tribunal de Porto Alegre elevó la pena a 12 años.

La defensa de Lula apeló el fallo y presentó dos recursos.

El 26 de marzo de 2018 un tribunal rechazó por unanimidad el pedido de los abogados del ex presidente. Días después, el Supremo Tribunal Federal de Brasil siguió el mismo camino y también rechazó el recurso, a través del cual la defensa buscaba evitar la detención de Lula.

Esa medida habilitó al juez Moro a solicitar su detención. Cuando se presumía que el líder del Partido de los Trabajadores (PT) iba a tener más tiempo para intentar algún recurso legal emergente, el tribunal de apelaciones de Porto Alegre autorizó la orden del magistrado. De esa manera, Moro ordenó la prisión de Lula.

Pero el ex mandatario tiene más causas abiertas. Ya fue imputado en otros seis casos, en su gran mayoría por corrupción y vinculados con el Lava Jato, la operación que destapó una gigantesca red que desviaba recursos de Petrobras, la mayor empresa de Brasil.

Así, tras 580 días en una celda de la Policía Federal en Curitiba, quedó en libertad. El fundador del Partido de los Trabajadores salió de la sede de la Policía Federal de Curitiba en la que estuvo recluido en medio de la ovación de cientos de miles de seguidores que se habían congregado a la espera de la liberación.

La presidenta del Partido de los Trabajadores (PT), Gleisi Hoffmann, había adelantado que Lula tenía la intención de “agradecer” a las personas que se encontraban allí para dar su apoyo “desde hace 580 días” y que una de sus primeras actividades previstas será visitar el Sindicato de los Metalúrgicos de las afueras de Sao Paulo, donde inició su carrera política. 

La defensa del ex presidente había acudido a la prisión de Curitiba el viernes por la mañana y, tras una reunión con Lula, había hecho la solicitud formal de su liberación. La decisión de ordenar la liberación recayó en el juez Danilo Pereira porque la jueza que administra la sentencia diaria de Lula, Carolina Lebbos, se encontraba de vacaciones.

La liberación de Lula este viernes no significa el final del juicio sobre el asunto que lo mantuvo en prisión y por el cual fue condenado por corrupción y lavado de dinero en primera instancia en julio de 2017. Por el contrario, el ex mandatario esperará el juicio sobre las apelaciones que aún están pendientes en el Tribunal Superior de Justicia. En el entorno del líder petista aseguran que su objetivo es obtener la anulación completa del caso, con el argumento de que el ex juez Sergio Moro, artífice del Lava Jato, no fue imparcial a la hora de juzgarlo.

En efecto, el magistrado fue duramente cuestionado cuando aceptó el ofrecimiento del actual presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, que lo convirtió en ministro de Justicia de su Gobierno. 

El viernes, Moro afirmó que la decisión de la suprema corte “debe ser respetada”, pero sostuvo que “continuará” defendiendo la prisión después de una condena en segunda instancia. “El Congreso puede, de todos modos, modificar la Constitución o la ley” para permitirlo de nuevo, agregó.

Según analistas, Lula en libertad fortalecerá tanto al PT como, paradójicamente, a Bolsonaro, que supo captar el odio de una parte del electorado hacia el ex líder sindical, prometiendo incluso hacer que el exmandatario se “pudra en la cárcel”. 

Para Bolsonaro es una buena noticia, porque refuerza la polarización ideológica que lo eligió. Pero por otro lado, veremos a Lula más presente en el escenario político y eso permitirá que Bolsonaro refuerce su papel de líder del campo anti-PT.

Sin embargo, en próximos meses, Lula tendrá que lidiar con varios asuntos.

En el caso de las Avionetas de Combate, Lula da Silva es acusado de lavado de dinero y tráfico de influencias, debido a la compra por parte del Estado brasileño de aviones suecos por cinco mil millones de dólares durante el gobierno de su correligionaria Dilma Rousseff (2011-2016).

De acuerdo con las acusaciones, el expresidente presuntamente recibió 2.25 millones de reales (unos 540 mil dólares) a través de una empresa de su hijo Luis Claudio.

En el caso de las Automotrices, es acusado de corrupción pasiva, ya que habría recibido en 2009 seis millones de reales (un millón 640 mil dólares) por beneficios tributarios otorgados a ese sector.

Mientras que, en el caso del Partido del Trabajo (PT) -del cual es uno de sus fundadores-, es acusado de formar parte de una organización que cometió crímenes de corrupción y lavado de dinero.

En un caso conocido como nombramiento ministerial, el exmandatario es acusado de obstrucción de la justicia al articular, junto con la expresidenta Rousseff, su nominación como ministro jefe de la Casa Civil, para tener fuero privilegiado y evitar la investigación en primera instancia de Sergio Moro.

Su nombramiento fue bloqueado por el Supremo Tribunal de Brasil y, tras la destitución de Rousseff, el caso pasó a la justicia ordinaria.

Mientras que en un caso conocido como El Silencio, el exdirigente sindical de los metalúrgicos es acusado de obstrucción de la justicia por su presunta participación en un plan para comprar el silencio del exdirectivo de Petrobras, Nestor Cerveró, involucrado en el fraude a la petrolera estatal. Por falta de pruebas, el caso fue cerrado.

Otra denuncia en su contra por tráfico de influencias, corrupción pasiva y lavado de dinero fue por el caso del Banco Nacional de Desarrollo (BNDES), en el que es acusado de haber influido en la política de financiamiento internacional de la institución para favorecer a Odebrecht.

Sin embargo, en julio pasado el juez del décimo juzgado federal de Brasilia, Vallisney de Souza Oliveira, absolvió a Lula de las acusaciones de asociación ilícita y lavado de dinero en ese proceso.

Así las cosas, no será lo mismo que Lula enfrente en libertad todas las acusaciones, a que lo hiciera en reclusión. Ahora muy seguramente, Lula volverá erigirse como uno de los políticos de mayor influencia en Brasil y líder de la izquierda de esa nación e inspiración ideológica de esa corriente política en toda Latinoamérica.

Solo un día después de su salida de prisión, el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, anima a la oposición de izquierda. En un acalorado discurso, Lula expresó su rechazo al presidente Jair Bolsonaro y le hizo un llamado a su país a seguir los ejemplos de Argentina y Chile frente al neoliberalismo. Asimismo, el exmandatario expresó solidaridad con Bolivia y el pueblo de Venezuela. 

Recibido a su salida de la cárcel con la misma cuota de apoyo que fuera despedido en su ingreso, el líder del Partido de los Trabajadores (PT) imprime una necesaria cuota de esperanza para buena parte de una sociedad que no termina de acomodarse a las implicaciones y consecuencias de tener a Jair Bolsonaro como Presidente; algo así como el Donald Trump sudamericano.

Acompañado por la presidenta del PT, Gleisi Hoffmann y desde la sede del sindicato metalúrgico en San Bernardo do Campo, afirmó que en 2022 la izquierda vencerá a la ultraderecha de Bolsonaro. 

En esto es que su figura será vital para reconfigurar a un espacio que si bien obtuvo la mayor bancada en Diputados en las más recientes elecciones, no ha podido o sabido construir liderazgos de cara a los comicios municipales del año próximo. 

Esto último está escrito en mayúscula en la política brasileña dado que ese llamado se inserta como el inicio de las campañas presidenciales, la presentación en sociedad de las alternativas viables. 

Será vital entonces que desde el “lulismo” se logre lo que no se pudo el 7 de octubre del año pasado, demostrar que los votos son del partido y no de la figura. La necesidad es más que contundente si repasamos los resultados de las últimas elecciones y el éxito bolsonarista en todo lo que se encuentra a la derecha del PT.

En cuanto al futuro político de Lula lo cierto es que se seguirá de cerca el accionar de sus representantes legales quienes van a buscar que se habilite un hábeas corpus pendiente que pide anular la totalidad del proceso y declarar no solo la libertad sino la inocencia del ex mandatario. Al momento, si bien la presencia del líder del PT en las calles es por demás importante, sus derechos políticos continúan inhabilitados por la denominada ley de Ficha Limpia (sancionada durante su segundo mandato), la cual sostiene que ningún ciudadano puede ser candidato a un cargo electoral si posee una sentencia firme en segunda instancia.

Es por esto que se está haciendo buscando generar la presión mediática suficiente como para que el Tribunal Supremo juzgue el caso que entiende que el accionar del por entonces juez Sergio Moro (hoy ministro de Justicia) no fue parcial y por tanto quedarían anuladas todas sus decisiones.

Restará saber el impacto de ese tránsito legal y el eventual retorno a la vida política nacional en una región que si bien gana peso discursivo desde la llegada de presidentes de izquierda y progresistas en Latinoamérica, continúa sin lograr construir mecanismos regionales que trasciendan los gobiernos de turno, de ahí pues que la esperanza progresista que Lula representa no solo para Brasil, se extienda por todo el continente.

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