BREXIT SIN ACUERDO

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Después de tres años y medio de tortuosas negociaciones y maquinaciones políticas, lo que ocurrió este sábado se suponía que iba a pasar.

Boris Johnson, Primer Ministro de la Gran Bretaña, planeó someter su nuevo acuerdo de brexit a una votación en el Parlamento, en una sesión histórica de emergencia que prometió finalmente aclarar el proceso. Pero en el mundo del brexit, nada puede darse por sentado. Y, efectivamente, lo que se anunció como el “Súper Sábado” del brexit se convirtió en un duro revés para el Premier en otro episodio de equivocación, que parece ya hacerse costumbre.

El nuevo acuerdo de divorcio entre el Reino Unido y la UE, al que han llegado este jueves Londres y Bruselas, se enfrentó sin éxito al espinoso proceso de ratificación en la Cámara de los Comunes, que ya tumbó en tres ocasiones el anterior pacto y donde tampoco en esta ocasión tuvo respaldo.

Por 322 a 306 votos, la Cámara de los Comunes decidió en una sesión extraordinaria retrasar su beneplácito al acuerdo del Brexit aprobado recientemente en Bruselas, hasta que se tramite la Ley que debe detallar los términos de salida de la Unión Europea (UE) el próximo 31 de octubre.

En la práctica, esto obliga al Primer Ministro Boris Johnson a pedir de inmediato una nueva prórroga al resto de la UE, como mínimo hasta enero de 2020, aunque en función de los acontecimientos en las próximas semanas podría no ser necesario el aplazamiento.

Según una Ley aprobada en septiembre en Westminster, el Gobierno británico debía tener aprobado el pacto del Brexit antes del 19 de octubre. Al no conseguirlo en la jornada de hace unas horas en los Comunes, Johnson tiene que solicitar esa extensión, para evitar un Brexit caótico al final de este mes.

Tras conocer el resultado de la votación, Johnson afirmó que no piensa negociar el retraso con la UE, y que su política sigue siendo ejecutar el Brexit el próximo 31 de octubre, para lo que volverá a intentar pasar su “excelente acuerdo”.

La enmienda fue propuesta por Oliver Letwin, un exdiputado conservador del ala más pro-europea. Su temor era que, en caso de haber aprobado el pacto que Johnson selló con el resto de la UE la semana pasada, la tramitación de la Ley que tiene que implementarlo podría ser bloqueada por los euroescépticos, provocando una ruptura sin acuerdo el 31 de octubre.

Laboristas y liberales indicaron que este retraso es una oportunidad para cambiar o rechazar el pacto del Brexit.

Pero Letwin dijo que su único objetivo es permitir la aprobación de la Ley de salida sin riesgo de un Brexit caótico.

En un debate de seis horas en la Cámara de los Comunes, que llevaba sin reunirse en sábado desde hace casi 40 años, de nada sirvió el mensaje de Johnson a los diputados de resolver de una vez el proceso del Brexit para mover el país hacia otras cuestiones.

Tras ser autorizada la enmienda de Letwin, con el apoyo de laboristas, liberal-demócratas, nacionalistas escoceses y el Partido Unionista Irlandés (DUP), el Primer Ministro retiró la moción para votar el tratado firmado en Bruselas.

Aunque Johnson pida a la UE una nueva prórroga, para cumplir con la normativa, la próxima semana llevará al Parlamento la ley de salida. Si es aprobada por las cámaras de los Comunes y los Lores de manera urgente, en paralelo con el acuerdo firmado en Bruselas, todavía sería posible sellar el Brexit el 31 de octubre. Si no es así, los países de la UE tendrían que celebrar otra sesión antes de final de mes para decidir si se concede otra prórroga. Algunos líderes europeos como el presidente francés Emmanuel Macron y el presidente de la Comisión Jean-Claude Juncker han mostrado rechazo a conceder otra ampliación del plazo. Pero otros gobiernos como el español prefieren un retraso a un Brexit caótico.

En caso de haberse votado el pacto, se esperaba un resultado muy ajustado, quizá con una mínima victoria para Johnson. Ahora, todo queda pendiente del contenido de la ley de salida, que por ejemplo deberá aclarar si existe el riesgo de una ruptura brusca al final del periodo transitorio en diciembre de 2020, en caso de que no haya un acuerdo alternativo a la actual pertenencia de Reino Unido al mercado común europeo.

En tanto, miles de personas se reunieron en el centro de Londres para pedir un segundo referéndum en el que puedan pronunciarse sobre el nuevo acuerdo suscrito con la (UE), optar por una salida abrupta del bloque o permanecer en él.

Los manifestantes escucharon discursos de políticos y celebridades que apoyan el voto de “confirmación”, como se ha denominado a ese segundo posible plebiscito, mientras portan banderas pro-europeas y mantas de rechazo a Boris Johnson.

Entre arengas por un segundo referéndum, un grupo de asistentes arrastró una carroza con una imagen diabólica de Dominic Cummings, el principal asesor de Johnson, a quien se dice que maneja como un títere.

La Comisión Europea (CE) señaló este sábado que había “tomado nota” de la enmienda aprobada en el Parlamento británico que emplaza al Gobierno de Boris Johnson de solicitar una extensión para salir de la (UE) y agregó que le corresponde a Londres informar de los próximos pasos.

En el mismo comentario agregó que le corresponde al Gobierno del Reino Unido informar a Bruselas “de los próximos pasos lo antes posible”.

El voto en el Parlamento británico se celebró a 12 días de la fecha prevista para que el Reino Unido abandone la Unión Europea tras 46 años en el bloque comunitario en la primera sesión extraordinaria desde la Guerra de las Malvinas en 1982.

El pacto alcanzado el pasado jueves entre Londres y Bruselas pretende evitar que se levante una frontera física entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda, al tiempo que busca mantener la integridad del mercado único europeo.

El nuevo protocolo sustituye a la polémica salvaguarda irlandesa y ha sido posible tras concesiones de Londres y Dublín. Irlanda del Norte permanecerá alineada con ciertas normas del mercado único, pero el Parlamento norirlandés podrá decidir en el futuro si deja de aplicarlo. Se prevé un período de adaptación hasta el final de 2020.

El texto es, en gran medida, el mismo que negoció la ex primera ministra británica Theresa May, cuyo acuerdo fue rechazado tres veces por el Parlamento británico y quien este sábado pidió a la cámara que votara a favor del pacto presentado por su sucesor, Boris Johnson.

Una vez que los Comunes den su aprobación al acuerdo, este deberá ser respaldado también por el Parlamento Europeo, donde, en principio, no se prevé que se estanque.

Si Johnson hubiera ganado el voto sobre su plan el sábado, habría evitado la necesidad de enviar una carta a la (UE) solicitando una extensión del proceso brexit hasta el 31 de enero. Esa carta es requerida por la “Ley de Benn”, una legislación diseñada para evitar una salida sin acuerdo el 31 de octubre. La ley requería que se enviara antes de las 11 de la noche, hora de Londres, en caso de que el Parlamento no aprobara un acuerdo de brexit.

Pero a Letwin y sus aliados les preocupaba que, si se aprobaba el acuerdo y las disposiciones de la Ley de Benn caían, el 31 de octubre aún podría ocurrir una salida caótica por accidente si, para entonces, los legisladores no habían aprobado el complejo conjunto de legislación que se requiere para promulgar el acuerdo brexit.

El incumplimiento de su acuerdo el sábado significa que la Ley Benn entró en vigencia, lo que requiere que se solicite esa extensión.

Johnson había apostado su reputación política al entregar brexit antes del 31 de octubre, y ahora eso está en juego.

Con el antecedente de que el Parlamento británico aprobó por 322 votos a favor frente a 306 en contra la Enmienda Letwin, que paraliza la votación final sobre el acuerdo de Brexit al imponer la aprobación previa de una legislación pertinente a la salida del país de la Unión Europea y  pese a estar obligado por la «ley Benn» —que le exige pedir una nueva extensión en la fecha de salida de la UE— a escribir una carta a Bruselas antes de la medianoche del sábado, el Primer Ministro Boris Johnson, se negó en un principio a pedir una prórroga a Bruselas. No obstante, el premier británico acabó remitiendo una misiva no firmada a la UE en la que se solicita un retraso de la salida británica de la UE hasta finales del próximo enero.

Además, junto a esa misiva el líder conservador envió una segunda firmada en la que precisaba que no creía que fuese beneficioso postergar el divorcio británico más allá del 31 de octubre.

Antes, Boris Johnson escribió también a los diputados haciéndoles saber que iba a transmitirle a la UE que una nueva prórroga del Brexit no era la solución y que el bloque podría rechazarla. Además, insistió en la posibilidad de que la UE rechace la solicitud del Parlamento de más aplazamientos.

Sin embargo, a última hora de la noche el Presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, afirmaba que había recibido una carta de Londres en la que se pedía un aplazamiento del Brexit. Ante esto, Tusk añadió que lo consultaría con los líderes europeos para decidir cómo reaccionar. La cláusula que cobró vigencia tras la derrota legislativa del premier británico está diseñada como un mecanismo de seguridad para evitar un “brexit” sin acuerdo el 31 de octubre en cualquier circunstancia. El nuevo escenario complica los planes de Boris Johnson, que se ha comprometido a romper con la UE antes de que termine este mes, aunque no cierra la puerta por completo a que los cumpla.

El Reino Unido todavía podría ejecutar el “brexit” a tiempo si Johnson logra el respaldo del Parlamento a toda la legislación necesaria para una salida ordenada antes de esa fecha.

La prórroga que eventualmente concedería Bruselas sería por lo tanto el plazo máximo que podría permanecer el Reino Unido en la UE, pero Londres podría ejecutar en cualquier momento el “brexit” si aprueba las leyes necesarias. La tramitación parlamentaria del acuerdo del “brexit” tiene dos fases. La primera, que estaba prevista el sábado, consistía en que los diputados dieran su consentimiento a los términos del pacto. En la segunda, el Gobierno debe trasladar a la legislación británica los detalles acordados.

La enmienda que aprobó la Cámara de los Comunes este sábado obliga al Gobierno a superar esos dos trámites antes de poder abandonar la UE.

Hasta ahora, Johnson solo necesitaba el primer visto bueno de la cámara para poner en marcha la ruptura, lo que dejaba la puerta abierta a un “brexit” abrupto si por cualquier circunstancia no se llegaba a aprobar la ley asociada.

El Gobierno prevé comenzar a tramitar la ley del “brexit” esta semana, y puede decidir unir los dos trámites en uno solo para acelerar el proceso, o bien mantenerlos separados.

El paso de la legislación por la Cámara de los Comunes y la Cámara de los Lores puede ser costoso si la oposición presenta enmiendas y trata de alargar los plazos.

Johnson ha centrado su mensaje político en las últimas semanas en ejecutar el “brexit” el 31 de octubre, por lo que la oposición podría ver como un activo para ellos retrasar la aprobación de la ley más allá de esa fecha.

En tanto, los 27 países de la Unión Europea han decidido este domingo, en una reunión a primera hora de la mañana, continuar con la tramitación del acuerdo de salida del Reino Unido del club pactado la semana pasada. Los embajadores de los países comunitarios, reunidos en Bruselas, han hecho caso omiso, de momento, de la petición de aplazamiento cursada el sábado a regañadientes por Boris Johnson. Londres pide retrasar el Brexit del 31 de octubre al 31 de enero de 2020. La UE, de momento, no ha secundado la estrategia de Johnson y mantiene abierta la posibilidad de una nueva prórroga. Los Gobiernos de la UE se han limitado a subrayar su apoyo al pacto y su deseo de que entre en vigor el 1 de noviembre, sin necesidad de dilatar más un proceso de salida que debía haber concluido el 29 de marzo.

Ni siquiera Francia parece dispuesta a cortar de raíz a finales de mes sin esperar a que el Parlamento británico apruebe la nueva versión del acuerdo de salida, pactado tras el rechazo en Londres del texto acordado en noviembre de 2018.

Pero el presidente francés, Emmanuel Macron, podría doblegar la tercera prórroga al compromiso de Londres de allanar de una vez por todas su debate interno. Una suerte de ultimátum que llevaría, probablemente, a unas elecciones generales o a un segundo referéndum que convalide la victoria del Brexit en la consulta de 2016 o que lo frene para siempre.

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