Villas indecentes

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Las Villas Panamericanas no deben venderse para un desarrollo inmobiliario. Sería una decisión que provocaría daños ambientales de consecuencias históricas. Es también una decisión del poder público y de las corporaciones privadas involucradas que generarían un daño irreparable a los habitantes de la zona metropolitana de Guadalajara, que sería inmoral e indecente. 

La palabra decencia (“Dignidad en los actos y en las palabras”, según la RAE) no es de uso común en el lenguaje y la narrativa habitual de la clase política y en las decisiones de gobierno. Por lo regular los que toman las decisiones de gobierno y controlan el poder, suelen hablar más bien de eficacia, resultados, progreso, desarrollo, crecimiento y un largo etcétera. 

Eso en el discurso público y abierto. Pero en los ámbitos privados que es donde se toman realmente las decisiones de gobierno que impactan y afectan a todos los gobernados, suelen imperar los intereses de los políticos como de los actores privados que buscan intereses particulares cada uno: el político el rendimiento electoral, de poder y también pecuniario por los servicios prestados a los actores privados; los capitalistas, el puro y duro interés de la codicia y de la ganancia a las inversiones realizadas.

De modo que la palabra decencia y su consecuencia, no cabe en los discursos y en los actos de políticos y capitalistas.

Al contrario, es una palabra (acción) que les estorba. Actuar con decencia es contrario a las dinámicas de acumulación de poder y capital.

Escribo todo este rollote porque eso es lo que está pasando ahora con la decisión de vender las Villas Panamericanas a dos empresas que las explotarán económicamente para un negocio inmobiliario.

Todos los expertos sobre el tema han explicado en detalle y con abundancia la importancia ambiental de la zona de El Bajío, el terreno donde se construyó el complejo de las Villas Panamericanas. Según los expertos, la zona del Bajío del Arenal comprende la sub-cuenca Boca de la Arena-El Bajío y la sub-cuenca Atemajac-Colomos, y tiene como función ambiental la captación de agua mediante la filtración. 

Los aficionados a las Chivas conocen el paisaje. Desde el Periférico o desde la prolongación de la avenida Vallarta (o carretera a Nogales) se puede ver una gran hondonada de más de 20 metros donde se ha construido el estadio Akrom (antes Omnilife), las Villas Panamericanas y otros complejos escolares o empresariales. 

El Bajío es una “gran olla”, como dice el experto Arturo Gleason, que capta el agua retenida-producida en La Primavera y que luego, mediante la infiltración, provee de agua a los manantiales de Los Colomos e incluso llega hasta los ríos subterráneos y mantos freáticos del parque Morelos, según me explicó con paciencia la profesora Patricia González, una de las principales opositoras a las Villas en el parque Morelos. 

Si se concreta la decisión del gobierno de Enrique Alfaro Ramírez, de vender las Villas a la empresa Green Life Capital (empresa exprés constituida apenas el pasado 22 de mayo pasado) se estaría condenando a El Bajío hacia el desarrollo inmobiliario y comercial, con lo cual se afectaría gravemente su función como zona ambiental frágil de recarga de agua pluvial.

Más allá de los detallados estudios científicos, la decisión de vender las Villas implica una simple ecuación ética y de decencia: se quiere mantener un terreno de 1,500 hectáreas como zona de recarga de aguas pluviales que abastece los mantos freáticos a Los Colomos y la parte baja de la cuenca de Atemajac o se decide que se autoricen viviendas y comercios y por lo tanto se pierda este valioso territorio de producción de agua.

La ecuación es más simple: queremos agua gratuita para millones de habitantes de la ciudad o deciden que se autorice para casas, calles y comercios privados ese territorio.

La primera decisión es la más sensata y necesaria para el bien común, la segunda, es una decisión que sólo beneficia a un par de empresas privadas y que abre el territorio de El Bajío a la especulación inmobiliaria y comercial.

Vender las Villas para vivienda de ingresos altos (cuatro millones por departamento) no sólo es contrario a las normas ambientales, es una decisión política indecente que debe ser detenida. 

Aunque suene exagerado, la batalla por dejar El Bajío como zona de recarga de agua, es una batalla local contra la crisis climática, es nuestra lucha local semejante a la lucha global por preservar el Amazonas. 

Es una lucha de la decencia del bien común contra la indecencia de los intereses político-empresariales que quieren privatizarlo todo.

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