Negocios de cuello blanco

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Los delincuentes de cuello blanco sí existen. Sus delitos, por lo general bien encubiertos, son una parte de vital importancia para la economía del lugar en donde los realizan.

En apariencia las características de una economía dominada por los negocios de cuello blanco son muy simples: un gran desarrollo económico en lugares donde no hay una actividad productiva importante, un crecimiento exponencial de fraccionamientos de gran lujo, clubes y restaurantes exclusivos, grandes hoteles y una vida nocturna no exenta de derroches y lujos.

Los delincuentes de cuello blanco crean riqueza, pero también desigualdad. Ellos necesitan consumir drogas de muy buena calidad sin importar el precio que deban pagar. El mercado de las drogas crece y se diversifica. El dinero producto de esta actividad hasta ahora ilegal, también. Algo se tiene que hacer con él. Lo mejor, decididamente es reinvertirlo y para ello es necesario descubrir e impulsar nuevos nichos de oportunidad.

Pero los delincuentes de cuello blanco no están solos en su construcción de negocios. A su lado, siempre van a encontrar a un tipo de personajes que están ahí, dispuestos a convertirse en sus socios aportando dinero fresco, cuando la empresa va mal o cuando hay que hacer crecer el negocio.

Es el amigo de un amigo, el primo de un tío de mi novia, el inversor de otro estado en busca de nuevos horizontes para sus prósperos negocios. El amigo del reconocido y admirado futbolista, del cantante de moda, de la famosa banda de rock. Ellos también están dispuestos a invertir su dinero en un estado económicamente próspero.

Los delincuentes de cuello blanco son ciudadanos libres de toda sospecha. Se quejan de cómo ha crecido la delincuencia y se amurallan en sus cotos detrás de enormes bardas y guardias de seguridad. Afuera está la plebe. Los prescindibles. Adentro, solo quienes tienen la llave del éxito.

Celebran el dinero fresco que entró a su negocio. Invitan a sus clubes a sus nuevos socios. Les recomiendan la mejor zona residencial a dónde traer a vivir a sus familias mientras ellos andan haciendo negocios por todo el país. Han oído hablar de los grandes cárteles de la droga. De los grandes capos. Pero ellos no tienen nada que ver con eso. Son circunstanciales consumidores de coca, no son viciosos. No, no saben si sus nuevos socios tienen que ver con ese oscuro y sucio negocio.

No hay de que preocuparse. Una vez en sus cuentas de banco el dinero se vuelve claro y limpio.

Además, negocios son negocios. Qué sería de la ciudad, del estado, del país, sin hombres que se arriesgaran a hacer nuevas inversiones. Por aquí un nuevo fraccionamiento, por allá un nuevo centro comercial, mas allá un hotel, en otro lado una cadena de restaurantes. Las oportunidades están ahí, solo hay que saber agarrarlas.

A veces hay problemas para la continuidad del negocio. No hay licencias, el terreno está en una zona protegida, es un inmueble del gobierno o del ayuntamiento, hay una ley que impide ese tipo de giro. Los delincuentes de cuello blanco entristecen. Sus socios, sin apellido famoso, sombríos, escurridizos, se preocupan y amenazan. Hubo una promesa, un acuerdo, se espera que todo salga bien.

En poco tiempo la luz aparece: conozco al gobernador, dice alguien. O al presidente municipal, o a un diputado, a un regidor, a un juez, o a alguien que puede sacarnos sin problemas del apuro. Todo es cuestión de números, de porcentajes. Los permisos de uso de suelo cambian. Los estudios de impacto están bien. El inmueble del gobierno necesita rematarse porque hay necesidad de liquidez para sacar los proyectos. La carretera si puede pasar por ahí. El ayuntamiento sí necesita la flotilla de camiones.

Todos contentos. Las nuevas empresas, las nuevas inversiones traerán caras felices. Nuevos autos para la esposa y los hijos, nueva casa de playa, mas comidas de negocios, más y más riqueza para todos. Bueno, no para todos, solo para los que están adentro.

Los de fuera, los prescindibles, seguirán matándose entre ellos, consumiendo cristal, depauperándose. La riqueza es para unos cuantos.

Los delincuentes de cuello blanco lo saben. Viven felices. Hacen negocios. Son legales.

El gobierno promueve la grandeza del estado.

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