¿Y el Estado?

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Hace unas semanas una delegación alemana se reunió con representantes de organizaciones de la sociedad civil. Había agrupaciones defensoras de mujeres, de apoyo ante despojos y familiares de desaparecidos, entre otros temas relacionados con derechos humanos. Ante las historias y las cifras de horror que ahí se contaron, la duda de quienes escuchaban, encabezados por Barbel Kofler, fue cómo era posible que se cometan ese tipo de delitos. La respuesta de las organizaciones apuntó hacia la impunidad.

La presencia de la delegación alemana y de Kofler, delegada de derechos humanos del gobierno de ese país, tenía como objetivo ofrecer ayuda al gobierno de Jalisco para desahogar la crisis en el Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses, por lo que antes tuvieron un encuentro con el gobernador Enrique Alfaro y otros funcionarios estatales.

En el transcurso del diálogo con los representantes de las organizaciones, los europeos pudieron constatar que las autoridades les habían pintado un mejor panorama, reduciendo la crisis de inseguridad a un “se matan entre ellos” y asegurando que tienen el control. Al conocer la otra versión, la molestia de los alemanes por la distorsión de la información fue evidente.

En Jalisco, y en México en general, la versión que tenemos los ciudadanos y la de las autoridades ante la violencia es opuesta. La preocupación por maquillar cifras o por mejorar la percepción con declaraciones por parte de las autoridades superó hace tiempo su interés por resolver los problemas. Tenemos gobiernos que administran la inseguridad. Nada más.

La semana pasada el INEGI dio a conocer los resultados de la encuesta sobre percepción de inseguridad en las ciudades del país. Más de 71 por ciento de los habitantes de las urbes en México se sienten inseguros. La Zona Metropolitana de Guadalajara supera la media nacional.

Esa percepción es provocada, principalmente, porque el Estado dejó de cumplir con su obligación de garantizar la seguridad. Y funciona para las tres esferas de gobierno.

 Los hechos registrados en Culiacán, Sinaloa, son el botón de muestra más concreto. Y lo que no entienden las autoridades es que sin seguridad, nada de lo que hagan tendrá impacto.

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