A RÍO REVUELTO

171
0
Compartir

Venezuela sigue cayendo en picada. El país, dueño de las mayores reservas de petróleo del mundo y en algún momento el considerado más rico de América Latina, hoy se encuentra devastado y sufriendo un colapso económico total. Su Producto Interno Bruto PIB se ha desplomado 54% desde el máximo alcanzado en 2013, la segunda mayor caída que registra la historia moderna. 

Con una asombrosa inflación que llegará al 10 mil por ciento en el año en curso, de acuerdo al Fondo Monetario Internacional, y con un salario mínimo mensual por debajo de los 3 dólares norteamericanos, un gran porcentaje de la población se encuentra en la extrema pobreza. Alrededor de 4 millones de personas están malnutridas, y algunas han muerto de desnutrición. Han resurgido enfermedades evitables con vacunas, o cuya causa es el agua sucia, como la fiebre tifoidea y la hepatitis A. Los hospitales, carentes de medicinas, personal y equipos, se han vuelto disfuncionales, lo que ocasiona aún más muertes.

La culpa recae plenamente en las desastrosas políticas económicas, la corrupción y el favoritismo del presidente Nicolás Maduro y su predecesor Hugo Chávez. El régimen atribuye esta espantosa situación a las sanciones internacionales, pero el deterioro económico de Venezuela comenzó mucho antes. Las confiscaciones arbitrarias (al igual que la delincuencia y la violencia en las calles) son una amenaza constante, un conjunto bizantino de controles administrativos ha vuelto inútil al sistema de precios, y no hay divisas para importar los repuestos necesarios para hacer funcionar los camiones y la maquinaria industrial. En este ambiente, las empresas no pueden prosperar y la economía no puede crecer.

Tristemente, el dolor y la destrucción no se limitan solo al ámbito económico. El aspecto más aterrador de la tragedia de Venezuela es la violencia infligida a los venezolanos por su propio gobierno. Según el contundente informe emitido recientemente por la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, Michelle Bachelet (expresidenta de Chile), miles de personas han muerto en operaciones de seguridad realizadas por el gobierno, y cientos de opositores al régimen languidecen en las cárceles, donde son sometidos a golpes, ahogamientos simulados, violencia sexual y otras formas de tortura. 

Y en medio de todo este caos, deviene otro, el que tiene que ver con terrorismo y guerrillas.

Supuestos atentados contra instalaciones públicas de Caracas habrían sido frustrados por el gobierno de Venezuela, que de paso, acusó a la oposición de su país y al presidente colombiano, Iván Duque, de estar detrás de ese complot.

El gobierno venezolano aseguró este sábado haber frustrado varios atentados con explosivos contra instalaciones públicas en Caracas, y vinculó con esos planes a la oposición y al presidente colombiano, Iván Duque.

Según Venezuela, un grupo de “terroristas y asesinos” buscaba dinamitar el Palacio de Justicia, una sede policial y un edificio. Uno de los tres supuestos ejecutores fue arrestado el pasado jueves.

El gobierno acusó  que los involucrados fueron adiestrados en Colombia y que el detenido reveló la supuesta existencia de tres campamentos de entrenamiento en Maicao, la Sierra Nevada de Santa Marta y Riohacha, cerca de la frontera con Venezuela.Una de esas bases, dice el gobierno, es coordinada por el mayor general retirado Clíver Alcalá, quien acompañó al difunto presidente Hugo Chávez en un fallido golpe de Estado en 1992.

Además, se señala como jefe político de la operación al exiliado parlamentario Julio Borges, nombrado esta semana “comisionado de relaciones exteriores” por el líder opositor Juan Guaidó, reconocido como presidente encargado de Venezuela por medio centenar de países, entre ellos Colombia.

Tras mostrar imágenes satelitales de las supuestas locaciones, el gobierno venezolano acusó al mandatario colombiano de estar implicado en la operación.

La vicepresidenta venezolana, Delcy Rodríguez, anunció en Twitter que el caso será denunciando ante Naciones Unidas.El gobierno venezolano reporta continuamente planes de atentados en contra de Maduro por parte de opositores y de los gobiernos de Colombia y Estados Unidos.

El mandatario venezolano acusó al expresidente colombiano Juan Manuel Santos de un presunto atentado con drones cargados de explosivos del que salió ileso el 4 de agosto de 2018.

Los nuevos señalamientos se producen en medio de denuncias de Duque de que Maduro, a quien tilda de “dictador”, apoya a un grupo disidente de la guerrilla de las FARC que anunció su rearme esta semana tras apartarse de los acuerdos de paz suscritos en 2016.

Jorge Rodríguez, ministro de Comunicación venezolano, presentó ante medios masivos  lo que afirma que son “pruebas” de que atentados fallidos contra el país fueron planeados desde suelo colombiano.

“Los ‘narcoparagobiernos’, como el Gobierno de Álvaro Uribe y el Gobierno de Iván Duque, de manera permanente perpetran, levantan, inventan falsos positivos para promover o justificar agresiones contra países, contra movimientos y contra personas”, aseveró Rodríguez.El político apuntó a una serie de funcionarios de migración colombianos acusados por Caracas de permitir el paso de individuos y varios artefactos, entre ellos drones, para perpetrar el frustrado atentado contra el presidente Nicolás Maduro y su equipo en agosto de 2018.

Un año después de ese intento fallido, Rodríguez señaló a un funcionario colombiano conocido como Rayder Ruso —alias ‘Pico’— como autor logístico de la operación. Por otro lado, procedió a mostrar fotografías de explosivos presuntamente colocados el pasado 17 de agosto en la sede de las Fuerzas de Acciones Especiales venezolanas.Según el ministro, gracias a información de inteligencia se capturó un ciudadano con doble nacionalidad de apellido Gómez Peñaranda, presuntamente encargado de colocar explosivos en el Palacio de Justicia de Caracas. El hombre fue grabado proveyendo detalles sobre supuestos ataques fallidos e individuos que habrían formado parte de las operaciones.

De acuerdo con el individuo, una organización dirigida por un general venezolano llamado Cliver Alcalá se encuentra reclutando gente para una operación llamada ‘Fuerza de Libertad’ “para ser usada en función de tumbar al presidente”. Precisó que para este fin cuenta con tres campamentos en Colombia: en Maicao, Riohacha y la Sierra Nevada de Santa Marta.

Según Jorge Rodríguez, “todo esto forma parte de un plan que tenía su culminación en 15 días”, periodo en el que se planeaban perpetrar ataques “de mayor magnitud” contra el pueblo de Venezuela.

Así pues, vale remembrar que en marzo de 2019, el Banco Interamericano de Desarrollo reconoció como presidente interino Venezuela a Juan Guaidó, el presidente de la Asamblea Nacional. 

En ese contexto, son cada vez más las voces que sugieren que otras instituciones multilaterales deberían seguir el ejemplo del BID. Para los partidarios de Guaidó, el mundo tiene que insistir en la ilegitimidad del régimen de Maduro y en la necesidad de que haya elecciones libres y una transición a la democracia, y que se ponga fin al sufrimiento de los venezolanos.

El equipo de Guaidó ya ha elaborado un plan para la reconstrucción de Venezuela pos-Maduro. 

La comunidad internacional debería hacer lo propio a través de un esfuerzo coordinado por parte de gobiernos, entidades multilaterales y ONG. El empeño y los recursos necesarios para reconstruir Venezuela serán vastos. Las primeras prioridades son proporcionar alimentos, agua potable y suministros médicos, y ayudar a que los niños regresen a las escuelas.

El próximo paso debe ser la reparación de la infraestructura. La red de energía eléctrica ha sido pobremente mantenida, la distribución y el almacenamiento del agua son anticuados, y en el sector agrícola, que abastece menos del 25% de las necesidades alimentarias del país, existe una extrema falta de insumos como fertilizantes y semillas. Y, puesto que la producción de petróleo ha caído más del 70% desde 2006, la modernización y la reestructuración de este sector resultan absolutamente cruciales para la reconstrucción de Venezuela, que ahora se encuentra en un dilema casi bélico con su vecino país Colombia, a quien acusa de complot.

El informe de la alta comisionada de Naciones Unidas, Michelle Bachelet, sobre la situación de los derechos humanos en Venezuela es contundente.

El mismo sostiene que “miles de personas, principalmente hombres jóvenes, han muerto en supuestos enfrentamientos con fuerzas estatales en los últimos años”. Y añade que “existen motivos razonables para creer que muchas de esas muertes constituyen ejecuciones extrajudiciales perpetradas por las fuerzas de seguridad, en particular las FAES” (es decir, las Fuerzas de Acciones Especiales de la Policía Nacional Bolivariana). El informe también acusa al régimen venezolano de llevar a cabo en forma regular detenciones arbitrarias y tortura. Es sintomático que la principal crítica del Gobierno Venezolano al informe sea, antes que negar sus aseveraciones, que este presenta una “visión selectiva y abiertamente parcializada” porque no contempla los crímenes atribuibles a la oposición. Habría que añadir que las conclusiones del informe de la ONU coinciden con las de organizaciones como Amnistía Internacional y Human Rights Watch.

En medio de todo esto, la crisis económica se sigue agudizando, este domingo, el tipo de cambio en Venezuela registró una nueva alza, según el portal Dolar Today, en medio de las acusaciones contra el gobierno de Nicolás Maduro de apoyar la reagrupación de los exguerrilleros de las FARC.

En este contexto, el tipo de cambio se cotizaba a 25,950.42 bolívares soberanos por dólar.

Esta cifra representa un incremento de más de 2,000 unidades con respecto a la jornada previa, cuando se vendía a 23,204.77 bolívares soberanos por dólar.

Por si eso no fuera poco, el tema de la inseguridad, también aumenta. Un alto funcionario estadounidense dijo en la semana que grupos rebeldes de Colombia, como la guerrilla del ELN y disidentes de la disuelta insurgencia de las FARC, operan en Venezuela con apoyo del gobierno de Nicolás Maduro y son un motivo de “gran preocupación” para Washington.

Elliott Abrams, representante especial de Estados Unidos para la crisis venezolana, señaló que las acciones de estos grupos guerrilleros, “profundamente involucrados en el tráfico de drogas”, afectan no solo la seguridad de la región sino también la de Estados Unidos, y amenazan con aumentar el flujo de migrantes venezolanos a países sudamericanos.

Ahora bien, en medio de toda esta crisis venezolana, Vladimir Putin y Xi Jinging descansan tranquilos cuando de petróleo se trata. Más allá de sus problemas internos -que aún no despejan- saben que cuentan con una lejana aunque corpulenta reserva de crudo para continuar explotando. Es la que les obsequia Nicolás Maduro en una empobrecida Venezuela. La ironía es trágica: se calcula que bajo aquel rico terreno existen reservas por un total de al menos 25 trillones de dólares, a valor actual.

A los distantes líderes de Rusia y China no les preocupa demasiado si el dictador comete más o menos crímenes contra la Humanidad. O si la población padece hambre. No piensan condenarlo por ello o retirarle sus apoyos. No por ahora. No hasta asegurarse que quien lo reemplace en el poder preserve los acuerdos. Y si este heredero descendiera de la genealogía chavista, mucho mejor. Por el momento el hombre que habla con pájaros y en sueños recibe indicaciones del finado Hugo Chávez, rechaza las ofertas de un exilio: prefiere trabar alianzas con “narcoterroristas” de las disidentes Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y del Ejército de Liberación Nacional (ELN), como denunció el presidente colombiano Iván Duque.

Mientras tanto, día a día miles de barriles de crudo navegan con rumbo a las costas rusas y chinas. El precio no es el del mercado, desde luego. Es mucho menor. Los favores son incontables e incalculables en términos monetarios. Rosneft -la gigante mimada por Vladimir Putin– acudió en ayuda de su golpeado socio para intentar rescatarlo de las sanciones y el embargo impuesto por los Estados Unidos contra jerarcas venezolanos y empresas que allí operan. Se convirtió en su principal comercializadora. Se cree impune a las amonestaciones norteamericanas por operar a través de sus filiales.

La corporación tiene sus razones. Diariamente Caracas le paga una fortuna con sus recursos naturales. 

China pareciera más medida. En la tormenta que intenta capear producto de su guerra comercial busca no ganar conflictos. Por ello, decidió posponer hasta octubre convenios esperados para agosto. PetroChina, la estatal oriental, decidió reagendar la partida de siete buques petroleros por dos meses. Quizás una vez llegada esa fecha, vuelva a suspender el cargamento transoceánico.

Sin embargo, de esta medida no se infiere que el negocio chino en Venezuela esté acabado. Lejos de eso. El régimen dice haber convenido un inédito pacto para un rendimiento de 120 mil barriles diarios. La “inversión” sería de 3 mil millones de dólares. Las regalías serán infinitamente mayores en el mediano plazo. Los números no son claros en la economía bilateral, el beneficio no será en ninguno de los casos para Venezuela.

Rusia mantiene bajo su poder en la actualidad unos 1,000,000 de hectáreas netas con unos 6 billones de barriles de reservas. China, en tanto, unas 450 mil con 11 billones. Irán, 300 mil con 2 billones y Cuba, por su parte 700 mil con 3 billones de reservas. 

Las sanciones impuestas el 5 de agosto por Donald Trump afectan a todas las empresas, cualquiera sea su bandera. Incluso a las cinco norteamericanas que todavía operan allí. El movimiento de ellas quedó muy comprometido. 

Así pues, como se observa, los gobiernos ruso y chino, flaco favor le hacen a Venezuela, ya que en vez de apoyar al país y al pueblo, como muchos pretenden hacer creer, lo cierto es que hay un desmedido aprovechamiento de las condiciones de ese país para saquear su petróleo.

Luego entonces habría que reflexionar sobre la supuesta sociedad que mantienen los países asiáticos con el sudamericano, pues no se trata de un apoyo, sino más bien de un embate aprovechando que Donald Trump presiona por la salida de Maduro y el reconocimiento global de Juan Guaidó. De cualquier manera, quien sufre la cerrazón de Nicolás Maduro, las imposiciones de Trump y el gandallismo de Putín y Xi Jinging, es el pueblo de Venezuela.

EtiquetaCosío
Compartir

Dejar un comentario