Bozales e incapacidades

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Las últimas declaraciones del presidente Andrés Manuel López Obrador en contra de los medios de comunicación, por los cuestionamientos que se le han hecho al operativo Culiacán, así como los realizados de manera constante por el gobernador Enrique Alfaro, pero sobre todo al llamar a los medios de comunicación incapaces de transmitir la verdad, permiten establecer la confusión que ambos tienen sobre el papel de los medios de comunicación.

Que un gobernante se sienta molesto o incómodo ante los cuestionamientos que le hacen los reporteros, lejos de preocupar puede ser una buena señal. Quiere decir que los medios de comunicación están haciendo su trabajo, especialmente cuando se trata de temas en los que no hay resultados y en los que estarían obligados a cumplir con el mandato que les hicieron los ciudadanos.

La inseguridad en el país no es atribuible a las actuales administraciones, eso es cierto, y puede ser que en algunos delitos se hayan logrado avances. Pero mientras aquellos que causan más daño, como son los asesinatos, las desapariciones, la violencia contra las mujeres y los secuestros sigan presentándose, no pueden decir que han cumplido.

Porque es cierto que ellos no están detrás de quien quiso cometer ese delito, pero sí del Estado rebasado que cobija la impunidad. Ellos son la cabeza de gobiernos en cuyos territorios se puede asesinar, secuestrar, desaparecer y violentar, porque quienes lo hacen saben que no les pasará nada.

Por eso, contar las historias de la violencia, llevar el recuento de las cifras y cuestionar las estrategias que no funcionan debe ser una obligación para los medios de comunicación.

Porque en la realidad, los ciudadanos están asustados no por lo que publican los medios, sino por la cercanía de la violencia en su vida cotidiana. Una vez más, señores, el problema no es el mensajero.

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