BREXIT DURO

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El primer ministro británico, Boris Johnson, no deja de alardear cada vez que insiste en que los planes de una salida del Reino Unido de la Unión Europea se mantienen inalterables, independientemente de si se pactan las condiciones con Bruselas antes del 31 de octubre. Sin embargo, el dirigente ha mostrado casi tanto aplomo en rebatir las dudas de la opinión pública como en tratar de evitar que viera la luz un documento oficial en el que se describe el peor escenario, el de un divorcio no consensuado, y el impacto en cuestiones que van desde la seguridad hasta la economía de los hogares británicos. La perseverancia de la oposición forzó al mandatario a hacer público el contenido.

Un nuevo escándalo se desató hoy en Downing Street luego de que Boris Johnson fuera acusado por los líderes opositores de mentirle a la reina Isabel II sobre las razones que justificaban la suspensión del Parlamento, alegaciones que el premier británico rechazó profundamente. Además, recibió fuertes críticas por la publicación del informe sobre las caóticas consecuencias de un Brexit brutal.

Obligado por el parlamento, en uno de sus últimos reveses antes de entrar en receso durante cinco semanas, el gobierno de Johnson hizo público el miércoles por la noche un documento elaborado en secreto para prepararse a los efectos de un Brexit sin acuerdo.

Titulado Operación “Yellowhammer” o “Carpintero Dorado” -el nombre de un pequeño pájaro- y fechado del 2 de agosto, el documento prevé graves atascos en los puertos británicos que conllevarían penuria de alimentos y medicamentos. El informe advierte perturbaciones en 12 sectores claves, desde el abastecimiento de agua a los transportes y las fronteras, y de la posibilidad de disturbios.

En caso de un Brexit brutal, hasta 85% de los camiones británicos podrían ver complicado el paso de los controles aduaneros franceses, lo que provocaría una caída de “40% a 60% del nivel actual” de circulación de mercancías en un país que importa muchos de los alimentos que consume.

Estas perturbaciones podrían durar tres meses e impactar en el abastecimiento de medicamentos o productos para el tratamiento del agua.

El grueso del documento ya se conocía porque fue filtrado a un diario británico en agosto, pero eso no evitó durísimas críticas al gobierno, que afirma haber realizado preparativos desde entonces para mitigar estos efectos.

La primera consecuencia sería una reducción en la provisión de artículos farmacéuticos, alimentos frescos y productos clave para el funcionamiento de la industria, como ingredientes y envases.

Londres no vislumbra un escenario de desabastecimiento, pero si un descenso notable de la oferta de dichos productos, reduciendo la disponibilidad y la variedad. Agravará la situación el hecho de que algunas empresas se trasladarán a otros países para evitar aranceles. Esa sensible reducción de bienes de consumo básico y la escasa elasticidad en términos de demanda haría inevitable un aumento de precios, generando una sacudida en las economías domésticas, especialmente dramática entre los colectivos más vulnerables.

Bajo esas condiciones, es muy probable que se incrementaran exponencialmente las protestas ciudadanas, la tensión y el desorden público, una situación que obligaría a extremar las medidas de seguridad y a destinar una cantidad importante de recursos policiales, pudiendo dejar bajo mínimos otros servicios que requieren protección oficial.

El informe no deja lugar a dudas en cuanto a un correcto funcionamiento de los suministros energéticos. “Se satisfará la demanda de energía y no se producirán interrupciones”, describen los autores. No obstante, sí se esperan aumentos significativos en el precio de la electricidad tanto para los hogares como para uso comercial que acarrearán amplios impactos en el ámbito económico y en el político. Ante esta evolución del sector, es probable que algunas de las empresas participantes podrían optar por salir del mercado, agravando las consecuencias a afrontar por gobierno y usuarios.

La operación Yellowhammer dedica un apartado íntegro a la situación que debería encajar  Gibraltar tras un brexit abrupto. Los analistas pronostican interrupciones en el suministro de alimentos, medicamentos, mercancías en general e incluso en el manejo de residuos como consecuencia de la instauración de controles aduaneros en la frontera con España. Una traba burocrática que dificultará la fluidez en el tránsito de personas y bienes de consumo con demoras que pueden superar las cuatro horas “durante meses”. Este nuevo escenario de retrasos cotidianos afectaría tanto a empleados como a turistas potenciales, por lo que tendría una repercusión negativa en la economía gibraltareña, que podría ver ralentizado su ritmo natural.

El documento muestra un punto de autocrítica e incide en el estatismo de las autoridades, a las que se acusa de falta de planificación, tanto a nivel de readecuación de las infraestructuras implicadas como en lo que se refiere al marco normativo en vigor.

Un brexit duro también afectará al normal desarrollo de servicios financieros transfronterizos, así como al intercambio de información entre cuerpos policiales del Reino Unido con estados miembros de la UE. En este sentido, se interrumpiría el flujo de datos personales  desde la UE y, ante la ausencia de una base legal alternativa, la readecuación y normalización de esta dinámica podría durar años.

El controvertido primer ministro sorprendió al país a finales de agosto al anunciar que había pedido a la reina Isabel II la suspensión de las labores parlamentarias de mediados de septiembre al 14 de octubre, dos semanas antes del Brexit. Esta se hizo efectiva el pasado martes de madrugada.

Johnson justificó su decisión por la necesidad de elaborar y presentar su programa de política nacional, una práctica habitual cuando hay cambio de gobierno.

Sin embargo, sus opositores denuncian que su verdadero objetivo era impedir que evitasen un Brexit sin acuerdo y que se sirvió de la monarca -obligada por la constitución a actuar según el consejo de su primer ministro- de forma engañosa.

Tres jueces de una corte de apelación escocesa estimaron por unanimidad que el consejo dado a la reina condujo a una suspensión “ilegal”. Sin embargo, una corte inglesa dictó lo contrario la semana pasada. Y ambas decisiones serán examinadas por la Corte Suprema. Los británicos aprobaron el Brexit por 52% en un referéndum en 2016. El país debía salir de la UE el pasado 29 de marzo, pero ante el rechazo del parlamento al acuerdo de divorcio negociado con Bruselas la fecha fue aplazada dos veces.

La batalla política del Brexit en el Reino Unido se ha recrudecido después de que, en la Cámara de los Comunes, el primer ministro británico, Boris Johnson, sufriese el garrotazo de ver cómo la oposición asumía el control de la agenda parlamentaria con la ayuda de 21 diputados “rebeldes” conservadores.

Con anterioridad, se habían producido manifestaciones contra la decisión de Johnson de suspender el parlamento, con el beneplácito de la Reina, para poder hacer efectivo -sin control parlamentario- el llamado Brexit duro, es decir, la salida de Reino Unido de la Unión Europea UE sin acuerdo.

El Brexit ya fue un quebradero de cabeza para Theresa May, la antecesora en el cargo de Boris Johnson. Pero, a medida que se acerca la fecha para hacer efectiva la ruptura con la UE surgen aún más confusión y controversia en Reino Unido. El país parece estar en una encrucijada.

El primer ministro británico, Boris Johnson, en un arranque de paranoia se comparó con el incontrolable personaje de cómic, el Increíble Hulk, en una entrevista de prensa en la que subrayó su determinación de sacar al Reino Unido de la Unión Europea el 31 de octubre.

Johnson dijo que encontraría una manera de eludir una reciente votación en el parlamento que le ordenaba retrasar el Brexit en lugar de sacar al Reino Unido de la UE sin un acuerdo de transición para aliviar el choque económico.

“Cuanto más se enoja Hulk, más fuerte se vuelve Hulk”, dijo Johnson. “Hulk siempre escapaba, sin importar cuán estrechamente ligado parecía estar, y ese es el caso de este país. Saldremos el 31 de octubre”.

El Parlamento británico ha rechazado repetidamente el acuerdo de salida que la predecesora de Johnson, Theresa May, negoció con la UE, y éste mes rechazó salir sin un acuerdo, lo que enfureció a muchos británicos que votaron a favor de abandonar el bloque hace más de tres años.

Johnson ha dicho que quiere negociar un nuevo acuerdo que no involucre una “salvaguarda o backsop”, que podría atar al Reino Unido en contra de su voluntad a las normas de la UE después de que se vaya, con el fin de evitar los controles en la frontera entre Irlanda e Irlanda del Norte.

La UE ha insistido hasta ahora en la salvaguarda y el Reino Unido no ha presentado ninguna alternativa detallada.

No obstante, Johnson se mostró “muy confiado” de cara a una reunión con el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, el lunes. “Hay una conversación muy, muy buena sobre cómo abordar los problemas de la frontera de Irlanda del Norte. Se está haciendo un gran progreso”, dijo Johnson, sin dar detalles.

Johnson estableció paralelismos entre la situación del Reino Unido en las conversaciones de Brexit y las frustraciones del científico ficticio Bruce Banner, que cuando se enfurecía se convertía en El Increíble Hulk, dejando a menudo tras de sí un rastro de destrucción. “Banner podría estar atado con grilletes, pero cuando lo provocaban, explotaba fuera de ellos”, dijo. Anteriormente, el sábado, el exministro conservador Sam Gyimah dijo que iba a cambiar hacia los Liberales Demócratas pro-europeos en protesta por las políticas con el Brexit y el estilo político de Johnson. Las encuestas de opinión realizadas a última hora del sábado ofrecieron una imagen contradictoria de la suerte política del Partido Conservador bajo Johnson, que quiere celebrar unas elecciones anticipadas para recuperar una mayoría de votos en el parlamento.

Una encuesta de cobertura nacional mostró que el apoyo de los conservadores subió del 35% de la semana pasada al 37%, mientras que el de los laboristas de Jeremy Corbyn se mantuvo en el 25% y el apoyo de los liberales demócratas cayó del 17% al 16%.

El apoyo al Partido Brexit de Nigel Farage se mantuvo en el 13%.

Sin embargo, una encuesta separada, sitúa el apoyo de los conservadores en sólo un 28%, por debajo del 30% y sólo un poco por delante del de los laboristas en un 27%. Según dicho sondeo, sólo el 12% de las más de 2,000 personas encuestadas pensaban que se podía confiar en que el parlamento británico haría lo correcto para el país.

En tanto, el primer ministro británico que convocó el referéndum en el que se decidió la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea, David Cameron, dijo que lamenta las divisiones que ha provocado.

Cameron señaló que piensa en las consecuencias de la consulta del Brexit “todos los días” y que está “desesperadamente” preocupado por lo que pasará después. El ex dirigente admitió que mucha gente lo culpa por las divisiones causadas por el Brexit, que se agravaron desde el referéndum, y nunca lo perdonarán, pero defendió su decisión de convocarlo. El ex primer ministro, que respaldaba la permanencia en el bloque, renunció la mañana después de la consulta de 2016. En este tiempo se ha mantenido alejado de la política y prácticamente también de la vida pública.

Sus sucesores, Theresa May y ahora Boris Johnson, han batallado con el asunto del Brexit y, por ahora, ninguno logró apoyo parlamentario para al acuerdo de divorcio forjado con Bruselas.

El Brexit debería completarse el 31 de octubre, pero la Cámara de los Comunes ordenó a Johnson que solicite una prórroga, algo que él dice que no hará a pesar de las preocupaciones de que una salida sin acuerdo pueda causar graves problemas económicos y una posible escasez de comida y alimentos. El primer ministro se reunirá esta los primeros días de la semana con líderes europeos para buscar algún tipo de compromiso. A ver qué pasa.

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